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G.I. Joe: The Rise of Cobra: Mismo perro, distinto collar

el  Sábado, 08 August 2009 02:00 Por 
Análisis de la nueva película de Stephen Sommers, un producto dignamente dirigido que manifiesta, sin embargo, problemas ya habituales en el blockbuster contemporáneo.
Y eso que, tras la más que positiva acogida crítica dispensada en USA (una visita a www.rottentomatoes.com demostrará la excelente acogida que ha tenido este blockbuster veraniego al otro lado del Gran Charco), uno permitirse ciertas esperanzas con “G.I. Joe: The Rise of Cobra”. A fin de cuentas, Stephen Sommers no deja de ser un artesano moderadamente eficiente con cierta habilidad para orquestar excesos.

Pero, repetimos, seguimos en las mismas.

Los problemas que lastran “G.I. Joe: The Rise of Cobra” son más que conocidos. En la última década, nos los hemos encontrado una y otra y otra y otra vez. Y seguiremos encontrándonoslos. La nula tensión narrativa con la que se contempla la película de Sommers deriva del eterno caballo de batalla del cine hollywoodiense actual: su incapacidad para identificarnos con los personajes.

Aunque el guión plantea los nudos mínimos necesarios para establecer interrelaciones afectivas entre los distintos bandos, que no revelaremos por aquello de no “estropear” (y entrecomillamos porque la nula tensión con la que se revelan los giros argumentales les quita toda la gracia) las sorpresas, la forma de plasmarlas es del todo inadecuada. Parece mentira que en una contemporaneidad marcada por un refinamiento extraordinario en la estructura narrativa y en la calidad de las interpretaciones dentro de la pequeña pantalla el cine haya involucionado a un lastimero estatus troglodita en lo concerniente a cómo implicar al espectador en lo que está viendo.

¿Nos importa algo que seamos capaces de visualizar el derrumbamiento de la Torre Eiffel desde mil ángulos mientras es devorado por una verdosa marea de nano-máquinas si eso no está integrado en una historia cuyos personajes, hablando en plata, nos la traen al fresco?

Cuestionémonos cada uno acerca de ello.

Cierto es que este perro tiene distinto collar. A pesar de las taras comentadas, que ubican al producto en lo esencial en el mismo cupo que “Transformers”, “Terminator Salvation” o “Wolverine” (de la última entrega de “Harry Potter” mejor ni hablar),  “G.I. Joe: The Rise of Cobra” vence por goleada en su empleo del lenguaje cinematográfico.

Alejándose como quien huye de la peste del montaje video-clipero, Sommers orquesta sus múltiples secuencias de acción cimentándolas en la elegancia de los travellings sostenidos con dolly y permitiendo en todo momento el ubicarse dentro de una geografía del espacio bien definida. Por muchas explosiones, tiros y patadas voladoras que estemos presenciando, Sommers, al contrario que Bay y compañía, nos ubica con claridad en la escena y nos permite contemplar (y disfrutar) de la magnitud del espectáculo sin emborronarlo estéticamente con el manido empleo del hiper-montaje y la cámara bamboleante.

 Aunque sólo sea por ello, su película se encuentra ligeramente por encima de sus compañeras de cartelera, ofreciendo incluso algunos ejemplos majestuosos de transiciones, el más espectacular de ellos en su tramo final. A lo “El Retorno del Jedi”, “G.I. Joe” concluye con un epopéyico combate en múltiples planos narrativos montados en paralelo. Por un lado, dos ejércitos de batiscafos se enfrentan, cuales Tie-Fighters contra X-Wings, en las profundidades del océano, sobrevolando una ciudad submarina. Precisamente en el interior de la sumergida urbe se encuentra otro foco de nuestra atención, con la infiltración de los “G.I. Joe” en sus dependencias, que tratan de anular un peligroso cañón de plasma que masacra a sus submarinos. Y por último, Ripcord, interpretado por Marlon Wayans (el colega yonki de Jared Leto en “Réquiem por un Sueño”), vuela en un Jet-Pack tratando de eliminar tres mísiles programados para impactar otros tantos blancos y liberar, en su detonación, una plaga de nanomáquinas sobre las principales ciudades del mundo. Pues bien, en un instante, el hiper-estilizado jet conducido por Ripcord ejecuta un tirabuzón y se sumerge en las nubes. Cuando emergemos de ellas, ya nos encontramos bajo el agua, con el objetivo de la cámara persiguiendo el sumergible pilotado por Duke.

Lo dicho, transición de notable.

Pero el margen de estas triquiñuelas visuales, el verdadero motivo para animarse a comprar una entrada para “G.I. Joe” reside en responder a esta pregunta: ¿Es usted uno de esos locos fascinados por los cachivaches de alta tecnología y sus efectos sobre organismos bípedos y estructuras urbanas? Si la respuesta es sí, prepárese para el empacho.

Como es una pregunta totalmente subjetiva, de rigor es responderla subjetivamente. En mi caso, la respuesta es sí. A pesar de que mi conexión emocional con el excelentemente facturado producto de Sommers ha sido nula, debo admitir que el friki que llevo dentro disfruta con la mera contemplación de la imaginería bélica de cualquier blockbuster de este corte.

 Por ejemplo, los trajes aceleradores, trajes que, por cierto, se encuentran realmente en desarrollo para los ejércitos más punteros del planeta. Es un auténtico goce el comprobar que ya se pueden realizar con casi total realismo (tanto el CGI de “G.I. Joe” como sus transiciones digital/físico son excelentes) los artilugios con los que la literatura de ciencia ficción lleva décadas y décadas enfermando imaginaciones susceptibles de querer ser enfermadas. Controlado mentalmente mediante un arnés que entra en conexión con el córtex cerebral, esta armadura hidráulica permite a los “G.I. Joe” correr por encima de los cien kilómetros por hora, dar saltos en vertical de más de siete metros y sobrevivir a cualquier caída sin ningún rasguño. Además, las gatlings que portan a modo de muñequera les proporcionan una capacidad de fuego de 10 balas por segundo. Casi nada.

Pero claro, a uno le tiene que maravillar cómo lucen las cuatro absurdas miras láser integradas en la ballesta de Scarlett para que este tipo de detalles justifique el gastar su entrada en “G.I. Joe: The Rise of Cobra”.

Si no es el caso, y no la ha visto aún, hay una peliculilla llamada “Up” que quizás pueda gustarles. Quizás…

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