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Terminator Salvation: Que cada plano cuente

el  Sábado, 06 June 2009 02:00 Por 
Nueva opinión acerca del estreno de la semana, "Terminator Salvation: The Future Begins".

Un dial gira. 

…cucha…tamente…

…en 1982, libramos nuestra primera bat… Había oscuridad, gritos y relámpagos de luz violet…


Al fin, sintoniza.

Después de la apoteosis de 1992, cuando ya habíamos asumido que “si una máquina podía haber aprendido el valor de la vida humana, tal vez, algún día, nosotros podríamos hacer lo mismo” sería nuestra despedida definitiva, nos encontramos con que en 2003 la guerra continuó. Sólo que esta guerra no querríamos librarla.

Ahora, seis años después, nos vuelven a llamar a filas.

Incautos, rodeados de nuestros amigos y con la tenue ilusión de un feliz reencuentro, nos hemos situado en línea de batalla. Y, sí, lo hemos visto al fin.

El Día del Juicio Final ha llegado.

Sólo podemos decirte que si escuchas esta transmisión tú eres la resistencia. Aún no es demasiado tarde.

Podemos vencer.

El cine aún puede sobrevivir.

Queridos amigos de la Resistencia, la verdad es dura; pero más vale afrontarla pronto. “Terminator Salvation: The Future Begins” es un fiasco, un fracaso. Un desastre. Es un auténtico anatema contra una saga que en sus inicios fue religión. Es un ataque contra el buen gusto estético. Es un insulto a la inteligencia. Es un abuso de confianza. Es…

Pero para qué abusar de hipérboles si no es posible encontrar las palabras adecuadas para definir el caos en el que McG, compinchado con (¡¡pero cómo es posible, Dios Santo!!) el mismísimo Christian Bale y la futura promesa Sam Worthington, sumerge al incauto espectador de su “Terminator Salvation”. Y es que clama aún más al cielo la cuestión cuando se nos ha vendido, tráiler a tráiler, que este capítulo sería el renacimiento de la saga. Y se trata de un renacimiento del que este título sólo es el primer peldaño…

En fin, contengamos la furia y reordenemos las ideas.

La pregunta es, ¿qué ha pasado?

De lo malo, todo.

Llevamos una semana intentando penetrar en los motivos que cimientan la condición de obra maestra que ostentan los dos primeros títulos de la saga en clara disonancia con los errores cometidos en el mediocre (y, aún así, muy superior a este “Salvation” con el que cualquier salvación, salve la redundancia, es impensable) tercer capítulo. Hemos hablado, ante todo, de la importancia capital a la hora de afrontar una historia desde el amor hacia lo que se está contando y con la autoconciencia de su estructura dramática y argumental. En pocas palabras: entender qué motiva a los personajes y cómo actuarían en cada secuencia según su idiosincrasia particular y dosificar la información que tanto ellos como el público poseen de la historia en la que se encuentran inmersos.

Pero lo vamos a decir aún más claro. De una manera taxativa. Completamente tajante. Indiscutible.

Y, para ello, vamos a recurrir a un recurso poco empleado en esta página, la cita; pero que, para el caso, nos viene al pelo.

La cita en cuestión no es cinematográfica, sino literaria. Se haya contenido en uno de los mejores libros jamás escritos sobre el arte de escribir y, por extensión del ámbito, también sobre el arte de narrar. Se narre en imágenes, viñetas o palabras, las siguientes palabras con las que el profesor Strunk define cómo debe encararse la composición de un texto han de considerarse, en su lucidez, canónicas:

"La escritura vigorosa es concisa. Una oración ha de prescindir de las palabras inútiles y un párrafo de las oraciones, al igual que ocurre que un dibujo prescinde de líneas innecesarias y una máquina de las piezas inservibles. Esto requiere no que el escritor componga sus oraciones con brevedad o que evite el detalle y desarrolle el texto superficialmente, sino que toda palabra cuente".

