Cine fantástico, de terror y de ciencia ficción. Revista online - Scifiworld http://www.scifiworld.es Wed, 20 Mar 2019 08:11:23 +0100 Joomla! - Open Source Content Management es-es Alita: Ángel de combate http://www.scifiworld.es/reviews/alita-angel-de-combate.html http://www.scifiworld.es/reviews/alita-angel-de-combate.html Alita: Ángel de combate

Un frenesí cyberpunk

La lista de reproches al cine de James Cameron puede ser más o menos extensa, pero entre ellos no debe figurar en ningún caso el de la falta de honestidad. El realizador de Titanic y Terminator ha dejado siempre claro – bien a través de sus cintas o por medio de sus siempre polémicas disertaciones – que su concepción del séptimo arte contiene mucho de espectáculo y poco de arte y ensayo. No resultaría justo, pues, exigirle al autor de libretos tan poco metafísicos como el de Avatar, que hiciese ahora un derroche de trascendencia con Alita, pero tampoco es menester. Cameron ha demostrado, película tras película, que las historias que narra son un mero vehículo con el que hacer gala de su portentosa inventiva visual.

 

Se desconoce la razón última que ha llevado a Cameron a no tomar las riendas del proyecto, pero la elección de Robert Rodríguez para ejercer de su álter ego es casi simbólica, de mero ejecutante. Bien es cierto que ambos realizadores comparten una visión próxima de la industria y una tendencia al exceso estilístico, pero Robert Rodríguez sí ha demostrado con películas como Sin City un claro interés por equiparar en importancia narración e imagen, norma que ha abandonado para acometer este proyecto con evidente etiqueta de encargo. El argumento, con un catálogo amplio de personajes arquetipos y situaciones manidas, sirve como excusa para que el cineasta mexicano orqueste un espectáculo postapocalíptico de gran envergadura al más puro estilo Cameron.

 

Puede reprobársele a Alita la inclusión de subtramas superfluas (el romance adolescente o las tediosas batallas de motorball) y la poca valentía a la hora de explorar el siempre interesante conflico entre hombre y máquina, pero eso iría en contra de la propia naturaleza del manga que adapta. Por tanto, la maniobra del tándem Cameron-Rodríguez es la correcta, al lograr que la brillantez técnica revista los huecos de una historia que funciona en los momentos de distensión aunque no termine hallando un sentir trágico. Poco importa, puesto que ante la avalancha de persecuciones y tiroteos dosificados al milímetro, uno no puede más que rendirse ante un desenfreno que no descarrila, aunque traquetee. El imaginario de Ciudad de Hierro es diameltralmente opuesto a la tierra distópica de Blade Runner, pero lo es motu proprio. Aproximarse al universo de Alita supone, en consecuencia, aceptar sus reglas de juego y esta es una experiencia sensorial de inequívoco trayecto.

 

Lo mejor: el soberbio diseño de producción.

Lo peor: un plantel de actores de primera línea desaprovechado en favor del artificio visual.

 

PUNTUACIÓN: ★★★ (sobre 5)

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Lorenzochedas@gmail.com (Lorenzo Chedas) Críticas Wed, 13 Mar 2019 22:35:30 +0100
Captain Marvel http://www.scifiworld.es/reviews/captain-marvel.html http://www.scifiworld.es/reviews/captain-marvel.html Captain Marvel

Encefalograma plano.

En 1967 Stan Lee y Gene Colan crearon el primer caracter de lo que hoy conocemos como Capitana Marvel. Originalmente era un alienígena al servicio del Imperio Kree, que cansado de las tiranías y desmanes de su expansionismo militar, decide poner su inteligencia al servicio de causas más nobles en el planeta Tierra. Este primigenio Captain Mar-Vell, no le hizo mucha gracia a DC Comics que veía un excesivo parecido a su más legendario héroe, el Hombre de Acero, el kryptoniano más famoso en todo el Universo conocido. Al margen de las disputas legales, a lo largo de estos años, el personaje ha mutado tanto de especie como de género, entrando y saliendo en las diferentes líneas argumentales de otras franquicias de Marvel, con mayor o menor fortuna en sus meandros narrativos, pero siempre enriqueciendo a uno de los protagonistas más atractivos de la propia compañía.
 
En estos últimos diez años, la propuesta cinematográfica que Marvel-Disney ha planificado con cuidado esmero ha transcurrido la mayor de las ocasiones en brillantes triunfos para todos los seguidores de las aventuras surgidas del excepcional talento de Lee y de sus colaboradores; auténticos héroes para el fandom más nerd y paladines del sacrosanto asilo de la cultura más popular posible, aquella que transcurre en la inverosimilitud y la fantasía imposible. Marvel nunca fue mucho de dar explicaciones sesudas o plausibles; si te pica una araña radiactiva te transmite superpoderes y listo, sin muchos más silogismos. Y lo cierto es que vale perfectamente para lo que los estadounidenses entienden como entretenimiento puro sin más remordimientos que el de pasar unos momentos de ocio que cada uno valora según su escala de afectos y emociones. 
 
Como contrapartida, Lee siempre tuvo un especial cuidado en revestir a sus personajes de una carga dramática heredada de pasados familiares por lo general, si no traumáticos, no fáciles de llevar en sus recuerdos. Esa "humanización" acercaba al fan a la realidad diaria de sus problemas vitales en su cotidianía (delirante o no), pero comprensible para adoptar a esas leyendas de papel (revividas en la gran pantalla) como vecinos deseados en el edificio doméstico. El caso es que funcionó, funciona y seguirá funcionando para todos aquellos niños de entre 9 y 99 años que se identifican con los problemas de la adolescencia, de los desamores iniciáticos, de los inadaptados a la sociedad "bienpensante"o de los abandonados en pesebres galácticos, por ejemplo. Para todos y cada uno de ellos; para nosotros en definitiva.
 
Y hete aquí que con semejante vivero literario para poder adaptar las casi infinitas posibilidades que cualquier guionista desearía afrontar al menos una vez en su vida, la pareja artística formada por Anna Boden y Ryan Fleck, junto a Geneva Robertson-Dworet, deciden que mejor que todo eso, es preferible ralizar una amalgama desordenada como versión desinfectada de cualquier enjundia emocional que los censores de turno puedan valorar como restrictiva en su acceso a las salas de proyección. Y lo cierto es que lo acepto como propuesta válida. Me parece correcto que intenten llegar al mayor número de espectadores que gustosamente dejen sus dineros en la taquilla correspondiente, pero ¿eso implica también el barrer cualquier atisbo de elaborar unos personajes con una profundidad motivacional o de obviar una  necesaria coherencia en las secuencias y en la credibilidad de las mismas?.
 
No es una mala película, por que sus poco más de dos horas se ven sin esfuerzo, con un tempo ágil y ese es el primer mandamiento del Cine: El de entretener. Si a posteriori lo visto transciende nuestras emociones, podemos hablar ya de cuotas cualitativas mayores, incluso en filmes que "sólo son" de aventuras, con supuestamente vácuos y livianos objetivos argumentales para el gran público, como mucha crítica especializada en su torticera ignorancia tiene a mal clasificar este y otros géneros próximos al Fantástico. Craso error, como padecieron en su momento los responsables de títulos incomprendidos como la memorable John Carter (2012) de Andrew Stanton, la descarnada historia de expiación final que James Mangold firmó para su oscura Logan (2017) o esa jovial erupción incontenida gozada en Guardians of the Galaxy (2014) del represaliado James Gunn.
 
