MAGNÍFICA UCRONÍA TARANTINIANA PROTAGONIZADA POR UN GENIAL BRAD PITT EN EL PAPEL DEL LÍDER DE UN GRUPO ESPECIALIZADO EN MATAR NAZIS.
Tarantino suele ser sinónimo de provocación, de historias de corte gamberro con grandes dosis de humor. Y, a pesar de que no decepciona a aquellos que busquen esto, Malditos bastardos es algo más; es la historia de lo que pudo haber sido y no fue, de una lucha a muerte contra el nacionalsocialismo alemán de mediados del siglo pasado, pero, sobretodo, es un drama en el que seguimos a unos personajes en busca de venganza y de justicia. Con un gran sentido del tempo, Tarantino desgrana una historia sin desperdicio, en la que todos los actores aportan gran intensidad a sus respectivos papeles, dotando a la película de una vida que hace que su argumento resulta mucho más envolvente.
Desde el primer minuto, el espectador, ya sea un acérrimo seguidor del director o, por el contrario, no le guste demasiado su cine, se quedará pegado a su asiento siguiendo a este grupo armado que se dedica a cazar nazis o a la joven francesa que dirige la sala de cine. Eso sí, el sello Tarantino está, como no podía ser de otra manera, muy presente: cigarrillos, un pie desnudo (quizás una de las mejores escenas del film)... pero todo tocado por el dramatismo de una historia que continúa en crescendo hasta llegar al clímax en el que las armas y las explosiones, así como los fotogramas, cobran protagonismo y nos guían hasta el desenlace.