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1929-1932: Las raíces del cine de zombis antes de George A. Romero

el  Jueves, 16 April 2009 02:00 Por 
El año pasado celebramos la efeméride de los cuarenta años del estreno de "La Noche de los Muertos vivientes" (1968), vale la pena hacer un recorrido histórico por los inicios de este subénero de las películas de terror. El cine de zombis.

Los ojos de los muertos se cierran cuidadosamente,

con no menos cautela deberíamos abrir los ojos a los vivos.


Jean Cocteau

En este pequeño estudio acerca del inicio del subgénero de terror llamado el género zombi o zombie, a los que me referiré indistintamente para hablar del mismo fenómeno, existió un antes y un después. Si bien es cierto que para los no iniciados en la materia del mundo zombi, su imaginario y características cinematográficas, en constante evolución desde los años 30 del siglo pasado, ubican su génesis en Pittsburgh, un 1 de octubre de 1968 con el estreno de la película de George A. Romero "La noche de los muertos vivientes" (The Night of the Living Dead, 1968) en realidad el fenómeno del muerto viviente viene de mucho más atrás, no sólo en el ámbito cinematográfico con el estreno el 4 de agosto de 1932 de la primera película de este subgénero, "La legión de los hombres sin alma" (White Zombie, 1932) rodada por los hermanos Harperlin[1] en el mismo año, si no que tenemos que buscar los primeros trazos de sus inconexas pisadas y de su mirada torva  en la literatura, y no precisamente de la ciencia-ficción o de terror, sino más bien en la literatura científica. Concretamente en una de sus ramas, la antropología.

Ya en 1819 The Oxford English Dictionary recoge la palabra zombie, [2] que era frecuentemente mencionada por los esclavos del Sur de América entrado el último tercio del siglo XVIII.

Esta indefinición del zombi con el diablo, ya desde su inicio, ha acompañado a esta figura en su periplo cinematográfico haciendo que encontremos todo tipo de causas que producen que los muertos vuelvan a la vida. Escapes radioactivos, portales infernales, caídas de meteoritos, virus militares, vudú, el fin del mundo... haciendo imposible que se erija una figura representativa de entre todos ellos. Siendo una masa endemoniada, el elemento característico que los define en los films. Tal como  apunta Jaime Russell,[3]

Mientras los vampiros, hombres-lobo e incluso los asesinos en serie infunden respeto, el zombie nunca ha sido tratado como otra cosa que no fuese un bufón que va dando tumbos alrededor de los márgenes de un cine de horror poco esmerado y en descomposición. No hay aristócratas de sangre azul o celebridades entre los zombies, no encontramos grandes nombres de estrellas o caras instantáneamente reconocibles, tan sólo monstruos anónimos de clase baja que normalmente no pueden hablar, a duras penas caminar y que malgastan la mayor parte de su energía tratando de juntar en uno sus cuerpos descompuestos.

Y en efecto, el muerto viviente no tiene el prestigio de Drácula, del monstruo de Frankenstein, Dr. Jekyll y Mr. Hyde o incluso del Hombre Lobo. Figuras todas ellas que enlazan con una tradición literaria gótica del folclore europeo y las antiguas leyendas de monstruos y fantasmas. Pero siguiendo la tesis de Judith Halberstam al argumentar que "los monstruos son máquinas de significado",[4] y que su existencia nos aporta luz ante las ansiedades de la cultura que los ha producido, el zombi, al igual que sus compañeros de género es fruto de un contexto social y político del cual no puede rehuir. Después de todo, el vocablo "monstruo" tiene raíces etimológicas que se pueden encontrar en el latín monstrare, es decir (de)mostrar.[5]

Y ¿Qué nos intentan mostrar y que significado tienen para nosotros los muertos vivientes?

Según Russell,[6]

Actualmente, el zombie es un símbolo de la más primitiva ansiedad de la humanidad: el miedo a la muerte. Llena de un sentimiento morboso por las limitaciones del cuerpo y sus flaquezas, el mito del zombie está emparentado casi por obligación con nuestra problemática relación con nuestros propios cuerpos.