Me esperaba mucho más de Captain Marvel. Más si cabe por la notable campaña que alimentó nuestros deseos de presenciar algo rozando lo histórico para este tipo de producciones. Algo como nunca antes visto y que daría por excelso, el viaje que emprendimos hace ya una decena de años como el remache final en una epopeya que finaliza el 26 de abril. Carol Danvers no acabará con Thanos, quizás, pero de su importancia en la suerte final del villano genocida se nos antoja imprescindible. Y es en la ausencia de una épica a la hora de presentarnos a nuestra heroína en donde vemos el mayor coitus interruptus anímico. La película no consigue emocionarnos. El tan anhelado "partido del Siglo", acaba con un insulso cero a cero, sin ninguna ocasión de gol.
 
Y tampoco ayuda la forzada e inexistente química entre Fury y Danvers. Desde la primera secuencia se advierte que sí o sí, convergerán como colegas de causa, tengan o no afinidades comunes y forzando piruetas en los registros de sus caracteres: Ella, ruda y dura (¿por qué no?, ¿o es que acaso es exclusividad de los egos masculinos?. Me convence y por tanto lo compro.) y Fury exacerbado en su infantilismo a la hora de confraternizar con las mascotas como contrapunto ridículo para que no haya duda de quién es el Alfa en esta pareja imposible. Por que algo manifiestamente mejorable y que va de la mano con lo anteriormente señalado es el pobre aprovechamiento de las calidades interpretativas, no ya de los protagonistas, si no de la impronta siempre notoria de Annette Bening, que deambula (su personaje) con un lastimero nihilismo, el paso casi imperceptible de unos de los mejores malvados descritos en el cine por Marvel, como es el Ronan El Acusador de Lee Pace o el fiasco en su registro que un cada vez más devaludado Jude Law hace del antagonista de Danvers, Yon-Rogg.
 
Nada que objetar a todo el despliegue técnico y artístico que una pléyade de profesionales veteranos en estas producciones presumen y con razón en sus calidades (todo lo que no rozase la excelencia no sería aceptable) y por supuesto que nos entusiasma los créditos iniciales como merecido homenaje a Stan Lee y no tanto la sonrisa cómplice de Vers al propio Lee mientras está leyendo el Mallrats de Kevin Smith. Sí, es un guiño que gana con facilidad al fan, pero ¿qué tiene que ver con la película, de qué se conocen Vers y Stan?. Nunca me gustaron esos trucos baratos para cautivar al personal. 
 
Insisto, no es una mala película; gustará mucho a los más jóvenes y a los que no esperan una cuidada y elaborada historia pero va muy en la línea de películas en donde no te puedes parar a pensar por qué ocurre esto y lo otro y no algo con una coherencia más deseada para un largometraje que hubiera querido que al menos conjugase emoción y espectáculo como el Spider-Man 2 (2004) de Sam Raimi, el Avengers: Infinity War del año pasado o las dos primeras entregas de los X-Men de Bryan Singer. Salí del cine con sensaciones similares a lo visto en Aquaman (2018)o Mortal Engines (2018). No rasques sobre su aúrea superficie, no vaya a ser que descubras pirita y ya que no empatizamos con ninguno de los caracteres, no cuestiones lo visto, aunque prometieran algo completamente diferente.  
 
Stan Lee se merecía un esfuerzo mayor a la hora de presentarnos a la Capitana Marvel. Simpleza carente de contenido digno de recordar en nuestro particular Olimpo de Heroínas y aunque la excusa sentimental en el epílogo que la amazona Diana da como justificante, chirría en exceso, siempre nos quedará la magnífica Wonder Woman (2017) de Patty Jenkins.
 
Captain Marvel, lo que pudo haber sido y no fue. 
 
  • Captain Marvel
  • Anna Boden
  • Ryan Fleck
  • Brie Larson
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    javieraldariz@hotmail.com (El Guerrero Mandingo) Críticas Sun, 10 Mar 2019 15:27:49 +0100
    El día de la marmota del terror español http://www.scifiworld.es/cine/el-dia-de-la-marmota-del-terror-espanol.html http://www.scifiworld.es/cine/el-dia-de-la-marmota-del-terror-espanol.html El día de la marmota del terror español

    El Goya de Honor a Chicho Ibáñez Serrador induce a la reflexión sobre el estado actual del horror nacional

    En la última edición de los Premios Goya se rindió homenaje a Chicho Ibáñez Serrador, maestro del terror patrio. En dicha conmemoración participaron algunos de los realizadores que, en los últimos años, nos han brindado varias de las piezas clave del género: Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró, Paco Plaza o Juan Antonio Bayona. Todos ellos manifestaron su admiración hacia el autor de ¿Quién puede matar a un niño? y La Residencia, destacando la influencia que sendas obras han ejercido en sus respectivas filmografías.

    Por desgracia, el análisis pormenorizado de ese momento de celebración contiene un reverso amargo: el último lustro ha sido devastador para el horror marca España, acostumbrado ya a encadenar etapas de esplendor con caídas en desgracia.

    La primera gran crisis tuvo lugar a finales de la década de los ochenta, cuando los miedos sociales se globalizaron y las propuestas de creadores como Amando de Ossorio, Paul Naschy o Jess Franco, tan eminentemente propias, quedaron desfasadas. Además, las producciones en el campo del terror a nivel mundial comenzaron a alejarse de los parámetros de la serie B y evidenciaron la bochornosa escasez de medios con la que llevábamos acometiendo nuestros proyectos desde los setenta.

    Del atolladero nos sacaría Alejandro Amenábar con la brillante Tesis, que abrió la veda a una serie de producciones - más o menos afortunadas - enmarcadas en el subgénero del slasher. Así, cintas como Tuno Negro, El arte de morir o Más de mil cámaras velan por tu seguridad vendieron su alma al diablo al plagiar el modelo norteamericano impuesto por Scream con el fin de obtener buenos dividendos en taquilla. Sin embargo, el modelo pronto comenzó a mostrar signos de agotamiento y, para más inri, Amenábar se despedía del género con Los otros. Era necesario un cambio de rumbo.

    Con la intención de establecer un canon netamente patrio y de solidez, se creó, a las puertas del presente milenio, la Fantastic Factory. Esta filial de Filmax se marcó como objetivo prioritario la producción de películas de terror de bajo presupuesto dentro de nuestras fronteras por parte de realizadores foráneos. La propuesta no cuajó, si bien sirvió de cantera para figuras tan importantes como Jaume Balagueró y Paco Plaza. El hecho de que los dos únicos directores españoles dentro de la Fantastic Factory fuesen los que aportasen las mejores películas de la casa no fue casualidad. La conclusión era clara: la creación de un lenguaje propio para el horror ibérico seguía pendiente y no podía ser tarea de viejas glorias extranjeras de la serie B.

    Tras el fin de la Fantastic Factory, Balagueró y Plaza continuaron trabajando bajo el mecenazgo de Filmax. Uniendo sus fuerzas gestaron Rec, un film enmarcado dentro del found footage y que aprovechaba el miedo a las pandemias virales imperante por aquel entonces. El gran acierto fue, ahora sí, conseguir darle a una producción de este tipo una pátina genuinamente cañí. En esa misma época, Guillermo del Toro aportaba su granito de arena con El laberinto del fauno y Juan Antonio Bayona debutaba obteniendo un gran éxito con El orfanato. Nuestro fantastique parecía ponerse por fin en órbita.

