Scifiworld

El Sueño

el  Domingo, 04 January 2009 01:00 Escrito por 
La primera de las Historias Asombrosas de noviembre nos la trae Lourdes López Maroto
No entendía qué le ocurría. La habilidad de modificar el transcurso de los acontecimientos durante el sueño la había acompañado durante los últimos 30 años, y nunca le había fallado.
Recordaba perfectamente cómo había comenzado todo. Cuando tenía doce años ya era una ávida lectora de libros, y las películas de ciencia-ficción y de terror le volvían loca.
Pero lo ocurrido una noche, cuando contaba doce años, quedaría grabado a fuego en su joven y frágil memoria, alterando para siempre el devenir de sus sueños.
La angustia la despertó bañada en sudor. Con la mirada perdida recorrió la habitación sin reconocerla, mientras sus manos se asían a los pliegues de las sábanas con la misma fuerza con que agarraría un chaleco salvavidas en mar abierto. El corazón amenazaba con salírsele de su joven pecho, cuando de repente  vislumbró una luz, la luz que se filtraba por las rendijas de una persiana. Era la ventana de su habitación, la cual reconoció al mismo tiempo que dejó escapar el aire que sus pulmones habían estado reteniendo todo ese tiempo de incertidumbre.
Acababa de tener la pesadilla más horrible de su vida, de su corta vida. Era peor incluso que aquella en la que su madre moría porque ella la empujaba por la ventana tras una fuerte discusión.
Era peor, no sólo por lo mal que lo había pasado durante el sueño, sino por la manera tan angustiosa en que había despertado. Recordaba haber deseado con toda su alma que sólo fuera un sueño, quería despertar, pero no podía.
Había soñado con Drácula, cuyo mito le encantaba. Devoraba sus historias, cómic, películas,… todo lo que cayera en sus manos sobre su inmortal leyenda. Este la perseguía por todo su castillo hasta atraparla. El desarrollo del sueño consistió en una sucesión de escenas repetitivas, en las que ella se escondía y él la encontraba una y otra vez, recordándole que nunca escaparía. Finalmente, acabaría dándole caza tras las pesadas cortinas de la biblioteca.
Se había sentido todo el tiempo como un conejillo indefenso. Cada vez que creía haberle dado esquinazo, y se había permitido unos segundos de descanso para tomar aliento en su frenética huída, no habían sido sino ilusiones suyas, pues enseguida  percibía el suave roce de su capa al caminar, acercándose inexorablemente hacia ella. También podía oír su voz, podía oír como la llamaba y le recordaba que estaba cerca y pronto sería suya.
Finalmente le dio caza en la biblioteca. Cuando Drácula descorrió los pesados cortinajes de la estancia y la enfrentó a su fría y penetrante mirada, tuvo conciencia de que había sido un juguete. No había sido más que un divertimento para él. Siempre había sabido donde se escondía y hacia dónde se dirigía. Había jugado con ella al ratón y al gato.
Y fue esa certidumbre, ese desamparo, lo que la hizo despertar, justo en el momento en que él alargaba sus pálidas manos para atraerla hacia si.
Esa noche ya no pudo volver a conciliar el sueño. Se mantuvo en un estado de duermevela, pendiente constantemente de no caer en un sueño profundo que la abocase nuevamente a un mundo de pesadilla.
- Despierta Anne, es hora de ir al colegio.
La voz de su madre la había sacado de golpe de sus febriles ensoñaciones. Tras incorporarse en la cama de un salto se había abrazado a ella como si hiciera meses que no la veía.
- ¿Qué ocurre Anne? ¿Estás bien? Te noto muy caliente.
- Me encuentro mal mamá, he tenido pesadillas toda la noche y me duele la cabeza – dijo Anne, mientras cerraba fuertemente los ojos intentando hacer desaparecer los recuerdos de la pesadilla.
- Parece que tienes fiebre, voy  a comprobarlo.
Efectivamente Anne tenía fiebre, 39.8ºC para ser exactos. No fue al colegio ese día, y se pasó la mayor parte del mismo en la cama, con sudores y espasmos causados por la alta fiebre. Su pequeño cuerpo sufría sacudidas cada vez que se adormilaba un poco, y su conciencia, le advertía que eso traería consigo las pesadillas, sacándola de inmediato de ese estado de semiinconsciencia de que se nutre la duermevela.
Su madre estuvo pendiente de ella todo el día, escuchando con condescendencia como Anne le relataba una y otra vez su sueño sobre Drácula. Al final del día había sido su madre, la que había recordado a Anne por enésima vez, que no volvería a ver películas de miedo, sobretodo, por la noche.