Esta afirmación, absolutamente cierta principalmente en las películas de muertos vivientes a partir del 1968 hasta la actualidad no se ciñe con la misma facilidad a las películas del inicio del género. Si bien es cierto que el ser humano siempre se ha sentido fascinado a la vez que abrumado por la muerte y sus efectos colaterales este no era el tema central en films como "La legión de los hombres sin alma" White Zombie (1932), "La rebelión de los zombies" (Revolt of the zombies, 1936), "El rey de los zombis" (King of the zombies, 1941), o la más reciente "La plaga de los zombies" (The plague of the zombies, 1967).[7]

En ellas, el tema latente es el poder de un hechicero, o bokor,[8] capaz de doblegar la voluntad de un ser humano utilizando técnicas del vudú o incluso hipnóticas,[9]  para gobernarlo creando así un ejército de zombis (personas en un estado letárgico que han perdido para siempre, o prácticamente, su capacidad de raciocinio y comunicación con sus congéneres), siendo una especie de autómatas solamente capaces de seguir las órdenes de su amo. Cualesquiera que estas sean. Dejando de lado por tanto, las limitaciones del cuerpo una vez muerto, o los procesos de descomposición de este una vez vuelto a la vida.

Precisamente la hipnosis es la técnica que utiliza el Doctor Caligari para hipnotizar a Cesare en "El Gabinete del doctor Caligari" (Das Kabinett des Doktor Caligari, 1920); que en un estado de sonambulismo se dedica a perpetrar los crímenes  que el doctor le ordena, y es que no es descabellado considerar este film expresionista de terror alemán, como el precursor del género de zombies debido a las concomitancias argumentales que se hallan entre este film y "La legión de los hombres sin alma" (White Zombi, 1932); teniendo en cuenta que no sería el primer caso si nos remitimos a "Nosfetaru" (Nosferatu, Eine Symphonie Des Grauens, 1922) de F.W. Murnau, y como "se convierte en una de las principales fuentes argumentales del cine americano de los años treinta, influido estéticamente por la diáspora de los técnicos y artistas germanos que huyendo del nazismo se refugiaron en Hollywood". [10]

Pero centrándonos en la línea argumental de las películas de zombies de esta época (y la posterior a 1968) podemos observar, que coinciden con las líneas argumentales de las estructuras clásicas de las historias de terror más explotadas del género fantástico, ya instaurado por aquél entonces por la Universal con films como "Drácula" (1931) de Tod Browning,[11]  "El Doctor Frankenstein" (Frankenstein, 1931), "La Momia" (The Mummy, 1932), "El Hombre Invisible" (The invisible man, 1933), o "El Hombre-lobo" (The wolf man, 1941) y por supuesto de su homónima inglesa la Hammer, algo más tardía, con películas de la talla de "El experimento del doctor Quatermass" (The Quatermass Xperiment, 1955) dirigida por Val Guest, "La maldición de Frankenstein" (The curse of Frankenstein, 1957),  "Drácula" (1958), o "La Momia" (The Mummy, 1959) todas ellas dirigidas por Terence Fisher, uno de los grandes maestros europeos del cine de terror de los años 1950-1960, juntamente con Mario Bava y Riccardo Freda.

Incluso los argumentos que, a priori, puedan parecer que nos atañen más por las circunstancias sociopolíticas que vivimos; me refiero al demonio nuclear,[12] dónde el pánico nuclear, guerra fría y el miedo a un nuevo holocausto,  permite al cine de zombies ilustrar nuevas formas del mal en el mundo contemporáneo, fruto de la convulsión que ataca todos los fundamentos biológicos del planeta, "La criatura con el cerebro atómico" (Creature with the atom brain, 1955), o Quatermass 2 (1957)  y la contaminación sutil,[13] dónde el terror atómico, el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki 6 y 9 de agosto de 1945, extrapoló a todo el globo terráqueo el espacio susceptible de ser poseído por el mal.   La contaminación fue vista a escala mundial. "Los zombies de la estratosfera" (Zombies of the stratosphere, 1952), "La invasión de los ladrones de cuerpos" (The invasion of the body snatchers, 1956), la inclasificable "Plan 9 del espacio exterior" (Plan 9 from outer space, 1958),  "Invasores invisibles" (Invisible invaders, 1959), "Terror en el espacio" (Terrore nello spazio, 1965),  o la psicodélica Los Astrozombies (1968).

