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Bandas Sonoras del cine fantástico, 1ª parte: Década de los 70: El gran estallido

el  Lunes, 30 November 2009 01:00 Por 
¿Alguien se imagina a Darth Vader paseando por la estrella de la muerte sin la marcha imperial de fondo realzando cada uno de sus pasos, o a ET encima de una bicicleta eclipsando la luna sin aquella maravillosa sintonía de acompañamiento? Las bandas sonoras dignifican a las películas y las engrandecen, aumentando a veces hasta límites insospechados la capacidad de emocionarnos.

Son tantas y tan variadas, compuestas por un ramillete de compositores a cual más original y creativo, que confeccionar  una selección de bandas sonoras es tarea harto complicada. No obstante yo me voy a guiar de mi propio instinto de cinéfilo melómano e intentaré hacer un repaso lo más completo posible de las obras que considero más relevantes e influyentes.

El término banda sonora, y como su propio nombre indica, hace referencia a las dos bandas laterales que contienen las cintas de celuloide donde también van incluidas las imágenes. Estas bandas portan tanto el sonido grabado como la música, y aunque su historia comienza prácticamente con el surgimiento del cine sonoro, no es realmente hasta la segunda mitad de la década de los 70 en que empiezan a popularizarse de un modo más amplio y relativamente al margen del propio cine. Esta popularización masiva que realzó la música de cine hasta las cotas de aceptación que hoy disfruta tiene un claro “culpable”, y este no es otro que el señor John Williams. Su mítica composición orquestal para la primera entrega de la saga “Star Wars” (George Lucas, 1977) marcó un antes y un después en la historia de las bandas sonoras y en su percepción por parte del público. La música de las películas pasó de la noche a la mañana de ser un mero acompañamiento para imágenes mejor o peor pertrechado a convertirse en todo un fenómeno de masas. Muestra de ello supusieron los millones de copias vendidas en LP y cassette en todo el mundo de la obra de Williams para la saga galáctica. Curiosamente, Williams fue recomendado a George Lucas por el mismísimo Steven Spielberg, para quien ya había trabajado dos años antes en “Tiburón” (Jaws, Steven Spielberg, 1975) con un resultado de sobras conocido por todos los admiradores de esta obra maestra de Spielberg. Este último quedó tan satisfecho por la música compuesta para su ópera prima que no dudó en hablarle a su amigo Lucas del autor. El resto ya es historia.

Pero no contento con esta proeza, Williams se marcó otro tanto al componer  un año después de Star Wars la música que acompañaría a Cristopher Reeve en sus gestas superheroicas dando vida al “Superman” (1978) de Richard Donner. De nuevo la magnífica orquestación y la pegadiza sintonía urdida por el genio Williams se convirtió en un fenómeno de ventas, parejo al éxito que la excelente cinta de Donner disfrutó en las salas de cine. Definitivamente había nacido la época dorada de las bandas sonoras, liderada por el maestro John Williams pero fortalecida por un gran número de compositores emergentes. Entre ellos se encontraba otro de los grandes, un magnífico músico que decoró melódicamente muchas de las películas más populares de los 70 y los 80: Jerry Goldsmith, autor entre otras maravillas, de la banda sonora del “Star Trek” (Robert Wise, 1979) cinematográfico. Pero de Goldsmith y su obra hablaremos más ampliamente en sucesivos párrafos. Aun en los 70, no solo de Williams vivía la música de cine, a pesar de que aparentemente el compositor era rey absoluto de las pantallas gracias a Lucas y Spielberg. Para este último, además de la mencionada “Tiburón”, también ideó las extravagancias sonoras que formaban un lenguaje musical interplanetario en “Encuentros en la 3ª fase” (Steven Spielberg, 1977).  No obstante, algunos años antes de que estallase la revolución tanto musical como estrictamente cinematográfica que supuso el estreno del primer “Star Wars”, una modesta aunque sobrecogedora película de terror triunfaba en las pantallas de todo el mundo, y gran parte de ese éxito, además de a sus evidentes méritos técnicos y artísticos, se debió a su excelente y atípica banda sonora. Hablamos, indudablemente, de “El Exorcista” (The Exorcist, William Friedkin, 1973). Lo de atípica viene a coacción porque, en contra de lo que suele suceder normalmente , la banda sonora de esta película no se compuso especialmente para ella, sino que se utilizó material previamente creado y se integró en la cinta una vez esta ya estuvo rodada. La música en concreto pertenecía a un por entonces jovencísimo músico inglés que ese mismo año editaba su primer y ambicioso LP. Con tan solo 19 años, el genial Mike Oldfield compuso e interpretó todos y cada uno de los instrumentos que aparecen en el álbum “Tubular Bells”. Esta epopeya de rock sinfónico y progresivo,  plagada de sonidos extrañamente hermosos e inquietantes,  impresionó de tal manera a William Friedkin que este decidió a última hora sustituir la música ya compuesta para “El Exhorcista” por los primeros compases de la obra de Oldfield. El resultado se tradujo en un gran éxito tanto de público como de crítica, que catapultó las carreras de ambos autores.

