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Monsters vs Aliens: Aquellos dorados años...

el  Sábado, 04 April 2009 02:00 Por 
Crítica del nuevo film de animación de Dreamworks que recupera, empleando la nueva tecnología 3-D, el espíritu de la añeja ciencia ficción.

Aquellos dorados años… Años en los que el guión no era la primera piedra sino el edificio completo. Años en los que lograr que una nave volara por el cielo ya era un logro. Años en los que la inocencia de los espectadores exhalaba chillidos de pánico en los Drive-In. Así fueron los viejos tiempos de la ciencia ficción…

Y así vuelven a ser.

El cine de animación se está convirtiendo en el palimpsesto por excelencia. La plasticidad que proporciona esta técnica cinematográfica, más que nunca desde la llegada del universo digital, provoca que los cineastas encuentren irresistible la tentación de la reescritura, del saqueo y resurrección de viejas momias del pasado a las que reviven bajo la cosmética de la parodia. “Monsters vs Aliens” es el más reciente ejemplo de esta tendencia.

Y uno de los brillantes.

Si analizamos los elementos dramáticos que estructuran un guión de este cine CGI animado con enfoque familiar, cabe preguntarnos ¿cuál o cuáles son las claves en torno a las que orbita el interés del espectador? Sin ninguna duda, los personajes. Curiosamente, el cine de animación está logrando, a pesar de que su modernidad con respecto al clásico celuloide con intérpretes es evidente, una mayor empatía con los personajes, con los héroes de la historia.

Shrek y sus compañeros Asno y Gato Con Botas, los juguetes Woody y Buzz del díptico (de momento) “Toy Story 1 & 2”, la increíble familia de “Los Increíbles” o ese pequeño gourmet ratonil que es Remy, protagonista de esa obra maestra absoluta titulada “Ratatouille”, resultan mucho más cercanos al espectador que, por poner un par de ejemplos de populares personajes del cine de acción reciente, Jason Bourne o Neo, el mesiánico líder de la humanidad interpretado por Keanu Reeves en “Matrix”.

Así que resulta evidente que donde se gana o pierde la partida en un film de animación es en los personajes. Y, como ya anticipábamos, “Monsters vs Aliens” gana. 

El film arranca —tras un brevísimo prólogo situado en el interior de un observatorio astronómico que detecta la caída de un peligroso meteorito constituido por un material de extraordinarias cualidades, el Quantonium— con los prolegómenos de una ceremonia nupcial. Susan, novia guapa, recatada, amable y sumisa (la viva encarnación del tópico ya añejo de la mujer hogareña) está a punto de entregarse “hasta que la muerte los separe” a un guapo memo llamado Derek Dietl, presentador televisivo de la información meteorológica que ve a su extraordinaria prometida como el complemento perfecto a una carrera profesional en pleno auge.

Como muestra de la franca gilipollez de este futuro marido, un botón:

Nota: Breve inciso para comprender la ubicación del diálogo, Derek y Susan planeaban pasar su luna de miel en París nada más concluyera la ceremonia. En esta secuencia, Susan se encuentra en un pequeño templete con dosel ubicado a las afueras de la Iglesia donde contraerá matrimonio con el estúpido reportero. 


Derek: Hubo un ligero cambio de planes. Ya no iremos a París.

Susan: ¿Qué? ¿Por qué no?

Derek: Porque iremos a una ciudad mejor.

Susan: ¿Mejor que París?

Derek: Oh, sí.

Susan: ¿Adónde? ¿A Tahití?

Derek: No, a… ¡¡Fresno!!

Susan: ¿¡Fresno?! ¿En qué universo Fresno es mejor que París, Derek?

Derek: En el… universo donde tengo una audición para ser el nuevo presentador vespertino del canal 23.


Por fortuna, el otro Universo, el que lleva la u en mayúscula, acudirá en ayuda de Susan para salvarla del futuro pasaje de por vida a Memolandia que está a punto de aceptar. El meteorito que los sorprendidos astrónomos han detectado se dirige a toda velocidad a un punto de impacto muy preciso. La cabeza de Susan.

Y después…

Y después continúa la película, claro está. Pero lo brillante de la elección narrativa con la que se encuentra estructurada esta “Monsters vs Aliens” ya se nos ha revelado con la primera secuencia. Sus artífices saben tomarse su tiempo y eligen la opción que jamás falla a la hora de involucrar al espectador en una historia: que nos topemos con ella por “casualidad”.

Uno de los mayores defectos narrativos que adolecen algunos ruidosos blockbusters del momento, “Transformers” es uno de los mejores ejemplos, es la ineptitud de sus guionistas a la hora de elegir cómo estructurar su historia. Independientemente de la menor o mayor brillantez e ingenio que se posea para los diálogos y las situaciones planteadas, lo que es prioritario es saber qué contar primero y qué después, ubicarse en la mente del espectador que descubre por primera vez la película y encontrar el nexo que ciñe su mirada y la atrapa en la pantalla.