Sin dejar de lado el marco sociopolítico, es interesante hacer retrospectiva hasta finales de los años veinte inicios de los treinta. Puesto que no es un hecho casual que precisamente en ésas fechas se filmara la película de los hermanos Harperlin. ¿Cuál es el motivo que generó el exitoso periplo del zombi a finales de los años veinte desde una pequeña isla de las Antillas, hasta las rutilantes luces de neón de Brodway, y finalmente al clima temperado de los estudios de Hollywood en los Ángeles?

1929. William B. Seabrook, explorador, viajero, y periodista norteamericano (trabajó como reportero en The New York Times antes de hacerse itinerante) publica La isla mágica, un estudio innovador acerca de la cultura y religión en Haití. Tal fue el éxito que sólo en Estados Unidos se vendieron más de cien mil ejemplares, lanzando a la fama a su escritor que hasta esa fecha era totalmente desconocido para el público europeo. El éxito del libro, radicó en explicar su testimonio en primera persona acerca de  sus vivencias y peripecias durante su estudio de la religión vudú, y en especial el rito a los muertos, donde Seabrook relataba por primera vez las ceremonias de un culto prohibido y ancestral, realizado en los lejanos bosques de las Antillas y del que nunca antes se había obtenido información de primera mano. Es precisamente entre las páginas de ese libro, que se da a conocer la palabra zombi. Absolutamente desconocida para el mundo occidental hasta la fecha.

Vale la pena ahondar, aunque sea brevemente, en la figura del autor. Puesto que gracias a él llegó al publico occidental lo que llegaría a ser con el tiempo un nuevo icono del cine y la literatura de terror. El zombi. [14]

Para Russell,[15]

Seabrook fue un autor que estaba llamado a jugarse la vida para traer a su regreso historias sensacionales, de culturas nativas exóticas, que sus lectores no hubiesen querido experimentar por ellos mismos. Siempre ávido por lo inusual y bizarro, unido a su creencia de tener que experimentar en primera persona aquello que escribía le llevó a una serie de aventuras que nos ponen los pelos de punta  en Arabia, Haití y África.

De hecho, fue tan escrupuloso acerca de la necesidad de la experiencia subjetiva, que rehusó escribir acerca del canibalismo para su libro Jungle Ways (1931) sin haber probado antes carne humana. Habiendo perdido la oportunidad de comerla en una cena con caníbales en el corazón de África, Seabrook pagó a un hospital parisino para que le suministrasen una libra de carne humana, de un obrero fallecido en un accidente de automóvil. Una vez con el trozo de carne en su poder se dirigió a casa de un amigo convenciéndole de que se trataba "una especie de cabra salvaje que nunca antes nadie había probado".[16] Una vez finalizada la ingesta de la libra de carne humana, dijo que era parecido al cerdo, excepto que necesitaba algo más de condimentación.[17]

No deja de resultar irónico que precisamente el escritor que trajo de las sombras la figura del muerto viviente, ya hubiese experimentado la antropofagia, elemento que precisamente hizo famosa la cinta de Romero, y que ha sido el elemento recurrente desde entonces en prácticamente todas las películas del género. De la misma forma que el zombi originario del que habla Seabrook en su libro nunca hubiese comido ni carne,  ni sal, [18] puesto que tan sólo el contacto labial del muerto en vida con alguna de estas dos substancias le hubiese despertado de su estado de letargo corriendo otra vez hasta la tumba, de la que fue extraído mediante la magia negra, para buscar su descanso eterno.