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    Por desgracia, la historia es cíclica y el terror español ha incurrido de nuevo en el mismo error. En los últimos años, las propuestas estrenadas han plagiado más que nunca los estándares del horror hollywoodiense. El rechazo del público hacia cintas tan carentes de personalidad como La hermandad, Los últimos días o Intruders fue contundente y, en gran parte, merecido. La confirmación del regreso a épocas oscuras vino de la mano del estrepitoso fracaso sufrido por REC 4: Apocalipsis, triste y doloroso cierre para una saga que había servido para revitalizar el género.

    A día de hoy, nuestro fantaterror parece echado a su suerte. A esta situación no ayuda el hecho de que sea visto por muchos directores como un estadio previo que deben superar para dar el salto a otros géneros considerados más serios. En consecuencia, existe una carencia de referentes y valores seguros que provoca que las productoras no quieran invertir en producciones de corte fantástico materializadas por debutantes.

    En 2017 Jaume Balagueró y Paco Plaza estrenaron sus últimos proyectos. El primero fracasó con la impersonal Musa, demasiado preocupada en la forma y poco en el fondo. Sin embargo, Paco Plaza obtuvo un gran éxito con Verónica, corroborando que es posible provocar terror exhibiendo exorcismos al compás de Héroes del Silencio . Analizar y comprender esta dicotomía es necesario, ya que el cine de terror español conseguirá ser mejor cuanto más aspire a ser él mismo. Solo así será capaz de salir de este perpetuo día de la marmota. Merece la pena intentarlo.

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    Lorenzochedas@gmail.com (Lorenzo Chedas) Cine Wed, 27 Feb 2019 13:12:28 +0100
    Oscar 2019 http://www.scifiworld.es/reviews/oscar-2019.html http://www.scifiworld.es/reviews/oscar-2019.html Oscar 2019

    Ni tanto, ni tan poco.

    La edición número 91 de los Oscar se recordará muy probablemente por una gran diversidad en el reparto de estatuíllas, sin resultar ninguna película una clara dominadora cuantitavamente, aunque es innegable que el nombre de dos títulos se repiten más que otras premiadas. Hablamos, claro está de la Roma de Cuarón y el Green Book de Farrelly, sorpresa mayúscula esta última no tanto por sus calidades, si no por dejar casi virginal el casillero de la favorita Vice de McKay.

    Como todos los eventos de estas características nunca llueve a gusto de todos y la discordancia suele venir de la mano en la mayoría de las ocasiones. Es comprensible y respetable y se amplifica en los últimos tiempos por la mayor influencia y difusión que las RR.SS. hacen gala en sus diversos púlpitos (en muchos casos inquisitoriales y acusatorios, al margen de una sosegada y pausada crítica constructiva). Pasó con la campaña de odio que sufrió la excepcional La La Land (2016) del genio Chazelle y que encumbró con vergonzantes piruetas un film tremendamente menor como era el irregular y quasi-amateur Moonlight (2016) de un patidifuso Barry Jenkins. El exceso como Mejor Película, en una producción de minúsculo presupuesto, llevó a la fanfarria godardiana más ciega e imposibilitó los reconocimentos futuros a producciones independientes sencillamente memorables como The Florida Project (2017) de Sean Baker, The Rider (2017) de Chloé Zhao o en menor medida, The Miseducation of Cameron Post (2018) de Desiree Akhavan.

    Tras haber escuchado y leído opiniones muy severas con respecto a la Gala y a la idoniedad o no de los premios otorgados, es nuestro humilde deseo, el intentar ofrecer algo de claridad entre tanta oscuridad surgida de las negras tinturas de los plumillas que reinan desde sus estrados inexpugnables, sitos en las alturas más gélidas donde reinan por encima del Bien y del Mal.

    La ceremonia de los premios de la Academia de las Ciencias y Artes Cinematográficas de los EE.UU. es desde siempre, el faro que guía su propia industria como por otra parte es comprensible y que con mayor o menor fortuna el resto de Academias de Cine han replicado. Los Oscar no necesariamente premian la calidad argumental o de producción, pero sirven como anuncio global de los títulos que al cabo del año son recomendables ver, aunque sea para discrepar en la elección de los mismos. Ejemplos hay innumerables y repetitivo sería el recordar los once galardones del Titanic (1997) de Cameron, los dos Oscar a Tom Hanks, los "olvidos" a Lauren Bacall , a Luis Gª Berlanga o el bochorno de ver como se le concede un Oscar honorífico a Jackie Chan y no a Sir Christopher Lee, como nos viene a la mente estos nombres a bote pronto y sin haberlo planteado en nuestro esbozo literario.

    Teniendo todo esto presente, el evento de hace unas pocas horas no es si no reflejo de lo que casi siempre estamos acostumbrados a ver año tras año, década tras década. ¿0 no?. ¿Es posible que un cierto dinamismo de reconocimento histórico en su innegable deuda con las minorías podamos apreciar por parte de la Academia?. Nuestra respuesta es sí, sin duda. No tanto como los impulsores de la denuncia de hace tres años OscarSoWhite desearían, pero se aprecia un aperturismo imprescindible, una "glasnost" emponderada por movimentos necesarios como Me Too o Time´s Up que vienen a certificar que nuevas oportunidades llegan para afrontar las amenazas políticas que está sufriendo el mal llamado Primer Mundo y que son endémicas en el resto del Planeta.

    En clave política, Hollywood siempre ha intentado remar a favor de corriente cuando los intereses de las grandes corporaciones (aquellas que realmente dirigen los gobiernos electos) así lo exigían. Excepcionalmente han surgido voces de individuos o colectivos que intentaron denunciar los abusos del propio sistema (no muerdas la mano del que te da de comer y te dejaré que sigas viviendo en mi finca, pero durmiendo fuera de la mansión, mi perro fiel, mi querido "Tío Tom"). "Los Diez" de la Lista Negra (liderados por el inquebrantable Herbert J. Biberman), bien lo pudieron atestiguar, pero hubo decenas de decenas en la Lista Gris, que sin entrar en prisión física sufrieron en sus carnes el ostracismo del anonimato, como Martin Ritt denuncia hábilmente en The Front (1976) o como los Arthur Penn, Sam Fuller u Otto Preminger precedieron a la generación de cineastas que en la década de los Setenta demolieron los arcaicos preceptos de los Majors.

    Como análisis racial, imposible discernirlo del político, lejos parece ya la ignominia que Hattie Mcdaniel sufrió nada más recibir su Oscar a la Actriz de Reparto por Gone with the Wind (1939), arrinconada en una mesa apartada del resto en la cena de celebración. Parece pretérito sí, pero la realidad está tan presente como el notorio abrazo que Spike Lee al grito de "motherfucker" le brindó a Samuel L. Jackson al recibir su Oscar al Mejor Guión Adaptado. El insulto, en clave de humor, no es casual y viene a recuperar la controversia sobre quién puede o no decir según qué vocablos y que confrontó a dos sublimes cineastas alejados de contubernios raciales como son Quentin Tarantino y el propio Lee.

    Es EE.UU. una sociedad multicultural políticamente racista; aún ahora. Pero lo es desde la aparente ornamentación inmaculada del hombre blanco (una parte y quiero creer que no mayoritaria). No lo dicen , pero lo piensan y no solo eso; actúan en consecuencia. Muy de vez en cuando surgen voces altisonantes llamados Warren Beatty, Jane Fonda o Michael Moore que aprovechan la megafonía del evento para enarbolar banderas que de otra forma no llegarían a tan millonaria audiencia. Muchos opinan que no se deben mezclar manifestaciones políticas con las artísticas pero como en una ocasión dijo Viggo Mortensen "no es que quiera hacerlo, pero me veo en la obligación de dar voz a aquellos desamparados que no tienen oportunidad de hacerlo en los medios que sí me preguntan a mi".

