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Legend: Epitafio legendario

el  Domingo, 25 May 2008 02:00 Por 
Análisis de uno de los grandes clásicos del género fantástico: "Legend", de Ridley Scott.

Epitafio, sí, ocaso de un gran artista que se despedía, en la cúspide de su talento, del cine con mayúsculas. No importa la calidad, por otro lado evidente, que queramos atribuirle a sus últimos esfuerzos; Ridley Scott perdió el ángel cuando su esplendor cegaba con inigualable fuerza los ojos de público y crítica, tras sendas obras maestras que marcarían, para siempre, la historia del cine. Hablamos, por supuesto, de “Blade Runner” y “Alien”, dos obras cumbres de la ciencia ficción que revolucionaron el arte en general, no sólo el cinematográfico, y que se han erigido, con el paso del tiempo, en dos de los iconos más perdurables y emblemáticos de la post-modernidad de finales del siglo pasado.

Curiosamente, “Legend”, el film que supone el cúlmen de su genio creativo, de su capacidad sin parangón para construir imágenes y atmósferas de ensueño, ha sido, y en cierta manera sigue siéndolo, ignorada como irrelevante frente a las dos obras maestras citadas anteriormente. Y lo cierto es que nunca ha estado (ni a buen seguro estará) el talento de Scott tan afinado como en “Legend”, una película perfecta, equilibrada como la mejor espada de cuento de hadas, fascinante en la forma y en el fondo, pudiendo considerarse como la plasmación cinematográfica por excelencia del cuento de hadas, pues nadie como Scott ha conseguido captar la esencia de lo mágico a partir de las complicadas ecuaciones de su puesta en escena, una realización operística y acumulativa y, aun así, misteriosamente sumisa a la historia.

 El fondo y la forma son dos caras del mismo espejo en “Legend”. Ridley juega con la suntuosidad de la imagen y con la ancestral magia que emana de las narraciones sencillas, pero poderosas, cargadas de resonancias, de las narraciones infantiles, lo que comúnmente conocemos como cuento de hadas. Lo extraordinario de este film es que Scott supo sintetizar la esencia de este género literario(1) para pergeñar un canon estilístico. Cuesta imaginarse, tras ver esta película, una obra de arte que evoque con tanta viveza la presencia de lo mágico.

 Pero la alquimia de Scott no es, desde luego, una alquimia inocente, que nazca de la inspiración más espontánea, sino una calculada puesta en práctica de su método cinematográfico. Estilísticamente, “Alien”, “Blade Runner” y “Legend” son joyas del mismo engarce. Aunque parezca, a simple vista, que las formas empleadas por Scott en Alien no tienen nada que ver con las florituras abigarradas de “Blade Runner” o el surrealismo mágico de “Legend”, lo cierto es que en las tres películas late un mismo corazón formal que se manifiesta común en la disposición de los encuadres, en la utilización de los elementos diegéticos —humo, viento, las propias luces de la realidad presente en el encuadre...—, en la creación de un diseño de producción que busca el alejamiento de la realidad cotidiana, abrazando el surrealismo y la atmósfera preternatural, y en la manipulación de la fotografía con un múltiple uso de filtros y fuentes de luz para alcanzar un resultado estético desconcertante.

 El desconcierto es una de las emociones fundamentales que quiere provocar Scott en el espectador. La conjunción de todos los elementos anteriormente citados es usada para alejarnos por completo de la realidad. Scott piensa que para que un film sea “alienígena”, “futurista” o “fantástico”, en definitiva, para que consiga alejar al que contempla de su universo cotidiano mientras dura la proyección, no basta con la inclusión de elementos fantasiosos en el argumento o de efectos especiales en la producción; la propia factura del film debe mutar y alcanzar esa irrealidad por si misma, no ser mero vehículo de la acción sino una prolongación natural del universo que captura.

 La justificación que me lleva a afirmar la supremacía de “Legend” sobre “Blade Runner” o “Alien” es, precisamente, la menor originalidad y fuerza del guión. Sobre el papel, si sólo leemos el libreto que la sustenta, “Legend” no sería más que un inteligente y bien escrito pastiche que huele a rancio, a ya visto. Es la imaginación de Scott, su poder visual y su excelente dirección de actores los que provocan el milagro. El realizador inglés ha llegado a tal punto de control de los recursos cinematográficos que su cámara crea cine por sí misma.

 Secuencias inolvidables como el baile de la princesa con su alter ego maligno(2) , de una sensualidad que bebe al igual de la cámara que del montaje, el asesinato del primer unicornio, cometido en el claro de un bosque de sauces bajo una tormenta de pétalos purpúreos y montado en paralelo con una escena submarina(3) , o el combate final con Oscuridad, un diablo de enormes cuernos obsidiana y musculado cuerpo rojizo, son algunos de los momentos más eminentemente magistrales de este film.

 Pero es que el ritmo no desfallece ni un instante. Uno de los mayores defectos de Scott, sobre todo del Scott actual, es la irregularidad de su metraje. Todos sus films, incluso una mediocridad como “La teniente O´Neill”, contienen destellos plásticos de genio, pero son pocos los que alcanzan una uniformidad consistente sin altibajos. Precisamente es eso lo que ocurre con “Legend”. Scott no pisa la historia con su habilidad para los fuegos artificiales, sino que los fusiona e integra con ella, enriqueciéndola.

 Siendo justos, y dado que el cine es una suma de individualidades y talentos en pos de un objetivo común, bien vale reconocer el esfuerzo del extraordinario reparto y equipo que acompañó al realizador británico en esta aventura. Desde el legendario Rob Bottin  con su diseño de criaturas, pasando por la banda sonora de Jerry Goldsmith, la extraordinaria dirección de fotografía de Alex Thompson o la espléndida interpretación de un jovencísimo Tom Cruise, todos y cada uno de los títeres manejados por el perfeccionista maestro de marionetas que fue Ridley Scott, dieron el máximo de sus habilidades para obrar el milagro.

 Y, que duda cabe, el milagro se obró. Aunque, y como ocurre tantas y tantas veces de manera incomprensible, la película tuvo que esperar muchos años para convertirse en un film de culto, ya que, a fecha de su estreno (al igual que aconteció con “Blade Runner”) pasó sumamente desapercibida. Afortunadamente, el tiempo y la perspectiva que otorga ponen las cosas en su sitio. Para o bien o para mal.

(1) Aunque su alcance excede su confinamiento en una disciplina artística en concreto, pues las narraciones infantiles son un hecho de una importancia que sobrepasa el de la propia historia en sí, ya que su labor es instruir a las generaciones venideras sobre los valores sociales y morales de la cultura que acoge al retoño.

(2) La princesa Lily baila en un salón grotesco con una figura de proporciones femeninas muy similares a las suyas, pero cuyo rostro aparece completamente embozado, sin revelar la menor fracción de las fracciones que ocultan (metáfora brillante del subconsciente más oscuro de la protagonista). Además, Lily viste con ropas blancas y su acompañante en el baile luce prendas negras.

(3) En el clímax de esta secuencia inolvidable, el quebranto del hielo por el puño de Tom Cruise se funde con la hoja curvada de la cimitarra que cortará el cuerno del unicornio macho, en uno de los más brillantes ejemplos de lo que Bazin denominaba montaje de atracciones (unir, sin sobreimpresiones, dos imágenes que funcionan al igual que un símil metafórico).

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