De la misma escrupulosa manera explica Seabrook, el primer contacto de un europeo con un zombie de carne y hueso. Contacto que acabaría por definir las características formales del zombi, como se puede apreciar en la película de Jacques Turneau "Cuando yo anduve con un zombie" (I walked with a zombie, 1943). Seabrook lo explica de la siguiente manera en la "Isla mágica" (The Magic Island, 1929):[19]

Mi primera impresión sobre los zombies, que continuaban trabajando, fue que se advertía en ellos algo extraño que sale de lo natural. Trabajan como brutos, como verdaderos autómatas [...] Lo que vi entonces concordaba con lo que me habían dicho, y, aunque prevenido, recibí un choque acompañado de malestar cuando vi, sobretodo, los ojos, que eran terribles. No era, por mi parte, una cuestión de imaginación. En realidad, esos ojos eran ojos de muerto, y no de ciego. Estaban fijos, apagados, sin vista. Y por ese sólo hecho, toda la cara era horrible. Estaban horripilantemente vacíos, como si nada hubiese habido allí anteriormente. No solo carecían de expresión, sino que también eran incapaces de toda sensibilidad.

Para la mayoría de los haitianos el miedo hacia el culto del vudú no reside en ser atacado por una horda de zombies, su miedo más atroz reside en convertirse en uno de ellos. Para una población en la que sus ancestros fueron capturados, encadenados y empaquetados fuera de África hasta llegar a las lejanas islas caribeñas, dominadas por crueles esclavistas y forzados a trabajar por nada más que algo que llevarse a la boca para mantenerse con fuerzas para vivir otro día, el zombi simboliza el horror en su estado último. En lugar de escapar al paraíso, la muerte se convierte en el inicio de una eternidad trabajando de sol a sol bajo el mando de un hechicero vudú. No puede haber nada más aterrador para una nación nacida del esclavismo y oprimida durante décadas por blancos europeos que esa idea del infierno. Como el antropólogo y biólogo Wade Davis escribe: [20]

Los zombies no hablan, no pueden mantenerse por ellos mismos, incluso no recuerdan sus nombres. Su destino es el esclavismo [...] El concepto del esclavismo implica el miedo de los campesinos, y el zombi sufre un destino que es literalmente peor que la muerte -la pérdida de la libertad física que es el esclavismo, y el sacrificio de la autonomía personal implícita en la perdida de la identidad.

No es de extrañar que después de su carrera como escritor que relata los hechos en primera persona, Seabrook pasara una temporada en una institución para enfermos mentales para superar su alcoholismo, o para colmo de males, su mujer se divorciase de eacute;l alegando prácticas sádicas añadadias a su tendencia alcoholica antes comentada, para finalmente suicidarse el 20 de septiembre en Nueva York a causa de una sobredosis de drogas.[21]

Aunque la Isla mágica fue el primer libro en tratar el fenómeno zombi, no fue el único. Poco después vieron la luz otros títulos, siguiendo la estela del de Seabrook.[22]

La primera señal de la influencia del zombi de Seabrook en la cultura popular norteamericana, la encontramos en las películas de horror de 1930. "Antes de La isla mágica el zombi nunca había aparecido en ningún texto literario en Europa o incluso en América, aunque las historias de muertos volviendo a la vida no nos eran desconocidas (los textos de Edgar Allan Poe están trufadas de ejemplos similares), el zombi caribeño -su cuerpo muerto simplemente no vuelve a la "vida", si no que es reanimado como muerto en vida- era algo completamente nuevo y diferente".[23]

Si a eso le añadimos la verosimilitud que se le atestiguaba a la nueva figura de terror no es de extrañar que fuera todo éxito en taquilla.[24]

Finalizada la Primera Guerra Mundial, el horror de lo ocurrido no sólo dominaba el contexto sociopolítico, también se filtró en el séptimo arte. Ya fuese como válvula de escape a la ansiedad generada por la herida que provocó la gran guerra o por la situación de incertidumbre que reinó en la posguerra; en Alemania, la nación perdedora, empezaron a producirse algunas visiones terroríficas que encontraban su forma de expresión en el cine: "El gabinete del Doctor Caligari" (1920), "El Golem" (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920) y "Nosferatu" (1922).

