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IS THIS REAL OR SOME STRANGE AND TWISTED DREAM?
Dirección: David Lynch / Guión: Harley Peyton
El segundo episodio de la nueva temporada de "Twin Peaks" marca la primera y única ocasión en que David Lynch se encarga de la dirección de dos episodios consecutivos. Como además éstos son los encargados de abrir la temporada, Lynch puede establecer sólidamente (como ya había hecho con el capítulo piloto) el tono y los temas por los que desea que se mueva la serie de aquí en adelante.
Si el capítulo anterior suponía una ruptura con el pasado y resultaba incomodo para el espectador, en éste parece que las cosas vuelven en parte a su cauce y que el conjunto de nuevas tramas y misterios toman más presencia que los momentos menos narrativos. Probablemente esto sea debido a que ya nos encontramos dentro de la duración de un episodio estándar, y Lynch ajusta más sus intenciones a ese tiempo, reconciliando a muchos espectadores que se habían espantado con el capítulo anterior.
Personalmente, creo que ambos capítulos son muy similares en sus aciertos y sus errores, y que ambos, aún siendo magníficos, se quedan a cierta distancia de lo que Lynch había logrado en sus dos anteriores incursiones y lo que volvería a lograr en las dos siguientes. No obstante, la cantidad de momentos imprescindibles en el conjunto de la serie que acumulan, solo pueden otorgarles la calificación de esenciales.
Aunque aún se mantienen unas pocas notas cómicas desafinadas (como el excesivo giro hacia la parodia del personaje de Andy), la capacidad de improvisar en el rodaje y de incorporar todo tipo de accidentes a la historia de Lynch, vuelve a hacer acto de presencia en momentos tan inimitables como el interrogatorio de Cooper y Truman a Ronette, en el que ambos se atascan a la hora de ajustar la altura de sus sillas. Teniendo en cuenta que esa secuencia acabará con un ataque sufrido por Ronette tras contemplar un dibujo de BOB, la decisión de comenzarla de esa forma vuelve a crear un salto inmediato de la comedia al drama y de ese modo la imbuye de un logrado realismo, marca de la casa de su director.
No debemos olvidar tampoco el excelente trabajo de escritura de Harley Peyton, que una vez más (como ya había sucedido, por ejemplo, con el capítulo del funeral en la primera temporada) demuestra un gran dominio en la encadenación de acontecimientos, y aún más en los diálogos. La secuencia con que arranca el episodio es un gran ejemplo del trabajo conjunto de ambos autores. Para empezar, el guión de Peyton es magistral en el intercambio de frases entre Cooper y Albert Rosenfield. Mientras el primero sigue mostrando su fascinación por la espiritualidad tibetana, el segundo no tiene reparos a la hora de encadenar una punch line tras otra de su corrosivo y malévolo sentido del humor. De fondo, un coro de voces masculinas muy Lynchiano provee el marco ideal a la secuencia.
No sólo es importante formalmente este arranque, sino que en él también se insiste sobre un personaje que resultará fundamental en toda esta nueva temporada y en la propia serie en su conjunto, el ex compañero de Cooper, Windom Earle, del que aquí nos informan que ha desaparecido misteriosamente de la institución donde se encontraba recluido.
Como suele ser el caso, el toque Lynch resulta de gran eficacia para todos los momentos extraños o bizarros. Se le nota disfrutar con la peculiar fantasía erótica de Emory Battis (el reclutador de jovencitas para Jack el tuerto), que incluye bondage, uñas pintas... ¿y una aspiradora encendida? Audrey no tarda en aguarle la fiesta a Emory y sonsacarle importante información; desde que su padre es el dueño del lugar hasta cuál era la relación de Laura con el sitio y con su propio padre. Lynch también modula perfectamente los sentimientos de la secuencia en que Leland Palmer irrumpe en el despacho de Ben Horne como un pequeño travieso que ha avisado a los islandeses del incendio, pero cambia completamente de actitud al ver un sketch de BOB y reconocerlo como un vecino de la casa de su abuelo cuando el propio Leland era pequeño.
El encuentro entre Lady Leño y el mayor Briggs es otro de los grandes momentos del capítulo, y en él por fin la serie empieza a explotar las grandes posibilidades de dos personajes, tan magníficos como particulares. Lady Leño ni siquiera comprende el mensaje que su leño le ha de dar al mayor, y éste acepta sin rodeos el comunicado del trozo de madera; lo cual adquiere su sentido a la luz de la siguiente revelación. Ya que, de hecho, el propio Briggs termina por convertirse en el gran protagonista del episodio, y a él se le ha reserva otro momento inolvidable en el último acto. Ya entrada la noche, se presenta en la habitación de Cooper para informarle que, como parte de su secreto trabajo, se dedica a investigar señales del espacio exterior, y que justo en el momento en que el gigante le comunicaba a Cooper que las lechuzas no son lo que parecen en el episodio anterior, él recibía la misma información del espacio, seguida de la indicación de que ésta tenía que ver con el propio agente Cooper.
