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BITE THE BULLET, BABY. BITE THE BULLET.
Dirección: Mark Frost / Guión: Mark Frost
La primera temporada de "Twin Peaks" encontró el cierre que se merecía en este séptimo capítulo. Mark Frost, en su (desgraciadamente) única incursión tras las cámaras en toda la serie, nos regala un episodio de autor, que deja bastante claro que esta serie no es sólo fruto de David Lynch; de hecho no sería muy aventurado afirmar que el peso de Frost en el computo global es casi mayor que el del propio Lynch. No podemos obviar que este último marco el tono de la serie con el episodio piloto y que en cada uno de los episodios que dirigió removió los cimientos de la serie, enviándola siempre a destinos inesperados y excitantes, pero también es cierto que la persona que dio voz, características e integridad a los maravillosos personajes que la poblaron y que supo conservar como nadie durante casi toda su andadura su esencia fue Frost. No es que haya que quedarse con ninguno de los dos, pues es la genialidad de su colaboración lo que dio lugar a esta gran obra, pero como Frost siempre suele ser nombrado como el segundo de a bordo, creo que debería servir este episodio para comprobar la falsedad de esa presunción.
Si cuando comentábamos el episodio sexto y el poco peso creativo de la realización en aquél, lo achacábamos al exceso de trama, tras ver este capítulo puede parecer una excusa poco convincente. Frost se atreve con el más difícil todavía: un episodio aún más cargado de trama, con sorpresas continuas, resoluciones de misterios abiertos y aperturas de otros nuevos, con los personajes pasando por situaciones por lo general bastante extremas y con el peso sobre sus hombros además de ser el último capítulo de la primera tanda y tener que acabarla a lo grande. El resultado es intachable y el episodio ha pasado a la historia como uno de los finales de temporada más excitantes, apasionantes y que más huella dejó en los espectadores de su época.
Pero es que además, Mark Frost no se contenta con presentarnos un guión sólido, complejo, rico en matices y que avanza imparable como una mecha encendida preparada para explotar, sino que demuestra una gran sabiduría como realizador, logrando hacer excitantes e interesantes hasta las escenas a priori más anodinas, gracias a un muy bien cuidado trabajo de la puesta en escena y del encuadre; por lo que el episodio se muestra pleno de hallazgos visuales y destila el aroma inconfundible de los grandes capítulos de la serie.
Poco a poco iremos entrando en todos esos momentos, pero ya desde los mismos créditos iniciales es fácil adivinar que estamos ante un episodio cuidadísimo: sobre una imagen de palmeras paradisiacas, con el sonido de fondo del mar y la brisa, poco a poco avanzamos por la consulta del Dr. Jacoby, acompañando la llegada de James y Donna en busca de la última cinta grabada por Laura. En el inseparable coco del doctor la encuentran, pero no está sola; también hallan el collar robado con el que se cerraba el episodio piloto, por lo que ya desde su mismo arranque vemos clara la intención de Frost de cerrar un buen número de las incógnitas de esta primera temporada.
Aunque estamos ante un episodio sin un claro protagonismo de una trama por encima de las otras, sí que es cierto que a la que se le dedica más tiempo de pantalla es al incendio de la serrería Packard. Sobre él se concentran algunos de los elementos más excitantes del capítulo. En el centro de todos ellos estaría el personaje de Catherine Martell, convencida por completo de que ha caído en una trampa y de que tiene tan pocas opciones, que no le queda más que acudir a Pete, su apaleado marido, al que manipula de manera atroz, jugando con sus sentimientos y con sus recuerdos para lograr su ayuda. Estos momentos entre Catherine y Pete están repletos de hallazgos, comenzando por el mismo instante en que ésta trata de convencer a Pete para que le ayude, encerrados en un despacho en el que progresivamente éste va cerrando sus cortinas para no ser expiado por los trabajadores, y en el que somos conscientes de hasta qué punto sigue enamorado de esa manipuladora mujer, la cual no tiene impedimento ante el desmoronamiento emocional de su marido de recibirlo con unas ligeras palmaditas en la espalda.
