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El Curioso Caso de Benjamin Button

el  Domingo, 08 February 2009 01:00 Por 
La vida no se mide en minutos, sino en momentos.

SINOPSIS:

    La madre de Caroline está muriendo. Mientras el huracán Katrina se acerca ominosamente a la ciudad de Nueva Orleans, intentará aliviar el sufrimiento de su madre con la lectura del diario de un antiguo amante cuya existencia Caroline desconocía. Su nombre es Benjamin Button y  su llegada al mundo puede definirse, según sus palabras, como un nacimiento de “extrañas circunstancias”.


FICHA TÉCNICA:


Título original:
The Curious Case of Benjamin Button| Año: 2008 | Duración: 166 min | Color  | Sonoro

Director: David Fincher | Productor: Frank Marshall | Guión: Eric Roth, según un relato homónimo de F. Scott Fitzgerald | Fotografía: Claudio Miranda | Música: Alexandre Desplat | Montaje: Kirk Baxter, Angus Wall | Efectos especiales: Dan Abrams

Reparto:
Brad Pitt (Benjamin Button), Tom Everett (Benjamin 1935-1937), Charles Henry Wyson (Benjamin Button a los 6 años), Chandler Canterbury (Benjamin Button a los 8 años), Spencer Daniels (Benjamin Button a los 12 años), Cate Blanchett (Daisy), Elle Fanning (Daisy a los 7 años), Madisen Beaty (Daisy a los 10 años), Julia Ormond (Caroline), Tilda Swinton (Elizabeth Abbot), Jared Harris (Capitán Mike), Edith Evey (Mrs. Maple), Taraji P. Henson (Queenie), Jason Flemyng (Thomas Button)


COMENTARIO:


Hay ciertas películas que demandan sombrero. Se trata de films tan extraordinarios que, al finalizar la proyección, el espectador siente la necesidad casi física de estrechar la mano uno a uno de sus artífices y, sí, quitarse el sombrero y ponerse en pie. Esa emoción singular se palpa en el ambiente. En mi caso, pues para hablar de estas cosas conviene ejemplificar con una experiencia en concreto, la constatación de que “El Curioso Caso de Benjamin Button” es una de esas películas se produjo en la sala 5 del cine Valle Inclán, modesto local multisala de la capital gallega.

Lo cierto es que no hacía falta ser un lince para percatarse de que allí se estaba cociendo algo grande. Siendo un cine pequeño como es, cuya afluencia de público no suele rebasar las cincuenta o sesenta personas en la cola, el contemplar aquella ingente riada humana hacía constatar una expectación singular. Brad Pitt, David Fincher y un personaje aquejado de condición extraordinaria, para él el tiempo corre hacia atrás, se encargaron de que el público previera uno de esos grandes acontecimientos cinematográficos en el que el ánimo de las butacas se conjuga en una suerte de fascinación colectiva.

Así fue.

Los espontáneos aplausos al final de la proyección y más aún el runrún de fondo: «Qué película más bonita», «Me ha encantado», «Maravillosa», confirmaban que Fincher y compañía habían dado en el clavo.

Lo que nos corresponde ahora es dilucidar por qué el martillazo ha sido certero, porque el hecho es que “El Curioso caso de Benjamin Button” está lejos (muy lejos) de ser una película adscrita a los cánones estéticos y temáticos del denominado cine comercial. Ni su puesta en escena, todo un ejemplo de sobriedad y distanciamiento dramático con respecto a la historia, ni la sencillez de su argumento, a fin de cuentas, al margen de ese matiz fantástico que condiciona la existencia del protagonista, la película está ausente de toda la grandilocuencia común a las superproducciones, explican el abrazo incondicional del público a esta historia. Y sin embargo llega.

¿Por qué?

Porque, por muchos que se empeñen los engranajes comerciales en negarlo, no existe un “cine comercial” o una “fórmula de masas”, ni un camino preestablecido para alcanzar el corazón humano. Las emociones universales, se cuenten con la exhuberancia de “Titanic” o con la sobriedad de “El Curioso Caso de Benjamin Button”, alcanzan, independientemente del camino que haya elegido el cineasta.

