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El espejo: Reflejando buen cine

el  Miércoles, 14 May 2008 02:00 Por 
Análisis de esta tv-movie de Álex Sampayo, un sorprendente largometraje que pudo verse en la gran pantalla durante la presentación de la revista en papel que scifiworld realizó en los cines Golem de Madrid y ahora en el Fant de Bilbao.
Qué pasaría si nuestros objetos cotidianos de vanidad, en palabras del legendario conde vampiro versión Francis Ford Coppola, tuvieran la capacidad de impregnarse con la realidad que reflejan? Aún más ¿Qué pasaría si pudieran devolver esa realidad reflejada, como una suerte de grabadoras en directo de nuestra cotidianeidad, en cualquier momento? ¿Y si pudieran modificarla a su antojo?

Éstas y otras preguntas en torno a los espejos y las vidas de las que son mudos testigos, son las vértebras del argumento de este film televisivo, que vuela mucho más alto de lo que su modesto origen —en cuanto a presupuesto, pues de talento va sobrado— pudiera sugerir.

Si los fotogramas son la pasta de vidrio que sustenta una película, el azogue es, sin duda, su puesta en escena, la base que asienta y moldea la mezcla. Y el artífice responsable de que esta unión de un resultado pobre, mediocre o genial, es el director. Álex Sampayo, director de “El espejo”, demuestra que no le tiembla la mano a la hora de penetrar en este mundo inquietante que se oculta tras la transparencia perfecta y, en apariencia, inofensiva de los espejos. Es gracias a su puesta en escena, y a la solidez interpretativa de su actriz protagonista, Leticia Dolera, que “El espejo” funciona como una excelente película de género, sin que nos distraiga cuál ha sido su presupuesto o para que medio ha sido concebida. El caso es que este film es buen cine y con eso siempre basta.

El espejo se inicia con un montaje de elegantes planos quebrados por un montaje de estilo videoclip que, en conjunción con los suaves acordes del piano que domina una banda sonora muy minimalista, consigue crear una atmósfera de inquietud. Pero es en la siguiente secuencia, todavía en el arranque del film, cuando nos encontramos con la primera sorpresa en la puesta en escena. Un excelente plano secuencia subjetivo desde el punto de vista de un espejo que acaba de ser testigo de un asesinato —de hecho, en el inicio de la secuencia aún conserva, en el margen inferior derecho del encuadre, una huella sangrienta, rápidamente limpiada antes de su traslado— nos revela que su director, Álex Sampayo, posee, en primer lugar, inventiva visual y, en segundo lugar, habilidad a la hora de ilustrar con la puesta en escena el motivo argumental y estético clave del film.

No decepciona nuestra entrada, tras este prefacio, en la película. En un plano que encontrará su homólogo en el desenlace del film, otorgándole una circularidad visual al mismo muy de agradecer, el rostro de Leticia Dolera, Sonia en la ficción, se refleja como un mosaico fragmentado sobre un cúmulo de pequeños espejos. La imagen funciona como inquietante motivo estético y como alegoría de la propia situación de la protagonista que, como descubriremos, pasa por un mal momento en su vida privada y profesional y se siente desorientada, frágil. Qué mejor que plasmar esa subjetividad por medio de un solo plano.

Estas dos escenas, desgranadas en detalle, ya deberían captar en el lector que Sampayo dirige su material desde la reflexión de lo que está filmando y con la búsqueda de un objetivo. Sus imágenes jamás pecan de gratuitas o formulaicas y, dentro de los límites que le impone el presupuesto y el libreto, más débil que su habilidad narrativa, sabe exprimir sus recursos con maestría. Además, el clasicismo que destila su realización es muy de agradecer. En un presente cinematográfico lastrado por el manierismo y la excesiva premura en el montaje, el gusto de Sampayo por mimar el encuadre, comúnmente acompañado por suaves travellings laterales, y la fotografía, de un calibre muy superior a películas de corte similar o, incluso, de mayor presupuesto, son muy de agradecer.

¿Defectos? Sinceramente, de poco se puede uno quejar. Si acusa el film en cierta medida el hecho de que la premisa sea mucho más interesante que su desarrollo. Aunque su argumento está bien engrasado y no chirría en ningún momento, el guión sí peca de ser predecible y de, tal vez, no explotar al máximo todas las posibilidades que contenía su estupendo punto de partida. Pero la fluidez con la que está contado compensa sobradamente este defecto, aunque, ciertamente, el tono pausado que predomina durante la práctica totalidad de su metraje resulta mucho más estimulante que las escenas oníricas, que, aun estando bien realizadas, no sorprenden por ser un recurso más esperable.

Hablando ya de la interpretación de Leticia Dolera, la verdad es que la película agradece y mucho la magnética personalidad que desprenden sus grandes y grises ojos. Dolera consigue construir el desequilibrio psicológico que aqueja a Sonia sin caer en ningún momento en el histrionismo, transmitiendo los problemas afectivos del personaje desde la contención. Y es mérito de Sampayo el que la puesta en escena sea tan generosa que permita que Dolera y los otros miembros del reparto, todos rayan a un nivel más que notable, puedan lucir sus interpretaciones en su máximo esplendor.

Resumiendo, “El Espejo” es un estupendo film de género, que no tiene nada que envidiar a muchas producciones nacionales y extranjeras y a las que podría impartir un par de lecciones a nivel estético. Habrá que estar atento al futuro de su realizador que nos promete muchas alegrías. Recuerden, Álex Sampayo.

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