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El abismo negro: de Jack Kirby a Dan Spiegle

el  Jueves, 17 March 2011 01:00 Por 
Jack Kirby y Dan Spiegle fueron los dibujantes elegidos por Walt Disney para llevar la película “El abismo negro” al formato de cómic, los desacuerdos argumentales entre cómic, film e incluso novelización dejaron claro que los responsables de la película nunca tuvieron claro el camino a seguir.

Ron Miller –yerno de Walt Disney- que a finales de los setenta y comienzos de los ochenta dirigía los estudios Disney había comprendido, después del éxito de taquilla de “Star Wars” (1977) que había un publico adolescente potencial al que habría que dirigirse, y no quedarse solamente en el espectador infantil, entre sus iniciativas estuvo la de crear el sello Touchstone Pictures para distribuir esa clase de cine y que las orejas de su marca registrada quedaran inmaculadas. Miller también era consciente que el género de la ciencia ficción se estaba poniendo de moda, películas como la de George Lucas, “Close Encounters of the Thir Kid” (1977, Encuentros en la tercera fase), Superman (1978) o Alien (1979) daban prueba de ello.

Había que coger el toro por los cuernos y tirarse a la piscina, se dispuso de un gran presupuesto, un importante reparto y un argumento dentro del género  space opera, y en 1979 se estrenaría “The Black Hole” (El abismo negro) realizada por Gary Nelson.

Maximillan Schell, Anthony Perkins, Ernest Borgnine y Roddy Mcdowall entre sus intérpretes, John Barry componiendo una partitura que hoy día es una pieza de coleccionista, o Peter Ellenshaw detrás de los efectos especiales, técnico con una carrera a su espaldas suficientemente eficiente para llevar a buen puerto la película.

Era necesario poner en marcha una buena estrategia de  mercadotécnica, en la que incluía la adaptación de la película a cómic, a novela y a libro ilustrado. Las adaptaciones no se hacían a la ligera tomando al consumidor como a un necio que compraba todo aquello que llevara la marca de la película, sino que detrás había un trabajo serio con especialistas en cada materia. Tal vez la última gran adaptación merecedora de ser recordada sea la de “Drácula de Bram Stoker” (1992) de F. Ford Coppola, que estuvo a cargo de  Mike Mignola.

“El abismo negro” se publica en nuestro país de la mano de tres editoriales, en 1979 sería la editorial Norma, en 1980  por una parte la editorial Montena y por otra Ediciones Recreativas -en el número 25 de su colección “Cucaña” destinada a adaptar largometrajes de Walt Disney-, pero todas las adaptaciones, aunque con cubiertas diferentes, procedían de la misma firma: Dan Spiegle en el dibujo y Mary Carey en el texto.

En los EE.UU. la editorial Whitman  lanzaría la adaptación en dos partes (formato comic book), y  a continuación aparecerían una tercera y cuarta parte que recogería las secuelas “Beyond The Black Hole” y “The Black Hole: The Virlights”, que continuaban allí donde quedaba la película, la tripulación del U.S.S. Palomino que ha sobrevivido tendrán que hacer frente a un nuevo universo donde las leyes naturales funcionan de forma diferente. Pero esta última historia no vería la luz nunca en nuestro país. Y una quinta parte que se preparaba para el mercado norteamericano finalmente se canceló.

En “Beyond The Black Hole” los protagonistas descubren un universo paralelo y de nuevo deben enfrentarse al “mad doctor” Hans  Reinhardt, en su versión alternativa.  “The Virlights” da nombre a una nueva raza humanoide de piel malva que la tripulación del U.S.S. Palomino encuentra. Los viajes que los protagonistas debían seguir con la misión de descubrir nuevos mundos no cuajo y la idea de convertir la franquicia en serie regular se descartó.
 
También en USA, durante 1981, se publica “The Black Hole Annual 1981”, volumen que además de recoger los dos comic book que formaban la secuela en un solo tomo, recogía también los artículos: “The making of The Black Hole”, “The Stars” y “Robots”, además del juego de mesa  “Escape from The Blach Hole”.