“Monsters vs Aliens” encuentra ese lazo gracias, precisamente, a esa irrupción del elemento fantástico, que es, para más inri, el contundente impacto del meteorito sobre su protagonista, de un modo completamente tangencial. Susan aterriza en su condición de esposa por accidente y también por accidente el espectador se encuentra con la historia, ya implicado con su principal fuente de empatía, esta desgarbada joven que se acaba de liberar, aunque aún no lo sepa, de las pesadas cadenas de la mediocridad.

Pero hablábamos de personajes y de su importancia, de lo fundamental en su conexión con el público. La pandilla de monstruos con la que se encontrará conviviendo Susan en su lucha por salvar al mundo de una invasión alienígena son un canon en sí mismo: B.O.B, una masa gelatinosa cuya ausencia de cerebro le provoca una estupidez que convierte su comportamiento emocional e intelectivo en algo completamente imprevisible; el Dr. Cucaracha, un genio científico (cuya voz, en V.O., la presta el mismísimo Dr. House in person, Hugh Laurie) que sufre arrebatos de risa psicótica cada vez que consigue ingeniar un nuevo artilugio; Insectosaurus, el miembro más voluminoso del grupo cuya inteligencia es completamente animal, no llega más allá del bramido, y El Eslabón Perdido, una suerte de cosa del pantano de rasgos anfibios que oculta bajo su ferocidad un corazón tierno que se verá conmovido por la bella incorporación de Susan a su peculiar vida de reclusos, serán los nuevos amigos que la gigantizada protagonista deberá conocer y servirán, así mismo, de sustento cómico al film. Sus personalidades, al igual que la del egocéntrico e hilarante villano, el alienígena Gallaxhar, y al contrario que la de Susan, permanecerán inalteradas durante todo el metraje, complementándose con el amplio surtido de personajes secundarios entre los que destaca un estúpido presidente que patea todos los abusos patrióticos realizados en este terreno por películas como "Independence Day", para servicio del cambio que sí ha de sufrir el protagonista. Y en ese cambio, quizás, se encuentra el mayor acierto de la película.

“Monsters vs Aliens” es un film feminista, una historia que aboga valientemente, al contrario de lo que suele ser habitual en Hollywood, por la vida aventurera en contraposición con la gris rutina de un mediocre matrimonio con el que ninguno de los cónyuges podría resultar emocionalmente satisfechos —Derek porque concebía a Susan como un bello complemento decorativo más de su vida, algo así como un BMW o una alfombra persa y Susan porque proyectaba sobre Derek cualidades que allí no existían— y ya sólo por esa elección, reforzada en su ironía por el papel que solían jugar las mujeres en la ciencia ficción clásica, comúnmente reducidas a chillonas bellezas de roma inteligencia, se gana el afecto y la sonrisa de quien comprende cómo han conseguido imbuir este entretenimiento de un mensaje vital no muy lejano del de films más “serios” como “Revolutionary Road” de Sam Mendes.

Y en cuanto al lenguaje cinematográfico empleado para narrar esta historia, el aplauso es también la mejor respuesta. Al igual que en lo concerniente al guión parece que los films de animación computerizada se han convertido en uno de los últimos recursos para quien desea historias inteligentes, también lo son para quienes buscan que la lectura (visual) de esas historias sea clara. El lenguaje ampuloso, sobrecargado en el montaje y en el movimiento de cámara, en la paleta cromática y en el pobre diseño de sonido, un pandemonio auditivo plagado de estruendosas explosiones, que se ha adoptado como canon en la mayoría de los blockbusters con actores de carne y hueso se ve contrapesado por esta vuelta a los orígenes por la que abogan los films de animación. La recuperación de la estética de los 50 no sólo se ciñe a aspectos de recreación visual de la época o a los tópicos empleados en el guión, sino a la prístina claridad que el clasicismo hollywoodiense imprimía a la estética visual como sello de fábrica. Horizontalidad en el encuadre o la predilección por el empleo de la profundidad de campo y el elegante plano secuencia (potenciado gracias a la fluidez y control total que permite el cine digital de nuestros días) son las señas de identidad de este film que jamás confunde la espectacularidad de sus imágenes (acrecentada para todos aquellos que puedan disfrutar de la experiencia en un cine con la tecnlogía 3-D implementada) con la diáfana claridad con la que éstas se muestran. Jamás nos perdemos en “Monsters vs Aliens”, y eso se agradece.

Mención a parte merece una set-piécè en concreto, el impresionante combate con un robot alienígena con San Francisco como telón de fondo que se convierte en la prueba de fuego del recién estrenado equipo de criaturas al servicio de la bandera a franjas y estrellas. Enhebrando multitud de pequeños sucesos encadenados en avalancha, en una clara asunción del modelo spielbergiano en cuanto a secuencias de acción se refiere, esta larga escena sitúa el listón del espectáculo muy alto para cualquiera de los numerosos y carísimos blockbusters que poblarán la taquilla durante los próximos meses.

Concluyendo, la recuperación del clasicismo, no sólo, como señalamos ya, en los lugares y criaturas comunes al género, sino en la concepción cinematográfica del film en sí convierten a “Monsters vs Aliens” en una brillante apuesta que se configura, de momento, como una de las mejores sorpresas que nos ha deparado el 2009.

Vale el precio de la entrada.

Y, en estos tiempos, decir eso no es decir poco.  

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