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David Bowie fallece a los 69 años

el  Lunes, 11 January 2016 10:33 Escrito por 

Una triste pérdida para la música y el cine

La plaga que parece asolar desde el pasado año las huestes del fantástico continúa. El legendario Duque Blanco, Ziggy Stardust, nuestro querido Rey Goblin, David Bowie falleció ayer en Nueva York a causa del cáncer. Los perfiles en las redes sociales del artista amanecían esta mañana con la triste noticia: "David Bowie ha muerto en paz hoy rodeado de su familia, después de una valiente lucha de 18 meses contra el cáncer. Mientras muchos de vosotros compartiréis la pérdida, pedimos respeto a la privacidad de la familia durante su tiempo de dolor".

Tras unos momentos de incertidumbre en los que todos creíamos que se trataba de uno de los fakes que tan lamentablemente pululan por la red, su hijo Duncan Jones confirmaba la noticia: "Lamento mucho y me entristece decir que es verdad”.

Una triste noticia que ensombrece este lunes y declara el luto en el mundo de la música, el cine y el arte en general.

Para recordar a David Bowie recuperamos un artículo que publicamos en 2006 sobre su figura. DEP.

bowie

DAVID BOWIE: UNA EPOPEYA BISEXUAL INTERGALÁCTICA
Por Hugo Izarra

Histriónico, andrógino, alienígena… Casi todos los epítetos que lo definen son hiperbólicos y esdrújulos. Imposible pronunciar ya su nombre sin invocar a la leyenda viva, al artista integral de nuestro tiempo, que durante las últimas cuatro décadas ha sabido sacudir con sus vaivenes los frágiles cimientos del arte contemporáneo reelaborando su propia fórmula: La eterna perennidad.

Desembarcó en el planeta el mismo día en que el hombre puso sus pies sobre la Luna. Poco antes de vender el Mundo y convertirse en la frágil Hunky Dory, David Robert Jones —más tarde Bowie, entonces en la piel del arrojado y mediático Comandante Tom— aterrizó en la Tierra vestido de astronauta, a bordo de una nave espacial de celofán, dispuesto a asaltar y derribar las listas de éxitos con una canción: Space Oddity.

Rareza espacial. Pocas palabras podrían describir mejor su excéntrica imaginería; la fulgurante estela de rebeldía e inconformismo, la evolución constante, su adicción al histrionismo —amén de a otras sustancias menos legales— y la resolución de reinventarse permanentemente de un hombre que prefirió enfrentarse al inexorable paso del tiempo y refulgir, antes que verse consumido lentamente por el fuego de la hoguera, como hicieron otros.

No es de extrañar, por ese y algún otro motivo, que en su primer papel reseñable en el cine interpretase a un extraterrestre. Sólo tres años antes de que eso ocurriese, lo hizo también, transformado en esta ocasión en el bisexual y andrógino Ziggy Stardust, encabezando así la revolución del movimiento Glam con uno de los discos más memorables de la historia del rock: The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars.

Con el paso de los discos y los años, Bowie seguiría encarnando otros papeles dentro de su particular galería de personajes aberrantes: Desde Aladdin Sane — eufemismo manifiesto de A Lad Insane, en homenaje a su hermano esquizofrénico— al popularísimo Duque Blanco, pasando por el siniestro Pierrot de Scary Monsters o el hombre del parche en el ojo que sucedió a Stardust.

FAVORITO DE LA CENSURA

Toda esta parafernalia cósmica alucinógena, sumada a la temprana y arriesgada confesión de su homosexualidad y adicción a las drogas, le proporcionó un aura incómoda y extraña y una sórdida imagen de personaje controvertido y degenerado.

Eran otros tiempos. De esta forma, alimentó sin querer una fama monstruosa que le reportó tantos detractores como admiradores e imitadores. Eran los primeros setenta y el Glitter Rock comenzaba a florecer en Inglaterra y amenazaba con extender la provocadora marca de su ambigüedad por todo el mundo. El escándalo estaba servido.

Negándose a aceptar que “aquella mujer” pudiera llamarse David, los censores de muchas cadenas de televisión europeas obligaron a sus presentadores a referirse a él solamente como Bowie. Otros, directamente, cancelaron la emisión de sus videoclips por entender que eran obscenos. Algunas emisoras de radio dejaron de pinchar sus canciones por el mismo motivo.

Con todo, su popularidad siguió creciendo como la espuma. Apareció desnudo en la portada de Diamond Dogs, uno de sus trabajos más aclamados, mostrando alegremente sus atributos de canino adamantino. La censura no tardó en actuar y erradicó de cuajo su pene de perro, para disgusto de muchos.