    Todo esto viene a colación por las quejas de algunos por ver como Green Book ha ganado el Oscar a la Mejor Película, acusándola de acomodaticia, simplona o muy blanda en sus denuncias del segregacionismo que se vivió en EE.UU. y que se sigue viviendo en la actualidad.

    No podemos estar más en desacuerdo. No hace falta gritar para escuchar, como no hace falta arrojar para impactar. Green Book es una historia con "final feliz" que no deja pasar la oportunidad de contar las tremendas vicisitudes reales que el músico Don Shirley sufrió en vida y su empecinada lucha por cambiar una realidad prefijada como tradicional e inmutable. Pero Farrelly, lo hace con la elegancia de la sutileza, sin caer en el juego efectista pero reaccionario de la solvente Mississippi Burning (1988) de Alan Parker ni en la gratuidad manierista de 12 Years of Slave (2013) de McQueen. Farrelly consigue más con menos y hay mucho más de conmovedor realismo en la mirada congelada bajo ese sol de justicia, de los afroamericanos que siegan los campos y que paran la faena ante ese coche parado en la carretera que los latigazos que sufre el soldado unionista que interpreta Denzel Washington en el Glory (1989) de Edward Zwick.

    Así como se ha sido excesivamente generoso en el halago para la mediocridad de Moonlight (2016), nuevamente las hordas extremas (lo siento mi admirado Spike Lee, pero a pesar de tu brillante discurso de agradecimiento, te has vuelto a liar metiéndote en donde no te llamaban y si no es por la mesura de Jordan Peele...) aprovechan la intolerancia talibanística para lapidar un film absolutamente logrado en sus concepciones artísticas y técnicas. Prefiero la mordacidad en ese cuento imposible que Jordan Peele nos regaló el año pasado con su Get Out (2017), que ondear la antorcha que encienda la pira expiatoria para limpiar los pecados de la primera bruja que no opine como nosotros, sea doncella en Orleáns o genial cineasta neoyorkino, célebre por no acudir a estas galas. Y es que la Revolución como tal, es necesaria siempre y cuando no cortemos las cabezas de los inocentes. Y la de los Harvey Weinstein y demás sátrapas las dejaremos ligadas a sus cuerpos y éstos, entre barrotes de acero.

    Tras el ninguneo sufrido a Damien Chazelle y a su apoteósica First Man, pocas esperanzas albergabamos para Green Book y sinceramente el Vice de McKay se antojaba como la recolectora de premios en tiempos tan incómodos y desagradables protagonizados por el Agente Naranja. Es First Man , a nivel de producción la mejor película que hasta la fecha llevamos disfrutado en esta terna de nominadas. Merecería el Oscar como Mejor Película, al Mejor Director, a su B.S.O. (complicada, arriesgada, de una dificultad técnica colosal) y en aquellas a las que sí consiguió la nominación, pero como decíamos al principio de este artículo, no siempre se premian las mejores calidades técnicas y este año ha sido otro clamoroso ejemplo.

    A nivel interpretativo, las valoraciones ya son más subjetivas y pueden entrar (aunque sean de manera inconsciente filias y fobias) y en nuestro caso, reconocemos una especial inquina por la insufrible Lady Gaga, apologístico producto pirotécnico de la mercadotecnia más kitsch y vulgar o por el tronco inexpresivo de alcornoque pétreo que es el ¿actor? Adam Driver. Por desgracia los hados han querido que se premie la actuación de Olivia Colman -en un rol tan del gusto de la Academia estadounidense, que no sorprende lo más mínimo- y la fallida imitación de Rami Malek -doblaje de su voz aparte- que ni su lenguaje corporal ni gestual dan justo elogio a esa prima donna excepcional que fue el vocalista de Queen.

    Como epílogo triunfal el justo premio a Peter Ramsey y Phil Lord por ese hallazgo único en lo visual que significa la animación de Spider-Man: Into the Spider-Verse. Cénit hasta ahora nunca imaginado y que va un paso más allá hasta lo visto nunca antes. Incredibles 2 es una formidable secuela del título que Brad Bird nos regalara hace ya quince años y eso, son palabras mayores; pero el largometraje de Ramsey, es diferente y trasciende más allá de lo imaginable. No podemos si no envidiar sanamente a todos esos niños de 12 años que descubrirán en Miles Morales su alter ego. Memorable, es poco para lo que nos sugiere el visionado del largometraje.

    No ha sido la mejor gala de la Historia de los Oscar (a nivel reivindicativo, insuperable la del año pasado), pero ha sido una ceremonia aceptable, para todo lo que podía haber salido mal y que por fortuna no sucedió.

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    javieraldariz@hotmail.com (El Guerrero Mandingo) Críticas Mon, 25 Feb 2019 20:16:19 +0100
    Dragon Ball Super: Broly http://www.scifiworld.es/reviews/dragon-ball-super-broly.html http://www.scifiworld.es/reviews/dragon-ball-super-broly.html Dragon Ball Super: Broly

    Espíritu de antaño

    En el anime, tras los arcos argumentales y sus correspondientes películas de La Batalla de los Dioses y La Resurrección de Freezer (o Frieza, como prefieran) Dragon Ball Super comenzó a darnos mejores vibraciones. La saga de Black Goku, en la que veíamos el futuro del que venía Trunks como un desolado paisaje cyberpunk, suponía una considerable subida en los peldaños de la calidad de la serie. Una subida, que se terminaría de confirmar con El Torneo del Poder, la hasta ahora mejor saga de DBS para servidor. Era por eso, que la nueva cinta del universo, Broly, llegaba con altas expectativas, porque se presentaba acompañada tras una mejora considerable en el concepto televisivo. 

    Y eso que no era fácil asumir que había que olvidar Estalla el Duelo, y meterlo en el saco de los "no canons" como a GT, aunque con este último no dolía tanto. En definitiva, la historia de Broly comenzaba de nuevo, y nos contaría como la Tierra disfruta en paz la celebración del Torneo del Poder. Sin embargo, Goku es consciente de que existen enemigos aún por descubrir en el Universo, por lo que sigue entrenando sin descanso para alcanzar cotas de poder nunca antes conocidas en un supersayan. Confirmando sus peores temores, un día aparece un supersayan que responde al nombre de "Broly", un poderoso guerrero que debería de haber sido eliminado junto con el planeta Vegeta cuando éste fue destruido hace ya algunas décadas. ¿Cómo ha podido sobrevivir un guerrero de tal poder? La situación no deja de empeorar cuando el mismísimo Freezer vuelve desde el Infierno para verse envuelto en un terrible mix que llevará a los héroes a luchar por salvar el planeta Tierra una vez más.

    Ahora sí, podemos decir que Dragon Ball ha vuelto en el estado de forma que todos esperábamos. La nueva cinta se pone a la altura del film que reinterpreta e incluso de otros de alto nivel como ¡Fusión! o Los Guerreros de Plata para narrarnos aventuras en el presente y pasado de su universo. Los flashbacks son casi lo más impresionante, volviéndonos a mostrar el Planeta Vegeta antes de ser destruido por Freezer y narrándonos a su vez el origen de Broly. Secundado todo por personajes de interés como Paragus, que desarrolla un importante rol tanto en el pasado como en la actualidad, después de ser rescatado junto a Broly. Una vez centrada la trama en eventos actuales volvemos a sentir ese espíritu de las películas noventeras que tanto nos gustaron e incluso de los mejores momentos de Dragon Ball Z, y no solo esto por la presencia (again) del tirano Freezer, personaje del que tal vez ya se esté tirando en exceso, sino porque las luchas y las muestras de poder de los guerreros vuelven a ser lo esperado, llevándose a cabo, por otro lado, en un entorno pocas veces visto y que resulta ser un campo de batalla formidable para la lucha. 

