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Ultimátum La Tierra: Falta amor, Falta amor, Falta amooor…

el  Martes, 16 December 2008 01:00 Por 
Análisis de esta interesante, pero sin duda fallida, reimaginación del clásico de Robert Wise.
Y es que ya lo hemos comentado muchas veces, el amor es esencial en todas las facetas de la vida. Y, desde luego, en la labor creativa, pues mucho más. El amor por lo que se hace es necesario para comprender por qué se está haciendo. El amor es lo que luego logra que el espectador pueda identificarse con lo contado. Y es que si uno no ama la obra que realiza, mal vamos.

Y así ha sido en este caso. “Ultimátum la Tierra” remake, a pesar de sus estupendas ideas y de un apartado visual ciertamente impresionante, ha fallado por falta de cariño.

Y la culpa no la podemos verter, al menos no totalmente, sobre Scott Derrickson (“El Exorcismo de Emily Rose”) porque su dirección asépticamente profesional es una constante de todos los artífices de este film. Claro que, como máximo responsable, se lleva su buena ración.

“Ultimátum la Tierra” versión 2008 podría haber sido una grandiosa película, incluso superior a la original, si los implicados se hubieran tomado el tiempo debido para desarrollar el corazón dramático del film, esto es, sus personajes. La película falla, pierde gas y no conmueve porque la profesora interpretada por una cada vez más bella Jennifer Connelly, su adoptado hijo afroamericano, el lacónico extraterrestre interpretado por Neo-Reeves y el amplio surtido de secundarios no pasan del boceto. Y es una verdadera lástima, porque, de haber sentido a los personajes, esta superproducción sería, como decíamos, una obra maestra.

Pero hablemos primero de cómo se estructura el argumento.

El film comienza con un flashback que nos sitúa en las nevadas montañas de la India pasado ya el primer cuarto de siglo XX; en concreto, estamos en 1928. Un explorador caucásico encuentra, de pronto, una extraña esfera verdoso y luminiscente entre la albura que lo rodea. Tras tocarla, sufre un desvanecimiento. Al despertar, una cicatriz sobre la palma de su mano le revelará que el encuentro no fue soñado.

Corte a la actualidad. Estamos en una clase de, agárrense, astro-biología bacteriológica. La bellísima profesora Helen Benson plantea un problema a sus alumnos relacionado con la posibilidad de supervivencia sobre una de las lunas jupiterinas de tres microorganismos especialmente persistentes. Tras plantear el ejercicio y rechazar una cita, regresa al hogar, para mantener una aburrida discusión con su adoptado hijo acerca de la necesidad de no malgastar su tiempo delante de los videojuegos. Por fortuna para el posible aburrimiento del espectador, las cosas se pondrán calientes muy pronto.

Una llamada de teléfono la pone en preaviso de que las fuerzas de seguridad de su país, USA, vendrán a recogerla inmediatamente a su morada por un asunto de seguridad nacional. Tan inmediatamente que, mientras habla con la átona y varonil voz al otro lado de la línea, las luces azules y rojas de los vehículos estatales ya se filtran a través de las cortinas de su piso.

Evidentemente, la alerta será el motor de la trama.

“Ultimátum la Tierra” remake funciona mucho mejor que la original como film de ciencia-ficción desde un punto de vista hard. A pesar de que resulte un poco cómico que el objeto no identificado que se dirige a la tierra viaje a 0.1c (es decir 30 000km/s o, lo que es lo mismo, un décimo de la velocidad de la luz) y luego detenga semejante velocidad en una decelaración instantánea que le permite tomar tierra tranquilamente sobre Central Park,  en Hollywood siempre gustan de exagerar, lo cierto es que los aspectos técnicos y de ambientación de la película son más que interesantes. Empezando por el propio Klatuu, el alienígena enviado a la Tierra para decidir si la especie humana merece o no ser salvada del apocalipsis definitivo, cuyo concepto es mucho más interesante que el empleado en el film de Robert Wise (quien no profundizó en las razones que llevaban a su alienígena a asumir un aspecto humano). En el caso de este Klatuu se trata de un trage biogenético. El alienígena traslada su conciencia a un bio-traje creado a partir del ADN del montañista presente en la primera secuencia. Con lo cual, el aspecto externo de Klatuu se transforma en el camuflaje perfecto, una máscara viva que le permite, a todos los efectos, ser humano y, por tanto, vulnerable (si no fuera por sus extraordinarios poderes sobrehumanos que le permiten manejar a voluntad el electromagnetismo). Y no es éste el único concepto interesante lidiado en este film.

El empleo de las susodichas esferas como una moderna Arca de Noé (no abundaremos en este detalle para los que aún no hayan visto la película) y la vuelta de tuerca dada al GORT (según el film: Genetically Organized Robotic Technology) original gracias, nuevamente, a la ingeniería genética, resulta más que interesante. Sólo decir sobre esto último que ya era hora de que una película de ciencia ficción mostrara lo peligrosos que pueden ser unos asesinos nanogenéticos de tamaño microscópico. En resumen, la pandemia.

Pero estos conceptos, sumado a la seriedad de enfoque acerca de una cuestión de fondo más que interesante: “¿Merecemos, como raza, ser o no salvados?”, se diluyen por la poca densidad dramática de los acontecimientos planteados por el guión. Las sorpresas emocionales de la película no justifican con la solidez necesaria un cambio de actitud en Klatuu, quedando completamente coja la resolución y desarrollo del film dado que no nos podemos creer que sus personajes actúen como actúan.

Una relación romántica entre Klatuu y Connelly hubiera ayudado, por muy puritanos que estén hoy en día en Hollywood. También una mayor implicación del niño encarnado por Jaden Smith, hijo de Will Smith, en la trama más allá de estar siempre pidiendo a su madre que acabe con el alienígena porque “es lo que hubiera hecho papá” (el papá en cuestión falleció en el servicio militar; muriendo por el honor de las barras y estrellas, vaya).

En cuanto a la puesta en escena, irritante. Irritante no por torpe, si no por formulaica. La dejadez en implicarse con el material llega a ser tan extrema por parte de Derrickson que las secuencias de acción se encuentran “aisladas” de la trama y son meras excusas para justificar los 80 millones de dólares de presupuesto con los que ha contado esta superproducción. Además, el hecho de emplear una banda sonora que no es más que un pobre acompañamiento narrativo, que abusa de la percusión y del estilo empleado en otras producciones del corte de “Transformers”, no ayuda en nada a dotar de una mínima personalidad en lo estético a este “Ultimátum la Tierra”.

En resumen y para finalizar, dado el erial en el que la cartelera cinematográfica se encuentra estas navidades, la pregunta es evidente: “¿Merece la pena apostar por ‘Ultimátum la Tierra’?" Pues… Probablemente sí. Pero por descarte.

Sr. Derrickson y compañía, muy lejos de la meta esta vez.

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