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Uncle Boonmee who can recall his past lives

el  Viernes, 15 October 2010 02:00 Por 

Crítica de este esperado título del certamen.

 

Se va acercando el final de Sitges 2010 y con la Sección Oficial habiendo ofrecido ya prácticamente todas sus armas, empiezan a ocupar su lugar de interés algunos de los títulos no competitivos más esperados del festival. Hoy ha abierto la veda la flamante ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, premio que se supone el más prestigioso del arte cinematográfico, aunque hace ya unos años que ha ido sufriendo decisiones que lo han ido devaluado. En esta pasada edición el reparto que debía organizar un jurado formado por artistas tan dispares como Víctor Erice o Tim Burton no parecía que fuera a ser tarea fácil, pero curiosamente hubo consenso a la hora de decidir otorgar el galardón principal a este título.

Contemplándolo hoy en la pantalla grande es fácil ver cuáles son los elementos que lograron satisfacer por igual a dos creadores tan distintos. Apichatpong Weerasethakul, quien ya contaba en su filmografía con títulos tan reconocidos y personales como "Tropical Malady", juega con este film a adentrarse una vez más en el terreno fantástico (concretamente el de las historias de fantasmas), haciendo aparecer en él a familiares fallecidos que regresan del más allá (uno de ellos con la icónica forma de un hombre mono de pelaje negro como el alquitrán y ojos rojos y luminosos), y también, a través de diferentes historias que ocurren en distintas épocas (y que van unidas por la excusa argumental que da título al film), a un espíritu pez que viola en un lago a una princesa o a un grupo de hombres mono que observan el viaje físico y mental de los personajes por el interior de una gruta.

Las distintas apariciones de lo fantástico estén bañadas de una visualización sencilla pero diferente y eficaz, que incluye momentos a retener como el de los fantasmas que se presentan a la mesa a través de un lento truco óptico de sobreexposición o la secuencia con la que arranca la cinta (la favorita de este Guardián), imbuidos todos ellos del espíritu de una tradición de los cuentos de fantasmas asiáticos que ha encontrado a lo largo de la historia muchos ejemplos ilustres, especialmente dentro de la filmografía japonesa. Esa forma de aproximarse al fantástico tan diferente a la manera occidental ha debido de ser sin duda lo que ha encandilado a Burton.

Por otro lado el film discurre lentamente y sin casi cambios de tono narrativo durante todo su metraje, centrándose más en la cotidianidad de una familia tailandesa en la que uno de sus miembros está muy enfermo que en las apariciones de lo fantástico, que se integran en esa cotidianeidad con total normalidad. Está claro que es en este estilo despojado de casi todo artificio para contar cinematográficamente una historia en donde Erice encontró su punto de anclaje con la cinta y en ese aspecto el film está más cerca de la manera de abordar el fantástico de creadores intelectuales como Tarkovsky o Godard, que del cine que se suele poder ver durante las dos semanas del festival por la localidad costera de Sitges.

Es por ello que no sé si encontrará en el marco de este certamen su público más ideal, aquel que consiga entrar de lleno en su apuesta narrativa, ya que el film (y que quede bien dicho desde ya) no es precisamente fácil. Y sinceramente creo que debería haber ahondado más en sus elementos fantásticos para que la apuesta terminara de convencerme, ya que al estar básicamente formado por un mosaico de momentos aislados no todos me han aguantado el mismo nivel de interés (de hecho se podrían haber eliminado sin problemas unos cuantos minutos), siendo los más perjudicados los menos cercanos al fantástico, donde las tribulaciones cotidianas de esa familia llegan a hacérseme demasiado anodinas y frías como para poder empatizar con ellas y sentir así el film verdaderamente.

Seguramente ya es lo que su director pretendía: mantener esa distancia emocional y esa visión casi documental sobre lo cotidiano en la que por momentos surge lo fantástico, pero creo que ese discurso debería haber estado más aprovechado para que el resultado fuera realmente redondo. Tal y como está ahora se trata de una apuesta difícil para el espectador en la que no resulta fácil mantener la atención y el interés durante todo su metraje, pero que no obstante regala algunos de los momentos más estimulantes que se hayan podido ver en este festival. Un resultado finalmente desigual, pero para nada falto de interés.

Y además...

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