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RocknRolla

el  Lunes, 16 February 2009 01:00 Por 
Crítica de la última película de Guy Ritchie
El director inglés comienza su andadura cinematográfica con Lock and Stock (1998) película cuyo argumento combina a financieros corruptos,  gangsters y delincuentes de poca monta, en lo que pretende convertirse en una orgía de humor y violencia visual. La cinta, con numerosos déficits en cuanto a su guión y realización, supone el empujón definitivo del realizador dentro del género negro, al que añade toques de comedia, igual que hace Tarantino al otro lado del charco, y es que el nombre de Tarantino es imprescindible mencionarlo por las similitudes de los respectivos quehaceres cinematográficos. Guy Ritchey es para el cine de negro inglés lo que fue Quentin Tarantino para el cine negro americano; supone la modernización de un género enquilosado en tramas de detectives privados que las generaciones actuales repudian por ser tedioso y basarse en estereotipos caducos, pero inmutables.

Tarantino cuenta con detractores y admiradores pero tiene un mérito indiscutible, y es la capacidad de redefinirse en cada una de sus películas gracias a una cultura fílmica de lo más heterogéneo. Guy Ritchie no disfruta de ese talento. Todas sus películas suenan igual y los personajes de sus guiones son fotocopias de un film a otro, eso sí empapados de un costumbrismo británico que le aleja de las ambiciones pulp del realizador americano.

Lejos de las interesantes propuestas que hicieron John Boorman en The General (1998),  Jonathan Glazer en Sexy Beast (2000) o Roger Donaldson en The Bank Job (2008), Ritchie se empeña en contarnos una y otra vez historias similares. Desde el citado debut cinematográfico, pasando por Snatch, cerdos y diamantes (Snatch, 1998) o la hasta hace poco inédita en España Revolver (2005), el espectador debe recoger los frutos de diálogos absurdos que pretenden contar chistes, de personajes que en vez de comportarse como delincuentes parecen clowns, y de situaciones cuya falta de verosimilitud ponen contra las cuerdas una y otra a la historia a la que sirven.

RocknRolla (2008) parte de la premisa de la existencia -real- de un Londres desconocido, envuelto en un desarrollo urbanístico donde la corrupción salpica a la clase política, y son los delincuentes más peligrosos los que logran llevarse el gato al agua, pistola en una mano y el dinero en la otra. En medio de esta trama de intereses multimillonarios, la delincuencia común hace su agosto: un grupo de delincuentes que se hace llamar ¡el grupo salvaje! y sus antagonistas, unos sicarios rusos -los personajes más logrados-, son los encargados de finiquitar los asuntos que ya no requieren de guante blanco. Por la parte de la falsa legalidad, un empresario inmobiliario británico y su homólogo ruso juegan a cambiarse millones de euros y a regalarse favores. En medio de ambos extremos, un grupillo de personajes se encargarán de mover la función: un avispada contable (una fría Thandie Newton), una estrella de rockanrol obsesionada con su autodestrucción (Tony Kebbell), unos oportunistas managers y un concejal corrupto. No podía faltar un "McGuffin" en forma de cuadro perdido y encontrado mil veces para mover los hilos de esta trama, sin duda compleja cuando podría ser infinitamente más sencilla, pero todo sea por llenar hora y media de metraje.

Aparte de lo ya dicho, existen momentos totalmente desaprovechados que podrían dejar un buen sabor de boca al espectador, y que sin embargo se desmoronan porque el realizador no quiere arriesgar nada. El más sangrante de estos momentos es aquel en el que el protagonista "Uno-dos" (Gerald Butler) va a ser despedazado por los sicarios rusos, qué visten para la ocasión calzoncillos y gorras de veteranos de guerra. Éstos son sorprendidos por los matones del empresario Jenny Cole (Tom Wilkinson). Se prevé una espectacular escena de acción pero todo queda en un off visual al cerrarse la puerta del apartamento y oírse varios disparos desde el interior. Este recurso, muy útil para enfatizar una situación sin tener que mostrar nada, debe ser compensado por otras escenas en las que la acción salga a borbotones y salpique al espectador ¿Dónde están esas escenas? Simplemente no hay.

Un último detalle que resalta la poca originalidad de la película de Ritchie: el personaje de la estrella de rock parece un calco del que interpretaría Brad Pitt en Snatch ¿estaría pensado ese personaje para él?

Guy Ritchie se crece. No es para menos dado el éxito taquillero del film. Éste será el primero de una trilogía que promete ser muy similar. Hasta la realización de la segunda parte de esta saga, el director se encuentra enfrascado en una versión muy libre de las aventuras de Sherlock Holmes. Esperemos que la labor de su eficaz productor, Joel Silver, salve del desastre al mitico detective y su querido Watson.

 

Montaje fotográfico cortesía de Lorena Reig Serrano

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