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Hugo: Tras la magia de Méliès

el  Viernes, 03 February 2012 01:00 Por 
Un avance del film de Martin Scorsese

A lo largo de su extraordinaria carrera, el oscarizado director Martin Scorsese ha hecho cobrar vida a su extraordinaria imaginación y su deslumbrante talento en una serie de películas inolvidables. El legendario cineasta nos invita a un apasionante viaje a un mundo mágico con su primera película en 3D. Es la historia de una asombrosa aventura. La de un chico resuelto e ingenioso, cuyos esfuerzos por desvelar un secreto legado por su padre, lo trasformarán a él y a todos los que le rodean, descubriendo un lugar tranquilo y lleno de cariño al que podrá considerar su casa.

EL ARTE DE LAS SOMBRAS INCULCA A UN ESCRIBA, EL ARTE DE LAS PALABRAS INSPIRA A UN CINEASTA

Criado en una zona de Nueva York conocida como “Little Italy” en los años cuarenta y cincuenta, Martin Scorsese descubrió de pequeño una profunda relación dentro de las salas de cine de la época, no sólo en cuanto a la experiencia de ver películas, sino relativa también a la cercanía con su padre, quien se sentaba junto a él en el auditorio a oscuras.

Así, cuando la célebre novela de Brian Selznick titulada La invención de Hugo Cabret aterrizó en su escritorio gracias al prolífico productor Graham King (quien había colaborado previamente con Scorsese en tres películas), al oscarizado director le pareció que la historia era profundamente vibrante. Para Scorsese, “lo que resultaba conmovedor era sobre todo la vulnerabilidad de un niño. Hugo vive solo en una especie de motor gigante (la estación de trenes), e intenta realizar una conexión con su padre, a quien ha perdido. Me dieron el libro hace unos cuatro años, y fue una gran experiencia... me senté y lo leí entero, de un tirón. Me identifiqué inmediatamente con la historia del muchacho, su soledad, su relación con el cine, con la maquinaria de la creatividad. Los objetos mecánicos de la película, como las cámaras, los proyectores y los autómatas, hacían posible que Hugo volviera a conectar con su padre. Y los objetos mecánicos hacen posible que el cineasta Georges Méliès vuelva a conectar con su pasado, y consigo mismo”.  El autor Brian Selznick recuerda la génesis de su libro: “Recuerdo haber visto un día “Viaje a la Luna”, la asombrosa película de Georges Méliès de 1902, y el cohete que se estrellaba contra el ojo de la cara de la Luna se grabó firmemente en mi imaginación. Quería escribir una historia acerca de un chico que conoce a Méliès, pero no sabía cuál podría ser la trama. Pasaron unos años. Escribí e ilustré más de 20 libros distintos. Luego, hacia 2003, llegó a mis manos un libro titulado Edison’s Eve, de Gaby Wood. Es una historia sobre autómatas, y para sorpresa mía, uno de los capítulos era sobre Méliès. Al instante, me imaginé a un chico que se metía entre aquellos deshechos y encontraba una de aquellas máquinas rota. Al principio no sabía quién era aquel niño, ni siquiera sabía su nombre... Me pareció que el nombre de Hugo sonaba bastante francés. La única otra palabra francesa que se me ocurría era cabaret, y pensé que Cabret podría sonar como un auténtico nombre francés. Voilà... había nacido Hugo Cabret”.
    
EN BUSCA DEL MAGO

“Por supuesto, tengo unos DVDs de las películas de Méliès, y hay una imagen de Méliès en la portada”, dice Scorsese. “Un día en el plató, pasaron por allí dos chicos de la película, de unos 12 años de edad. Uno vio la portada del DVD y dijo: '¡Oh, ése es Ben (Kingsley)', y le contesté: 'No, en realidad es Méliès'. '¿Quieres decir que existió, que es real?' Y yo dije: 'Pues claro'”. Georges Méliès no fue el primero en hacer películas, ese honor pertenece a dos hermanos, Louis y Auguste Lumière, quienes inventaron las 'imágenes en movimiento' en 1895 y llegaron a hacer cientos de películas, la mayor parte documentando sucesos de la 'vida real' (por ejemplo, una de las primeras suyas, “La llegada del tren a La Ciotat”, hizo saltar literalmente a los espectadores de sus asientos al ver a una enorme locomotora acercándose a toda velocidad a lo largo del plano). Cuenta la historia que los hermanos, sin embargo, pensaban que este nuevo pasatiempo sería literalmente una moda pasajera. Pero Georges Méliès pensaba de otra manera. Desmarcándose del negocio familiar de la fabricación de zapatos, Méliès vendió la fábrica e invirtió el dinero en financiar los comienzos de su nueva profesión: mago. Adquirió un teatro (cuyo propietario anterior era su mentor, Jean-Eugène Robert-Houdin, el mago que inspiró al joven Ehrich Weiss a cambiar su nombre por el de Harry Houdini) y comenzó a actuar. Vio su primera película cuando tenía 34 años, y para él esta nueva manifestación artística prometía grandes cosas... para la magia. Construyó sus propias cámaras y proyectores, con la ayuda de R.W. Paul, a menudo volviendo a montar las piezas de una colección de autómatas que le había dejado Robert-Houdin. Sus primeras películas recreaban sus actuaciones sobre el escenario. Sin embargo, pronto empezó a experimentar con técnicas de narración y montaje, dando origen a algunos de los primeros 'efectos especiales' del cine, entre ellos la técnica del stop-motion, la fotografía de larga exposición, múltiples exposiciones y disoluciones, y colores pintados a mano. Posteriormente, vendió su teatro y construyó un estudio, con un escenario enteramente de cristal (para aprovechar mejor toda la luz disponible) en su centro.
“Lo fantástico de Méliès”, apunta Scorsese, “es que investigó e inventó casi todo lo que estamos haciendo ahora. Tiene línea directa, y continua, pasando por todas las películas de ciencia-ficción y fantasía de los años treinta, cuarenta y cincuenta, hasta llegar a los trabajos de Harryhausen, Spielberg, Lucas, James Cameron. Todo está ahí. Méliès hizo lo que nosotros hacemos con ordenadores, pantallas verdes y efectos digitales, sólo que él lo hizo con una cámara en su estudio”.