El éxito de la obra teatral Drácula dirigida por Liveright y la popularidad de los films de terror germanos en Estados Unidos, animó a toda una serie de jóvenes productores a llevar a cabo toda una serie de títulos ya emblemáticos como "El fantasma de la ópera" (The phantom of the opera, 1925) y Londres después de medianoche (London after midnight, 1927). Hasta que finalmente los estudios empezaron a jugar con la idea producir películas que aterrorizaran a su público.

Y así, finalmente, Hollywood sediento de nuevas historias de terror y nuevas fórmulas de representación iconográfica del horror estaba preparado para recibir con los brazos abiertos a su nuevo huésped. El zombie de Haití, que no haitiano, con los brazos abiertos. [25]

"La legión de los hombres si alma" fue la primera incursión del género en el ámbito cinematográfico, pero antes de llegar a las pantallas, el zombi paseó sus maltrechos huesos por Broadway. El primero en intentar sacar partido de este nuevo icono de terror fue el escritor y productor teatral Kenneth Webb, que ya había escrito un par de obras menores One of the familiy (1925) y Who cares? (1930). Dándose cuenta que podría dramatizar el capítulo del libro de Seabrook y sin además tener que pagar un sólo céntimo por derechos de autor puesto que no había ningún copyright asociado ni a la figura ni a la palabra, estrenó Zombi (Zombie, 1932), la obra teatral.

Fue una producción  de bajo presupuesto, y aún de más baja imaginación donde el mismo The Herald Tribune informaba: "Felizmente, el Sr. Webb no tiene la destreza necesaria para ser tomado en consideración ni tan siquiera por los ingeniosos jueces de los clubs del libro del mes" [26]. Apenas con un sólo decorado, una sala de estar de un bungalow en las montañas de Haití que se repetía en los tres actos, con unos cuantos actores blancos  pintados de negro, y en un intento desesperado de ganar algo de publicidad, un par de inmigrantes haitianos, no es de extrañar que la obra pasara sin pena ni gloria por los escenarios de Nueva York y Chicago principalmente. "Zombi" se estreno en el Biltmore Theatre de Nueva York un 10 de febrero de 1932 y cerró apenas pasadas las veinte actuaciones.

Pero los zombies estaban destinados a aparecer en la pantalla cinematográfica. Por suerte, los hermanos Harperlin, Victor y Edward, intrigados por puesta en escena de Webb acudieron a la representación teatral de "Zombi" y fascinados por la figura del nuevo monstruo decidieron hacer regresar los muertos a la vida.

Pese a que Webb intentó detener el film llevando ante la justicia a los Harperlins por un tema de copyright, finalmente al no ser una idea original de él los derechos no podían ser infligidos y la película siguió adelante.

Superados los problemas iniciales la película se decidió contratar a Bela Lugosi por 800 dólares a la semana para 11 días de trabajo. Lugosi que no estaba en condiciones de negociar por estar pasando por horas bajas, decidió aceptar una vez más un salario por debajo de sus posibilidades. Terrible decisión que le fue acompañando desde su primer papel cinematográfico para la Universal en Drácula (Dracula, 1931) hasta el final de su carrera.[27]

El hecho es que la película que sólo contaba con un quince por ciento de su metraje en sonoro, y con un Victor Harperlin a la dirección, el cual sólo estaba habituado a realizar films de cine mudo; Lugosi fue el actor idóneo para imprimir el carácter necesario, con su mirada hipnótica y su gestualidad (sobre)actuada, al primer malvado cinematográfico de este subgénero. El asesino Legendre.

"La legión de los hombres sin alma" se engrosó la inesperada cifra de 8 millones de dólares en taquilla. Lo que significa una suma de dinero enorme para una película realizada por una productora independiente, con un coste de tan sólo 62,500 dólares. Dejando el camino libre a toda una serie de producciones que, con más o menos éxito, se apropiaron del muerto viviente para asustar a una nueva generación de espectadores incautos.

Lugosi, los hermanos Harperlin y "La legión de los hombres sin alma" (White zombie, 1932) pusieron la primera piedra para convertir al zombie en lo que es hoy en día. Un potente símbolo del Apocalipsis. Un monstruo cuya apariencia siempre ha retado a la fe de la humanidad en el orden del universo.

