Cine fantástico, de terror y de ciencia ficción. Revista online - Scifiworld http://www.scifiworld.es Sun, 21 Apr 2019 06:59:02 +0200 Joomla! - Open Source Content Management es-es Dumbo http://www.scifiworld.es/reviews/dumbo.html http://www.scifiworld.es/reviews/dumbo.html Dumbo

Dumbo descafeinado

Se abre la trilogía de adaptaciones Disney que este 2019 invade nuestras carteleras con Dumbo y a la espera de Aladdin y El Rey León. Todo un titán la compañía norteamericana que hay que recordar este año además cierra el Marvelverse y finaliza también la tercera trilogía Star Wars. Pero vamos con la que nos ocupa.

Holt Farrier (Colin Farrell) cuenta con la ayuda de sus hijos Milly (Nico Parker) y Joe (Finley Hobbins) para cuidar a un elefante recién nacido cuyas orejas gigantes le hacer ser el hazmerreír en un Circo que no pasa por su mejor momento. Max Medici (Danny DeVito) dueño del circo, se decepciona al saber sobre las enormes orejas del pequeño paquidermo hasta que descubre que es capaz de volar, llevando al circo de regreso a la prosperidad.

Vale que el estilo Burton está presente. Vale que es una mejora con respecto a otras adaptaciones Disney perpetradas por el de Burbank, evidentemente las de "Alicia". Pero señores, todos sabéis que nunca volverá a ser lo que fue. Burton parece cómodo y se ha asentado pasando de facturar obras maestras a llevar a cabo el cine estándar más puro. Tan solo imaginen una cinta con un freakshow como uno de los atractivos principales, dirigida por el primer Tim Burton… Para nada sería lo que es esta Dumbo. Una película, que como ya he dicho rezuma tres o cuatro gotas de la personalidad audiovisual de su director y pese a ser catedrática en todo lo relacionado a lo narrativo, gustará a pequeños y entretendrá, en mayor o menor medida, a mayores.

Uno de sus puntos más positivos, como no podía ser de otra manera, es su diseño de producción y todo lo relacionado con el aspecto visual, haciendo destacar a Dreamland, el maravilloso parque de atracciones gigantesco que aparece en la película, que eso sí, se mezcla con esa BSO reciclada de Eduardo Manostijeras y nos da un mejunje de lo más extraño.

Como adaptación, suspende enteros. No solo por ciertas licencias argumentales perdonables, sino por ese sello Disney tan irritante que provoca bajadas de pantalones del tipo que ignora la secuencia de la borrachera del orejudo elefante, y lo peor es que la escena aparece, pero con otro contexto y en una situación totalmente diferente. Una vez más pasando por el aro con esa tendencia de ofrecer un espectáculo políticamente correcto. Y a todo esto no ayuda que esta adaptación venga firmada en solitario por Ehren Kruger, un especialista en segundas (Transformers 2: La Venganza de los Caídos - 2009) y terceras (Scream 3 - 2000) partes desvirtuadas.

Por otro lado, el estelar elenco ofrece una interpretación cumplidora pero lineal. Los Keaton, Farrell, DeVito o Arkin no se salen de lo arquetípico de sus personajes. Es Eva Green, la que teniendo una aparición más breve deja una actuación que, aunque igualmente pasa sin pena ni gloria, deja entrever un personaje que evoluciona, por lo tanto, más interesante. Y mención especial merece la joven debutante Nico Parker, el híbrido perfecto entre una niña creepy y adorable, puro reflejo del estilo Burton.

En resumidas cuentas, remake live action que poco tiene que ofrecer a la historia original, al revés, le suprime los elementos más atractivos, pero que es lo suficientemente entretenida y nostálgica como para conquistar la taquilla.

  • Dumbo
  • Tim Burton
  • Michael Keaton
  • Eva Green
  • Nico Parker
  • Colin Farrell
  • Danny DeVito
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    ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Thu, 18 Apr 2019 19:37:47 +0200
    El Orden y el Caos (Louise Cooper) http://www.scifiworld.es/la-biblioteca-incontable/el-orden-y-el-caos-louise-cooper.html http://www.scifiworld.es/la-biblioteca-incontable/el-orden-y-el-caos-louise-cooper.html El Orden y el Caos (Louise Cooper)

    Tercera y última parte de la trilogía "El Señor del Tiempo", que contiene un final esperado y no esperado, a partes iguales.

