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El incidente: Demencial

el  Sábado, 14 June 2008 02:00 Por 
Análisis de la última película de M. Night Shyamalan, un fiasco inasumible.

Hay un relato de Stephen King titulado “La balada del proyectil flexible” en el que se nos cuenta cómo un autor, alejado por completo de la realidad física y sumergido en las simas de su microcosmos creativo, naufraga en aguas profundas: la locura. Me parece relevante comentarlo no en busca de un efecto sensacionalista sino de la constatación de un hecho: algo le pasa a M. Night Shyamalan. Y no es algo bueno.

Su genio creativo ha estado en entredicho desde que revolucionara el cine de suspense al filo del S. XXI con una obra maestra, “El sexto sentido”. Precisamente al filo del abismo han pernoctado todos sus proyectos desde entonces. Éxito decreciente en la taquilla, fracaso en la crítica y desconfianza en los productores han sido la somática de la trayectoria del realizador hindú en estos últimos años, hasta alcanzar el fondo del pozo con “La joven del agua”. Se esperaba su resurgimiento con “El incidente”, un film que volvería a explotar el filón del suspense con el que cosechó la gloria en el pasado. Craso error.

Antes, un breve inciso. No me gusta asumir la primera persona en la valoración de una obra artística. Creo que una crítica adquiere más valor en tanto que quien analiza se mantenga oculto en los espacios en blanco. Pero es necesario para vertebrar el subsiguiente análisis el que manifieste mi querencia por los cuatro títulos que Shyamalan ha dirigido en el ínterin que media entre “El sexto sentido” y “El incidente”. “El protegido”, “Señales”, “El bosque” y “La joven del agua”, sin asignarles ninguna preferencia individual que las clasifique cualitativamente, me parecen películas magníficas, incluso mejores que su alabada reinvención del sub-género fantasmal. Pero en todas ellas se advertían signos de la verdad que ha estallado hirientemente en “El incidente”. Como decíamos hace dos párrafos, A Shyamalan le pasa algo.

Yendo al grano. “El incidente” no es una película sana, mentalmente hablando. Uno tiene la sensación de que la salud mental de su máximo artífice se tambalea secuencia a secuencia. Partiendo de un intrigante concepto inicial, una epidemia de suicidios de origen incierto que azotan la Costa Este de Estados Unidos, Shyamalan articula un film que es la suma de una amalgama de escenas carentes de unidad y de sentido, es decir, que la historia es inconexa y además increíble, en el sentido literal del término. No nos podemos creer nada de lo que estamos viendo.

“El incidente” es una historia que avanza sin más, sin que se intente llegar a ningún sitio en concreto. Shyamalan filma los suicidios con la elegancia y maestría usual(1), pero estos carecen de su lugar dentro de la propia trama; simplemente, son mostrados. Acompañando a estas secuencias de muertes inexplicables, Shyamalan desarrolla a sus personajes principales, una pareja y una niña, hija de un amigo, que vagan sin rumbo por los espacios interurbanos de Pennsylvania. Pero es que este desarrollo es completamente ridículo, los personajes actúan de una manera completamente irracional e incomprensible llegando a extremos que nos hacen preguntarnos si Shyamalan no pretendería rodar una comedia surrealista que regurgitara sobre el cine clásico de serie B de los años 50, una especie de reflejo jocoso de una época de público e historias más inocentes. Pero pronto se desvanece esta sensación, porque el film sigue mutando a cada escena, cambiando su tono y su enfoque, por no hablar del absurdo argumental que nos vemos obligados a sufrir, con uno de los desenlaces más inauditos de la historia del cine.

Hablábamos antes de los signos presentes en películas anteriores de Shymalan, de las señales de su descalabro creativo. Éstas “señales” tienen un denominador común: el riesgo extremo. En escenas como la amenaza de disparo que sufre Bruce Willis a manos de su hijo en “El protegido”, los numerosos momentos de humor absurdo de “Señales” (capirotes de papel de plata incluidos) o lo irracional de la recordada secuencia de “La joven del agua” en la que asistimos, atónitos, a la innecesaria muerte de un crítico, se advertían los síntomas, los signos, las señales de que la mente de Shyamalan, su egolatría de autor, caminaba por un sendero peligroso.

Ese sendero ha llegado a su punto de no retorno con “El incidente”, una película capaz de borrar para siempre el nombre del realizador hindú de las salas comerciales, porque el público advierte (y este espectador lo puede constatar como testigo) de manera más o menos inconsciente la total incongruencia a la que ha pagado por asistir. Los abandonos de la sala no son más que la metáfora de un cineasta en peligro mortal de extinción. Y puede que de algo más grave. Ojala no sea así.

(1) Consiguiendo, sin duda, alguna de las secuencias más inquietantes de la última década. De genio puede considerarse una larga cadena de suicidios con un nexo común: una pistola. Y la repentina inmovilidad que sufren los afectados por el fenómeno, consiguiendo, por un instante, que el incesante flujo humano que pulula por Central Park se congele, una pléyade de maniquís inmóviles, es un auténtico hallazgo de la puesta en escena. Y hay más, pero con eso no basta.

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