 

[1]  Son considerados los primeros en trasladar la figura del zombi de la literatura al ámbito cinematográfico. Para más información acerca del director y el film consultar  RHODES, G.D  White zombie: Anatomy of a horror film. Jefferson, NC y Londres: McFarland and Co, 2001.

[2]  De acuerdo con The Oxford English Dictionary, la primera vez que se utilizó la palabra "zombie" en lengua inglesa ocurrió en 1819 en History of Brazil de Robert Southey (Londres: Longman, 1810-1819). En el libro Southey utiliza "zombie" como sinónimo de Diablo. Aunque hay varias anotaciones en lápiz en los márgenes del texto, por parte de su cuñado, Samuel Taylor Coleridge, argumentando que la definición de "zombie" en el libro es incorrecta.  Tristemente el poeta no explica el motivo del error.

[3]  RUSSELL, J. Book of the Dead. Surrey: FAB Press, 2007 (2004), p. 7.

[4]  HALBERSTRAM, J. Skin Shows: Gothic Horror and the Technology of Monsters: Durham, Duke University Press, 1995, p. 21.

[5]  GELDER, K. The Horror Reader: Londres y Nueva York: Routledge, Gelder Ed, 2000, p.81.

[6]  RUSSELL, Ibid, p. 7.

[7] Como sostiene MEMBA J: La Hammer: Su historia, sus películas, sus mitos. Madrid: T&B Editores, 2007, p.71. la película de los hermanos Harperling es su referente indiscutible pero dándole, la Hammer,  una vez más su propia impronta al mito de la resurrección.

[8]  https://en.wikipedia.org/wiki/Bokor [6-4-09]

[9] Fuera buscado, o no, el hecho es que el primer actor que encarnó a un bokor en la gran pantalla fue Bela Lugosi, tomando el papel del asesino Legendre,  en la película de los hermanos Harperling,  La legión de los hombres sin alma" (White zombie, 1932). Y que un año antes fue lanzado al estrellato con la película "Drácula" (Dracula, 1931) de Tod Browning encarnando al famoso conde. Lugosi, que no contaba con colmillos postizos, sólo precisaba de su (sobre)actuación.  Tal como señala José Manuel Serrano Cueto "Este conde es un seductor, un encantador de serpientes más bien y consigue sus presas no sólo utilizando sus encantos personales, sino a través de la hipnosis, bastante más efectiva (...) Los ojos hipnóticos de Drácula, cuya iluminación se conseguía proyectando un haz de luz a través de dos pequeños agujeros oradados en un pedazo de madera, expresan más que cualquiera de los aspavientos que aportó a su personaje".  SERRANO CUETO, J.M. De monstruos y hombres: Los reyes del terror de la Universal. Madrid: T&B Editores, 2007, p 27-30.

[10] BALLÓ, J.; PÉREZ, X. La semilla inmortal: Los argumentos universales en el cine. Barcelona: Ed. Anagrama, 2007 (1997). p. 76.

[11] Ibid. p. 77. Como brillantemente apuntan, "Los monstruos clásicos de la Universal-Frankenstein, Drácula, la Momia- encarnaban el miedo primitivo hacia unos seres desconocidos, que asociaban su malignidad a la condición de extranjeros. No todas las figuras arquetípicas del terror clásico tenían un origen exterior a la comunidad- Frankenstein o el Hombre Invisible son monstruos producidos por la razón de la propia civilización-, pero todas ellas representan la anomalía de la conducta (y la forma) civilizada: Son criaturas, extranjeras o extrañas, opuestas a la normalidad consensuada".

[12] Ibid. p. 78.

[13] Ibid. p 79.

[14] Wade Davis apunta la posibilidad que la palabra sea una derivación del vocablo congolés  nzambi que vendría a significar "espíritu de la persona muerta". Lo que demostraría las raíces africanas de la religión y sociedad  vudú pese a que se encuentre su foco en Haití. DAVIS, W. The serpent and the rainbow: A Harvard scientist's astonishing journey into the secret societies of Haitian voodoo, zombies, and magic. New York: Simon & Schuster paperbacks, 1985, p.12.