Pero lo más sorprendente fue lo que ocurrió a partir de aquel día. Anne no volvió a sufrir pesadillas de ningún tipo. Nunca volvió a despertarse sobresaltada en mitad de la noche, ni a pasarlo mal durante un sueño.
¿Por qué? Porque adquirió la “habilidad” de cambiar el desarrollo de los sueños cuando en el transcurso de los mismos moría, o sufría, ella o alguien que le importara. Lo cambiaba de manera que no morían, no sufrían daño alguno, o simplemente modificaba las caras de los personajes y eran otros los afectados.
No comprendía por tanto, porque no podía cambiar el sueño en que se hallaba inmersa en aquellos instantes. Su capacidad para alterar los sueños no le había fallado nunca.
Soñaba que estaba encerrada en un congelador. La oscuridad la rodeaba por todas partes y sentía la presión de las paredes en sus costados. Estaba encajada y no podía mover ni un dedo. Lo curioso era, que lejos de sentir frío, la invadía una sensación de sofoco que amenazaba con ahogarla. Sentía que iba a morir asfixiada.
Consiguió, al fin, que su yo en el sueño cerrara muy fuerte los ojos y permaneciera así unos segundos. Esto le había dado resultado otras veces que había tenido que cambiar el curso de los sueños. Cuando los abrió, ya no se encontraba en el congelador. Se hallaba en una nave espacial, en uno de esos estrechos habitáculos en los que la tripulación se mantiene aletargada en los vuelos interestelares.
Había cambiado el escenario, pero no las sensaciones. Seguía sin poder moverse, seguía sintiendo su cuerpo inmóvil aprisionado, y seguía sintiendo una sofocante sensación de calor y ahogo.
Volvió a concentrarse con todas sus fuerzas para intentar salir de aquel horrible sueño. Pero ya no quería cambiarlo, quería despertar.
Cuando por fin abrió los ojos, sólo vio oscuridad, una oscuridad total, como jamás la había visto. Por unos segundos sus recuerdos volaron a los doce años y el pánico se apoderó de ella. Sintió de nuevo que no podía moverse y que estaba aprisionada. La sensación de calor y asfixia volvieron a apoderarse de ella y comenzaron a surcar su cara regueros de sudor frío. Su cabeza luchaba por discernir si seguía dormida o estaba despierta. Si seguía dormida, se encontraba nuevamente en la misma pesadilla, aquella cuyo patrón definitorio consistía en hallarse encerrada en algún sitio en el cual no podía moverse. Si, por el contrario, estaba despierta, la pesadilla había sido de tal calibre que por primera vez en muchos años estaba sintiendo los síntomas físicos de una pesadilla.
Intentó tranquilizarse para poder concentrarse en su alrededor, necesitaba oír algo para poder orientarse acerca de su estado y su ubicación.
Oyó unos susurros, unas voces apagadas y lejanas. Se concentró un poco más. “Estamos aquí …… celebrar la …. Dios …. Acógela Señor …… “. No necesitaba oír más. Estaba en un ataúd, en un maldito ataúd. ¿Cómo había podido llegar allí?
La tensión amenazaba con hacerle explotar la cabeza. Quería despertar, quería despertar más que nada en el mundo. Tenía los puños apretados, se estaba clavando las uñas en las palmas y podía sentir como la sangre manaba de las heridas que se estaba infligiendo. Daño, eso era, así despertaría de aquel horrible sueño. Se clavó aún más las uñas. Tras unos largos segundos aflojó los puños y sintió como su mente y su cuerpo emergían del sueño y abandonaban la inconsciencia. Pero mientras una parte de su castigada mente le decía que estaba despierta, su cuerpo le contradecía, pues seguía sin poder moverse y rodeada de oscuridad.
Alto, había oído algo. Un golpe sobre su cabeza. Y otro más. Se sucedieron así, rítmicamente, diversos golpes, sin que fuese capaz de discernir de qué se trataba, hasta que fueron desapareciendo, haciéndose poco a poco inaudibles.
En el mismo momento en que la sensación de ahogo se agudizó y su boca comenzó a abrirse y cerrarse desesperadamente en busca de aire, Anne reconoció por fin el origen de esos golpes. Era tierra. Era el ruido que hace la tierra cuando golpea el techo de un ataúd.

Scifiworld

LA REDACCIÓN DE SCIFIWORLD

En el rincón más oscuro de la redacción de Scifiworld se oculta el ser arcano, que administra esta web, y que es el receptáculo de todo el conocimiento y sabiduría fantástica.

Web o Blog: https://www.scifiworld.es

Y además...

09.jpg

Últimas reviews

Listas y Tops

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

SFW Internacional

Copyright © 2005 - 2019 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..