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PHENOMENA: CROM ES GRANDE! (08/06/2012)


NUEVA CRÓNICA DE LA ÚLTIMA SESIÓN DE PHENOMENA EXPERIENCE, ANTES DEL CIERRE DE TEMPORADA EL PRÓXIMO 29 DE JUNIO. FLASH GORDON Y CONAN MIDIERON FUERZAS.


La nueva sesión de Phenomena Experience buscó contraponer dos héroes de ficción nacidos en la década de los años 30 que tuvieron largo recorrido. Flash Gordon vio la luz en 1934 en tiras de cómics como respuesta al gran éxito de Buck Rogers, y no tardó en pasarse a los seriales cinematográficos de la época, y luego a seriales televisivos en los 50. Conan el bárbaro surgió en la literatura pulp en 1932, y sus historias llegaron al Estado español en 1973. En la presentación de la sesión, se convidó a Jordi Ojeda, quien nos informó brevemente de la historia de ambos personajes, y animó a que en el descanso contempláramos la exposición que se había montado a ambos laterales del vestíbulo, uno por personaje, donde aparte de leer más sobre éstos y sus autores, se pudo contemplar, con la colaboración de Planeta Agostini, una serie de muestras de libros y cómics respectivamente, más otros elementos de coleccionista sumamente interesantes.

El aforo estuvo en torno a los 1.500 espectadores, que generaron expectación y ambiente como hacía algunas sesiones no veíamos. Todo fueron gritos de entusiasmo cuando Nacho anunció una última sesión para el próximo 29 de junio con el film "Dentro del laberinto" (1986), del tristemente desaparecido muppetero Jim Henson. Y por el momento no siendo posible saber qué otro título acompañaría al de David Bowie y una jovencísima Jennifer Connelly, se apagaron las luces tras las excusas pertinentes por algún pequeño desajuste con los subtítulos en la excelente copia de Conan, que cabe admitir apenas se notó.

Diabólicos presagios parecían cernirse al proyectarse la carátula de Movierecord al revés. Pero todo se quedó en esa leve inquietud. Tras anuncios de Electro de Diset, pastelitos Los Tunos, anisettes Lasnier y aspiradoras National, se proyectaron sin mayores problemas los primeros tráileres: "Tygra, hielo y fuego" (1983), film de animación de Ralph Bakshi, con planos de subido tono que sorprendieron a más de un joven, pues no recordaban haber percibido esos planos de detalle en su momento (divina infancia); "La guerra del hierro" (1983), film de serie "z" y banda sonora infecta con homo sapiens conviviendo con australopitecus sin problema alguno ¿?; y "El triunfo de los diez gladiadores" (1964), de Nick Nostro, con Helga Liné y Dan Vadis, cinta con aromas (y sólo  aromas) de "Espartaco", y más aromas de producción italofrancohispana.

Y sin darnos cuenta, nos vimos metidos en el caótico e inconexo inicio de "Flash Gordon" (1980), de Mike Hodges, cinta camp, kitsch y pop con tendencia a lo descacharrante. Es curioso percibir que esta película hoy en día encaja perfectamente en nuestro mundo fragmentado y postmoderno, donde, hablando de cine, cada vez más las cintas devienen retazos de cosas distintas obligadas a convivir en una nueva cosa que no necesariamente ha de guardar coherencia y lógica alguna. Por ello, el producto, definitivamente marciano, resulta atractivo en su inmensa absurdidad. Claro que todavía hay un mínimo de historia, pero resulta casi una excusa para un despliegue de puesta en escena  en donde convive la estética imperial china del estrafalario Emperador Ming (un Max von Sydow impagable) y la Princesa Aura (Ornella Muti), con el mundo de Robin Hood y Peter Pan juntos: el entourage boscoso e inquietante del Príncipe Barin (Timothy Dalton);  el escandinavo de los hombres halcón, comandados por el Príncipe Vultan (un Brian Blessed que se come la función); el mundo de sabio loco del Dr. Zarkov (un inesperado Topol) y su cohete de cartón piedra; y el propio de los jóvenes universitarios de los 50 con el mismísimo Flash Gordon, estrella del rugby (Sam J. Jones). Por cierto que Jones se dice se enfadó con Hodges antes de que se acabase la postproducción, lo que obligó a que su personaje tuviera que doblarse por un actor del que se sigue sin saber su identidad. Ese enfado apunta al motivo por el cual no fue posible la secuela que estaba pensada se realizase. La banda sonora alcanzó gran celebridad, obra de Queen. Una genuina producción Dino De Laurentis forever