STARMAN

En una entrevista concedida a la revista Playboy en 1976, salió al quite con unas declaraciones sobre su sexualidad: “Es cierto: Soy bisexual. Pero no negaré que he sabido aprovecharme bien del hecho de serlo. Supongo que ha sido lo mejor que me pudo haber pasado. Y lo más divertido, también”.

Ese mismo año, Nicolas Roeg apostó por él para interpretar el papel protagonista de la adaptación cinematográfica de El hombre que cayó a la Tierra, basada en la novela homónima de Walter Tevis. En este clásico olvidado del cine experimental, Bowie se ponía en la piel de un inquietante extraterrestre que llegaba a nuestro planeta con la misión de salvar a su raza, pero que acababa sucumbiendo miserablemente a las tentaciones humanas, alcoholizado y vagando como un loco por las tabernas de Kentucky.

A pesar de ser una película demasiado adelantada para su tiempo, su éxito fue considerable. De tal forma que, tres años más tarde, repetiría —esta vez con menos fortuna— su salto al celuloide de mano de David Hemmings en la película Gigoló. No obstante, y pese a encabezar un reparto de lujo, la película fue un rotundo fracaso y Bowie, decepcionado, no volvería a acercarse al cine hasta dos años después. Lo hizo colaborando en la banda sonora de una producción menor alemana titulada Christiane F, que abordaba el tema de la drogadicción. Paradójicamente, lo hizo al mismo tiempo que se desintoxicaba en Berlín.

El gran éxito llegaría, sin embargo, tan sólo dos años después. Por partida doble. Después de una etapa musical bastante floja de la que lo más reseñable fue el cambio de color de su tinte de pelo, el cantante demostró su savoir faire luciendo su oxigenado en El Ansia, a las órdenes de Tony Scott y en Feliz Navidad, Mr. Lawrence, de Nagisa Oshima. Dos trabajos memorables que le granjearon el respeto de quienes hasta entonces le consideraban intruso en su terreno. 1983 fue un año redondo en ese sentido: El de su consagración como actor.

Un año antes de interpretar su mejor papel, participó brevemente en la trepidante comedia de John Landis, Cuando llega la noche, junto a Jeff Goldblum y Michelle Pfeiffer, dando vida a Colin Morris, un sicario sin escrúpulos que se sumaba a la feroz persecución de los protagonistas.

Al año siguiente, Bowie volvió a ponerse ante las cámaras en dos ocasiones. La primera: En el musical Principiantes, para el que también compuso el tema principal. La segunda: La inolvidable Dentro del Laberinto, de Jim Henson, en que encarnaba a Jareth, el rey de los Goblins. Un papel hecho a su medida, como demostró.

A partir de entonces sus apariciones en la gran pantalla fueron menores, pero también dignas de mención: En 1988 interpretó al gobernador Poncio Pilatos en la polémica La Última Tentación de Cristo, de Martin Scorsese.

Y a principios de los noventa encadenó dos papeles por los que no pasará a la historia: Monte, el ladrón de Encadenadamente tuya (1991) de Richard Shepard y el agente Philip Jeffries de Twin Peaks (1992), de David Lynch.

Durante los años siguientes, y tras fracasar estrepitosamente con su proyecto de creación de la mega-banda Tin Machine, David Bowie se centró en su carrera como solista y publicó varios discos de diverso calado: El clásico Black Tie, White Noise, que le sirvió para reconciliarse con sus fans, y los inclasificables pero interesantes 1. Outside y Earthling.

En 1996, Julian Schnabel lo recuperó para el cine de la mano de Basquiat. En otro de esos papeles fabricados a medida, Bowie interpretó magistralmente a su admirado Andy Warhol. Regresó a Europa dos años más tarde para dar vida a Jack Sikora, un pistolero de baja estofa en la italiana Gunslinger’s Revenge junto a Harvey Keitel y colaboró al año siguiente en la desafortunada Everybody loves sunshine, todo un despropósito.

Sus trabajos más recientes, anteriores a The Prestige, —la película de Christopher Nolan, en la que interpreta al físico e inventor Nikola Tesla— han sido bastante discretos. En 2000, protagonizó El Secreto de Mr. Rice y un año más tarde colaboró en Zoolander con un pequeño cameo en que se reía de sí mismo. Genio y figura, desde luego, Mr. Chameleon Eyes: El hombre que cayó al celuloide.

A continuación os ofrecemos el vídeo de Lazarus, tema perteneciente a su reciente álbum Blackstar.

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