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K.O. Al segundo asalto: Alien vs Predator 2: Requiem: This is hollywood today.

el  Martes, 15 January 2008 01:00 Por 
Pasen y huelan, ese hedor que "endulza" su sentido olfativo proviene del submundo del celuloide, mezcla de baba de xenomorfo y sangre verde fosforito.
Un sheriff (negro), una niña pija (rubia), un pizzero adolescente, su hermano el convicto de buen corazón, una excombatiente de Irak y una inocente niñita sin rizos dorados, se enfrentan a: Alien y Predator; bueno es verdad, hay un nuevo invitado (por favor, imaginense las dos palabras que siguen a este paréntesis pronunciadas por un tal Ross de una tal “Friends”): “El Predalien”. Bien podría ser el próximo punto un punto y final.

Pero no; seamos serios, aun cuando la “película” en cuestión nos lo ponga difícil. Vamos allá. Comencemos por enumerar lo bueno, que así acabamos pronto. “Alien Vs Predator 2: Réquiem” que contiene casi más palabras en su título que en sus diálogos es una película... Profesional, inmunda pero profesional. Lo único bueno que se puede decir de ella es que a pesar de que su amalgama de clichés sobre clichés está realizada con un modus operandi, plano, previsible, aséptico y frío es, así mismo, profesional. Como Pilatos lavándose las manos. No señor, los Straus no se mojan, no vaya ser que uno pueda acertar.

Vayamos con lo malo y, sí, vamos a intentar rehuir eso de: “todo lo demás”, que ya nos llega con los tópicos del sujeto de la autopsia. Ah sí, se me olvidaba, hablando de lo bueno que tiene la película. La verdad, es que para ser máscaras sus actores cumplen. Son unas máscaras aceptables, no chirrían. Y sí, los efectos especiales son bonitos, con muchas lucecitas rojas y azules a juego con la clásica iluminación nocturna de todo film de acción que se precie de serlo. También sale el planeta de los Predators, unos segundos, una especie de mezcla entre las líneas de la arquitectura azteca y las bellas y clásicas estructuras curvas que se suelen adoptar cuando se quiere cocinar un escenario cifi recalentado; por cierto, la luz que baña el planeta es naranja, por si a alguien le interesa. Imagino que no.

Bueno, ahora sí que sí. Lo malo. Desplegamos nuestra dialéctica por dos flancos y tomamos posiciones. Grupo delta: realización. Grupo alfa: guión. Acompañemos al grupo delta, con una bamboleante cámara subjetiva sujeta por un pequeño arnés en el hombro de su oficial más patoso (es costumbre darle la cámara al más burro del grupo para que no podamos ver que coño está pasando; regla de oro del Nuevo Testamento según Michael Bay).

Aseveramos anteriormente que la realización de los Straus Brothers (criados en la soberbia cantera cinematográfica que suponen los efectos especiales) era profesional. Pero ojo, esto no quiere decir más que lo que dice. Simplemente, los hermanos se dejan llevar por la tendencia actual. Rodar acción no es fácil, eso es obvio, requiere una destreza total de los recursos cinematográficos para conseguir aunar ritmo con claridad narrativa sin que exista un apoyo más allá de los “¡Vamos!”, “¡Cuidado!”, “¡Oh dios mío!” y “¡Aghhh!” por parte de los diálogos. No es fácil, deberíamos decir, rodarla bien. Sin que esté tampoco al alcance de cualquiera rodarla mediocre, mal o muy mal, lo que si está claro es que todo profesional puede hacer lo que hacen este dúo. La receta es sencilla. Cuando usted quiere ubicar al espectador en un escenario: picado panorámico. Para las cuatro conversaciones que su exiguo guión contenga: plano-contraplano. Secuencias de acción: Adquiera al cámara más nervioso del mercado y dedíquese a darle sustos, ya verá que resultado más dinámico consigue.

Vamos con el grupo alfa, que ya se ha infiltrado en el núcleo enemigo y pasa a visión nocturna para eliminar los pocos objetivos que restan en pie: Atención, FUEGO DE COBERTURA. Aquí Charlie 219, tenemos un guión descontrolado ¡Oh dios mío que haremos!

Pues con mentar al altísimo uno no arregla demasiado, la verdad, merece más la pena cogerse una buena taza de café, una bolsa de agua caliente para los riñones, una gorra de pensar (sabiduría de Homer Simpson) y ponerse a escribir. Y es que ese es el problema de Hollywood, queridos amigos y amigas. Cuántas veces lo habremos dicho ya. No, repetimos por sino queda claro, NO se pueden contar las películas así. Este nuevo filón que han encontrado las grandes productoras para concebir-producir-empacar-recaudar a velocidades supersónicas, está matando el cine de entretenimiento. El independiente sigue igual que siempre, circulando por los intersticios entre tanto tipejo con calzones y mallas y películas con diez dígitos tras su título. El problema es el blockbuster, muchachos, lo que están haciendo con las supuestas películas que tienen como principal objetivo la diversión.

Y es que, en el fondo, “AVP2” (si no les importa me ahorro escribirlo entero y además, les regalo un chiste pueril si se lo leen muy rápido) no es peor que “Transformers” o “Piratas del Caribe 3”, no, es el mismo caso. Sobreacumulación de personajes, montaje seccionado y diálogos de lata, esas son las tres lacras a eliminar de nuestras salas. No más presidentes empuñando metralletas frente a robots de Marte, no más niñas pijas atravesadas por los rabos de xenomorfos en celo, no más monstruitos tragándose galeras y provocando maremotos con sus abogotados cuerpos. No, unámonos en un grito:

¡¡¡QUEREMOS CINE!!!

Del de verdad. A ver si nos oyen.

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