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Monstruoso (Cloverfield)

el  Sábado, 31 January 2009 01:00 Por 
Godzilla tras el 11-S
Marketing vírico

Tras varios de meses de una campaña "vírica" sin precedentes, en enero de 2008 llega a las pantallas americanas el film Cloverfield (2007), que en España se estrenó con el sobrenombre de Monstruoso. Por fin, el estreno elimina todas las conjeturas que se habían hecho sobre el argumento de la película. El espectacular tráiler que pudimos ver tantas veces en la red mostraba algo que parecía ser un gran monstruo provocando todo tipo de desaguisados en Manhattan. Tras el tráiler, los responsables de la producción lanzaron un póster en el que aparecía la Estatua de la Libertad sin cabeza. Días antes del estreno aparecen un par de nuevos vídeos de noticiarios de varias partes del mundo, informando sobre una serie de acontecimientos catastróficos a lo largo y ancho del orbe. Como último añadido a este enigma, el estilo visual de los trailers era el de un documental, como si un testigo directo de los acontecimientos hubiera sido el responsable de la filmación de la película. Mucho misterio para una producción de abultado presupuesto y en la que poco lucía en los trailers distribuidos.

¿Una secuela de Godzilla llevada con el máximo secreto? Para el productor J.J. Abrahams, responsable de la serie Perdidos (Lost), se trataba de algo más que eso, era la resurrección de las monster movies, concretamente de un proyecto muy especial que poco tenía que ver, en el aspecto formal, con lo rodado anteriormente en este género. Empezando por la peculiar campaña de marketing en la que se ha usado internet como casi único medio de difusión del material promocional, la elección de los actores -todos ellos muy jóvenes- y la forma de rodar la historia. En algunos aspectos, los creadores de Cloverfield han dejado el listón tan alto que pasará mucho tiempo hasta que alguien logre hacer un cóctel tan original como esta película.

Desastre en Manhattan

Un grupo de amigos celebran una fiesta sorpresa en Manhattan para la despedida de uno de ellos ante su inminente traslado a ¡Japón! Uno de los amigos es el encargado de grabar con una cámara los mensajes de los asistentes a la fiesta. De repente, un temblor sacude el edificio. Afuera, entre los edificios derruidos aparece un ser de dimensiones colosales. Este grupo de amigos y su cámara serán los testigos del ataque de un monstruo a Manhattan.

Lo primero que podemos pensar es que este film es un exploit de lujo del mítico Godzilla,  monstruo creado en Japón y que cuenta con una vasta franquicia y los más variopintos playmates en sus películas. Por la cercanía de los escenarios donde se desarrolla la historia, también recordamos la adaptación que tuvo este monstruo con Godzilla (1998), película fallida pero rescatable del ostracismo al que se somete la obra de su director, Roland Emmerich.

El monstruo de Cloverfield tiene más bien una inspiración lovecraftiana. Sin llegar al extremo fungoso descrito por H.P. Lovecraft en sus engendros salidos del mar, esta criatura es indestructible por los más agresivos medios convencionales, está ávida de carne humana y lleva adosados unos parásitos de tamaño humano y forma de araña, cuya mordedura trae horribles consecuencias. Se desconoce su origen, aunque se presume marino dada la zona en la que ha hecho aparición.

El film comienza, con unas frases iniciales, editadas por el gobierno de los Estados Unidos, dando a conocer que lo que vamos a ver es una prueba del desastre acaecido. Tras los primeros veinte minutos de esta grabación presentando a los personajes, el punto de giro del guión, una sacudida en el edificio donde se está celebrando la fiesta, convierte a la cámara de uno de los protagonistas en los ojos del espectador. En tiempo real estamos presenciando una catástrofe de increíbles dimensiones.

Los combates entre el ejército y la bestia, la destrucción del puente de Brooklyn, la inquietante escena dentro del metro o el rescate del apartamento, nos demuestran la maestría del director Matt Reeves. La narración de la historia mediante cámara subjetiva no hace perder un ápice de espectacularidad a las escenas de acción, es más, logran salir reforzadas en emoción e intensidad. Los efectos especiales y digitales pudieran parecer toscos a primera vista, pero un visionado más sereno nos muestra un despliegue de técnica apabullante; sólo hay que recordar aquellas escenas en las que se muestran la destrucción de los edificios o la caída de la cabeza de la Estatua de la libertad.

Cine de acción contemporáneo

Si el este artículo llega a la pantalla de ordenador de un entendido en lo que se pretende llamar "cine contemporáneo", posiblemente se rasgará las vestiduras debido a los prejuicios que arrastra el cine fantástico para aquellos que se creen dueños de la innovación y la narración visual. Cloverfield es una interesante muestra de cine contemporáneo porque con medios y fórmulas innovadoras cuenta una historia política. Partiendo de un argumento fantástico nos adentramos en las entrañas de una situación ya vivida a través de los medios de comunicación del mundo entero.

Tras los atentados del 11-S en el mismo Manhattan, el espectador global ha aprendido lo que es que un edificio derruyéndose en una gran ciudad, las dificultades de los equipos de emergencia, la impotencia del ejército, y la tragedia humana de personas comunes. Cloverfield es un ejercicio de cotidianeidad al nivel de los medios de comunicación. Da un poco de pavor decirlo, pero sin el 11-S, Cloverfield no sería lo mismo, seguramente la película nisiquiera existiría. Este film es una metáfora de nuestro tiempo, en la que un primer mundo acomodado -los protagonistas son unos pijos de mucho cuidado- ve como un elemento ajeno e incontrolable a él provoca la destrucción de su civilización.

La forma de rodaje, ya utilizada en producciones como Diary of the Dead (2007) o Rec (2007), responde a la necesidad del espectador actual de sentirse cerca y distante, a la vez, de los sucesos más trágicos. Actualmente, los modernos medios como youtube han educado a un tipo de espectador que reclama  verosimilitud y la frivolidad por partes iguales. Lejos de que esto vaya en detrimento del arte cinematográfico, Cloverfield explota esa posibilidad dotándola de lenguaje cinematográfico, consiguiendo el necesario dramatismo y la coherencia en la narración.

Me atrevo a decir que dentro de un tiempo esta película se satanizará y se convertirá en una rara pieza narrativa, odiada y apreciada la vez, como lo han sido Holocausto Canibal (Cannibal Holocaust, 1980), El proyecto de la Bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1998), y otros muchos films que buscaron, en el formato documental, la forma de hacernos creer que lo fantástico es real.

Ilustración cortesía de Lorena Reig Serrano

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