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Terror a la gallega

el  Viernes, 05 April 2013 02:00 Escrito por 
Galicia es célebre por la belleza de sus tierras, con sus playas vírgenes y verdes parajes. Lo es también por su gastronomía, folclore y cultura únicos en el mundo. Pero como veremos a continuación, hay algo terrorífico en Galicia con lo que debemos tener cuidado...

Mi nombre es Lorenzo y soy de Galicia, una tierra abundante en lo que a mitos y leyendas populares se refiere. Miren si no todo lo que ha dado de sí la procesión de la Santa Compaña, una marcha funeraria en la que ya quisieran asomar el hocico el gringo de Boogeyman o el cargante de Rumpelstiltskin. Demasiado guiris y blandengues para tamaña comitiva...

Puede que haya tenido mucho que ver en esto lo agreste de su demografía, repleto de paisajes toscos y anubarrados. O también esa imagen (equivocada, no se vayan a pensar) entre lo místico y lo tarado que parece que tenemos sus habitantes a los ojos del resto de mortales. El caso es que Galicia ha servido de escenario para algunos de los mejores títulos de terror españoles nunca vistos. Y si no me creen, sigan leyendo...

El primer ejemplo que evidencia mis palabras es "Dagon: la secta del mar". Se  trata nada más y nada menos que la adaptación -libérrima- de un relato de Lovercraft. Al mando del arriesgado navío estuvo Stuart Gordon, una vieja gloria del terror chusco y otrora respetado realizador de la venerada "Re-animator" o "Re-sonator" (aunque no se olviden de la estupenda "Dolls", mi favorita por delirante). Para trasladar el imaginario de Lovercraft se utilizó nada más y nada menos que Combarro, al que se le rebautiza aquí con el más sugerente nombre de Imboca. Combarro es el prototipo de pueblo marinero gallego al que se le suma además su apariencia de haber quedado anclado en otro tiempo, con un puerto idóneo para que el Holandés Errante haga una paradita. ¡Y no se vayan a creer que no da el pego! Precisamente el gran acierto de la película es su atmósfera realista e inquietante, sin efectos especiales. Eso y un estupendo Paco Rabal, en su último papel.

Con todo, imagínense la cara que se le quedó a un servidor al descubrir la casa de una familiar, cuya balconada suele estar adornada por un sinfín de macetas, repleta de redes para tapar toda esa colorida flora. Un apaño cuanto menos curioso. La escena en concreto era una de las muchas en donde Raquel Meroño corría apresurada escapando de eses humanos cuasi anfibios, por lo que las dichosas flores producían un efecto la mar de... desconcertante. Decisiones desesperadas conllevan soluciones desesperadas, ya saben.

Otro gran ejemplo del poderío terrorífico gallego es "La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos", piedra catedralicia del gore español. Realizada con cuatro perras, supuso nada menos que el debut fílmico de Manuel Manquiña, un grande de nuestro cine y creador de "el concepto" y de Teté Delgado.  El primero sale repartiendo hondanadas de hostias tal y como hizo en "Airbag", mientras que la segunda no hace otra cosa más que comérselas. A ambos les debió gustar la experiencia en el campo del terror zafio, pues repitieron en sendos proyectos de la fallecida Fantastic Factory: Manquiña en "Bajo aguas tranquilas" -con Raquel Meroño de nuevo corriendo que se las pela delante de seres de otro mundo- y Teté Delgado en "La Monja", quizás la mejor cinta de la fallecida productora de Julio Fernández (gallego, mira tú por dónde).

En definitiva, una orgía de gore salchichero y desvergonzado que alberga un arsenal de grandes momentos (con ingesta de cerebro incluida) y mejores frases. La más enigmática de todas ellas viene que ni pintada en este texto: "Éstos del norte te son buena gente, un poco pailanes pero no matarían ni a una mosca...".

Una propuesta más actual es "Lobos de Arga", otra vez con Manquiña. Ambientada en un pueblo -ficticio- de Ourense, resulta una muy disfrutable revisión de aquellos terrores patrios que causaron furor en los sesenta y setenta, antes de que el cine del destape lo destrozara todo. El dúo Otxoa- Areces es fantástico, así como la actuación de una grande del cine gallego como es Mabel Rivera. Es un producto disfrutable, respetuoso con sus guiños, melancólico y con una ternura desbordante. Una propuesta del cine licántropo -a la gallega- absolutamente ganadora.

Y no puedo terminar este artículo sin nombrar al más grande: Amando de Ossorio. Gallego de casta y solera, a él le debemos las mejores obras del cine de terror gallego. Realizador incansable, fue capaz de crear grandes obras con muy pocos recursos. Contaba con lo más importante: un poder de inventiva colosal y una pasión inmensa por el séptimo arte en general y por el terrorífico en particular. Su exitosa saga iniciada con "El ataque de los muertos sin ojos" es sin duda mi favorita, pues son quizás las más vinculadas al terror gallego, con toda esa leyenda de los templarios y esa atmósfera repleta de misticismo. Ossorio jamás se rindió, a pesar de que tal y como dijo refiriéndose a su última película "Serpiente de mar": "esa película me mató". Es eterno, como su cine, gallego y de terror. Tengan cuidado entonces pues debería haber quedado claro que contamos con adalides de aúpa. ¡Y que el hada de los dientes y demás metralla se vayan al cuerno!

Lorenzo Chedas

Individuo que lleva 24 años amando el cine fantaterrorífico. Al igual que Ghostface, y para desgracia de la pobre Sidney, yo también creo que el cine no crea asesinos, sólo hace que sean más creativos.

Y además...

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