El desvío hacia lo paranormal y el fantástico puro se hace así cada vez más evidente, y se puede señalar la secuencia anterior como el primer ejemplo claro que serviría de inspiración posteriormente a Chris Carter para crear su también mítica "Expediente X"/"X Files" (serie que nunca hubiera existido de no ser por "Twin Peaks"). También la aparición de dos nuevos y muy misteriosos personajes, la señora Tremond y su nieto, parecen situarse en ese extremo paranormal; sobre todo tras observa el truco de magia que su nieto hace con el maíz guisado, el cual no es del agrado de la señora Tremond, al hacerlo desaparecer. Toda la secuencia entre los dos personajes y Donna, que ha venido a traerles la comida del servicio comida sobre ruedas que ha heredado de Laura Palmer, es un gran ejemplo de control férreo del ritmo de la conversación por parte de Lynch para crear así algo distinto e inquietante, plagado además de misterios; y no es el menor de los cuales la frase en francés J'ai une ame solitaire (Soy una alma solitaria) que el pequeño David Lynch suelta por la boca en una de sus escasas aportaciones (el parecido no es casual, puesto que se trata del propio hijo del director).
Aunque toda esta última secuencia pudiera parecer gratuita (al menos en el sentido más estricto de la palabra y no en el que usaríamos si nos confiriéramos a la filmografía de su autor), sus misterios se irán rebelando con el tiempo; algunos tan lejanamente como en la posterior película. Podríamos entender que Lynch o bien sabía lo que quería hacer con ellos, o bien, como en otras ocasiones, simplemente siguió trabajando con ellos hasta alcanzar lo más similar a una respuesta que de su autor puede uno esperar. Por ello no resulta raro que los personajes prácticamente no vuelvan a aparecer en la serie hasta que sea el propio Lynch quién los recupere. Por el contrario, otra secuencia misteriosa, la llamada que un desconocido hace a Lucy tratando de hablar con el sheriff, sí que quedará perdida como uno de los cabos sueltos que dejará la serie, y nunca sabremos si existía una intención de seguirlo que no fructificó, o se trata de una secuencia sin sentido argumental, pero que servía para aumentar el clima de misterio del episodio y darle algún momento extra a Lucy.
De todas formas, Lynch se reserva una vez más lo mejor para el final, y tras la visita del Mayor a Cooper con el mensaje extraterrestre, nos brinda uno de esos momentos que pocos directores se atreverían a filmar de manera tan directa y sincera como él. En el salón de la casa de Donna, ésta, Maddy y James, parecen estar pasando el tiempo cantando canciones. Con James a la guitarra y a la voz, en pose de galán rompecorazones, y las chicas arrodilladas lánguidamente frente a un micrófono haciendo los coros, comienza uno de esos grandes temas musicales que pueblan la serie y que son paridos a cuatro manos entre Badalamenti y el propio Lynch (que siempre se encarga de las letras). Alejado del estereotipo que uno se podría esperar de un momento así, James interpreta con un tono vocal inesperadamente agudo, entre ridículo y extrañamente tierno, y la secuencia transpira sensualidad y verdad por todos sus poros (en todo salón de un hogar americano, uno se puede imaginar a un grupo de adolescentes haciendo lo mismo). Además de servir para explicitar el triangulo amoroso que se venía intuyendo desde hacía unos episodios, sirve para suavizar al espectador y pillarlo desprevenido ante el final de la secuencia, cuando una vez más Lynch demuestre tener la llave del terror más puro y directo.
En un momento en que Maddy se queda sola, la vemos observar el salón vacío. En la segunda ocasión que lo observa, la figura de BOB surge caminando tranquilamente de una esquina del fondo del plano y el vello de los espectadores queda erizado sin remedio, preparados para la impresionante subida que se produce cuando BOB se va acercando hacia nosotros arrastrándose por el suelo y sobre el sofá, hasta prácticamente comerse a la cámara/Maddy/los espectadores. Un golpe de autoridad que deja sin aliento.
El episodio terminará dejándonos las puertas abiertas a las tramas futuras que se sucederán con una Shelly que habrá de cargar con un Leo Johnson vegetal en su hogar si quiere vivir de su seguro, o con una Audrey cazada por Blackie momentos antes de que pueda comunicar a Cooper dónde se encuentra y sus averiguaciones. Pero en realidad Lynch se ha encargado de que sea el misterio de BOB el tema principal que haya quedado asentado tras estos dos episodios, y el sueño final de Cooper en que la totémica frase que acompañará al resto de la serie, las lechuzas no son lo que parecen, sobrevuela por encima de un BOB multipresente, y que en una de sus apariciones funde su rostro con el de una lechuza, lo termina por consolidar. Definitivamente, un extraño sueño malsano.
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