Scifiworld

¿Indy ha vuelto?

el  Jueves, 22 May 2008 02:00 Por 
Crítica de "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" libre de spoilers, que intenta responder a esa pregunta que todos nos hacemos, ¿la magia está de vuelta en nuestros cines?

Pues... no es una pregunta fácil de responder. De hecho, es tan difícil como difícil es escribir un análisis crítico, tenga la relevancia que tenga, sobre la que posiblemente sea la película más esperada de la historia. Se siente la responsabilidad como un aliento cálido en el cogote y hay que andarse con tiento sobre qué se dice, porque “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” es más que una película, es un auténtico maremoto emocional entre los que cuentan, los espectadores, auténtico motivo de que el cine sea el cine.

Pero tampoco podemos disfrazar las verdades. No podemos barnizar el resultado o atenuar los defectos de un film por el mero hecho de la expectación que lo precede. Así que, asumiendo la decepción que pueda generarse en quien lea esta crítica, el veredicto es claro y rotundo. Decepción, a todos los niveles. Veamos por qué.

Antes conviene aclarar que “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” es una buena película de aventuras, incluso podríamos decir que es una excelente película comercial para amenizar estos primeros días de verano con un entretenimiento vacuo e inofensivo, ¿me siguen?, vacuo e inofensivo. Como todos sabemos, esos no son los adjetivos que definen a Indiana Jones.

Tampoco podemos engañarnos con respecto a sus orígenes. Indiana Jones, como concepto, no es más que un refinado producto pulp que mezcla diversas referencias del cine de Serie B y aventuras con el folclore más exótico para obtener la fórmula perfecta del entretenimiento. Pero su factura, la suma de sus elementos artísticos y técnicos, es lo que elevó a Indiana Jones por encima de su concepto para alcanzar la categoría de arte.

La chispa en el guión, la construcción de complicadísimos mecanos de acción que consiguen el prodigio de hacernos creer en ellos no como una secuencia preparada de antemano sino como un torrente de sucesos imprevisibles, la perfecta definición de los personajes que trascienden su condición de tópico gracias al mimo y verosimilitud con el que son tratados y, sobre todo, la fluidez inaudita en el ritmo narrativo, han sido los cimientos en los que se ha sustentado esta saga para ser lo que es: un mito. Todos estos aspectos se encuentran presentes en esta cuarta entrega. El problema es el cómo están presentes.

“Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” es un intento fallido de resurrección por una verdad tan simple como desilusionadora: no tiene la calidad suficiente. No existe en este nuevo capítulo un nuevo personaje, una decisión del guión o un enfoque inadecuado sobre el que cargar las tintas. Es un problema global. El guión funciona peor, el ritmo es mucho más inconstante, la acción es menos elaborada y más fugaz y los personajes son meras sombras de lo que fueron. Parece que estos veinte años sí han pasado en balde y la carne ha perdido su sabor; está rancia y eso se nota y se huele muy pronto.

La premisa, en el fondo, es un punto de partida tan bueno como cualquier otro. En plena paranoia anticomunista de la Guerra Fría, Indiana Jones, debido a su relación con una amistad que resultó ser un agente doble al servicio del comunismo, sufre el retiro obligatorio de sus deberes como profesor universitario y afronta el final de su vida. Pero sus planes de retiro quedarán abortados por la aparición de un joven rebelde, Mutt Williams, que lo forzará a volver a empuñar el látigo en una nueva aventura.

Antes, en la conocida y entretenida secuencia de apertura, hemos vivido un déjà-vu forzadamente nostálgico. El conocido hangar —repleto de interminables hileras de cajas apiladas que contienen los diversos artefactos secretos requisdos por el ejército estadounidense— con el que concluía la extraordinaria “En Busca del Arca Perdida” es el escenario de apertura para una bien construida secuencia de acción que ya acusa, por otra parte, ciertos problemas que se agravarán durante el metraje. Abuso de efectos especiales generados por ordenador para intentar cubrir la falta de ideas al resolver las set-piécès, diálogos enlatados que buscan, desesperadamente, la complicidad del público en lugar de encontrarla con la naturalidad de antaño y un cierto acartonamiento en la dirección, como si Spielberg se sintiera “obligado” a rodar como antes en lugar de, simplemente, dejarse llevar por su inigualable olfato cinematográfico.

Y es que el acartonamiento, la sensación de ser sujetos de un ejercicio de manipulación, es la peor sensación que puede tenerse cuando uno revisita un mito. La película transcurre sin que seamos partícipe de su supuesta intriga y los sucesos se nos aparecen inconexos; saltamos de una secuencia a la siguiente como si siguiéramos las ilustraciones de un libro con notas a pie de página del estilo de: “secuencia de las hormigas”, “secuencia de los jeeps”, “secuencia nuclear”, etc, etc. Y hay momentos que resultan ciertamente ridículos que no señalaremos pero que resultan tan evidentes que chillan a los ojos, por no hablar de que la búsqueda principal del artilugio en cuestión no tiene la suficiente consistencia y está muy mal resuelta en un desenlace tan bonito desde un punto de vista técnico como olvidable y romo en el plano emotivo.

Deliberadamente, en esta crítica no se desvelan aspectos fundamentales de su trama, porque el objetivo es antes el ofrecer una opinión sobre lo visto que el ofrecer lo visto. Para eso está la película. Pero como toda moneda tiene dos caras, también hay cosas que funcionan en Indiana Jones.

Fundamentalmente, el personaje en sí, Indiana Jones y también el supuesto sucesor encarnado por Shia LaBeouf, Mutt Williams —la mejor adición de este capítulo al erario de la saga—, así como la escena de reencuentro con Marion Ravenwood o algunos guiños al pasado y al futuro, siendo particularmente memorable el que finaliza la película. Pero en todos estos momentos en los que la película coge algo de vuelo hay un factor común indiscutible; la nostalgia. “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” no consigue por sí misma involucrarnos emocionalmente; se ha perdido ese vínculo y sólo el recuerdo del pasado nos acerca, en fugaces instantes, a la antigua magia.

A título personal, y como fan de Indiana Jones y de su director, al que considero y sigo considerando el mayor artista que nos ha regalado el séptimo arte, debo decir que me duele profundamente no alabar esta nueva entrega e incluirla con alegría en el Olimpo reservado a sus antiguas compañeras de aventuras. Pero el autoengaño no es una buena receta. Una pena.

Medios

IJ_KOTCS_Trl3.flv
Más en esta categoría: « Transformers La Última Ola »

Y además...

18.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..