Lo que sí debemos constatar es la valentía de Fincher al elegir el suyo. Consciente de esa citada universalidad que impregnaba su película, el realizador de “Se7en” ha elegido la opción del respeto al espectador. En lugar de aprovecharse de la vertiente emocional del film y subrayarla, Fincher ha elegido bajar varias octavas la intensidad. El clasicismo hollywoodiense, un modelo narrativo que tiene en la horizontalidad del encuadre, la elección de estrellas de lustre en los papeles principales y un tempo particular en el montaje, ha sido la herramienta elegida.

“El Curioso Caso de Benjamin Button” pone sobre el tablero de juego una cuestión de extrema relevancia en el Hollywood actual, cómo repartimos las cartas. Si Darren Aronofsky y Danny Boyle simbolizan con sus, respectivamente, “The Wrestler” y “Slumdog Millionare” la adecuación del lenguaje cinematográfico al siglo XXI, Sam Mendes y su “Revolutionary Road” y, desde luego, este film de David Fincher se inscriben en una corriente que trata de recuperar los ya mentados valores del clasicismo para contar otro tipo de historia. La densidad de los temas y su crudeza y realismo no colisionan, según defienden Fincher, Mendes y otros realizadores como, por ejemplo, George Clooney, con asumir el glamour hollywoodiense en lo que concierne a la apuesta estética de la película.

No exige tampoco una gran capacidad de extrapolación y memoria histórica para advertir en esta actitud un “revival” de la gran cantera de realizadores surgidos en los 70. Cineastas como Coppola, Scorsese, Brian De Palma, Sergio Leone y también Steven Spielberg en sus apuestas más personales trataron de demostrar cómo elevar la calidad artística de las producciones norteamericanas sin renunciar por ello a la riqueza de medios.

Si curiosa resulta la vida de Benjamin, no menos curiosos son sus paralelismos con las obras más emblemáticas de ese pasado movimiento cinematográfico. En este film, al igual que en “El Padrino”, “Uno de los nuestros” o “Érase Una Vez en América”, la semblanza de la gran USA se incrusta en la trama como un elemento secundario pero de gran relevancia. Las dos grandes guerras, los Beattles e incluso la reciente catástrofe del huracán Katrina en Nueva Orleáns le sirven a Eric Roth, enorme guionista de nuestro tiempo cuya trayectoria no deja de ofrecernos nuevos títulos para la historia, de tapiz para enhebrar una historia muy sencilla que reflexiona sobre los grandes temas humanos: amor, vida y muerte. Y, como bien ha demostrado la historia, nada mejor para hablar sobre estos temas que seguir los encuentros y desencuentros de dos amantes separados por algo más que las circunstancias y el espacio y, aun así, destinados a amarse. Aunque, como bien afirma Benjamin tras yacer con su amada Daisy tras décadas de separación, “Nada dura para siempre”.

Brad Pitt y Catte Blanchett, Benjamin y Daisy, dan una auténtica lección interpretativa que se apoya en un recurso técnico revolucionario sino en su condición de inédito sí en la magnitud de su escala: el envejecimiento/rejuvenecimiento digital. Aunque el ojo entrenado pueda percibir, sobre todo en el primer cuarto de la película —pues en su etapa de anciano octogenario percibimos que el niño/anciano interpretado por Brad Pitt es una creación sino enteramente digital sí en un altísimo porcentaje—, la presencia del “truco”, éste no resulta por ello menos extraordinario. Y está mostrado sin subrayados, como un elemento más, pero obviamente esencial dado la naturaleza de la historia, que ayuda a narrar el film.

En resumen, retomando el arranque de esta reflexión acerca de “El Curioso Caso de Benjamin Button”, hay películas que nos obligan a quitarnos el sombrero. Lo vistamos o no.

CURIOSIDADES:


Ron Howard planeaba dirigir el film en 1998 con John Travolta como protagonista.


El relato en el que se inspira, escrito por F. Scott Fitzgerald, fue la irónica respuesta del autor a una cita de Mark Twain en la que el célebre autor norteamericano afirmaba: “Todo el mundo sería mucho más feliz si naciera con el aspecto de un anciano y a partir de ahí rejuveneciera”.


El proyecto también pasó por las manos de Steven Spielberg en los 90, quien pensaba dirigir el film con Tom Cruise como protagonista.

Y además...

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