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10000 B.C el subproducto de un profesional

el  Jueves, 13 March 2008 01:00 Por 
Reseña de "10000 B.C.", cine muy de nuestro tiempo.

Aunque nos escuezan los sabañones hay que ser honestos. Roland Emmerich, director de “10000 B.C.” es un gran profesional; un tipo que conoce perfectamente su oficio y que tiene un plan preestablecido independientemente del género de la película que se encuentre realizando. Y su matemática funciona; las arcas responden con oro a cada nuevo estreno del realizador alemán. Concluyendo, que Emmerich domina la lógica de la palomita, ese concepto inventado por el realizador de Edgar Wright (excelso realizador de “Zombies Party” y “Arma Fatal) para referirse a determinado modus operandi a la hora de hacer cine. Eso sí, mientras Wright se ríe Emmerich pone cara seria.

Ahora bien, después de tragarnos la bilis, por muy amarga que sea, hay que decir que lo que hace no tiene por qué gustarnos. De hecho, en mi caso, “10000 B.C.” me provoca la misma comezón que una ortiga incrustada allí donde no llega el sol. Pero es un producto, técnicamente, muy bien facturado. Salvo en un aspecto; lástima para Emmerich que ese aspecto sea clave.

Alarguemos la espera enumerando las virtudes a nivel general, su carrera en conjunto, y particular, lo que ha hecho en esta, su, hasta ahora, última película, de este realizador que es, sin duda, el modelo soñado por los ávidos ejecutivos de Hollywood. Emmerich tiene muy claro que demanda el público, cuál es el punto fundamental por el que tiene que penetrar las defensas del gladiador implacable y multicéfalo que puebla las butacas. Espectáculo y sencillez argumental. Dos grandes verdades que Emmerich sabe combinar muy bien.

El sentido del espectáculo del realizador es algo evidente. Cualquiera que haya visto una película de Emmerich reconocerá la habilidad del director para conseguir escenas multitudinarias y plagadas de efectos especiales que fluyen con fluidez y, lo que es aún más importante, con intensidad dramática. Emmerich es un maestro a la hora de sumar elementos. Construye sus escenas con los fuertes cimientos de una música tópica pero chillona, muy narrativa y, a partir de ahí, no se deja llevar por la simple acumulación; mejor dicho, sabe dejarse llevar.

Mientras otros directores como Gore Verbinski o David Hayes demostraron su torpeza en las escenas de acción —el primero con su trilogía de “Piratas del Caribe” y el segundo perpetrando el quinto capítulo de la saga de Harry Potter, el subtitulado, “La orden del Fénix— Emmerich nunca peca en este terreno. Sabe lo que hay que hacer, las reglas básicas de toda secuencia de acción. Cámara lenta, planos picados, ocasional uso de los objetivos de silicona, imágenes de belleza postiza —incluyan aquí bellos atardeceres, anocheceres y amaneceres en las más variopintas condiciones climatológicas— multitud de travellings con steady-cam y constantes ralentís en los momentos de mayor emoción. ¿Ideas originales? Ni una, pero eso no quita que uno sea capaz de jugar sus bazas (ayudado, eso sí, por un fantástico equipo técnico y artístico).

Entonces ¿cuál es el problema de “10000 B.C.”, cuál es esa clave que tumba el relativamente buen trabajo de Emmerich detrás de las cámaras? El Emmerich guionista. El Emmerich realizador sabe perfectamente dónde está su mano izquierda. El Emmerich guionista ni siquiera sabe que las manos se pueden usar para escribir. Ni más ni menos que cinco (¡¡cinco!!) guionistas han dejado su impronta en el libreto de “10000 B.C”, entre ellos el propio director. Uno no puede dejar de preguntarse en qué consiste el trabajo de estos señores. Porque escribir, lo que se dice escribir, no han escrito demasiado, créanme. Eso sí, habrán disfrutado de las bellezas de California y de los martinis secos con filigrana de limón. Probablemente ese sea el problema, demasiados martinis antes de empezar a teclear.

Nuevamente nos encontramos con la misma cuestión que en “Transformers”, “Piratas del Caribe 2&3”, “Shrek 3”o “Harry Potter y la Orden del Fénix”; en Hollywood están convencidos de que somos idiotas y a lo mejor tienen razón. Un niño de seis años puede encontrarle cierta gracia, algo pueril, al argumento y los personajes de “10000 D.C.”; un infante de 10 ya no se creería una palabra; un adulto de 40 debería levantarse y reclamar el dinero de la entrada.

Se pueden aceptar muchas cosas, no me cansaré de repetirlo. Se puede aceptar que la historia arrastre uno y mil tópicos, se puede aceptar cierta torpeza a la hora de definir las motivaciones de los personajes y otorgarles un carisma diferenciado; se pueden aceptar ciertas licencias con la lógica narrativa en aras del virtuosismo visual; se puede aceptar casi de todo. Esto no, por supuesto.

No se puede aceptar que todas las líneas de diálogo sean eso, líneas de diálogo en singular, no articulando ningún personaje más de una docena de palabras seguida y les aseguro que no es por influencias de Samuel Becket. No se puede aceptar que las cosas ocurran siempre porque sí; porque sí D´Leh se enamora de Evolet; porque sí la sacerdotisa es capaz de mantener una comunión psicológica con los viajeros; porque sí cada vez que la trama llega a un punto muerto aparece una nueva profecía que la encarrila; porque sí un tigre enrabietado es capaz de racionalizar su liberación por un humano increíblemente estúpido (ese humano es nuestro protagonista; porque sí recibir la ayuda de todos los pueblos del pasado es más fácil que quitarle un caramelo a un niño. Y no se puede aceptar tampoco, y esto es especialmente importante, que el realizador no dedique ni un minuto de metraje a desarrollar sus personajes, porque esto repercute y muy negativamente en esa tensión que Emmerich consigue conjurar en sus secuencias de acción. Aunque uno sepa construir tensión durante una escena, si el personaje que sufre esa tensión nos es indiferente, el efecto es el mismo que si no supiéramos generar esa tensión. Es decir, que lo que andamos durante el día, lo desandamos por la noche.

Y con esto se puede ya ir terminando. En el tintero se nos queda comentar cómo lucen los efectos especiales (excelentes, aunque lo digital sigue notándose y ya empezamos a sospechar que va ser imposible capturar con todo realismo el movimiento y actuación de un ser viviente), qué tal está el reparto (horrible, pero en gran medida esto es atribuible al guión) o cuán fiel resulta la recreación de nuestro pasado histórico (borren la última palabra; nada de lo aquí contado persigue el más mínimo rigor con la realidad pretérita y es mejor que sea así, dado el resultado; sería malgastar mucho esfuerzo de investigación), pero es que nada de esto importa mucho, para lo bueno y lo malo, porque, recordemos, sin historia no hay película y la historia de “10000 BC” es un auténtico desastre.

Un último apunte; fíjense en el aspecto de los villanos y de los héroes, fíjense porque la voluntad subliminal de manipular las conciencias de los espectadores por parte de Hollywood sigue presente en nuestro moderno y avanzado S.XXI. Vergüenza les debería de dar.

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10000Emmerich.flv
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