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Mad Max II: El guerrero de la carretera. Una de cal y otra de arena

el  Lunes, 28 April 2008 02:00 Escrito por 
Reseña del clásico de la ciencia-ficción post-apocalíptica rodado por George Miller en 1981.

Habían transcurrido tan sólo dos años desde del estreno de Mad Max I y el público exigía esta secuela. Demasiados eran los cabos sueltos e interrogantes con que concluía la primera película de la saga. El guerrero solitario que se aleja por una carretera abandonada en dirección a las tierras yermas daba para más, para mucho más. Recordemos que sólo en los últimos veinte minutos de su predecesora podíamos ver en acción al autentico Mad Max, siendo en el resto de ella el bueno de Max Rockatansky, padre de familia y patrullero de la policía. Y tanto los espectadores como el director sabían todo esto. Había hambre Mad Max, así que eso es lo que se nos ofrece en los noventa y un minutos de metraje: un tipo endurecido, solitario, aún afectado por la perdida de su esposa e hijo, y que no pretende ser referente moral o salvador de nada ni nadie. Él va a lo suyo y peor para quien se interponga en su camino. Todo ello aderezado con los dos ingredientes básicos de toda la saga: acción sobre ruedas y violencia desatada (por cierto muy alejada del concepto actual toda llena de casquería y sadismo; y es que para conseguir violencia dura y que impresione no es necesario que salpique).

La trama se sitúa donde termina la anterior película, con Mad Max conduciendo su interceptor en las tierras yermas. Al menos en teoría; porque en realidad una voz en off, que pretende ser el nexo entre una y otra historia e intenta dar un marco a al situación recordándonos los acontecimientos de “Salvajes de la autopista”, lo estropea todo, solventando situaciones como el estado de su mujer con un simple “la perdió” (no olvidemos que en la primera parte la dejamos grave en un hospital) e introduciendo con calzador una guerra entre las dos grandes potencias. No son los únicos casos, por desgracia la verosimilitud es el gran talón de Aquiles de la trilogía. ¡Por Dios! ¿Tanto hubiese costado tener un poco de cuidado en los pequeños detalles? Más aún cuando el guión y la dirección son en todos los casos obra de George Miller.

Tanto este bache argumental como todos los demás se resuelven con acertadas dosis de acción y persecución por el desierto australiano. Se comienza directamente con una persecución, metiéndonos en el asunto. La charla del principio se puede ignorar, no es más que relleno. Nosotros veníamos buscando al campeón del asfalto pateando culos de pandilleros.

Respecto a las interpretaciones, poco que reseñar. La mayor parte de ellas son tópicas, rozando la serie B, aunque no desencajan en el conjunto. El papel de contrapunto humorístico del capitán Gyro (interpretado por actor australiano Bruce Spence) es el único que destaca sobre la media, aunque hay que reconocer que también es de los pocos que tienen un papel que permite más lucimiento. Mel Gibson, en el papel de protagonista, cumple y convence. Sin duda está mejor que en la primera parte, y se desenvuelve con soltura en el concepto del malhumorado, hastiado y malote Mad Max. Su interpretación, junto a la fascinante ambientación y los combates de coches, son lo que ha consolidado a Mad Max como un icono del cine. Por desgracia, sus adversarios son caricaturescos, una enorme manada de punkis post-apocalípticos comandados por el gran Humungus y su lugarteniente Wez. Nada que ver con la genial banda de motoristas de la primera parte y su carismático líder Cuchilla. Desgraciadamente se pierde la profundidad de los personajes y los geniales diálogos de la primera parte que son sustituidos por acción y pose, aprovechando el aumento de presupuesto para incrementar la espectacularidad de las escenas.

La ambientación da un giro, adentrándose en el puro terreno Mad Max: carreteras abandonadas, guerreros de la autopista, escasez de combustible, bandas de saqueadores, comunidades de supervivientes y coches destartalados batiéndose por el desierto. Quizás por alejarse más de la realidad que la anterior, y depender muy poco de efectos especiales espectaculares, ha envejecido mejor que su predecesora.

En definitiva, una película entretenida, el clásico del cine post-apocalíptico, que hará las delicias de los que busquen acción, les guste esa ambientación y disfruten de encarnizadas persecuciones sobre ruedas.

 

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Pedro Escudero

Soy un apasionado de la fantasía, la ciencia-ficción y el terror en todas sus formas. También me encanta escribir y hasta el momento tengo cuatro libros publicados: La escalera de San Gregorio (Novel Mundo 2009), Esa bella melodía (23 escalones, 2010), Zombi Kindergarten (23 escalones, 2011) y Oscuralia (Kelonia Editorial, 2014).

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