Y después de aprovechar el descanso para ver la pequeña e interesante exposición sobre los orígenes de ambos héroes, vinieron más tráileres: "Critters 2" (1988), de Mick Garris, personajillos dentudos de los que sus creadores insisten el guión original se escribió mucho antes que "Gremlins", a cuyo carro siempre se asoció la serie; "Muerte de un quinqui" (1975), de León Klimovsky, cinta subida al carro de "Perros callejeros" y similares, con inolvidables persecuciones de coches, ¡hechas en Seats 124!; y "Vigilante" (1983), de William Lustig, serie "z" en su pureza, cinta casposa donde las haya en la que la presencia de Robert Foster sólo se explica por datarse la cinta en un periodo previo al resurgir del actor de la mano de Tarantino en "Jackie Brown".

Y llegó el momento del gran film. Crom es grande. Con él, John Milius puso de moda aquello de "lo que no nos mata, nos hace más fuertes." Sin duda cabría discutir el grado de sentido común de la frase de Nietzsche; otros dirían "lo que no nos mata, nos deja bien jodidos," pero no entraremos en disquisiciones filosóficas. Algunos tildaron el film de facha en su momento. Sea como sea, "Conan, el bárbaro" (1982) es una buena cinta, que crece por comparación con el reciente film homónimo de Marcus Nispel. El Conan de éste último es simplemente pétreo, plano, con un enemigo igualmente plano. En sintonía con determinado inquietante cine actual, la cinta se entrega por completo a escenas de acción por CGI a cual más inverosímil, desmedidamente remitentes a toda suerte de videojuegos, donde épater está por encima de émouvoir. Por el contrario, el Conan de Milius emociona antes que impacta, porque el guión está construido en su mayor parte con la idea de explicar un ciclo iniciático. El de un niño separado de sus padres brutalmente, que aprende de la vida the hard way. Schwarzenegger compone una figura que va creciendo al tiempo que va descubriendo este mundo, si bien su rostro resulta un tanto inexpresivo. Conoce cómo combatir, conoce la maldad, pero también la bondad y el auténtico sentido de la amistad y la lealtad, conoce mujer (Sandalh Bergman), e incluso ese idilio deviene conmovedoramente trágico, conoce lo dañino que es el credo ciego, aquí de Thulsa Doom, de quien se quiere vengar por la muerte de sus progenitores, y hasta diríase que hay un velado apunte casi rousseauniano a favor del buen salvaje ante la civilización corruptora; aunque también es cierto que acaso sea excesivo aquello de que «no hay mayor satisfacción en la vida que aplastar al enemigo, verle destrozado y oír el lamento de sus mujeres.» Los combates son propios de Titanes, pero no son de otro mundo, devienen contundentemente físicos y dolorosos, y no de goma como en el remake. Y cuando nos hemos ido, todavía resuena en nuestra mente la pétrea melodía de Basil Poledouris. Extraño mundo primitivo, a caballo entre la edad del hierro y lo medieval, un mundo paralelo que Milius (cuya naturaleza épica le puede) torna legendario a partir de Robert E. Howard. Un mundo sin CGIs ni mandangas.

Los organizadores de Phenomena nos informan de que esta temporada, a punto de finalizar, ha sido mejor que la primera, pues ha habido más películas (38 en total) y, en consecuencia, más espectadores (23.000). Además, ha habido tentativas de exportar la iniciativa a Madrid y Bilbao que cabe esperar darán sus frutos venideramente.


Recordad, el cierre de temporada, para el próximo 29 de junio. 

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Opinión  |  Publicado por Ignasi Juliachs el 18 de Junio de 2012
 
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COMENTARIOS 1 comentario | Ocultar comentarios |
 
Soyfrikiyque dijo...
Lo que demuestra lo gran película que es Conan es que después de verla en pantalla grande uno se ha metido tanto en ese mundo que se queda contigo y cuando sales afuera ves a la gente y las calles como algo absurdo porque has estado en otro mundo. Eso solo pasa con las muy buenas pelis
19-Jun-12 15:59:32
 
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Cine de terror, cine de ciencia ficción


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