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Déjame Entrar: O cómo volver a creer en el cine

el  Miércoles, 26 May 2010 02:00 Por 
Nueva crítica para nuestro concurso del nº28 firmada por Óscar Camacho González.

    Hace no mucho tiempo, en un país donde el frío y los cielos grises son algo común, un hombre llamado John Ajvide Lindqvist tuvo una genial idea: narrar la historia de amor entre Oskar, un niño de 12 años y  Eli, una vampiresa milenaria encerrada en el cuerpo de una niña.

    Años después, un director sueco muy reconocido en su país, Tomas Alfredson, tuvo otra maravillosa idea: plasmar en imágenes toda la poesía y romanticismo de aquella historia, para que personas de cualquier parte del mundo pudieran conocerla y lograran así emocionarse de la misma forma que le sucedió a él.

    Y así fue. Hace apenas un par de años la película logró filmarse y consiguió entrar dentro de numerosos festivales de todo el mundo. Su acogida fue tan impresionante que no dejaba de ganar premios haya por donde iba, incluso algunos tan importantes como el Meliés de Oro. Todo el mundo hablaba de ella y la inmensa mayoría no tenían más que palabras de elogio y agradecimiento hacía la película: elogio por poder disfrutar de una excelente y emotiva historia muy pocas veces vista en la gran pantalla con tanta ternura y sinceridad; y agradecimiento, por devolver la categoría de arte al muchas veces incomprendido e infravalorado cine de temática fantástica.

    Pero, ¿realmente era para tanto? ¿Era aquella historia tan buena que no solo los aficionados al cine fantástico, sino cualquier tipo de espectador podría quedarse hipnotizado por su magia? La respuesta es clara y contundente: SÍ.

    Pocas veces una película ha conseguido funcionar a todos los niveles. La dirección y puesta en escena son de una elegancia y una sencillez digna de mención, solo algunos travelling ocasionales  (como la escena donde Eli ataca a Yvonne, la mujer de Erik), interrumpen la elegante cadencia entre planos cortos y planos generales. Los actores están soberbios, sobre todo los niños que cumplen con creces sus papeles haciendo no solo que nos creamos a sus personajes sino que los sintamos muy cercanos y lleguemos incluso, en varias ocasiones, a emocionarnos con todo aquello que les sucede. En este aspecto se nota que su director, Tomas Alfredson, es un reputado director de cine y de teatro en Suecia, ya que el resultado obtenido por todo el elenco actoral es sobresaliente. Y por último, y no por ello menos importante, mención especial merece la historia que narra “Déjame entrar”.

    John Ajvide, novelista y guionista de su propia adaptación, no solo nos narra una historia de terror con tintes dramáticos, sino que también explora el día a día de la Suecia de los años 80, una Suecia convulsa, con muchos cambios sociales. Junto a ello, John nos cuenta la historia de Oskar, un niño introvertido que sufre un acoso constante por parte de sus compañeros de clase y que debe lidiar con ello al tiempo que sufre la separación de sus padres; y la historia de Eli, un vampiro encerrado en el cuerpo de una niña, que le gustaría dejar de serlo, pero que por desgracia no puede. Con la historia de Eli, John nos relata el drama de una niña que debe compartir su vida con alguien al que ya no quiere (este alguien sería Häkan, ese hombre maduro que siempre la acompaña, mezcla de tutor y de sirviente), con el que tiene que huir constantemente de ciudad en ciudad para no ser descubiertos y del que depende casi completamente, ya que sin él no podría sobrevivir. Estas historias individuales, junto con la historia de amor entre ambos,  son contadas por parte de John con una sinceridad y un cariño hacia sus personajes encomiable.

    Pero, eso sí, no lo olvidemos: “Déjame entrar” es una película de género y como tal funciona también a la perfección. Hay suspense y escenas sangrientas, como buena pelí de terror que es, pero siempre conservando el buen gusto y la necesidad de mostrarlas para seguir avanzando en la historia. Incluso cuenta, como historia de vampiros, con su Van Helsing particular, Erik, el novio de Yvonne, que después de la muerte de esta (para el recuerdo el momento en el que Yvonne muere abrasada por el fuego en la cama del hospital) decide buscar al vampiro que la atacó para vengar su pérdida (igualmente memorable la escena donde Erik está a punto de matar a Eli, pero es salvada in extremis por Oskar). Escenas memorables que no hacen más que engrandecer el recuerdo de los aficionados.

 Para finalizar solo queda, por mi parte, dar las gracias. Gracias a John por escribir aquella fantástica historia. Gracias a Tomas por dirigirla de forma tan maravillosa y sincera. Y gracias a todos los responsables del film por hacernos llegar a todo el mundo su emotiva historia. Gracias y mil gracias. Porque gracias a ellos, he vuelto a creer en el cine.

Por: Óscar Camacho González

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