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Cuando el terror pasó a ser demócrata

el  Jueves, 26 December 2013 15:17 Escrito por 

Un breve repaso a la transformación que sufrió el género del terror en la década de los setenta

Hubo un tiempo no muy lejano en el que el género del terror era visto como marginal y sobrevivía debido a una excesiva focalización referida a una audiencia muy concreta. El cine de la Hammer de los cincuenta por ejemplo, no era ni de lejos plato de buen gusto para las grandes audiencias. Sin embargo, al inicio de los setenta las grandes majors como la Fox, la Warner o la Paramount conscientes de que este género todavía sin explotar podría ser una notable fuente de beneficios, comenzaron a planificar sus jugadas.

La primera en dar el paso fue la Paramount, que a punto de dar comienzo la década de los setenta, atacó con el film La semilla del diablo. Al frente del proyecto se situó un joven Roman Polanski que consiguió un éxito rotundo en la doble vertiente de público y crítica. La Fox contraatacó en el 73 con El Exorcista, que obtuvo una increíble recaudación además de dos Oscars de la Academia de sus diez nominaciones.

La Fox fue la última de entre las primeras en sacar su carrocería a relucir con La Profecía. En un principio el proyecto estuvo en manos de la Warner, pero la mastodóntica productora decidió desvincularse presumiblemente debido a que las mieles del éxito cosechadas con las vomitonas de la niña demoníaca eran más que suficientes. Así, la Fox pudo proyectar el fim con un actor de relumbrón y un director en ciernes, a saber: Gregory Peck y Richard Donner, ambos fieles desde siempre a la major.

Estos tres filmes sirvieron para programar la hoja de ruta con las directrices necesarias que deberían seguir las películas terroríficas a partir de aquel entonces. Desde ese momento, los elementos que provocan tensión, terror o estupor se alejaron de los castillos, lagos o bosques encantados y de todo tipo de criaturas monstruosas al estilo del Hombre-lobo, Drácula o Frankestein. El terror se mudó entonces al seno de cualquier familia prototípicamente idílica (de hecho, en los tres casos expuestos, los protagonistas comparten rasgos tales como riqueza económica debido a trabajos excepcionalmente remunerados, así como los conceptos de unidad familiar en base a un matrimonio supuestamente bien avenido). Esa idea de que el terror puede surgir en medio de un contexto totalmente ordinario y común y afectar a alguien tan corriente como a tu vecino de al lado fue la que dio pie al éxito de estas producciones. El terror se democratizaba, tanto en sus destinatarios como en sus contenidos.

Otra de las razones del éxito fue la fácil credulidad de la sociedad de la época. En los años setenta, el mero hecho de realizar un film donde una mujer estaba a punto de dar a luz al Anticristo, lo adoptaba o tenía un hija poseída por el susodicho era cuanto menos provocador de reacciones espasmódicas cuyo único resultado posible era la posterior visita a un centro hospitalario. Hoy en día, todos estos conceptos se encuentran ya obsoletos, y ni tan siquiera un infante debería asustarse al ver como una niña con llagas en la piel escupe a un cura a la vez que grita un sinfín de improperios. Eran otras tiempos…

 Muy relacionado con la idea anterior se encuentra la elaboración de determinadas estrategias de marketing con las que se vendieron muchos filmes de terror de la época. Fue muy común por aquel entonces que los tabloides anunciaran todo tipo de acontecimientos misteriosos alrededor de la producción de estos filmes terroríficos: muertes de miembros del equipo en circunstancias sospechosas, incendios de decorados, accidentes de diverso índole, críticas y censura de todo tipo de grupos extremistas (religiosos, políticos) que no hacían sino acrecentar las ansias por el visionado de las susodichas cintas. Obviamente, en muchos casos todo se limitaba a inteligentísimas cortinas de humo, si bien otras veces fueron coincidencias bastante macabras. Así, tras el estreno de La Semilla del Diablo, su realizador Roman Polanski sufrió el asesinato de su esposa a manos de una secta satánica liderada por Charles Manson. También falleció la pequeña protagonista de Poltergeist, así como el hijo de Gregory Peck a raíz de una extraña enfermedad en mitad del rodaje de La Profecía. Tampoco debería pasarse por alto el hecho de que en otros casos, estas películas sirvieron de tumba artística para sus participantes, que no supieron dar una continuidad digna a sus carreras (vease la protagonista de El Exorcista o el niño de La Profecía). ¿Directo al paro por evocar al Diablo? Puede ser…

Sea como sea y a pesar de sus vicisitudes, lo cierto es que estas películas de terror sirvieron para poner en órbita al género del terror tal y como lo conocemos ahora. Sirvieron, tal y como se apuntó al principio, como principios democratizadores, y si hoy las audiencias todavía se dejan asustar es gracias a los cánones que – para bien o para mal – estas impusieron.

Lorenzo Chedas

Individuo que lleva 24 años amando el cine fantaterrorífico. Al igual que Ghostface, y para desgracia de la pobre Sidney, yo también creo que el cine no crea asesinos, sólo hace que sean más creativos.

Y además...

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