    A estas alturas, inútil es ya insistir en el interés que suscita la lectura de la primera y tal vez más famosa de las obras de la británica Louise Cooper (1952-2009), ya que cuando esta tercera y última entrega de la trilogía “El Señor del Tiempo” se publicó aquel mismo 1986 bajo el título “The Master” (que aquí alguien decidió llamar “El Orden y el Caos”, lo cual tampoco va muy errado a pesar de que rompa de forma innecesaria el espíritu de los anteriores nombres, “El Iniciado” primero y “El Proscrito” después), quedó meridianamente claro que si bien los libros se apoyaban en uno anterior (el primigenio y poco exitoso “Lord of No Time”, de 1977), su desarrollo posterior había dado lugar a algo mucho más grande. Publicado por estos lares igual que sus predecesores por Timun Mas en tapa dura, en 1988 (e igualmente reeditado con distintas cubiertas y en tapa blanda, primero en 1999 y en 2004 después), y luego en Círculo de Lectores en 1991, formó también parte de la colección “Grandes Autores de la Literatura Fantástica” en 1996 (el volumen 7) y de la de “Literatura Fantástica” de Planeta DeAgostini en 2006, así que tal abundancia facilita muy mucho el acceso a una obra completa que no podía acabar mejor de lo que ha acabado…
     
    Porque si tenemos en cuenta que de nuevo partimos de un final rotundo (necesario es insistir en que no tanto como el del primer volumen, pero sí la mar de interesante), y que lo que estamos deseando durante la lectura es que dos de los personajes vuelvan a cruzar sus caminos (y hasta aquí podemos decir, porque si no, de nuevo privaríamos de un placer enorme a los lectores), y que a fin de cuentas el título en castellano nos adelanta lo que era más que previsible desde la primera de las páginas (es decir, que el conflicto entre las fuerzas del Orden y los poderes del Caos iba a precipitarse y a convertirse en el epicentro del final), nos daremos cuenta de que ni el libro ni la trilogía pierden fuelle a medida que se van desenvolviendo, y si bien los personajes principales siguen siendo principales, los secundarios (y sus acciones) en nada les desmerecen. Y ahí está todo lo que sucede (y lo que deja de suceder) para demostrarlo…
     
    Y sí, tal vez se nos pueda acusar aquí de jugar al escondite o de desvelar pocos misterios (o incluso de mojarnos poco en críticas u opiniones), pero es que finalmente y más que nunca estamos hablando de una historia contada en tres volúmenes y no de una trilogía, por lo que justo y necesario es reconocerle esa misma solidez que por un lado impide fisuras y por el otro anquilosa la narración en algunos momentos (y han sido varias las voces que han acusado a Cooper de no soportar una relectura calmada). Pero de momento, necesario también es conformarse con lo dicho (que no es poco ni mucho menos), en espera de indagar en otras sagas que sí han sido concebidas en partes bastante más largas y espaciadas (la serie “Índigo” tiene nada menos que ocho, y está escrita a lo largo de cinco años) o incluso de segundas partes que complementan (veremos cómo) a esta que estamos hablando.
     
    -El gran misterio (sin resolver): cómo serán las cosas de aquí en adelante.
    -Los grandes personajes: más Tarod, más Cyllan…
    -Los (otros) grandes personajes: me acojo a mi derecho a no declarar.
    -El gran momento: el principio. Y el final. Y también el principio, que ya veremos hasta dónde nos conduce…
    • El Orden y el Caos
    • El Señor del Tiempo
    • Louise Cooper
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      Jhazael2001@hotmail.com (Házael González) La Biblioteca Incontable Sun, 14 Apr 2019 19:09:19 +0200
      Cementerio de Animales http://www.scifiworld.es/reviews/cementerio-de-animales.html http://www.scifiworld.es/reviews/cementerio-de-animales.html Cementerio de Animales

      Este gato sí que mola.

      Veinte años después de su primera adaptación cinematográfica y veintiséis después del lanzamiento de la novela, nos llega una nueva visión de una de las historias más famosas del maestro Stephen King, Pet Sematary. Y digo primera adaptación por que recuerde, querido lector, aquella secuela del 92, Cementerio Viviente 2, pero recuérdela por completismo puro, tampoco la revisione, bajo ningún concepto.

      El doctor Louis Creed (Jason Clarke, Terminator: Génesis) se muda con su mujer Racher (Amy Seimetz, Alien Covenant) y sus dos hijos pequeños de Boston a un pueblecito de Maine, cerca del nuevo hogar de la familia descubrirá un terreno misterioso escondido entre los árboles. Cuando la tragedia llega, Louis hablará con su nuevo vecino, Jud Crandall (John Lithgow, Máximo Riesgo), desencadenando una peligrosa reacción en cadena que desatará un mal de horribles consecuencias.