Pete le ayudará a buscar el segundo libro de contabilidad sin mucho éxito, pero lo más importante es que, tras ser engañada Catherine para que acuda a la serrería a negociar la recuperación del libro y ser encerrada en el incendio con Shelly (a la que un despechado Leo ha dejado atada allí para que la consuman las llamas), Pete será quien acuda en su ayuda; ya que al fin y al cabo, y como el mismo dice, aún es su mujer. El incendio finalmente se desata, siendo Leo la mano ejecutora, pero los responsables de facto son mucho más numerosos. Está Benjamin Horne, y está el cada vez más enfangado Hank Jennings, pero sobre todo está la calculadora Josie Packard, que se confirma como mucho más fuerte de lo que aparentaba, y más cuando en una tensa discusión con Hank (magníficamente filmada y dialogada) por una deuda de dinero, nos informan que no sólo está detrás del incendio, sino también de la muerte de su marido (ejecutada por el propio Hank) que le permitió quedarse con la serrería. Un giro de 360 grados que coloca a Josie en un lugar privilegiado entre las más maquiavélicas damas del tubo catódico, reservado a Angelas Channing y derivados.
Pero Leo no se encarga en este episodio sólo de prender la mecha del incendio, ya que su principal preocupación es acabar con la pareja de amantes formada por su mujer y Bobby Briggs. A su mujer la deja en una situación delicada, pero con Bobby le sale el tiro por la culata, porque antes de poder acabar con él, Hank vuelve a hacer su aparición y dispara una bala en el pecho de Leo que parece acabar con él. Nuevamente, "Invitación al amor" vuelve a hacer su comentario poético de la serie, pues Leo expira viendo la representación de lo que a él mismo le acaba de ocurrir en la soap opera televisiva, dónde también el malo recibe un disparo mortal, sólo que aquí de alguien desconocido, lo que anticipa también el propio final del episodio.
En cuanto a Benjamin, por fin consigue cerrar el trato con los islandeses, utilizando para ello los servicios de Jack el Tuerto, y para celebrarlo Blackie, la madame del burdel, le ofrece estrenar a su más reciente adquisición. Audrey ve así como su padre entra en su habitación dispuesto a ser su primer cliente, mientras ella espera ataviada con un estrafalario vestido coronado por una carta de la reina de diamantes, que una misteriosa anciana con joroba, sacada de los cuentos de los hermanos Grimm, le ha cosido antes de hacer mutis por un pasadizo secreto. Éste, por supuesto, es uno de los cliffhangers con que termina el episodio.
En cuanto a Cooper, Truman y el resto de agentes de la ley, también tienen su buena dosis de atención, teniendo éxito con la trampa que le han tendido a Jacques Renault, al que logran arrestar e inmovilizar con la milagrosa intervención de un redimido Andy, que salva a Truman con un disparo de una muerte segura. Jacques es una rica fuente de información que aclara un poco más lo sucedido en la noche del asesinato de Laura. Confirma la presencia de Leo y su papel de principal torturador de Laura, tanto al colocarle al pájaro Waldo en el hombro para que le pegara picotazos estando ella maniatada, como ofreciéndole una ficha de juego para que la mordiera y aguantara así el dolor (de ahí que en su estomago apareciera un trozo). Además, el propio Jacques también fue víctima de la violencia de Leo, quedando desmayado en el suelo tras ser golpeado por éste, encontrándose al despertar con que Leo y las dos jóvenes habían desaparecido. Afortunadamente, Jacques es de diálogo fácil, pues horas después de ser ingresado en el hospital, pasa a mejor vida tras ser asesinado por Leland Palmer. Éste se ha enterado de que un sospechoso del asesinato de su hija (al que él considera ya culpable) está en el hospital y decide tomarse la justicia por su mano.