Aplicándolo al mundo audiovisual, extraemos las mismas conclusiones. Cada plano debe integrarse en un discurso coherente. Al igual que cada secuencia. Y al igual también que cada elemento que conforma el discurso cinematográfico. Desde la banda sonora al diseño de producción; desde la dirección de actores a la escritura del libreto.

Ni una sola de esas piezas casan con armonía en “Terminator Salvation”. Todo baila dislocadamente. Nada funciona.

La dirección de McG, en apariencia, ni suma ni resta. Simplemente, está ahí, al servicio de un libreto que no desarrolla a ninguno, subrayemos y ennegriencursivemos, a ninguno de los personajes de la trama; que no consigue en ningún instante manejar con maestría la información de la que el espectador dispone para generar suspense, y que, resumiendo, se muestra incapaz de generar cualquier tensión dramática o implicación emocional tanto por quienes sufren la historia como por la historia en sí.

Pero esa apariencia inocua en la dirección (dirección de maniquí, podríamos decir) es sólo apariencia.

También hemos dedicado esta semana a hablar largamente acerca de qué aspectos abarca la tarea del cineasta, llegando a la conclusión de que su tarea es mucho más amplia y rica que la mera elección del plano y las indicaciones al actor. La dirección de actores es un asunto mucho más complejo, que implica un conocimiento tan profundo del libreto y las motivaciones del personaje en cada secuencia con el fin de relatar la historia de la manera más coherente y armoniosa posible. Las secuencias de acción contienen la dificultad de un ballet combinada con la necesidad de acumular tal variedad de acontecimientos como réplicas ingeniosas posee el mejor diálogo cómico. El fin de la coordinación del equipo técnico y artístico que un director ejerce fuera y dentro del plató es detentar el control absoluto sobre todas las decisiones estéticas que afectan a la plasmación final en la gran pantalla, desde la fotografía, a los efectos visuales, así como el diseño de producción en todas sus vertientes.

Y todo, todo en “Terminator Salvation” se viene abajo, a pesar del ingente presupuesto y las incontables horas de esfuerzo invertidas en el proyecto, por culpa de la falta de un propósito. Por culpa de que, desde la silla del director, no ha llegado una visión clara de conjunto acerca de cómo concebir la película y narrarla. Por culpa, en definitiva, de la dificultad intrínseca a hacer las cosas bien frente a la facilidad de hacerlas mal, muy mal o pésimamente mal.

Y lo cierto es que no podemos entrar en materia y diseccionar el film para ilustrar, con la descripción y análisis de sus secuencias, la valoración que se merece. Porque siempre hay que tener respeto para quien paga con su butaca. Sea lo que sea lo que va a ver.  

Pero recapitulemos, al menos, los desastres. Ni desde un reparto tan estelar como desangelado, Christian Bale, Sam Worthington, Helena Bonham Carter (¡Oh, Helena, Christian! ¡Incluso los grandes caéis en nuestro tiempo!) o Bryce Dallas Howard son rostros parlantes sin ningún sustento que perfile a sus personajes; ni desde una dirección que no sabe cómo contar una historia sin recurrir al efecto tráiler en el montaje (se intercalan las escenas sin orden y concierto y con cambios continuos de escenario e irrupciones inagotables de nuevos personajes tan desdibujados como los ya presentados); ni (dios nos libre) desde un guión desastroso, plagado de agujeros, con contribuciones que sólo pueden calificarse de insultantes a la mitología de la saga (y que no nombramos por no “destripar” posibles sorpresas) y un desarrollo dramático y diálogos que directamente presuponen la condición alelada del espectador (hay líneas de diálogo que son para enmarcar en el podium de las mayores sandeces declamadas últimamente), nos anima esta “Salvation” a no levantarnos de la sala y demandar el precio de nuestro ticket.

El dial vuelve a girar.

El mensaje, esta vez, se sintoniza, claro y nítido, a la primera.

Vosotros sois la Resistencia.

Vosotros podéis hacer que esto cambie.

Sólo tenéis que haceros oír y decir, ¡basta!


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