Scifiworld

The Spirit: ¡¡¡CATACRASH!!!

el  Viernes, 26 December 2008 01:00 Por 
Crítica del descalabrado debut de Frank Miller en el largometraje.

¡¡¡CATACHRASH!!! ¡¡¡BABOOOOM!!!! ¡¡¡GUA, GUA, GUAAA!!! ¡Elija su onomatopeya favorita para expresar un cacharrazo cinematográfico en toda regla! ¡Elíjala pronto y, nada más abandonar su butaca, imprégnela bien en ira, busque un mechero y arrójela contra los (él, en realidad) responsable de que “The Spirit” sea un despropósito! A fin de cuentas, es el deporte de esta navidad: defenestrar a Frank Miller. Es decir, tirarlo a él y a su película por una ventana.

Pues no, ni siquiera cuando es obvio que un cineasta ha metido la pata hasta la cintura, no se puede convertir la tarea de escribir una crítica en un ping-pong aburrido en el que uno sólo da para que él otro sólo reciba. Y no entremos en  dobles sentidos que estamos en la feliz y pía, época navideña.

En fin, que nuestra labor al criticar no debe de ser el acoso y derribo, sino el análisis. El insulto es fácil. La reflexión... otro cantar. Eso sí, si lo podemos aderezar con una pizquita (o un tarro entero) de jocosa retórica, ¿por qué no? Pero pasemos a las cuestiones, a las preguntas que deben guiar nuestra pluma para concluir, razonadamente, por qué "The Spirit" no funciona. 

Lo cierto es que lo primero que debemos preguntarnos, ante la avalancha de negatividad vertida contra el debut cinematográfico (en solitario, entiéndase, ya que en “Sin City” la dirección fue compartida con  Robert Rodríguez) de Frank Miller, director y guionista (y, por lo tanto, doblemente responsable) de “The Spirit”. Repitamos la cuestión.

—¿Hay para tanto?

—No.

—¿No?

—Nou, nou.

—¿Pero entonces para que hay?

—Pues… para bastante.

“The Spirit” NO es una buena película, que quede claro. De hecho, no es siquiera una película mediocre e, incluso, uno está tentado de no considerarla película siquiera porque cinematografía significa imágenes en movimiento. Y es precisamente este último y fundamental término el que está completamente ausente (o casi) de “The Spirit”, el movimiento.

No es, desde luego, el único error de Miller, pues los tenemos para dar y tomar. El más criticado, la cuestión del enfoque estético dado por Miller a “The Spirit”, es, en el fondo, el menos relevante. Esta película, hay que admitirlo, es, en sus mejores momentos resultona a nivel plástico; casi podría decirse que bonita. En los peores, los que abundan, es simplemente chabacana, hortera y con tufo a perfume barato, a bisutería que no engaña ni al más pringao. Pero es un aspecto secundario. El primer problema serio es el guión; el segundo, la dirección de actores; el tercero… Del tercero hablaremos largo y tendido, porque, aunque esté en último lugar, es el clave.

Vayamos al libreto. La idea de Miller, sobre el papel, no es necesariamente errónea. En contra de lo que pudiera pensarse, Miller no oscurece tanto el argumento de “The Spirit” sino que lo acerca a la comedia. El problema es que esta comedia es de trazo grueso. Sin renunciar a lo arquetípico del personaje creado por Eisner (al menos, en sus primeros años de vida, porque “The Spirit” tuvo su etapa de densidad dramática de altura, como corresponde al genio que le dio vida), Miller decide, sin embargo, ridiculizar este tópico hasta convertir el espectáculo en una grotesca parodia. Poco importa que a los cuatro calvos y gordos secuaces clónicos de The Octopus (uy, uy, la que le espera a Samuel L. Jackson en el siguiente párrafo…) se los nombre con apelativos tan rimbombantes como “Logos” o “Pathos”. El griego no lo va a salvar, señor Miller, de la picota, porque si sus chistes son del estilo: «Ajá, ¿sabes qué es lo único que me gusta más que patearte el culo Spirit? ¡¡¡Patearte las bolas!!!» (nota: el ejemplo citado es 100% sic) no los disfrace. Aquí estamos en el level “American Pie”. Woody Allen se nos pasó diez salidas atrás.

