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The Strangers: El terror no tiene rostro

el  Lunes, 25 August 2008 02:00 Por 
Análisis de este más que interesante debut cinematográfico que nos devuelve al atávico horror de la década de los 70.
El terror no tiene rostro.

El terror es un estímulo.

Quien quiera conocer el terror en su pureza ha de asumir la verdad.

El terror no tiene rostro y quien se refleja en él… Pierde el suyo.

Hay una línea nítida que une “The Strangers”, espléndido debut cinematográfico del director y guionista Bryan Bertino, con “Halloween”, la obra maestra con la que John Carpenter aterrorizó al mundo hace tres décadas. Ambos films están unidos por un cordón umbilical tenebroso que parte de las simas más oscuras de la condición humana. Ambos films entienden la realidad de ese terror informe y sin rasgos. Ambos films consiguen lo que todo film de este género aspira: aterrorizarnos.

El gran acierto de Carpenter en su clásico “Halloween” fue, sin duda, la invención de Michael Myers. La genialidad de la película se vio potenciada, por supuesto, por su suntuosa y precisa puesta en escena, ejecutada con la perfección caligráfica habitual en este superdotado cineasta, pero donde reside el verdadero valor de Halloween es en  aquello que oculta la máscara de su asesino. En lo que permanece oculto.

La deshumanización a través de una máscara, que no es más que un pedazo de materia muerta al que se le dota de facciones perpetuamente congeladas, es la alegoría perfecta para tratar de representar físicamente el terror. El Myers de Halloween aterrorizaba por su silenciosa brutalidad. Frente a los clásicos gritos de los monstruos de antaño, el asesino moderno, desde su invención en “Psicosis”, es un asesino del silencio, un voyeur que disfruta con la crueldad.

En este nuevo siglo, tras una década más bien baldía en lo que a terror se refiere — pues, al menos en lo tocante a la meca del cine, el género de horror había caído en lo auto-paródico, perdido en sus propios trucos que un público experto sabía descifrar como un juego de niños—, estamos asistiendo, a través de realizadores como Alexandre Aja, Greg McLean o el mismo Bertino, a un retorno a ese cine de crueldad que tanto se prodigó en los 70, un cine tan áspero y brutal que transportaba al espectador al verdadero paroxismo del horror, un cine que ya no entendía el susto como disfrute o espectáculo, sino que trataba de psicoanalizar al incauto que se sentaba sobre la butaca ofreciéndole lo más negro de la psique humana.

La diferencia fundamental entre Bertino y sus coetáneos es que este debutante no ha buscado, al contrario que sus compañeros, estremecernos con una violencia extrema y realista que sintamos en nuestras carnes. No, su lección ha sido mucho más radical y cercana a la lección de minimalismo ofrecida por Carpenter en “Halloween”. E incluso, podemos afirmar que con una mayor dosis de riesgo.

Al contrario que en el clásico de Carpenter, en el que una escalada de los acontecimientos culminaba en el horror, “The Strangers” transcurre en tiempo real. Tras un arranque en el que se nos muestra el desenlace del film, imágenes fragmentarias de sangre en las paredes, un reguero de pétalos de rosa sobre el suelo y la luna de un parabrisas machacado, la trama se desarrolla sin saltos en el tiempo y con una premisa muy simple: una pareja está siendo acosada por unos desconocidos.

El riesgo de esta película se encuentra en su ejecución. En “The Strangers” no encontraremos sadismo, muertes violentas o carcajadas psicóticas. Lo aterrador es que, hasta su brutal desenlace, no ocurre apenas nada… palpable.

El observar cómo un cuchillo degüella a una persona es, desde luego, perturbador. Pero también es cierto que en el momento que el asesino en cuestión perpetrra la primera violencia, uno puede retreparse en la butaca con más confianza porque está dentro de los códigos del género. Pisa terreno seguro.

Con “The Strangers” eso no ocurre.

El trío de acosadores, que cubren sus rasgos con tres extrañas máscaras, no se dedican a exhibir sus habilidades con el cuchillo. Su objetivo es mucho más irracional. Su objetivo es provocar el miedo y el terror de sus víctimas, alargar en lo máximo posible su sensación de angustia, lograr que adquieran un estado tal de shock en el que las leyes morales queden abolidas a favor de la supervivencia.

Golpes en las puertas, vidrios esparcidos en pedazos, carreras furtivas en la oscuridad, mensajes escritos en sangre en las paredes… Todo sin un clímax que lo justifique, que nos aporte la seguridad de que estamos en los prolegómenos al acto violento, que cumpla nuestras expectativas con una historia de estas características. La gran victoria del film, y de su realizador, Bertino, es lograr que el terror se dilate durante noventa minutos sin apenas un cadáver.

Y todo ello sin emplear la música y los recursos sonoros más que en contadísimas ocasiones.

Es de rigor comentar que su pareja protagonista, Scott Speedman y Liv Tyler, son grandes responsables del éxito de la propuesta. Su actuación en carne viva, rehuyendo el histrionismo y dejándose llevar por la intuición de la escena, son el mejor puntal para que el extremo experimento de Bertino llegue a tan buen puerto. Tyler y Speedman logran que nos identifiquemos plenamente con su situación, que la sintamos propia, que estemos conectados en todo momento a su sufrimiento en la gran pantalla. Y si esa conexión, que es empatía por los intérpretes, no lograra producirse, “The Strangers” fracasaría.

Por fortuna, no lo hace y se convierte en, hasta el momento, el film de horror más estimulante de este 2008 en lo que a USA se refiere y un más que interesante primer paso para este realizador que nos promete muchas sorpresas en el futuro.

Tras el éxito de “The Strangers” en su país, éxito que ya le ha reportado la confianza del estudio y un suculento contrato, oportunidades no le van a faltar.

Esperemos que sepa aprovecharlas.


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