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Cómo no hacer cine: Rise, un desastre.

el  Martes, 04 March 2008 01:00 Por 
Reseña de la nueva película de Lucy Liu y aviso para navegantes.

Vamos a ser simples y directos, creo que ya con el título uno no se llama a engaño. “Rise” es un desastre y es un desastre, principalmente, porque en el cine, como en la vida, hay grados y grados, hay castas y hay clases; es una verdad triste pero es una verdad. Si una se llama Julia Roberts y le apetece lucir el palmito y, de paso, ganarse un Oscar, se saca el móvil del bolsillo, llama a su buen amigo Steven (Soderbergh, no Spielberg), pone sobre la mesa treinta o cuarenta kilitos y santas pascuas. Ya tenemos una “Brokovich” al dente. Si una se llama Lucy Liu y se las quiere dar de diva, las cosas son bien distintas.

Para empezar, como pasa a menudo, la calidad del resultado, incluso en una tarea supuestamente artística y creativa es una cuestión de pasta; más pasta, mejor director, mejor guionista, mejor diseñador de vestuario, mejor director artístico, mejores actores secundarios, etc, etc, etc. No dudo que la señorita Liu tenga pasta para forrar a cualquier paria como el que escribe estas líneas una y varias veces; pero, chica, el cine es un juguete caro.

El caso es que Liu se tiene que conformar, en su vehículo de lucimiento, con una materia prima más bien basta, de baja estofa. Si uno tiene la suerte de encontrar a uno de esos talentosos genios, o por lo menos espabilados, muertos de hambre (que también los hay, aunque escasean más de lo que pintan los tópicos) ansiosos de aprovechar su oportunidad, el camino del éxito puede no necesitar el cofre del tesoro. Pero Lucy Liu no ha tenido esa suerte o no ha sabido encontrarla.

“Rise” es, como reza el título de este artículo, un desastre. Al menos lo es para mí, que me considero, como aficionado, bastante tolerante con los tópicos y las torpezas siempre que estas vengan acompañada de un chispa de ingenio o, al menos, de una realización sólida, puede que con siguiendo el librillo pero sin tacha, demostrando el poder de la orfebrería. Sebastian Gutierrez ,realizador y guionista de “Rise” —se lo hace todo el solito, así que facilita las cosas a la hora de señalar con el dedo de quién es la culpa; bueno, al menos con el de la mano izquierda, la derecha apuntaría al bello rostro asiático de la Srta. Liu—, no consigue alcanzar ninguno de esos mínimos y mira que uno, al menos en su arranque, está dispuesto a perdonar y esperar, pero es que 94 minutos de tortura ya son inaceptables.

Lo peor no es que los personajes sean planos, la realización calque las series televisivas en sus cutres métodos de montaje para salvar las dificultades técnicas o que el uso de la banda sonora sea tan patético como desesperado, el último esquife del naufragio al cual el director pretende fiar su vida en un desesperado intento de vencer la tempestad; qué va, lo peor es la nula falta de interés por mantener un mínimo de cohesión narrativa.

Verán, existe un concepto cinematográfico que se conoce como raccord —en literatura serían errores de continuidad y en el cómic pues más o menos igual (aquella camiseta blanca que en la viñeta siguiente es azul, el ojo morado que desaparece o cambia de lugar, etc)— y que designa a la continuidad narrativa en el metraje, es decir, que la realidad cinematográfica (en lo abstracto y en lo físico), sea coherente. Dicho en cristiano, que si un personaje derrumba una mesa con cinco sillas, cuando cambie el plano tiene que haber cinco sillas volcadas y no cuatro, o que si un personaje viste con un kimono amarillo pues en su siguiente aparición, dentro del mismo tiempo cinematográfico, más vale que no lleve una camisa hawaiana y un pareo de complemento. Por lógica abstracta se entiende algo tan sencillo como lo siguiente: Si William murió de un infarto de miocardio un dieciséis de Octubre, cuando los personajes hablen sobre William no pueden decir que ha muerto un veinticinco de Agosto mientras surfeaba, que fue abducido por una sonda alienígena o que está en cada con la Budweiser en una mano y el conejito de peluche en la otra. Pues bien, el señor Gutierrez se lo salta todo a la torera, cometiendo errores infantiles en este aspecto y torpezas fruto de la falta de revisión como no se han visto desde “Guardianes del día” que ya es decir. Y es que, aún por encima, nos toma de tontos.

Rise coincide en cartelera con otro ejemplo de mal cine de vampiros “30 días de Noche”; pero, aunque el guión de esta última y, sobre todo, su caótico montaje la hacían casi incomprensible al espectador (a pesar de ser una historia sencillísima), la cinta no cometía la desfachatez de tomar por lila al espectador. Y es que las cosas que se saca de la manga el realizador para hacer avanzar la historia —«Hay que acabar, por dios, HAY QUE ACABAR» parece ser la consigna; imagínese lo entrecomillado con voz desesperada y chirriante— insultan la inteligencia, cualquier inteligencia; no sólo la humana.

Ojala pudiera decir algo bueno de “Rise”, la verdad es que lo intento, pero no se me ocurre nada, salvo que Lucy Liu sigue siendo una de las damas más hermosas de nuestros días; para a quien conmueva la belleza femenina, es un liliputiense atractivo para “gozar” de Rise. Y no crean que es una cuestión de dinero. Si quieren ver hasta que punto se puede exprimir cada chavo y conseguir un producto de género brillante, al menos argumentalmente, que es lo que cuenta, vean “Serenity” de Joss Whedon. Eso sí es una película. Y muy buena, además

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