[15] RUSSELL, Op. cit., p. 10.

[16] BALD, W. On the left bank 1929-1933. Atenas, Ohio: Ohio University press, 1987, p. 80.

[17] Ibid. p. 80.

[18] Ti-Joseph de Colombier terrateniente de una plantación de azúcar que suministraba la materia prima a la compañía azucarera HASCO en Haití, y que tenia a su cargo un pequeño ejército de zombies que hacía trabajar en los campos de caña como obreros explotados, hasta que un día, su mujer aburrida por estar su marido fuera y encontrándose sola, decidió irse al Martes de Carnaval en su macabra compañía por miedo a dejarlos solos en la hacienda, y una vez en la ciudad  dióles una tableta de chocolate que en su interior contenía pistachos salados. Los zombies empezaron a chuparlas y comerlas y cuando sintieron el gusto de la sal se percataron que estaban muertos y, profiriendo terribles alaridos, se levantaron y regresaron a la montaña con el fin de introducirse otra vez en sus sepulturas, desplomándose como cuerpos sin vida en los féretros al contactar su piel con la tierra en el interior. En SEABROOK, W.B. "La isla mágica". Madrid: Editorial Cenit, 1930, p. 104-109.

[19] Ibid. p. 110.

[20] DAVIES, Op. cit., p. 139.

[21]  https://nwda-db.wsulibs.wsu.edu/findaid/ark:/80444/xv04122  [8-4-2009]

[22]  Black bagdad: The Arabian Nights Adventures of a Marine Captain in Haití (1933) y, Cannibal Cousins (1934), ambos escritos por John Huston Craige, e incluso varios films: Tierra Vudú (1932), un cortometraje acerca de la superstición y el vudú en Haití y Vudú (1933) un documental que mostraba la vida de un sargento de la marina que defendía haber sido rey durante tres años en una tribu local de la isla. RUSSELL, Op. cit., p. 17.

[23] Ibid. p. 17.

[24] No hay que olvidar que hoy en día sigue vigente en el código penal de Haití el famoso artículo 249 con el siguiente texto: << Cualquier persona que intente privar de su voluntad a otro ser humano, por medio de envenenamiento o cualquier otro método será condenado a prisión con la pena de intento de asesinato, y si en este intento se llega al enterramiento de la víctima, esta persona será acusado de homicidio.>>  REVENGA, J. J. Amanecer zombi: Un viaje al corazón del vudú. España: Editorial Almuzara, 2006, p. 12.

[25] AGUSTÍ, P. Cine de zombies y fantasmas. Madrid: Ediciones Masters, 2006, p.13-14 crea una taxonomia bastante discutible del zombi cinematográfico llevándola a una simplificación extrema y equívoca, puesto que ni todos los films de este subgénero producidos por Hollywood son de serie B, ni todos los zombies son aficionados a la carne humana: "Re-animator" (1982), "Posesión infernal" (1982), "La resurrección de los muertos" (2004) entre muchos otros. Y tanto unos como otros, fueron antes de resucitar personas normales. "Hay tres tipos de zombies[...]Los zombies de Hollywood se encuentran en películas de serie B y el rasgo que les caracteriza es que están muertos, pero "reanimados", y son aficionados a la carne humana[...]Los zombies haitianos pertenecen a la brujería o vudú de la tradición haitiana. Parece ser que carecen de pensamiento libre, y quizá incluso no poseen alma porque emigró hace tiempo. Los zombies haitianos fueron anteriormente personas normales, pero sufrieron una transformación a causa de unas drogas o hechizos, siendo usados posteriormente como esclavos".

[26] Citado por RHODES, G.D. Op. cit., p.85.

[27]  SERRANO CUETO. Op. cit., p.25-26. Como nos recuerda, "No supo negociar sus honorarios, cosa que perjudicó a la larga toda su carrera, pues, por lo general, sus contratos no eran de los mejores, cobrando bastante menos que, por ejemplo, Boris Karloff".

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