    Aparte de la acción y lo bien que conviven en pantalla personajes nuevos con antiguos, sorprende la seriedad con la que se lleva a cabo el relato, siendo esta la característica que más destaca en comparación con las otras dos películas que ya llevábamos en este reinicio Super. Si que es cierto, que al igual que este texto, el largometraje va destinado estrictamente para fans que siguen arcos argumentales a rajatabla, pero si alguien la ve sin tener la menor idea de la mitología de Toriyama, podría incluso disfrutarla, en menor medida eso sí, ya que presenta a un personaje que, aunque ya vimos, supone un reinicio a todo lo que acontece con el mismo. 

    Como dato de interés, mentar que la cinta se posicionó en primer lugar en taquilla durante su primer fin de semana en USA, nuestro país y, evidentemente, Japón, donde aguantó varias semanas más. Un indicativo ya no solo de que se trata de la mejor película del nuevo Dragon Ball, sino de que el universo de Kakarotto y sus amigos vuelve a estar más de moda que nunca. 

    En resumidas cuentas, una sólida y satisfactoria nueva aventura de unos de nuestros héroes favoritos. ¿La parte negativa? Será difícil mantener el nivel.

    • Dragon Ball Super
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    • Goku
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      ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Wed, 20 Feb 2019 19:10:12 +0100
      Mirai, mi hermana pequeña. La odisea de Kun o la teoría del camino contrario en un aprendizaje http://www.scifiworld.es/home/mirai-mi-hermana-pequena-la-odisea-de-kun-o-la-teoria-del-camino-contrario-en-un-aprendizaje.html http://www.scifiworld.es/home/mirai-mi-hermana-pequena-la-odisea-de-kun-o-la-teoria-del-camino-contrario-en-un-aprendizaje.html Mirai, mi hermana pequeña. La odisea de Kun o la teoría del camino contrario en un aprendizaje

      Mamuro Hosada propone está vez un viaje conceptual con todas sus consecuencias.

      ¿Qué es una historia sin personajes? Y más importante aún, ¿qué es sin sus espacios? Mirai, mi hermana pequeña (Mirai, JAP, 2018), se circunscribe alrededor de una casa y sus habitantes. Una localización puede jugar un papel secundario en cualquier narración pero en un relato donde lo más insignificante puede llegar a significar, automáticamente, ese papel se convierte en uno preponderante. De alguna manera, el lugar deja de estar subordinado para transformarse en elemento coordinado, situándolo al mismo nivel que al de un actante, llegando incluso a definirlo. En ese sentido, la vivienda del pequeño Kun funciona como elemento cosificado de la historia. Según el propio director, para diseñarla se contrató a un arquitecto en vez de a un director de arte. Es más, la abuela que custodia al pequeño, llegará a criticar el espacio que habita diciendo, despectivamente que sólo se puede vivir en ese tipo de construcción si te casas con un arquitecto. Y es que la diégesis de la ficción se desarrolla íntegramente en lo que no es la típica y tradicional casa japonesa, como se puede llegar a percibir desde la propia génesis de la narración. Pasando de un plano general del cielo a un plano general de la casa a través de un movimiento pendular aproximativo. Con esto no sólo se potencia un viaje de lo general a lo particular, sino que además, se establece una distinción conceptual entre la pluralidad de la igualdad constructiva de las demás viviendas que rodean a la de Kun, singular y diferente. Frente al acabado impecable de todas las casas del barrio, el hogar del niño es uno donde su construcción parece no estar terminada. La diferencia se establece en una anomalía arquitectónica, que la aísla del resto, como producto finalizado.

                          Mirai 3

      Cogiendo la idea de una arquitectura conceptual, cuya importancia reside sobre las ideas que guían un proceso antes que en su propia resolución, esto mismo se podría permutar al propio relato. Y es que la estructura de la casa nos proporciona claves formales para construir la odisea de Kun.  Las habitaciones no están separadas por paredes ni puertas y se encuentran conectadas por una escalera vertical. Lo único que divide a las estancias es la propia elevación de su edificación. Solamente de esta manera se puede vislumbrar el tema vertebrador del guion: conocer la verdad de una familia. Eliminando los muros de la casa, se permite ver el interior de la misma en su totalidad. Existe un paneo de derecha a izquierda (heredero de uno de los travelling laterales de Los niños lobo, 2012) que desnuda la intimidad del núcleo familiar. De hecho es solamente en el interior del hogar donde el niño descubrirá los secretos familiares, y de esta manera irá progresando en sus pesquisas, escalón a escalón, como se verá en varias ocasiones a Kun subiendo por la escalera. Tampoco no es baladí que aparezcan muchas superficies acristaladas, como aquella donde el pequeño, impaciente por el regreso de su madre, hace círculos de vaho espiando la calle.

                          Mirai 2

      La trasparencia como una de las características de su búsqueda. Una que empieza con una frustración. Kun se llevará una gran sorpresa cuando su madre regrese y no lo haga sola. Además de con su padre, vendrá con una hermanita. La atención sobre Mirai pondrá patas arriba su mundo, quebrándolo de tal manera que descubrirá su particular agujero “carrollniano”, en forma de morera por donde se adentrará, ya no sólo a otro mundo, sino a su propia genealogía. El árbol como índice familiar y elemento fantástico de la trama, por donde se pliega el espacio y el tiempo (mundos opuestos divergentes en un mismo lugar, como lo dejó claro el director en su primer film, La chica que saltaba a través del tiempo, 2006  o en su penúltimo El niño y la bestia, 2015).

                           Mirai 7

      La idea de construir la narración sobre un andamiaje simbólico abre las posibilidades al camino del aprendizaje, o a ser consciente del mismo. Hasta que Kun no diga que es el hermano mayor de Mirai, no podrá superar su desafío. Es decir, hasta que no se dé cuenta del papel que juega en su familia, no podrá evolucionar y para eso tendrá que redescubrir a sus parientes y sobre ellos revoloteará una cuestión: ¿qué significa ser buen padre o buena madre? Los padres llegan a replanteárselo cuando están colocando una miríada de objetos, casi al final de la película. A medida que los van colocando en la parte trasera de su vehículo, irán cubriendo el plano inconscientemente. Quizá a su pregunta solamente la sigan otras más que lo único que hacen es crear más dudas y generar menos respuestas, no dejándoles ver con “claridad” que ser padre o ser madre, es una prueba eterna de éxitos y fracasos, y que quizá tengan que dar la razón a la abuela cuando dice que en una crianza lo más importante sea el deseo, las ganas de mejorar, de no repetir los mismos esquemas educativos que te han sido legados. Bajo este punto de vista el descubrimiento que hace el niño de sus padres en dos momentos concretos, es sintomático del proceso de aprendizaje que sufrirá.