Las portadas correspondientes al material norteamericano estaban diseñadas mediante un montaje fotográfico de escenas de la película, menos el cuarto cómic book –The Virlights- que mostraba una ilustración de los tripulantes con el U.S.S Palomino al fondo y un Tiranusaurio Rex acercándose efusivamente. Cubierta que pudo haberla hecho el ilustrador especializado en ciencia ficción Chuck Liese.

En España tanto la editorial Norma como la de Ediciones Creativas también hicieron un  montaje con fotografías de la película, salvo la editorial Montena que mostró una ilustración protagonizada por los dos robots estrellas del films: Vincent y Maximiliam. Es de suponer que algún ilustrador de la casa fue el encargado.

Antes de continuar con el trabajo de Dan Spiegle, no podemos dejar de lado a Jack Kirby, el que fuera una de las más grandes estrellas del firmamento marveliano, y  su aportación para “El abismo negro”. El dibujante tras diversas diferencias con Marvel, abandona la editorial y tras un periodo trabajando dentro de la animación para la televisión –paradojas de la vida, en este campo volvería a contar como guionista con Stan Lee- pasa a ser contratado para ilustrar la tira semanal de “Walt Disney’s Treasury of Classic Tales”. Tira dominical en color que estuvo publicándose en diversos periódicos desde el 13 de julio de 1952 hasta el 15 de febrero de 1987, tira que consistía en adaptar éxitos clásicos de Disney. A Jakc Kirby le encargaron la adaptación de “El abismo negro”, trabajo que hizo en 26 entregas entre el 2 de septiembre de 1979 y el 24 de febrero de 1980.

Jack Kirby elabora un dibujo mucho más sobrio que la versión de Dan Spiegle, sin ceñirse en buscar composiciones similares a la planificación de la versión fílmica e incluso logra una narrativa con un dinamismo mayor. Y con un diseño de personajes más cercano a los actores originales.

Dan Spliegle parece no tener interés en respetar los rasgos físicos de los personajes cinematográficos,  es capaz de quitarle el bigote al periodista Harry Booth, y a su vez ponérselo al Dr. Alex Durant cuando este no lo tenía, esta libertad en el diseño de personajes le sirve para crear rostros más expresivos, una fisonomía más agresiva en el personaje que interpreta Ernest Borgnine o un aspecto más desequilibrado en el antagonista Hans Reinhardt, aunque las edades de cada personaje como su complexión sin son respetadas.

Se advierte diferencias narrativas entre la adaptación fílmica y sus posteriores secuelas, las últimas con una planificación clásica de 4 viñetas por página, con fondos menos detallados, más minimalistas y narrativa carente de efectismo. Al contrario que la adaptación original, con un sentido épico mayor, un ambiente con tendencia al gótico y mayor contraste claroscuro que agudiza un drama de tintes shakesperianos.

Si sobre los hombros del realizador Gary Nelson –autor que ha hecho su carrera en la televisión- recae una película fallida que no logró convencer, Dan Spiegle consigue elaborar una obra con un  aspecto gráfico a gran altura. Solamente el texto de Mary Carey se ve frenado por el manuscrito original que debe adaptar y mantenerse fiel, incluyendo tanto los defectos como las virtudes, salvo algunas modificaciones argumentales obligadas, por considerar Walt Disney que el publico potencial del cómic es un lector infantil mientras que  la versión filmada era para uno juvenil.

Solo es necesario observar como es tratada la muerte del Dr. Alex Durant en uno u otro medio. En la versión filmada Durant –interpretado por Anthony Perkins- descubre con horror que los humanoides son hombres esclavizados, cuando le retira a uno de ellos la máscara. El director nos muestra en primer plano el rostro de lo que ha quedado de la antigua tripulación, un semblante con apariencia cadavérica y la mirada perdida en el vacío. Inmediatamente después el robot Maximilliam siguiendo las órdenes de su amo neutraliza al doctor acabando con su vida de forma espeluznante, muy bien firmada por su director en campo en off pero dando suficiente información al espectador para que este sepa la forma de la que ha muerto.

