Scifiworld

X-Men Orígenes: Lobezno: Con las garras melladas

el  Domingo, 03 May 2009 02:00 Por 
Análisis de “X-Men Origins: Wolverine”, spin-off de la franquicia “X-Men” que se estrenó el pasado jueves 30 de abril.

Por fin, ha llegado el momento.

El 2009 arranca.

Mayo es el punto de inflexión. Empezando por el título que nos ocupa, “X-Men Origins Wolverine”, y concluyendo con “Harry Potter y el Príncipe Mestizo”, que llegará a la gran pantalla el próximo 15 de julio, la batería de blockbusters de mayor fuste que podremos disfrutar este 2009 (con permiso de esa incógnita total destinada a cambiar poco menos que el destino de nuestra especie, “Avatar”, lo nuevo de James Cameron) se desparramará durante las próximas semanas en un géiser imparable.

Pero antes de que los más jugosos manjares pasen por nuestra mesa, la undécima de “Star Trek” y la cuarta de “Terminator”, por ejemplo, es turno de hincarle el diente, con precaución, eso sí, a este spin-off de la franquicia “X-Men” titulado “X-Men Orígenes: Lobezno.

Y el plato nos ha salido... Soso. Muy soso.

“X-Men Orígenes: Wolverine” podría haber sido un blockbuster excelente y si uno se deja llevar por las sensaciones que transmiten sus extraordinarios títulos de crédito, así lo valoraría. En una idea visual que guarda más de una similitud con los mostrados en “Watchmen”, curiosamente, también lo mejor de dicho film; un fugaz montaje nos transporta, entre ralentís que congelan la imagen e insertan en dicho fotograma el título de crédito en cuestión, a través de las batallas más relevantes libradas por Estados Unidos a lo largo de su historia con James Logan (Lobezno) y su hermano Victor Creed (Dientes de Sable) como protagonistas. Desde la guerra de secesión hasta las masacres bajo y sobre las palmeras de Vietnam, Victor y James muestran ya uno de los conflictos dramáticos claves en el film. Mientras que el futuro Dientes de Sable disfruta con la violencia y el salvajismo que le impone su condición de militar, Logan controla su lado oscuro y trata de refrenar este desatado espíritu salvaje que impera en todas las acciones de su hermano. Finalmente, rodeados de un escuadrón de boinas verdes, el dúo de hermanos es atrapado y puesto frente a un pelotón de fusilamiento. Con los disparos cortamos al título: "X-Men Orígenes: Lobezno".  

Antes ya habíamos asistido al drama que marcará la vida de Logan, un trauma relacionado con su verdadero padre que sucede en una mansión colonial de estilo victoriano y cuyo desenlace es la fuga de ambos hermanos y el posterior enlace con los títulos de crédito. Precisamente la virtud de éstos, su síntesis de acontecimientos muy dilatados en el tiempo en una secuencia que los encadena, es el defecto que lastra en mayor medida a la película ya desde su prefacio.

“X-Men Orígenes: Lobezno” padece de un defecto endémico en el panorama hollywoodiense actual. Lo podemos llamar, pomposamente, hipercondensación narrativa. O lo podemos llamar, efecto-tráiler. Y decimos efecto-tráiler porque el problema surge de que el argumento se desplaza a una velocidad equivalente a la de un tráiler, es decir, no se trabaja debidamente el suspense narrativo.

Un ejemplo claro, la relación de Lobezno con Kayla Silverfox, una bella y joven maestra de origen indioamericano con la que el mutante mantiene una relación en la frontera canadiense durante seis años. El error de Gavin Hood y sus guionistas es lo que deciden mostrarnos de la relación. En la secuencia anterior a nuestro primer encuentro con la pareja, Logan había tomado una decisión vital. Separarse de su hermano y de la vida de violencia a la que su condición de mercenarios los abocaba. Corte y nos encontramos en un bello y nevado paisaje con un Lobezno ya amaestrado y con dueña. Ergo, la elipsis nos ha escatimado lo mejor.

James Cameron demostró en su saga “Terminator” los réditos que tiene, aún en un film de acción, el trabajar la identificación afectiva del público con los personajes antes de someterlos a los rigores de la sangre, la pólvora y las explosiones. En eso falla (en realidad, no sólo en eso, pero se trata del error fundamental) “X-Men Orígenes: Lobezno”, en la nula implicación de nosotros, espectadores, con ellos, protagonistas. Ni con los buenos ni con los malos. Entre palomita y palomita, y algún tímido estremecimiento ante la espectacularidad de una secuencia, sólo resta el tedio.

Hablando precisamente de espectacularidad, lo cierto es que tampoco se puede decir que Gavin Hood se haya lucido en su papel de director. Aunque existe una secuencia (la persecución tanto por tierra como por aire de un Logan a lomos de una motocicleta) que sí reune los suficientes atractivos que deben exigírsele a una producción de este calibre -a saber, ingenio en la profusión de acontecimientos, claridad en la disposición de los mismos y dinamita en el momento adecuado-, en general, la acción de la película es bastante intrascendente. Los tres combates entre Victor y Logan son poco estimulantes y abusan tanto del ralentí como del hiper-montaje, siendo poco claros y, además, degustándose con un sabor rancio. Por su parte, la secuencia postrera del film, y la que ostenta la mayor carga de efectos visuales, el combarte con el Arma XI, se va al traste por un abuso de unas horribles tomas grúa en las que la mala integración del fondo y una coreografía superficial, restan todo el atractivo al que debería ser el grand finale de la función.

En lo positivo, el carisma de Liev Schreiber en el papel de Victor Creed, muy por encima de la vacuidad de su personaje; el diseño de producción en la que, probablemente, sea la mejor secuencia de la película, la visita que Victor realiza a la caravana de Bolt (Dominic Monagham), un habitáculo completamente repleto de bombillas y juguetes varios con reminiscencias al fantástico apartamento del ingeniero biológico J. F. Sebastian de "Blade Runner" y la curiosidad de cotejar cómo se conecta este episodio con los otros capítulos de la saga.

Eso sí, de mucho no sirven las molestias de coherencia teniendo en cuenta que Dientes de Sable sí aparecía, y muy animalizado, en la primera entrega de “X-Men”, sin que en ningún momento se sugiriera la relación fraternal con su competidor Lobezno (y, tal y como termina este spin-off, nada nos indica que la amnesia de Logan sea contagiosa a su querido hermano).

A no ser que pretendan dar cuenta de esta oquedad argumental con una “X-Men Orígenes: Dientes de Sable”.

Si lo hacen, que le echen más salero al asunto. O los bostezos apagarán el estruendo de las explosiones.

Medios

wolverinet3.flv
Más en esta categoría: « La Última Ola Gattaca »

Y además...

59.jpg

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

Copyright © 2005 - 2020 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..