                           Mirai 4

      El primero será cuando el padre intenta enseñar a Kun a montar en bicicleta. Una y otra vez insiste en cómo tiene que hacerlo pero no consigue ningún éxito. Tendrán que aparecer otros niños para que Kun se dé cuenta de cómo llegar a conseguirlo. Bien, Kun viajará al pasado y será testigo de la derrota de su progenitor intentando montar en bicicleta. Una y otra vez se caerá y no será hasta ya muy mayor cuando aprenda. Y el segundo cuando la madre insta a Kun a recoger todos sus juguetes. Aquí también el niño viajará al pretérito para comprobar que su madre era peor que él mismo en cuestión de orden, incluso llegando no a desordenar una habitación sino una casa entera. Ambas secuencias y sus réplicas en el pasado son ejemplos de vasos comunicantes, donde se puede concluir que tanto la paternidad como la maternidad son deseos de superación con el paso del tiempo. De hacer, quizá, lo contrario de lo que ha hecho uno. De seguir el camino contrario, y ese viaje conceptual es el que también experimenta Kun cada vez que sale a su jardín.

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      Proyectom05@hotmail.com (José Amador Pérez Andujar) Animación Mon, 18 Feb 2019 22:31:16 +0100
      Argentina se llena del cine de Sitges http://www.scifiworld.es/eventos/argentina-se-llena-del-cine-de-sitges.html http://www.scifiworld.es/eventos/argentina-se-llena-del-cine-de-sitges.html Argentina se llena del cine de Sitges

      En Pinamar y Buenos Aires se exhibirán varios títulos seleccionados por el Festival de Sitges

      Argentina vuelve a impregnarse del espíritu de Sitges, por segundo año consecutivo. La alianza entre el Festival y la plataforma Blood Window se renueva y celebrará del 17 al 20 de abril el segundo Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror Blood Window Pinamar. La novedad de este año es el estreno de la primera Semana de Sitges en Buenos Aires, del 22 al 26 de abril.

      El acuerdo se ha firmado estos días durante el European Film Market (EFM) de Berlín, donde Sitges ha estado presente. El convenio tiene como objetivo fortalecer los vínculos de colaboración y participación entre ambas partes; favorecer el intercambio de actividades y contenidos, y contribuir al impulso de talentos emergentes en cine fantástico en Iberoamérica.

      Durante cuatro días, en Pinamar se exhibirá lo más destacado del cine de género actual, con una selección de títulos que contará con el asesoramiento del Festival de Sitges. Directores, productores y talentos reconocidos estarán invitados. Por otro lado, la Semana de Sitges en Buenos Aires –que se celebrará a continuación de Pinamar– programará una serie de títulos que serán seleccionados y presentados por representantes del Festival de Sitges.

      El subdirector del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, Mike Hostench, ha manifestado el deseo de “estar cada vez más presentes en Latinoamérica en general y en Argentina en particular. El Festival Blood Window Pinamar es una plataforma privilegiada para nosotros. El entusiasmo que vivimos por parte del público y de las instituciones de Pinamar en la primera edición fue extraordinario y marcó el inicio de una fantástica colaboración”.

      Blood Window es una plataforma de promoción de talentos latinoamericanos especializados en cine de género fantástico desarrollada por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina (INCAA). Colabora y participa en los principales festivales, muestras y mercados especializados en todo el mundo, entre los que destaca Sitges.

      • Sitges 2019
      • Blood Window
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        info@scifiworld.es (Scifiworld) Sitges Tue, 12 Feb 2019 14:29:04 +0100
        Bird Box: Un trasnochado réquiem http://www.scifiworld.es/reviews/bird-box-un-trasnochado-requiem.html http://www.scifiworld.es/reviews/bird-box-un-trasnochado-requiem.html Bird Box: Un trasnochado réquiem

        Crítica de Bird Box, de Susanne Bier (2018)

        La principal baza con la que ha jugado a lo largo de los años el género de terror y suspense ha sido la de mostrar en pantalla los miedos sociales imperantes en cada momento. Sin ir tan lejos, en la última década, el canon postapocalíptico se fue nutriendo de cientos de películas en las que nuestro planeta se iba al garete por culpa de todo tipo de pandemias y plagas bíblicas.

         

        Sin embargo, la histeria colectiva de antaño ha dado paso en la actualidad a un miedo más individualista, próximo y palpable, pero no por ello menos aterrador: el pánico hacia la gente que nos rodea y/o al diferente. El mejor ejemplo de esta nueva ola de terror es la sobresaliente Déjame entrar, fiel reflejo de la presente Era Trump en la que el racismo y la xenofobia vuelven a estar tan tristemente en boga. Partiendo de esta base, lo mejor que podemos decir de Bird Box es que su mayor lastre no proviene tanto de su construcción fílmica, sino de que es totalmente incongruente con su tiempo.

         

        Bien es cierto que la realizadora Susanne Bier logra un portentoso arranque para su película, componiendo planos de logrado efectismo (ese desmadre en las calles con explosiones y coches calcinados) y dejando clara su intención de jugar con dos líneas temporales. No obstante, en cuanto la trama y sus personajes comienzan a arrojar sus porqués, las costuras asoman y el anacronismo del tema a tratar sale a relucir. Se nos hace saber en Bird Box que hay un enemigo al que no puedes observar y que provoca suicidios masivos, pero sobrevuela en todo momento la sensación de que no debemos buscar un leitmotiv que explique qué mueve a la gente a su cruel destino final. Por si fuera poco, la ya nombrada conjugación de presente y pasado se muestra en pantalla con una torpeza injustificable y sin un sentido narrativo definido.

         

        Hay, por tanto, una desidia palpable por parte de Bier a la hora de construir el imaginario de Bird Box y ahí es precisamente en donde se convierte en obligatoria la comparación con la muy estimable Un lugar tranquilo, en donde las reglas del juego sí estaban perfectamente definidas. Ambas cintas se adhieren al desusado subgénero postapocalíptico, pero Un lugar tranquilo acertó al reformular los parámetros establecidos y supo dotar a sus personajes de una inusual capacidad dramática. Por desgracia, en su intento de adaptar la novela homónima entremezclando el terror distópico con el drama, Susanne Bier naufraga finalmente en ambas vertientes. Llegados a este punto, añadir que Sandra Bullock y el lustroso elenco que la arropa hacen lo que pueden con unos personajes acartonados y repletos de clichés, es reafirmarse en lo errado que resulta esta propuesta.

         

        Los tiempos cambian y, con ello, sus miedos, pero existe un aspecto que se mantiene felizmente invariable: la alta exigencia del público aficionado al terror. Subestimar y pasar por alto esta realidad puede salir muy caro. Y si no, que se lo pregunten a Bird Box...

         

        Lo mejor: el esfuerzo de Sandra Bullock por humanizar a su personaje.

        Lo peor: los lugares comunes y la falta de perspectiva.

         

        PUNTUACIÓN: ★★ (sobre 5)

         

         

        • Bird Box
        • Sandra Bullock
        • Netflix
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          Lorenzochedas@gmail.com (Lorenzo Chedas) Críticas Sun, 10 Feb 2019 21:19:09 +0100
          Cutrecon VIII: La Celebración del cine cochambroso http://www.scifiworld.es/eventos/cutrecon-viii-la-celebracion-del-cine-cochambroso.html http://www.scifiworld.es/eventos/cutrecon-viii-la-celebracion-del-cine-cochambroso.html Cutrecon VIII: La Celebración del cine cochambroso

          Crónica de la octava edición del Festival de cine Cutrecon, donde se proyecta lo peor mejor de la serie B o Z. Y Street Fighter: La Última Batalla.

          El festival de cine Cutrecon, ya en su octava edición, echó el telón el pasado domingo, tras cinco días repletos de películas que, por uno o muchos motivos (muchísimos, diría alguien sensato) se hacen acreedoras de la etiqueta de cine cutre, cine que salta del cero al diez, hecho con un céntimo o millones, pues no atiende a lógicas numéricas. Ni de países ni involucrados. Solo hay un denominador común en todas ellas: Las risas (carcajadas) que provoca en el espectador.