En la adaptación a cómic no se muestra la cara sin máscara del tripulante, quedando en off el rostro, y al contrario se expone de forma explicita la muerte del Doctor Alex Durant, pero no asesinado por el robot Maximilliam si no por Hans Reinhardt que le dispara por la espalda en un plano general. A esto debemos añadir una paradoja, Reinhardt en la película –interpretado por Maximillan Schell- deja claro que su intención no era la de ordenar el asesinato, recriminando al robot su acción.

Sería curioso centrarnos en esta escena y reflexionar las razones que llevaron a los responsables a hacer estos cambios. No cabe la mayor duda que la editorial suprimió el rostro del tripulante y la horrenda muerte de Durant por ser planos considerados demasiados adultos, el primero de ellos cercanos al género de terror y el segundo al género del gore –lo que no se muestra puede ser más violento que lo explicito-, y el cómic estaba destinado a un publico infantil. Al igual que ocurre ahora, en aquellos años muchas editoriales todavía no se daban cuenta de la importancia que el  lector adulto significaba para la industria del cómic, dirigiendo todos sus esfuerzos a la captación únicamente  del lector infantil. Estrategia que pagó muy cara Walt Disney en el medio cinematográfico a pesar de los leves intentos del presidente ejecutivo Ron Miller, que fue incapaz de dar un paso decisivo quedándose siempre a medio de darlo. La llegada a la compañía de Michael Eisner y Frank Wells traerían aires frescos, pero esto es otra historia.

También sería injusto criticar a la compañía por el tratamiento que le daba al cómic, todavía en el siglo XXI continúan la misma táctica, limitarse únicamente al lector infantil, y no por ello debe  disminuir la calidad final de la obra.

Continuando con esta escena de la “discordia” –la muerte del Dr. Alex Durant- podemos ver como es tratada en otros medios, recordemos que decíamos al comienzo que la novelización y el libro ilustrado siempre han formado parte de la mercadotécnica de Walt Disney. El libro ilustrado con fotografías en color de la película fue publicado en España por la editorial Everest en 1980, y de esta forma narra la secuencia:

Entretanto, Durant se había acercado a uno de los humanoides que operaba en un tablero de control. Alargó la mano hasta la protección reflectante de la cara sin que el robot protestara. De un tirón, arrancó el espejo.
Una cara, que había sido una vez humana, continuó su trabajo sin prestarle atención, pero Alex sintió un violento estremecimiento al ver aquellos ojos que miraban sin ver, reflejando un vacío interior que causaba pánico.
El ídolo que Durant había levantado acababa de derrumbarse. Loco de ira se interpuso entre el profesor y Kate gritando:
-¡Déjela marchar! ¡Bastante daño ha ocasionado usted ya a bordo de esta nave…!”
Y Maximillian se puso en movimiento. Extendió dos brazos, armados de poderosas cuchillas giratorias capaces de cortar el más duro metal, avanzando inexorable hacia Durant. Fue en vano que el científico tratara de interponer entre su cuerpo y el arma el libro de notas que Reinhardt le había entregado. Fragmentos de papel saltaron en todas direcciones antes de que Durant se desplomara al suelo con el cuerpo totalmente destrozado, mientras Kate dejaba escapar un grito de terror
-Lo siento- dijo Reinhard con sincero acento-. Ha sido una lástima… Durante un tiempo pensé que podría ser un buen colaborador, ahora…

Después de leer el párrafo anterior el intento de comprender qué criterios se siguieron para una adaptación se complica por momentos. Durant muere igual que en la película,  pero la afirmación de Reinhard “… ha sido una lástima…” no deja ninguna duda  su complicidad en el asesinato.

Pero recordemos las palabras de Reinhard en la película después de que el robot triturara a Durant:

…No debiste hacerlo nunca… era un buen hombre…”. Luego el villano se acerca a la Dra. Kate McCrae y le susurra “…protéjame de Maximilliam…”. Es obvio que Reinhard no solamente no es cómplice sino que además es víctima de su propia creación, acentuándose la tragedia del personaje.