Pero Leo y Jacques no son los únicos que acaban físicamente tocados en este gran final. Gozando de más suerte, el Doctor Jacoby consigue salvarse de un ataque al corazón que le provoca tanto el ataque del misterioso asaltante que hemos visto espiando a Maddy en el episodio anterior, como el shock de encontrarse ante una renacida Laura Palmer. El buen doctor acaba en el hospital, aunque no descubramos como sobrevive a su ataque. Si se hubiera podido incluir la secuencia eliminada en la que se veía como el doctor, tras sufrir el ataque al corazón, lograba tomarse una de las pastillas que llevaba consigo para el caso de una ocasión así, se hubiera entendido mejor su milagrosa recuperación.
Cooper además tiene en el punto de mira a James como responsable principal de la jugarreta que ha llevado a Jacoby a ser ingresado (parece que del misterioso asaltante, Coop no sabe nada), y a éste se le van acumulando los problemas cuando Bobby consigue tenderle una trampa y que encuentren en su moto un sobre con droga. No obstante, James, que ha escuchado la última cinta de Laura que parecía exonerar a Jacoby, situaba al propio James como un amante muy poco satisfactorio, y volvía a señalar a Leo claramente como el hombre capaz de encender el FUEGO de la joven, se ha podido quedar más tranquilo con lo descubierto y ha podido también entregar la cinta a Cooper.
Y por si todo esto fuera poco, asistimos también a la reconciliación de Lucy y Andy (no sin que antes la primera le comunique que está embarazada), al triste intento de suicidio de Nadine (a la que Ed encuentra navegando entre la vida y la muerte), al conseguido intento de reconquista de su mujer, Norma, por parte de Hank, y sobre todo, al que fue gran final shock en su momento: tras regresar a su habitación de hotel después de lo que ha sido una larguísima noche (y la primera vez en que un episodio de "Twin Peaks" no sucedía en el periodo de tiempo de un día completo), Cooper se encuentra con una sucesión de sorpresas en el cuarto (una carta de Audrey y una inquietante llamada telefónica) a las que no tiene tiempo de atender, pues un misterioso asaltante le descerraja tres tiros en el pecho con los cuales finaliza el capítulo.
Como ya había señalado al principio, toda esta acumulación casi grotesca de acontecimientos, es llevada por Mark Frost con mano de hierro, a través de una narración muy creativa, que nos brinda algunos de los mejores momentos que ha ofrecido la serie hasta el momento; los cuales paso seguidamente a reseñar.
Planos como el zoom con que nos acercamos al ojo agonizante de Jacoby antes de encadenar con un plano cenital de la ruleta de Jack el tuerto; la explicación del sufrimiento sufrido por Laura que le brinda Jacques a Cooper en un desagradable primer plano de sus labios salivosos; el gran momento en que Shelly está lavándose el pelo con la cara llena de jabón y sabemos de la presencia de Leo gracias a ver como la toalla que intenta alcanzar para limpiarse va alejándose poco a poco de ella; el delicado plano de Nadine colocando suavemente una manta de cuadros en el suelo y preparando ordenadamente todos los ingredientes necesarios para su suicidio; la discusión de Josie con Hank, que nos regala un plano contrapicado muy interesante de un Hank cornudo y a una sensual Josie pintándose los labios con la sangre que ambos se han mezclado al practicar un juramento con un cuchillo; sin olvidarnos del perturbador plano de un Leland de rostro desencajado tras asfixiar a Jacques, que cambia repentinamente el gesto en un perfecto reflejo de su locura.
Insisto: una maravilla de episodio y una demostración del nivel de riesgo y de la inspiración que en ese momento rebosaba de sus creadores. Y sí, también una puerta abierta a una segunda temporada que, en vez de amilanarse, arrancaría rompiéndolo todo. Como debe ser.
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