          Tal y como nos contaba Carlos Palencia en la presentación, este año la temática central del festival giraba en torno a los simios. Películas donde gorilas, chimpancés o primates divinos hiciesen de las suyas con las costuras mal rematadas. Nos esperaban películas como Queen Kong, La Venganza del Mono Sagrado, Yeti: El abominable hombre de las nieves o Suburban Sasquatch, entre muchas otras (20 en total). Y a por ellas que fuimos, con valentía y arrojo.

          Dia 1.

          Paradójicamente, en la primera película que pudimos ver no aparecían simios ni parentescos. Tenia lugar la Bronsonfest, una minisección dedicada a Charles Bronson, tipo duro por antonomasia y rey de las muecas. Death Wish 3 (El justiciero de la Noche) nos lanzó a la cara el ultra fascismo más descarado (el divertido, no el otro), con Charlie repartiendo justicia en un lugar atestado de inmundicia. Las reacciones del público fueron continuas, a chascarrillo por segundo, haciendo alusión a la apariencia de tal o cual personaje, la ejecución de indeseables con un cono de helado en la mano, o la guerra entre los taxistas y las VTC (espectadores pegados a la actualidad, cultivados). Y es que uno de los valores más importantes de este festival es la unidad que proporciona vivir juntos la experiencia, un sentimiento de hermandad donde el divertimento y la algarabía tejen un manto de comunión que va más allá de ver una simple película. Si no habéis tenido oportunidad de ver El Justiciero de la Noche, poned Paramount Channel, seguro que está ahora mismo. O mañana a más tardar. La hora es lo de menos.

          Esa misma noche tuvimos la ocasión de conocer al clon húngaro de Charles Bronson, Robert Kovacs (Robert Bronzi en lo artístico), que cuenta con un parecido asombroso al original. Intentando hacer carrera entre Barcelona y Tabernas (Almería), conoció a Rene Perez, guionista, productor y director estadounidense que, ensimismado con el parecido con Bronson, no dudó en ofrecerle trabajo al otro lado del Atlántico. Death Kiss es uno de ellos. Tuvimos la ocasión de verla en el propio festival.

          Dia 2.

          El jueves contaba con el plato fuerte del festival. El pase de Street Fighter: La última Batalla por su 25 aniversario, con la presencia de su director y guionista Steven E. De Souza. Toda una leyenda en el género de acción de los 80 y 90, de cuyas manos salieron los guiones de Commando, Perseguido (Running Man), La Jungla de Cristal (I y II) y Juez Dreed, así como produjo El Coche Fantástico. Casi nada al aparato.

          El hall del Palacio de la Prensa lucía estupendo para una velada tan especial. Recreativas de Street Fighter, figuras de colección, chapas, libros, y un photocall donde se agolpaban los fans para la foto con Don Steven.

          Se le entregó el premio Sah-Di-A por su aportación al cine cutre, y colateralmente por toda una carrera de putoamismo. Amable, cortés y prolijo en hablar sin freno, compartió con nosotros varias anécdotas del rodaje (¡y regaló un Bisondolar!). Varias de ellas relacionadas con las aficiones lúdico-festivas de Van Damme. Y si, se cameló a Kylie Minogue. También supimos que esté cobró 7 millones, Raúl Juliá casi 5, y el resto de actores el mínimo establecido por el convenido de actores. Vamos, que quedaron tres pesetas y media para la producción en si.

          Creo humildemente que la película tiene una buena base como cine de acción/aventura. Una trama sencilla pero eficaz, que va al asunto, alguna set-piece digna, a Raúl Juliá, pese a estar enfermo, y cierta similitud en las maneras con éxitos de su tiempo. De lo que no cabe duda es de que los lastres son muchos y de gravedad. La matraca por parte de Capcom de meter a todos los personajes posibles, el presupuesto, la situación de Juliá, el talento del reparto, ideas de bombero, y JCVD. Aún con todo, es muy disfrutable. Pregunten a cualquiera de los que estuvimos allí.

          Después pudimos disfrutar de una explotación koreana de Street Fighter (Korean Sreet Fighter), que duraba 50 minutos aún siendo la mitad de ellos rótulos en pantalla presentando hasta a las rocas del paisaje. Personajes con pendulante mucosa en sus narices en todas las escenas, una historia tan hilarante como imposible, gritos, gestos, saltos y bizarradas a mansalva. Pudo ser una de las mas duras del festival, ¡y duraba 50 minutos!

          Dia 3.

          Carrion Death, capítulo de la serie Historias de la Cripta escrito y dirigido por Steven E. De Souza inauguraba el tercer día. Una obra altamente recomendable donde Kyle MacLachlan (Twin Peaks) las pasa canutas en el desierto.

          Después, sesión de preguntas y respuestas con todos los invitados de esta edición: Los anteriormente citados De Souza y Robert Bronzi, Jeri Barchilon (esposa de Souza y productora de Street Fighter)Timon Singh (escritor que presentaba el libro oficial del festival, Born to Be Bad) y Pedro Temboury (Karate a muerte en Torremolinos). Público desbocado, ávido de anécdotas y curiosidades, y respuestas extensas, con sabor a enjundia, en un ambiente familiar y confortable. Curiosidad: El motherfucker que acompaña al mítico Yippee Ki Yay se lo debemos a Bruce Willis. El asshole del guión le parecía flojito.

          Despues pudimos ver el estreno de Death Kiss, al servicio y lucimiento del doble de Charles Bronson, Robert Bronzi. No va mucho más allá que lo que supone ver a Bronson con un móvil en la oreja.

          Para terminar la jornada del Centro Cultural La Casa del Reloj en Matadero, homenaje a Pedro Temboury con la proyección de Karate a muerte en Torremolinos, película que seminal del neo-cutrerio cinematográfico español. Segunda guerra mundial, ninjas, cannabis, Jocantaro edl monstruo marino y ausencia total de vergüenza y dinero.

          En la sesión golfa del Palacio de la Prensa, América 3000 (Cannon), cine post-apocalíptico deliberadamente paródico (en parte al menos), donde las mujeres si que están empoderadas. Los hombres en cambio son unos simples que se conforman con cualquier chuminada (cinema verité). Sale un mono con radio cassette, razón suficiente para que cualquier cinéfilo de bien se la tire a los ojos. Recomendable para los que se adentran en el mundo de la mugre fílmica, no vayan a empezar con piezas hard tipo Ben & Arthur.

          Dia 4.

          Del sábado diurno destacaría Suburban Sasquatch. Amateurismo similar al del hijo de la Paqui, que anda con el móvil grabando cosas con sus amigos. Pero a lo analógico. Inexplicablemente fue editada en DVD, y de ahí al estrellato. Y con ahí nos referimos al jardín del director, que es prácticamente la localización principal. La leyenda del Bigfoot cobra un nuevo sentido.

          La sesión de medianoche (Best Friends: Volumen 1) nos brindaba el regreso a las pantallas de Tommy Wiseau, perpetrador (a todos los niveles) de The Room, obra magna del cine con minúsculas. A su lado, su compañero en aquella, Greg Sestero, el listo de la pareja. Tuvo el detalle de mandar un afectuoso saludo en forma de video (¡en vertical!) para todos nosotros. Y después, la magia. Una película con una factura técnica más que aceptable, el nulo talento interpretativo de Tom y Greg y el guion con más subrayados y reiteraciones de la historia del universo. Y aún así engancha. Quizá tenga que ver la mezcla entre su bonita ejecución y líneas de dialogo absurdas, las transiciones con cancioncilla cada 5 minutos, la pureza de unos actores legendarios en lo suyo (creí intuir una mejora en Wiseau) o todo ellos junto. Y un epílogo psicodélico que nos emplaza a ver el Volumen 2 (sin fecha de estreno en España pero disponible en DVD y Bluray allende los mares). Me quedé tan picuet que quiero verla AHORA.

