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Sitges 2013: Las películas (10)

el  Miércoles, 23 October 2013 09:40 Por 

The Sacrament y Lesson of the Evil cierran nuestros comentarios sobre las películas vistas en Sitges 2013

La mañana comenzó con el último film de Ti West, un realizador estadounidense defensor a ultranza del cine independiente de terror (sobre todo a tenor de su experiencia como realizador en Cabin Fever 2), aquél que se considera underrated, subestimado por no desplegar los exuberantes medios de la industria, pero que curiosamente puede ser superior si hay imaginación y capacidad, como es el caso de West. Nos presentó The Sacrament, que no está mal, aunque su mejor film, por el momento, sigue siendo The Innkeepers, que no parece haber visto mucha gente. En The Sacrament, producida entre otros por Eli Roth y no por el habitual de West, Larry Fessenden, sigue con su estilo slow burning. Todos sus filmes personales tienen un planteamiento de circunstancias que se van conjugando para ir calentando el ambiente hasta que la cosa estalla. Lo que sucede es que Tim West lo sabe hacer muy bien, es climático, se detiene en los personajes, que devienen densos, sabe generar una inquietud indefinida en el espectador mediante un sutil juego psicológico con pequeños detalles que no sólo no le permite aburrirse, pese a que realmente no esté sucediendo todavía gran cosa, sino que va escalando puntos de ansia casi insoportables. Si bien eso ya se percibe con acierto en The Roost, Trigger Man, y sobre todo en la espléndida The House of The Devil, es The Innkeepers, donde en alguna medida flota la inspiración de The Shining, el film en que puede admitirse abiertamente una maestría en el uso de los tempos y en la combinación de elementos. Si bien es cierto que en todos sus filmes de terror hay un realismo impactante, The Sacrament, para la que West usa el estilo tan de moda del found footage, aunque conserva ese logrado verismo del realizador, se aparta del terror clásico que el director admira abiertamente, para adentrarse en un terror mucho más contundente y humano, el que emana de una secta que rechaza el mundo moderno consumista y tecnificado. La secta se ha instalado en un lugar ignoto, en pleno campo, cuyos feligreses, a la llegada de un equipo de reporteros, tras los primeros disimulos y sonrisas, irán dando paulatinas muestras de hastío, terror de ser descubiertos pensando diferente de lo que toca, y voluntad de querer marchar. Su pastor no está dispuesto a admitir el fracaso y que lo ha hecho mal; le asiste cierto proceder tiránico sotto voce, cierta tendencia a pensar por todos sin imaginar siquiera que pueda haber réplica, y opta por la inmolación colectiva. Muestras de este horror sectario con suicidios colectivos, efectivamente, ha habido varias en la historia de los EE.UU., y no cabe duda que West, con este film, ha efectuado un giro hacia una dramatización de voluntad más sociológica, que invita más a una reflexión grave del estado de cosas.

No obstante, no podemos decir que el slow burn funcione con tanta efectividad como en The Innkeepers, y es cierto que en ciertos momentos el operador de cámara se pasa de profesional al grabar en circunstancias donde lo único en lo que se puede estar concentrado es en salir corriendo; puede que incluso falte algo de intensidad en el sutil proceso de ir viendo detalles que indican que eso no es el Paraíso que pretende parecer. Sin embargo, la cinta sigue viéndose con interés y tensión, pues las manipulaciones del pastor (“Father”) en la entrevista que concede al reportero, más las miradas furtivas de algunos congregados nos hacen pensar si dicho “Father” había siquiera pensado en algún momento en dejar partir al equipo de periodistas.

El homenajeado Takashi Miike aportó Lesson of the Evil, un film más de su vasta carrera, con más de 90 títulos a sus espaldas entre ‘directo a vídeo,’ televisión y cine, habiendo iniciado su carrera como realizador y director cinematográfico tan sólo desde 1991. No podemos decir que Miike nos satisfaga en líneas generales, aunque obviamente no se puede ser el mismo tras el visionado de verdaderas marcianidades de gran impacto como Audition e Ichi the Killer. Miike es un director por lo general proclive a la violencia más desgarradora, y al sexo más enfermizo; no carece de un sentido del humor más que negro, y de una esencia más oscura que la de Takeshi Kitano, con quien comparte el gusto por tocar todos los géneros. Diríase obsesivamente dedicado a intentar traspasar todo límite. De él precisamente valoramos dos largometrajes que, la verdad sea dicha, no parecen suyos: los remakes de filmes de la era de oro del cine japonés, 13 Assassins, y Hara-Kiri: Death of a Samurai, grandes recreaciones del pasado samurai que alcanzan, particularmente el segundo título, gran profundidad y emotividad. Lessons of the Evil tiene precisamente algún contacto con otro film oscuro, Battle Royale, de Kinji Fukasaku, donde actuaba, mira por donde, Takeshi Kitano. En Lessons of the Evil parece expresar tangencialmente, como en aquél film, cierta preocupación de la sociedad japonesa por cómo van las cosas de la educación en el país nipón y, de hecho, casi que los institutos y colegios parecen en sí mismos un subgénero cinematográfico bien japonés (aunque también estadounidense), particularmente en el ámbito del cine de terror. Claro está que Miike, como en otros ejemplos visionados en Sitges, toma como pretexto este background para dar rienda suelta a un tratamiento sádico y desmesurado: un profesor que parece preocuparse por la disciplina y que tiene cierta ascendencia entre el alumnado, es en realidad un monstruo (hay un prólogo en que brevemente entendemos que en su adolescencia ya carecía de toda empatía) que opera sibilinamente asesinando de tanto en tanto y dando siempre apariencia de suicidio. Hasta que el seguido de circunstancias que amenazan con evidenciarle hacen que le salte la tapa de los sesos y se dedique a eliminar alumnos con una escopeta cierta noche en que todos están congregados en el instituto para celebrar una fiesta de ambiente macabro. En la enfermiza mente del asesino, subyace la convicción de que cuanto hace es por voluntad de Dios. 

Cierto planteamiento primero, la parte sibilina, aún guarda determinado interés narrativo, propiamente de thriller más o menos convincente. Aquí, determinados profesores no son trigo limpio (se aprovechan sexualmente de menores o son homosexuales), y hay alumnos que tampoco, todo lo cual el serial killer aprovecha para hacer chantaje justiciero. Pero la masacre de la segunda parte resulta reiterativa: todo se limita al corre-que-te-pillo para salvar la vida, con ocasionales puntos de tensión efectiva, lo que la hace aburrida y acaba por desinteresarnos. No se le puede exigir siempre lo excelso al buen profesional, o al maestro, si se quiere.

Pese a la mayor o menor condición autoral (extremo harto discutible) que se les quiera atribuir a cineastas prolíficos como Miike o Kitano, en todo caso no cabe duda de que ambos tiene muy claro que esto es un negocio y que hay que vender para seguir trabajando. Por tanto, el facto comercial y crematístico está demasiado presente en ambos. Lessons of the Evil entraría de pleno en este argumento.

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