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Sitges 2013: Las películas (I)

el  Domingo, 13 October 2013 12:42 Por 

El 11 de octubre dio comienzo en Sitges la cuadragésimo sexta edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña. Como se ha venido informando, ciertamente la presencia del cine fantástico catalán y español va teniendo cada vez mayor auge, mayor nivel, y mayor registro internacional.

Hasta tal punto que, como Ángel Sala sugirió en la presentación del film inaugural, Grand Piano, de Eugenio Mira, y producción de Rodrigo Cortés, no se acaba de entender eso de la mala calidad del cine producido en la piel de toro, como se atrevía a sugerir a su vez el ministro Montoro recientemente acaso tratando de justificar el maltrato al cine y a la cultura por parte de la administración central. Quizá algo menos inspirado que en The Birthday y en Agnosia, cintas algo vilipendiadas pero que aun así nos parecen originales, Eugenio Mira logra sin embargo, con Grand Piano, un producto mucho más calculado, de timing impecable y puesta en escena espectacular. Elijah Wood, que todo indica que hizo el año pasado buenos amigos cuando vino a presentar Maniac, de Frank Khalfoun, encarna a un prestigioso pianista alejado de los proscenios desde hace cinco años por sufrir pánico escénico. La noche de su retorno, en una sala de un Chicago llovioso, quiere que sea tocando el piano con que su maestro, recientemente desaparecido, le enseñó. John Cusack, sin embargo, le amenaza con dispararle en plena actuación si erra una sola de las notas de una composición de dicho maestro que podría calificarse de endiablada: “La Cinquette.” ¿Qué intenciones guarda el posible asesino? ¿Cuáles son sus motivos? Film prácticamente de espacio único, evoluciona acertadamente de acuerdo con las leyes que impone la narrativa de una situación así, rememorando, según reza en las notas del propio Festival, a Hitchcock, y muy concretamente a La Soga o El hombre que sabía demasiado, pero que también nos retrotrae a esos cuentos tan sutiles y sibilinos de Hoffmann, poblados de músicos e instrumentos inquietantes, de resortes secretos y maquinarias diabólicas. Así pues, la originalidad quizá no sea lo más destacable del producto, y pese a la presencia de grandes actores, también se admitiría que a alguno de ellos no se le extrae todo su potencial (caso de John Cusack, cuya voz –esencial para el argumento- obliga al visionado en versión original). Por otro lado, puede que también deba admitirse que la cinta no alcanza el índice de tensión requerible en determinadas secuencias que buscan eso, aunque se hace difícil razonar el motivo por el que acaba percibiéndose así. No será por el montaje, ni por el ritmo interno de las secuencias, a todas luces logrados, sin embargo, puede que la elección de Kerry Bishé como esposa de Wood no haya sido la adecuada: a la actriz le falta intensidad, vida habida cuenta de su protagonismo en cierta específica secuencia del film; y su físico no es creíble como compañera del pequeño Frodo. Por otro lado, el modo en que el film se acaba puede dejar una primera sensación de fastidio, de querer saber más, sin embargo, a los pocos segundos nos damos cuenta de que finaliza en el momento justo, pues todo se ha dicho y el film ya ha explotado enteramente aquello que le ha dado sentido.     

Sin embargo, por ahora, la cinta que no ha dejado al respetable indiferente (algunas de sus secuencias nos dejan con auténtico mal cuerpo) ha sido la propuesta por el actor y director Eli Roth: The Green Inferno. Recordando aquellas cintas de los 70 como Mundo caníbal o Holocausto Caníbal, Roth toma prestadas varias ideas de ellas y pergeña su particular versión carnicera acerca del choque cultural entre unos estudiantes ingenuos que creen detener la devastación del Amazonas manifestándose ante las máquinas y una tribu amenazada con quedarse sin hábitat que les confunde como trabajadores de la empresa desforestadora. Uno a uno irán siendo devorados en vivo y en planos quizá más logradamente efectistas que explícitos, que es como supuestamente se vende el producto (las de los 70 eran más crueles y explícitas a todas luces). Lo verdaderamente curioso de este film, es que su discurso, su criterio del mundo sería de lo más nihilista (este mundo es una cloaca donde ni siquiera las buenas causas se ejercen y defienden sin un interés pecuniario; ojo con lo que reivindicas pues puede que acabes deseando aquello que inicialmente combates cuando es la propia existencia lo que está en juego) a no ser por la actitud que mantiene en el desenlace una de las protagonistas, rica en interpretaciones y matices.

