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The Dark Knight: ¡Que grande es el cine!

el  Miércoles, 23 July 2008 02:00 Por 
Reseña de la película más esperada del año: "The Dark Knight".

Segundo film del presente 2008 con la vitola de evento irrepetible. Segunda ocasión en que la responsabilidad de escribir algo sobre el acontecimiento pesa en el pulsar de cada tecla. Segunda oportunidad para nosotros, espectadores, de descubrir si lo prometido como panacea cumple las expectativas. Después de haber sido cómplices del bombardeo publicitario de una campaña masiva, de los comentarios vertidos allende el Atlántico que parecen hablar de la segunda venida de Cristo y de los resultados en taquilla del film, que ha pulverizado, hasta el momento, todos los récords de recaudación, la pregunta está en el aire: ¿Es “The Dark Knight” esa obra maestra asumida por todos?

Lo primero que habría que decir con esta secuela de la extraordinaria “Batman Begins” es que evoca una emoción muy necesaria en nuestro tiempo: la humildad. Humildad porque el film de Christopher Nolan es tan extraordinario, tan absolutamente abrumador, tan hiperbólico en su calidad y en sus operísticas ambiciones, que uno se siente pequeño e insignificante a la hora de analizarla sin devenir en una absurda colección de epítetos que intenten transmitir la experiencia vivida a lo largo de sus 152 minutos de metraje.

Es tan buen inicio como cualquier otro el hablar del enfoque del film, de cuál es el tablero elegido por Nolan para desplegar sus piezas.

“The Dark Knight” no es una película de superhéroes. En absoluto. “The Dark Knight” es un thriller moral, un film sobre decisiones, una obra de arte que narra la lucha por una ciudad y por quienes la habitan.

Ausente ya en el título, Batman se convierte en esta secuela en un personaje secundario dentro de su propio film, revelando el sentido del susodicho, “The Dark Knight”, en la extraordinaria secuencia que cierra la película. Fagocitado por dos polos en oposición que se debaten el peso de la película, El Joker y Harvey Dent, llamado “El Caballero Blanco de Gotham”, Batman se limita a jugar su papel dentro de esta ópera criminal para aportar sus intervenciones allí donde la policía no puede llegar, no dudando en emplear la violencia para extraer las confesiones que puedan ayudar a salvar Gotham del caos. Porque es el caos lo que se cierne sobre Gotham, un caos con sonrisa de pintalabios, cara blanca y melena verde y grasienta.

La interpretación del Joker se ha convertido ya en un mito. Fallecido el actor a los pocos meses de haber completado su papel en el film, el deseo, tal vez algo morboso, de ver su epitafio cinematográfico (1)  ha fagocitado en parte el interés por la obra en sí. En honor a la verdad, siendo “The Dark Knight” uno de los mejores films del nuevo siglo, resulta innegable que la interpretación de Heath Ledger escapa a cualquier elogio.

Tomando el testigo de grandes personajes de la historia del cine como los Vitto Corleone y Walter E. Kurtz de Marlon Brando, el Eddie Felson de Paul Newman en “El Buscavidas o el mismo Oscar Schindler encarnado por Liam Neeson, Ledger consigue una interpretación absolutamente sobrenatural del villano más icónico del justiciero de Gotham: El Joker.

Reinventando por completo al personaje, este Joker de Heath Ledger es, como bien lo define el propio Nolan, “una fuerza de la naturaleza”. Siendo la otra cara del espejo en el que se refleja Batman, el Joker es un terrorista sin objetivos económicos o políticos. La justificación para sus brutales atentados, que recuerdan y mucho a esa sociedad del terror en que vivimos inmersos desde el 11-S (vídeos de asesinatos filmados en directo para horror y morboso disfrute de los televidentes, edificios explotando en inmensas bolas de fuego y una actuación policial siempre sobrepasada por la escala de las circunstancias) , es de orden moral; Ledger es un misántropo anarquista que cree en un axioma: “Todo puede arder”.

La empatía humana en el filo de la navaja. Eso es lo que desea Joker. En un mundo que se le antoja falso e hipócrita desde el primer hasta el último rostro, el Joker desea demostrarle a Batman que sus sueños de esperanza en una sociedad libre de sufrimiento son una utopía pueril. Si las tuercas se aprietan lo suficiente, “esa gente acabará devorándose como perros rabiosos”.

Frente a esta actitud destructiva, la cara de la justicia la representa Harvey Dent, el nuevo aspirante a fiscal del distrito de Gotham que constituye la gran esperanza para una sociedad honesta y justa en el que el crimen organizado y también el propio Batman, no tengan espacio para su confrontación. Dent representa el espíritu del cambio, la devolución a los ciudadanos de una confianza en su clase dirigente, los políticos, y en el valor de llevar una vida según las reglas de la ley.

Bruce Wayne se encuentran, por vez primera, ante la posibilidad de enterrar a su alter-ego enmascarado. La presencia de alguien como Harvey, un político valiente  que no teme enfrentarse a la mafia, a sus rivales y a la propia policía en su búsqueda de la justicia, da una esperanza al multimillonario para poder colgar la máscara de una vez por todas.

Pero la presencia de ese vórtice destructor que es el Joker, alterará el panorama de bienestar, devolviendo la violencia a las calles y retando a los dos caballeros de Gotham, el blanco y el oscuro, a un combate sin límites en el que la muerte alcanzará a todos los implicados.

Necesaria por su mensaje, extraordinaria por su realización, exquisita en lo estético y colosal en el tour-de-force interpretativo ofrecido por su, por desgracia, irrepetible reparto, “The Dark Knight” es, desde ya, el canon por el cualquier película de superhéroes se medirá hoy y siempre. E, independientemente del género al que la adscribamos, la obra de Nolan es una de las mejores películas de la historia del cine.

Cuando se encienden las luces, el único pensamiento que recorre la impresionada mente del espectador es el siguiente: Batman es ya eterno; por favor, no lo exploten con una tercera entrega.

Tras la decepción del arqueólogo llega la luz ambigua y tenebrosa del caballero oscuro. Podemos gritar sin miedo: ¡Qué grande es el cine!

(1)   Aunque esto es inexacto, ya que la estrella australiana participó en el último film de Terry Guilliam, “The Imaginarium of Dr. Parnassus”, film del que no pudo completar su interpretación que será encarnada por tres de los actores más deslumbrantes del panorama hollywoodiense: Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell.

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