La editorial Everest publica esta edición sin firma alguna, no olvidemos que se trata de mercadotécnica y no de un proyecto artístico, lo que quiere decir que al autor poco le debía importar que apareciera su firma en un texto sin valor alguno –solo promocional-. Las alternativas que tenemos son las siguientes:

- Un autor patrio se encargo de la adaptación.
- Se trató de una traducción de algún original norteamericano.

En ninguno de los dos casos he podido encontrar al autor o traductor. Pero todavía nos queda la novelización oficial que Walt Disney hizo de la película, y que sí fue traducida en nuestro país por Isabel Merino para su publicación por parte de Ultramar Editores en 1980 dentro de su sello Best Seller.

Obra escrita por Alan Dean Foster, autor estadounidense muy popular por sus novelizaciones de películas de éxito, todas de ellas dentro del género de la ciencia ficción, títulos como “Dark Star” (1974), “Alien” (1979) o “Star Trek” (2009) –del que también es coguionista- adornan su currículum. Y posiblemente muy conocido entre los seguidores de la franquicia "Star War" por ser el autor apócrifo de la novela original de "Star Wars", que en su día solo estuvo acreditada por George Lucas, aunque el autor reconoce que nunca se sintió ofendido por la eliminación de su nombre de los crédito de la novela

Vemos como Dean Foster trata la famosa secuencia de la discordia:

Durant cargó súbitamente, salvajamente contra Reinhardt. Nunca le alcanzó. Un disparo de luz brillante y mortífera desde uno de los láseres de Maximilian le agujereó tan limpiamente como si fue a un cuchillo.
Reinhardt se permitió una mirada desilusionada para el caído cuerpo del científico.
-Lo siento por usted, doctor Durant. Durante un tiempo confié que podría…, pero  esperé demasiado de usted. Una pena que no pudiera elevarse por encima de su ser primitivo. Hubiera disfrutado de su compañía.

A esta versión se le suma un nuevo cambio, el Dr. Durant carga primero contra Reinhardt y Maximilian contraataca para defender a su amo, pero no lo hace a la manera gore de la película, sino que le dispara un láser. Reinhardt no muestra en ningún momento remordimiento por lo sucedido, pero en esta versión a Reinhardt no se le puede considerar un asesino.

No cabe la mayor duda que el guión original de “El abismo negro” escrito por Jeb Roserbrook y Gerry Day basado en el argumento del primero y  Richard Landau es la versión más loable. Dan Spiegle y Mary Carey suavizan la secuencia para acercar la obra a un lector infantil. La editorial Everest muestra sin tapujos la horrenda muerte del Dr. Durant, y deja clara la falta de escrúpulos del científico Reinhard, seguramente con intenciones comerciales, el lector está ávido de un malvado de verdad sin titubeos, como lo fue Dart Vader –lo que me inclina a pensar que el autor era de estos lares-. Y Dean Foster, sigue a sus compatriotas mostrando un verdadero villano carente de escrúpulos pero destinado a un lector infantil y para ello  no se recrea en el asesinato.

El genio Hans Reinhardt,  único superviviente de la Cygnus, sucumbido a la locura, víctima de su creación y que balbucea  a cada rato se presentaba demasiado complejo para su adaptación al cómic. La película con intención de sumar un público de todas las edades también oscilaba entre un lado y otro de la línea que separa el cine infantil y el de adulto. No escatimaron gastos para  querer repetir el éxito del dúo robotico de “Star Wars” y contratan a Roddy Mcdowall para doblar a Vincent, el inquietante Maximillian se quedo en solo una parodia carente de amenaza y los agujeros de guión o trama mal enlazada convirtió lo que debió ser la gran producción de ciencia ficción de Walt Disney en un subproducto.

Los cambios en las sucesivas adaptaciones testifican que sus autores no tenían muy claro el camino a seguir, sin lograr ponerse de acuerdo en  una escena clave como era la de la muerte del Dr. Alex Durant o en las características psicológicas  del antagonista Reinhardt. Aun así, recordamos “El abismo negro” con cariño y sobre todo no dejamos de admirar el trabajo de Jack Kirby y Dan Spiegle.

Y además...

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