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El Oficio

el  Domingo, 25 November 2007 01:00 Escrito por 
Resulta curioso cómo una película completamente inane e insustancial como lo es la tercera entrega de Resident Evil —apodada en esta ocasión con el sobrenombre de “Extinction”, curioso como muchas películas de acción utilizan apellidos comunes (holocausto, rabia, letal, furia y un largo etcétera) para tratar de epatar al espectador; hay costumbres a las que no vence ni el tiempo— invita a la reflexión sobre el oficio que ejerce el crítico, sobre su debido servicio para con sus lectores.

Lo más fácil con una película así sería poner el grito en el cielo, hervir las palabras con la indignación y el insulto o dedicarle, simplemente, un escueto comentario de desprecio. Pues va a ser que no. Resulta que su director, Rusell Mulcahy (nada menos que el responsable de las dos primeras entregas de la saga de “Los inmortales”, las únicas visibles y, en el caso de su primera entrega sobre todo, notables en sus logros,) ofrece exactamente lo que demandaba el producto y además lo hace con profesionalidad.

Es cierto que la película adolece de un hilo narrativo consistente, que los personajes y sus motivaciones son endebles como papel mojado y que su desarrollo argumental sigue, a pies juntillas, los tópicos más trillados del género. Sí, eso es evidente; pero también lo es que lo que importa en la misma, sus secuencias de acción, están bien ensambladas y narradas con claridad y además poseen imágenes de una sugerente belleza: La cascada de llamas que choca contra el escudo telepático de Alice (una Mila Jovovich que luce su belleza fría e irracional, etérea, de otro mundo), combándose en una estela de llamas al chocar con la cúpula invisible; la burbuja acuática que encierra a su clon en una barrera fluctuante; la escena inicial en la que otro clon de Alice cae, moribunda, en una zanja repleta de cadáveres con el mismo cuerpo y rostro que el suyo... Momentos, retazos de belleza que no deben despreciarse por el mero hecho de que la película sea mediocre o su argumento banal.

Con esto no se quiere defender, en ningún caso, a la última entrega de Resident Evil como una de las grandes producciones estrenadas este año; lo que se viene a afirmar es la necesidad de respetar un trabajo cuando este se acomete con precisión y profesionalidad y valorar una obra en función de los objetivos que plantea alcanzar. Y Resident Evil alcanza sus dos objetivos: entretenimiento y espectacularidad. Ni más, ni menos.

Lo que resulta triste es que la saga de videojuegos en la que se basa —de la que apenas toma el nombre de alguno de sus protagonistas de la segunda y tercera entregas (Albert Wesker, Claire Redfield, Carlos Oliveira o el monstruoso Tyrant) aparte de la perenne corporación Umbrella— tuviera un desarrollo argumental mucho más hilvanado y complejo. Destacar, por último, el trabajo de David Johnson en la fotografía de la cinta. Muy hermosa.

Firmado: Angel Luis Sucasas Fernández 

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