Scorsese subraya: “Cuando leí el libro por primera vez, no me di cuenta de que el anciano de la tienda de juguetes iba a resultar ser Georges Méliès. Es una historia real. Estaba arruinado, y acabó trabajando durante 16 años en una juguetería de la Gare Montparnasse”.

EL ROMPECABEZAS TRIDIMENSIONAL DE HUGO

A Martin Scorsese no le duelen prendas a la hora de confesar su pasión por la filmación en 3D, pues pasó sus años de formación asistiendo a la escuela de cine al mismo tiempo que se estaba utilizando el 3D en películas de todos los géneros. Dice: “Fue en 1953, y la primera que vi fue 'La casa de cera', dirigida por André de Toth, y que es probablemente la mejor película que se ha hecho en 3D”.

Sin embargo, fue una película que se estrenó al año siguiente de la que Scorsese dice que ha tenido un efecto verdaderamente duradero sobre el argumento a favor de un uso 'inteligente' del 3D al servicio de la narrativa. Añade: “El uso que hizo Alfred Hitchcock del 3D en “Crimen perfecto” fue realmente inteligente. En lugar de ser un efecto, tiene que ver con la narrativa, y utiliza el espacio como un elemento de la narrativa. Lo que he descubierto trabajando en 3D es que intensifica al actor, es como ver una escultura en movimiento. Ya no es algo plano. Con las interpretaciones adecuadas y los movimientos de cámara precisos, se convierte en una mezcla de cine y teatro, pero diferente de ambos. Es algo que siempre me ha hecho mucha ilusión...siempre he soñado con hacer una película en 3D”.  Como parte de un cursillo sobre filmación en 3D, a los miembros del equipo les pusieron tanto “La casa de cera” como “Crimen perfecto”. Para Robert Richardson, director de fotografía de Scorsese, era también la primera vez que trabajaba en ese formato. Dice el director y productor: “Bob es un artista maravilloso, y nunca había hecho 3D, así que estábamos siempre picándonos el uno al otro. Queríamos probarlo, así que los dos fuimos descubriendo cosas sobre ello a medida que avanzábamos”.

“Probablemente, las primeras imágenes de “Hugo” que vi en mi cabeza cuando empecé a trabajar en la película”
, continúa Scorsese, “fueron imágenes de Hugo corriendo y mirando por encima del hombro, y había una especie de añoranza en su mirada. Las caras adquieren una intimidad especial con el 3D. Vemos a la gente de una manera diferente. Están más cerca de nosotros. Me pareció que el 3D ayudaría a crear un vínculo más fuerte entre el público y los personajes”.

Para ayudarles a enfrentarse a los desafíos de filmar en una dimensión añadida, contrataron al estereógrafo Demetri Portelli. Durante el rodaje, se le podía ver siempre trabajando con un monitor especial, utilizando un control remoto para ajustar cada 'ojo' de la cámara en el aparejo del 3D. Portelli explica: “El 3D intensifica la sensación visual. Crea un mundo físico más cercano a la realidad que nunca, intensificando la inmersión de los espectadores en la historia”.
Pero “Hugo” trata sobre más cosas que un chico aventurero que se embarca en una prometedora misión.

También trata acerca del descubrimiento y la reafirmación de un auténtico artista de los primeros tiempos del cine. En flashback, los espectadores ven el conjunto de la carrera de Méliès... de mago a cineasta, y después a tendero. Las escenas reales de él filmando son claves. Puesto que se le atribuyen más de 500 películas, Scorsese se enfrentó al reto de reducir una lista tan larga de títulos de película a solamente un puñado de ellas. Finalmente, eligió la que iba a recibir un tratamiento completo 'entre bastidores': su película de 1903 “El reino de las hadas”. Dice Scorsese: “Quería sacar dos o tres escenas de ella, pero al final acabamos con la que tiene lugar bajo el agua. Nos pareció que sería interesante mostrar cómo conseguía sus secuencias bajo el agua, lo sencillo y lo encantador que es”.

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