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Watchmen: Sobre la verdad y otras zarandajas

el  Sábado, 07 March 2009 01:00 Por 
Análisis de lo que Zack Snyder ha hecho con la "NOVELA GRÁFICA MÁS ACLAMADA DE TODOS LOS TIEMPOS".

Comenzó con un destello.

Un flash de luz en la oscura sala. En la pantalla, Rorschach no dejaba de acuchillar, una y otra vez, el cráneo de un pedófilo. El fotograma se congeló al unísono con el estallido de luz. Un machete, un chorro pintado de rojo digital y dos siluetas negras.

La sala se había quedado vacía. Me di cuenta en un instante. Por delante de mí, nueve filas de butacas vacías. Por detrás, otras tantas. A mi izquierda, media hilera de vacantes. A mi derecha…

A mi derecha, Alan Moore.

Barba y melena, anillos en ambas manos y ojeras bajo los ojos. Unos ojos tristes.

—This is the end.

Sonrió y no dijo más.

El destello pasó. Volvieron los espectadores. Bajó el machete de Rorschach.  Y otro chorro de rojo digital brotó del pedófilo cráneo.

“This is the end”, musité, en respetuoso silencio para los que estaban disfrutando de su entrada. This is the end… ¿Por qué, Alan? ¿Por qué “This is the end”? ¿Por qué no “This is a shit” o “This is a joke”?

This is the end…

Con el “The End” de la película, (sí, por supuesto, hablamos del “Watchmen según Zack Snyder”) me quedó claro porque había que colgarle el “This is” delante. Pero lo cierto es que antes de hablar de ello debo hacer acto de penitencia. La frivolidad me ha traicionado. Y la soberbia.

Soy consciente, tanto como el lector, que Alan Moore no se materializó para revelarme (¡a mí en exclusiva!) una verdad no compartida con el resto del público durante la proyección de la película. Soy consciente, también, que, en el mundo etiquetado en el que vivimos, una broma así al arrancar esta reflexión al vuelo tras visionar uno de los blockbusters más esperados del año me pueden granjear enemistades e incluso insultos. De “Gafa-Pasta” para arriba.

Pero también soy consciente de algo más…

Me da igual.

Me da igual porque no pienso callarme.

No pienso callarme porque en tela de juicio se encuentra el cine, el arte y también esa reflexión sobre ambos que damos en llamar crítica. Pasó con “Sin City”, pasó con “300”, pasó con “The Spirit” y ha vuelto a pasar con “Watchmen”. Y, chicos, no aprendemos.

La premura del mundo mediático en el que vivimos impide analizar con la debida distancia los productos que debemos enjuiciar. Nuestra labor de críticos obliga, sea desde el medio que sea y en el formato que se tercie, a estar de actualidad, a la moda, a la que salta… Y así, sin tiempo más que para reflejar una opinión superficial y presurosa, caemos con facilidad en las simplificaciones o más llanamente en el error.

Pero no es atenuante. Debemos esforzarnos más.

Debemos esforzarnos más porque la mayoría de críticas vertidas a “Watchmen”, tanto las positivas como las negativas, no ponen en tela de juicio la verdadera y clamorosa cuestión que plantea el tipo de cine emprendido por Zack Snyder en sus dos últimas películas. Resumiéndolo en un término tal vez rimbombante: el anti-cine. Y el anti-arte.

Zack Snyder asesina en Watchmen todo lo asesinable de la esencia presente en el original precisamente eligiendo la vía que, en teoría, debería preservar dicha esencia con mayor mimo. Zack Snyder ha repetido por activa y por pasiva (tanto en este film como en “300”) que su intención no es adaptar una novela gráfica sino trasvasarla al medio cinematográfico.

Son dos conceptos bien distintos.

Adaptar una novela gráfica no es distinto de adaptar cualquier obra de arte. Uno experimenta el original y en función de esa experiencia crea, con suerte, arte en segundo grado. Es decir, se emplea lo sugerido por el original y, o bien germina una obra distinta que parte de esa emoción o bien se comprende la esencia del original y se busca su fidelidad en otro lenguaje artístico.

Pero eso no es lo que Zack Snyder propone.

Lo que Snyder ha hecho con Watchmen es confundir la copia con la fidelidad. Pero la copia descerebrada. Snyder ha replicado las viñetas.  Snyder ha replicado los diálogos. Snyder ha replicado el look de los personajes y de la época retratada. Y, sin embargo, Snyder ha perdido a “Watchmen” por el camino.

La profundidad política y humanística de la novela gráfica se diluye en sus propias imágenes. Porque el sentido de éstas está desligado en la gran pantalla de su sustrato. Son meras copias sin alma, caricaturas que “imitan” sin llegar a “ser” jamás.

Y lo verdaderamente irritante es que Snyder llega al extremo de pervertir el sentido del original con fines comerciales. Uno comprende que Alan Moore se irrite hasta el extremo con este film cuando el público corea las sangrientas hazañas de Watchmen y las corea porque Snyder subraya su brutalidad con un humor burdo y chabacano, apelando, al igual que hizo en “300”, a los instintos más bajos de los espectadores mediante la violencia más explícita y exagerada y, por tanto, disfrutable.  

En definitiva, el “This is the end” que Alan Moore (no) me dijo, era una constatación de que este es un camino ya explorado, sobado (desde “Sin City” hasta aquí ya van varios intentos similares) y destinado al más estrepitoso de los fracasos artísticos.

Otra cosa es que uno se forre con ello. Pero también se forraban en el coliseo.


Normal que el bueno de Alan se quede en el castillo. A veces, parece la única opción sensata.

Medios

watchmenmvbts.flv

Y además...

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