          Dia 5 (Último)

          Amanecía el ultimo día de la Cutrecon con la sección Documetrash, donde pudimos ver, en estreno europeo, el documental sobre la figura de Uwe Boll Fuck You All. Recorre de manera ágil y nada tendenciosa la carrera de uno de los directores peor considerados de los últimos tiempos, con cantidad de adaptaciones de videojuegos en su haber y extrañezas como Darfur, Auschwitz o Postal. El propio Boll sirve como hilo conductor de su propia historia, reflexionando (o no) sobre sus inicios, su forma de tomarse la profesión y sus catastróficos resultados a ojos de crítica y público. Además, diversos colaboradores dan su versión del carácter y profesionalidad del alemán en perpetuo enfado. El documental definitivo sobre Boll. Y no porque sea el único (que lo es) si no por su pulso narrativo y la eficacia del planteamiento. Una trufa entre tanta putrefacción (en el buen sentido, ya sabéis).

          Poco después, Timon Singh, nos presentó en calidad de productor el documental sobre héroes de acción de los 80 y 90 In search of Last Action Heroes, que consiguió financiar exitosamente en Indiegogo casi triplicando la cantidad inicialmente solicitada. Mario Kassar entrevistado. Para no perdérselo.

          Para cerrar el festival, maratón de cuatro películas en la sala Cero del Palacio de la Prensa, discoteca los findes, cine con alcohol los domingos de Cutrecon (por primera vez se le puede dar al alpiste entre planos locos y actuaciones de rebajas). Primer puñetazo al estómago: Queen Kong, alegato feminista (¿o no?, ni los responsables lo saben) que fusila King Kong sin reparo, añadiendo números musicales y a un inglés de extrarradio siendo el juguete de las Liberated Ladies (sic). Se hace larga.

          A continuación, La Venganza del Mono Sagrado, producción india made in Tollywood, la otra cara de Bollywood. Un señor con malaje quiere cambiar el templo sagrado de ubicación para sus aviesos fines, y a un chaval eso no le gusta un pelo. Él y el mismísimo Rey Mono intentarán hacer justicia. Efectos especiales muy llamativos (¡para bien!), colorines por doquier, ritmo esquizofrénico y mayor numero de palabras por segundo de todo el que abre el pico. Casi demente, el hecho de que descarrile una y otra vez sin que le importe es lo que le da realmente el sabor del disfrute. No apta para epilépticos.

          Y aquí me bajé. Quedaban dos pelis más, pero el cansancio hizo mella y no pude más que irme a mi casa, satisfecho con la Cutrecon que había vivido (mayor numero de espectadores alcanzado y mayor difusión a nivel nacional).

          El año que viene (que pivotará sobre monstruos marinos), más y peor.

          ¡Plástico guay!

          • CutreCon
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            lesdeuxmoulins@gmail.com (Álvaro Valdés Fernández) Eventos Wed, 06 Feb 2019 18:59:07 +0100
            La Casa de Jack http://www.scifiworld.es/reviews/la-casa-de-jack.html http://www.scifiworld.es/reviews/la-casa-de-jack.html La Casa de Jack

            De jajas con von Trier

            “El director ese danés que está loco”. No hay duda, todo el mundo sabe a quien nos referimos con ese enunciado. En el Top 10 de “directores con mas personalidad de la actualidad” es más que evidente que Lars von Trier estaría entre los cinco primeros con solvencia. Siempre han sido muchas sus virtudes, como su forma de ver y entender los hechos que rodean a los personajes de sus historias, lo impecable de lo visual en sus cintas o la pulida supervisión de actores que realiza en sus trabajos. Muestra de ello son títulos como Dogville, Anticristo o El Jefe de todo esto. También tiene alguna tara, como la densidad con la que a veces narra, prueba de ello lo tenemos en Melancolía, tal vez su film mas pretencioso. Y luego, tiene algunas divertidas sin más, con las que es agradable pasar el rato, como los dos volúmenes de Nynphomaniac, por poner solo un ejemplo.

            Su nueva producción La casa de Jack, que se presentó con honores el pasado Festival de Sitges, aunque fuera de concurso oficial, se englobaría en el primer sector.

            Durante la década de los setenta en Estados Unidos seguimos al brillante Jack durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack, quien considera que cada uno de sus asesinatos es una obra de arte en sí misma.

            Llevo ya un tiempo intentando no spoilearme la vida con trailers o reseñas antes de conseguir ver una película. No siempre ocurre, pero con La Casa de Jack tuve suerte y lo conseguí. Lo que yo esperaba como una perturbadora cinta de serial killer, al más puro estilo Henry, terminó siendo una divertidísima comedia negra (negrísima) sobre vida y milagros de un desequilibrado, pero letal y cuidadoso asesino en serie interpretado por un Matt Dillon (que cada vez se parece más a Bruce Campbell) en unos términos más que acertados.

            Una vez más, en el plano técnico von Trier cumple con creces, cuida hasta el ultimo detalle y esta vez no iba a ser una excepción, destacando por encima del resto de factores la iluminación, con una fotografía muy de la época y unos tonos que ayudan al desarrollo de la historia. En la historia es donde nos comenzamos a encontrar con una serie de elementos que si fuéramos catedráticos o políticamente correctos (fuck!) podríamos catalogar de enfermizos, cargantes o gratuitos. Al contrario de eso, todos los excesos vistos en la película y entendidos siempre como una sátira yo los considero humor, y del más estimulante. No es que sea un no parar de reír, tampoco estamos ante el tipo de comedia negra El Lobo de Wall Street, son varios puntos, donde la perversidad de Jack más hace gala y donde llegan las mejores y más divertidas secuencias. El resto de actos, que se pueden considerar de transición, son los que más se acercan a un drama policíaco con la firma de su director, aunque tampoco muy marcada, o al menos no tanto como en varias de sus anteriores obras. Por lo menos hasta el último tercio de película, donde por fin vemos a un Bruno Ganz que hasta entonces solo era narrador en forma de voz comunicativa con Jack y donde acompañamos a los personajes a un submundo pseudo-onírico que cada uno puede interpretar como quiera, pero que parece ser el subconsciente de un Jack al que sus propios demonios le traicionan. El final, un coitus interruptus de los buenos. De los que le gustan a su realizador.

            Es remarcable, además, la aparición de Riley Keough, (en una de las mejores y mas perversas escenas del film junto a la de Uma Thurman) una de las actrices más en forma del Hollywood joven y a la que vimos ya en la reciente obra maestra Under the Silver Lake.

            En resumida cuentas, remánguense la camisa y aliñen bien para saborear el último menú del director danés ese que esta muy loco. Puede que no sea su mejor película y que al final del visionado os sintáis sucios, pero no os sintáis culpables y reír. Reír mucho. Eso no os lo quitará nadie.

            • La casa de jack
            • The house that Jack built
            • Matt Dillon
            • Lars von Trier
            • Riley Keough
            • Bruno Ganz
            • Uma Thurman
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              ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Mon, 04 Feb 2019 18:59:47 +0100