El maestro Terry Gilliam nos ha sorprendido también con The Zero Theorem. Los fracasos seguidos que el gran cineasta ha encajado en los últimos años parecen haberle doblegado un poco reconduciéndole a la línea Brazil, que tanto reconocimiento le granjeó, es decir, retorna (en alguna medida) a una narrativa más comprensible. Sin embargo, la cinta, con todo y un presupuesto menor, tiene una puesta en escena bastante espectacular. Gilliam no renuncia ni por un momento a su visión alucinógena, barroca, sucia, caótica de éste nuestro mundo, cuyos últimos amos siguen siendo capaces de manipularnos y conducirnos por veredas dispuestas para satisfacer sus intereses a costa de cuantos sacrificios humanos sea necesario. Como gran admirador de Philip K. Dick que es, hace de su protagonista principal (nada menos que un impecable, incontestable Christopher Waltz), el títere de una historia negra, un personaje usado que transita con crecientes dudas acerca de quién es realmente (a medida que progresa su investigación sobre la razón de existir), y mayores desvaríos sobre si lo que vive es cierto o engaños virtuales dispuestos para él por ese poder dickiano que juega con nuestra identidad y acaba por destrozarnos cuando estamos cerca de descubrir verdades incómodas. Waltz sigue siendo ese hombre a la búsqueda de un padre (Dios) que responda a las preguntas que atormentan a todo hijo abandonado. Acompañan a Waltz, Mélanie Thierry, un David Thewlis brillante, y unos Matt Damon y Tilda Swinton apenas detectables.

Magic Magic es una producción chilenoamericana bajo dirección de Sebastián Silva que nos ha dejado sorprendidos. No esperábamos gran cosa de la cinta, y hemos acabado enfrentados a la historia de una joven con serios problemas psíquicos que acaban por llevarla a la autodestrucción cuando se dan ciertas circunstancias que acaban configurando la “tormenta perfecta,” en esta caso, la convivencia en una casa de campo en Chile entre una norteamericana y unos chilenos. Un film tétrico, terrorífico, un viaje a lo oscuro, a lo asfixiante, que no deja indiferente. Las jóvenes actrices Juno Temple y Emily Browning, y toda una revelación (pese a que ya lleva una trayectoria) como el canadiense Michael Cera, que logra hacerse odiar intensamente, resultan sin duda piezas claves de este sólido film más realista y dramático que fantástico.

Upstream Color, de Shane Carruth (aviso: es el director de Primer), es un film que si bien narra una historia atroz y hasta cierto punto también dickiana en lo referente a los conflictos identitarios, logra hacerse tan odiosa como el primer largo citado del director. Una narrativa críptica, reiterativa, inconexa, absurda, y un uso de la cámara siempre inestable y abusivo de los primeros planos, acaban por provocar el bostezo y la desconexión de una buena porción de mortales.  

Y un último apunte para uno de los filmes del chino Johnnie To, objeto de homenaje en el certamen: Blind Detective es un film si se quiere simpático, acerca de un detective ciego que se encarga de dar con asesinos en serie de la más variada calaña cuyos casos la policía ha olvidado por irresolutos. La cinta es excesivamente larga, pues combina diversos plots por el mismo precio, haciendo el producto un tanto disperso, cuando menos. Sin embargo, dado que el tratamiento es de comedia dramática con momentos muy acertados, y que los dos actores principales, Andy Lau y Sammi Cheng, lo hacen muy bien, lo cierto es que hay tentaciones de pasar por alto el cúmulo de irregularidades y excesos que acompañan al producto.  

Y no podremos comentar otro plato muy interesante de la cinematografía catalana: Los inocentes, dirigida por diez directores surgidos del ESCAC, sencillamente porque somos mortales y necesitamos ciertas dosis de sueño.

Seguimos informando, y vaya por delante que pese a las crisis y restricciones (monetarias, sobre todo), todo está indicando que se trata de un año con una cosecha buena.

Y además...

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