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Pioneros en el espacio: Forbidden Planet, un clásico

el  Martes, 27 May 2008 02:00 Por 
Análisis de un clásico de la ciencia ficción: "Forbidden Planet".

Antes siquiera de invitaros a subir a bordo de esta cabina telefónica reconvertida en máquina del tiempo (por favor, el botón rojo que lleva inscrito en su interior: NO TOCAR, no se debe tocar; y cuidado con las bobinas de flujo y las palancas positrónicas) y viajar a 1956, allá en los albores del género que bautiza a esta página os hemos facilitado un prospecto a modo de aviso de navegantes que debéis de leer antes de embarcar. Romped el sello magnético.

Querido viajero, si usted desea disfrutar de las maravillosas aventuras contenidas en esta historia, de sus rubias oxigenadas de melifluos modales, de sus razas extintas de inteligencia suprahumana, de las telúricas fuerzas que desata la arrogancia del conocimiento y del cristal, neón, cromo y cartón piedra que da vida a cubiertas espaciales, laboratorios plagados de ultratecnología y bellos mas misteriosos planetas donde pueden brillar más de mil lunas en el cielo, lea las siguientes advertencias con atención:

1. Hágase cargo de nuestros limitados medios. Sabemos que, como buen viajero espacial, usted ha contemplado maravillas sin parangón y explosiones de plasma más allá de las puertas de Tannhaüser y que es difícil impresionar su ojo entrenado. Pero le rogamos que se deje llevar por el oro que, en apariencia luce menos, por la voz anciana más sabia de nuestro narrador; y, si lo hace, descubrirá, embelesado que ha sucumbido al hechizo.

2. Tenga en cuenta también que nuestra concepción de la inocencia y los valores morales puede resultarle algo naive, pero resultan principios inexcusables de nuestro tiempo el comprender que la bondad, la picardía, la lujuria, la inocencia y la amistad son colores primarios, brochazos de un solo trazo.

3. Si ya le hemos convencido a decidirse en penetrar los inhóspitos terrenos del “Planeta Prohibido”, por favor, le tenemos que rogar que se detenga; ya hemos tenido una misión parecida a la suya hace tiempo y sobre la tierra solo han quedado la sombra de huellas y malos recuerdos.

Atentamente, el Profesor Morbius.

Si habiendo leído lo anterior aún queréis afrotar esta odisea es momento de... ¡¡¡Oh, Dios mío; PERO NO LES DIJE QUE NO PULSARAN EL...!!

“Planeta prohibido” o “Forbidden Planet”, según los gustos de cada uno por la V.O., es un film antiguo, de 1956 y, como tal, hay que asumir que lastra ciertas carencias que, vistas desde el ángulo y actitud adecuados, pueden convertirse en virtudes.

No vamos a decir que la historia es sencilla porque, aunque su planteamiento sí lo es, el desarrollo argumental de “Forbidden Planet” tiene bastante, bastante miga. Eso sí, su punto de partida es simple. Una expedición espacial llega a un planeta en misión de rescate. Misteriosamente y a pesar de suponerlo deshabitado (ya no concebían ninguna esperanza de encontrar ni un alma con vida) antes de aterrizar reciben la transmisión del único superviviente, el experto y genial filólogo, Dr. Edward Morbius.

Pronto descubrirán que en vez de superviviente se encuentran ante supervivientes, pues su hija Alta, hija del susodicho doctor, también habita en la casa-laboratorio de extraña arquitectura en la que el doctor lleva a cabo sus misteriosos experimentos. Y no nos olvidemos de Robbie, un robot multitarea inventado por el buen doctor que responde a cualquier capricho humano sin rechistar. Además, cuenta con un sintetizador atómico capaz de generar cualquier materia prima o producto manufacturado (sic), siendo especialmente simpática la escena en que una coqueta Alta, buscando seducir a un jovencísimo y apuesto Leslie Nielsen (sí, el mismo que ha aterrizado como pudo tantas y tantas veces) que es, para más señas, comandante de la misión de rescate.

A partir de ahí podríamos decir que el argumento sigue dos cauces: uno más previsible y propio de una película de Hollywood de antaño —con sus clichés morales y estéticos, que en el caso de la ciencia ficción pegaban tanto como el yogur con la hamburguesa, (entiéndase, como salsa)— y otro, mucho más interesante, que desarrolla un argumento de pura ciencia ficción especulativa en el que se mezclan las teorías Freudianas sobre el subconsciente y la manipulación del pensamiento como una fuente de energía casi ilimitada.

Especialmente memorable resulta el monstruo de la película. Invisible y poderosamente ligado al Dr. Morbius (no diremos como, en beneficio de la virginal experiencia para quien no haya visto la película), esta criatura protagoniza una aparición realmente inquietante, dejando tan sólo muestras de su paso por las huellas en el terreno y los peldaños de ascenso a la nave, combándose bajo su enorme peso.

No cabe duda de que el argumento de “Planeta Prohibido” está fantásticamente bien trenzado, que resulta coherente (dentro de la lógica del relato) y que contiene ideas muy estimulantes; pero sería pecar de ceguera el no admitir los muchos y variados desmanes que se cometían en esta época fruto de la colonización de un género desconocido. Los largos monólogos plagados de vocabulario técnico que esconde el más puro vacío, la hiriente estética pop que concibe como un escenario de ciencia ficción todo lo que tenga lucecitas, colorines y las mil y una disposiciones imaginables de bobinas y alambiques, y lo pueril de la relación romántica planteada (esto ya endémico del cine clásico), son lacras que, por fortuna, el género ha sabido superar a medida que sus autores y las productoras han madurado, ofreciéndonos películas de la sofisticación y belleza de “Blade Runner”, “Gattaca”, “Inteligencia Artificial” o, y no muy lejos en el tiempo de este “Planeta Prohibido", claro que Kubrick era un visionario, “2001: Una odisea en el espacio”.

Pero eso no le quita ni una "o" al mérito cinematográfico de “Planeta Prohibido”, un film adelantado a su tiempo en las ideas que se ha quedado algo rancio en la forma de plasmarlas; eso sí, conservando todo el encanto y aroma del cine clásico de Hollywood.

Como epílogo a este artículo, una serie de curiosidades:

1. La tan traída y llevada teleportación de “Star Trek” está inspirada, es un decir, de esta película, descomposición en partículas azules incluida. Por no hablar del parecido de los uniformes o de la propia estructura narrativa.

2. Algunos de sus enseres y escenarios fueron reciclados posteriormente en la conocida serie “Twilight Zone”, entre ellos el propio robot Robby y su vehículo modular.

3. La película presenta una clara influencia de la última obra maestra de William Shakespeare, “La tempestad”. Estando clara la identificación de Morbius con Próspero y Alta con Miranda, los críticos han discutido si debe considerarse a Robby como Ariel o como Calibán, en virtud de qué consideración merezca el monstruo derivado del subscosciente del doctor.

 

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