Más alejado de la épica de Williams o del surrealismo rockero de Oldfield, la música que Jerry Goldsmith compuso para “Alien, el 8º pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979), su segundo trabajo importante para el cine después de “La Profecía” (The Omen, Richard Donner, 1976), subrayaba de modo magistral la atmósfera angustiosa que imperaba en el film del británico Ridley Scott, y ya apuntaba maneras del estilo sobrio y comedido aunque sin renunciar a las grandes manifestaciones orquestales que marcaría la fructuosa carrera de este formidable músico. Ya en “la profecía” Goldsmith pudo hacer gala de sus excelencias sonoras componiendo una colección de temas en los que predominaban los instrumentos de viento y los coros, construyendo en su conjunto un tapiz sonoro de tintes apocalípticos muy acorde con el argumento y la estética oscura del film.  No obstante 1976 fue bastante productivo para Goldsmith, puesto que también  ese mismo año el director Michael Anderson quiso contar con la profesionalidad del compositor para ponerle música a su película “La fuga de Logan” (Logan´s Run, Michael Anderson, 1976), cosa que éste hizo sin dudar consiguiendo  notables resultados.

Pero hablar de cine y música en la década de los 70 pasa inevitablemente por citar a John Carpenter, director hiperactivo y multifacético cuya obra de sobras conocida cuenta con auténticos clásicos y films de culto. Carpenter se hizo popular tanto en su vertiente de director como en la de músico, ya que desde los inicios de su carrera el veterano realizador neoyorkino ha compuesto la mayoría de bandas sonoras para sus propias películas. Su ópera prima, la singular “Dark Star” (1974) fue una película de bajísimo presupuesto, que Carpenter rodó en tiempo récord utilizando como escenarios su propio piso y el hueco del ascensor del edificio (¡!), simulando los interiores de la nave espacial que da título al film, la “Dark Star”, donde transcurre prácticamente toda la acción de la cinta. Lógicamente, y teniendo en cuenta la precariedad de medios técnicos y económicos, la imaginación y capacidad artística del director fueron fundamentales para la realización del proyecto. Tanto es así que por abaratar costes Carpenter produjo, dirigió, compuso la música e incluso creó los extravagantes efectos especiales, entre los que se cuentan el impagable alienígena que se construyó improvisadamente utilizando…¡un balón de playa!.  Para su siguiente film, “Asalto a la comisaría del distrito 13” (1976) Carpenter ya contaba con un presupuesto más holgado, sin embargo el realizador siguió en su tónica de crear la banda sonora además de dirigir, y fue en su posterior proyecto, la aclamada “La noche de Halloween” (Halloween, 1978), donde destacó de un modo más amplio en su faceta como músico, componiendo una vibrante melodía plagada de sonidos electrónicos y sintetizados que evocaban de modo poco o nada casual al ya mencionado  “Tubullar Bells” de Mike Oldfield.

Carpenter, Goldsmith, Williams y Oldfield fueron en cierto modo unos pioneros que abrieron las puertas hacia el fascinante mundo de las bandas sonoras, y sus obras creadas en aquellos ya lejanos años 70 sirvieron de referente y abonaron el camino a seguir para otros muchos autores que proliferaron en la década de los 80, la auténtica edad dorada de las bandas sonoras y nuestra próxima parada en este viaje hacia la galaxia sonora de la música de cine fantástico.
      

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