Problema nº2, actores. Desastre, desastre, desastre… ¡¡Cómo se puede interpretar personajes grand-guiñol y conseguir que parezcan actores malos intentando alcanzar míseramente el estatus de personajes grand-guiñol!! “The Spirit” provoca alguna que otra carcajada tenue en sus interpretaciones porque estás son tan sideralmente psicotrónicas que el pasmo a veces se transforma en risa. Y es que, desde Gabriel Match hasta la musa de nuestro siglo, la bellísima Scarlett Johansson, el reparto al completo (con las posibles excepciones de Sarah Paulson y Eva Mendes) no resultan creíbles en unos roles que no exigen mucho más (en teoría) que disfrazarse. Pero es que incluso los disfraces hay que saberlos llevar con gracia. Y gracia aquí poca. Pasemos ya a otra cosa… ¡Ah, no, Sr. Jackson! ¡Don Samuel L. Jackson! No se nos va a escapar usted. En fin, acabemos pronto: penoso, hasta lo indecible y con el agravante de que se ve que Jackson de da un banquete de sí mismo, con numerosos monólogos sonrojantes que casi logran hacernos olvidar que este hombre una vez dijo aquello de: “Pero me esfuerzo mucho, gringo. Me esfuerzo mucho por ser el pastor”. Quién le ha visto y quién le ve. Pues los mismos, sólo que lo que antes fue goce, ahora es náusea.

¡¡Y llega el turno de nuestro querido nº3!! Y lo vamos a llamar el problema del…: movimiento. Reflexionemos. En estos últimos años se ha puesto de moda, precisamente gracias a las adaptaciones de las obras de Miller perpetradas recientemente, el cine cheap-green-screen. Consiste en lo siguiente: usted pone sobre la mesa entre 20 y 40 millones de dólares, yo mi pongo mi mamparo verde, ruedo unos cientos de planos muy bonitos y tremendamente estáticos, enlato y vendemos. Usted gana, yo gano y todos contentos.

Pues no.

Ni “300”, ni “Sin City”, ni “The Spirit” son cine (tampoco lo es la mejor de esta calaña, “The Sky Captain”, pero al menos ésta era bella estéticamente y tenía su gracia). No lo son porque reducen el arte de la puesta en escena al hecho de replicar las bonitas viñetas de un cómic, viñetas que sólo tienen sentido de conjunto dentro de la página que las integra y que así meramente son postales en movimiento. Pero es que lo peor del asunto es que las cartelas —uséase, los recuadros de texto que contienen en el cómic información acerca del escenario o, más comúnmente, monólogos interiores de los personajes— son declamadas por los actores. Es decir, que uno de los recursos más inexcusables del cine, la voz en off visual que recita lo que vemos, es abusivamente empleado. Y es igual de (erróneamente) empleado en las tres películas. Lo que las separa es la interpretación de los actores, el enfoque de la historia y la carga de violencia. Poco más. Las tres son ejemplos a NO seguir (segunda vez que nos vemos obligados en esta reseña a subrayar, ennegriteceer y encursivar; y porque no podemos subir la tipografía a letra seiscientos, que sino ya verían).

Por ello hemos hecho especial hincapié en el arranque de este artículo que "The Spirit" no es para tanto. El problema es que a los dos ejemplos anteriores, tan abominables como éste, no se les dio el correctivo adecuado ni se fue consciente a tiempo de qué tipo de cine nos estaban vendiendo. Pero bueno, más vale tarde que nunca. 

Concluyendo, “The Spirit” no es un producto recomendable. Tiene estampas bonitas, pero vamos, ninguna justifica los de 5 a 7 euros por entrada (o más).

¡A comer turrón “Suchard”! Él sí que nunca nos falla.

PD1: Por no ser tan negativos, diremos que hay una idea muy apreciable en "The Spirit" y es la insistencia en que éste es la extensión espiritual de la ciudad y que, por lo tanto, no necesita valerse de otras armas que sean sus puños y lo que la ciudad pone a su servicio, latas de alcantarillas incluidas. Pero, fíjese usted por donde, esto fue idea de Eisner desde la concepción del personaje. Así que, mala suerte, Sr. Miller. 

Medios

Spirit_Trl.flv

Y además...

19.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..