      Los directores Dennis Widmyer y Kevin Kolsch dan su particular visión de este segmento del Kingverso avalados por su film más conocido hasta la fecha, Starrys Eyes, una joyita indie y por uno de los cortos que conformaban la película episódica Holidays, junto a otros como por ejemplo Kevin Smith. Son además los encargados de llevar a buen puerto la segunda parte de Mamá, en actual post-producción.

      Si en algo destaca este nuevo cementerio es por su atmósfera, insana y opresiva en todo momento, logrando crear un relato, que, si bien comenzaba de forma anodina y costumbrista, termina convirtiéndose en una oscura y terrorífica aventura casi sin salir del jardín y siempre inyectando una pequeña pero crucial dosis de humor negro entre la trama. Se alimenta además de elementos del folk-horror más lúgubre y reemplaza piezas de la historia original con un resultado, no mejor ni peor, sino diferente y como ya dije dando una visión innovadora de los acontecimientos, de alguna manera convirtiéndolos en más cabrones, lo cual, por lo menos a mí, me convence sobremanera. Es, en cierta medida, bastante más cabrona que el otro film de terror con el que comparte cartelera, Nosotros. Donde en una solo se incomoda a la típica y repelente familia americana, en la otra se le da bien de cera, sin importar la mala baba, pero siempre teniendo en cuenta el estilo catedrático que manda dentro de los cánones de una producción mainstream. Aunque las intenciones finales son las mismas, la forma de ejecución varía, sobre todo por la personalidad a la hora de llevar a la pantalla un guion de una u otra manera.

      Igualmente, esa personalidad la encontramos sobre todo en el desarrollo narrativo de la nueva historia, ya que, a nivel técnico, muchas de las secuencias están filmadas en piloto automático, lastrando un poco la sensación final y siendo esto prácticamente lo único que hace que no te despedidas de la película con un sabor de boca sobradamente dulce, que venía dado por el buen hacer tanto de los directores como de Jason Clarke y John Lightgow, dos ya experimentados actores que llevan casi en su totalidad el peso de la cinta.

      En resumidas cuentas, efectiva película de terror por encima de la media que, aunque no renuncie a mecanismos tradicionales como los jump scares y otros tópicos sobre todo a la hora de presentar personajes, presenta un relato clásico que consigue apoyarse en actuaciones sólidas y un espíritu que se desarrolla sin buscarle explicación a lo sobrenatural. Digno de mención.

      • Cementerio de animales
      • stephen king
      • Pet Sematary
      • John Lithgow
      • Jason Clarke
      • Dennis Widmyer
      • Kevin Kolsch
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        ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Críticas Mon, 08 Apr 2019 17:25:01 +0200
        MANDY Y MAZMORRAS. http://www.scifiworld.es/cine/mandy-y-mazmorras.html http://www.scifiworld.es/cine/mandy-y-mazmorras.html MANDY Y MAZMORRAS.

        Sucedió una tarde de un lejano sábado, a mediados de los ochenta del siglo pasado.

        Un grupo de jóvenes se subía en una atracción de feria y era transportado a otra dimensión, donde cohabitaban los dragones en las mazmorras. Era el “opening” de una serie animada, que deslumbró desde esos primeros minutos, y lo que la hizo entrar en la inmortalidad catódica de toda una generación por estos lares, fue el “opening” español que contenía la canción del grupo Dulces. Bien, dejando atrás a la nostalgia más bastarda, que se convertirá en una de las dianas móviles de la película de Panos Cosmatos, es importante decir que estamos ante una película portal, es decir, una estructura que nos invita a dejar nuestro plácido mundo para adentrarnos en otro, de índole muy distinto. Nos propone por tanto un viaje, y como si fuésemos esa panda de dragones y mazmorras, nos hace cruzar a otra realidad. Una construida bajo el signo de la referencia y ejercitada desde el género. Pero lo gracioso y lo glorioso de Mandy (2018), y aquí nos encontraríamos con su juego de matrioshkas formal, es que su propio creador, cual mansoniano Jeremiah (Linus Roache), llega a pervertirlo de tal manera que el desafío ya no supone detectar la referencia, sino contemplar su mutación.

                                            Mandy 4

         

        La secuencia hipnótica de Jeremiah frente a Mandy (Andrea Riseborough), sirve de umbral para que nos adentremos en la mazmorra de una manera, casi, litúrgica. El rito se alimenta de los objetos por lo tanto tiene un cariz fetichista: el Cuerno de Abraxas o la Hoja infectada de la Noche Pálida bien podrían representar el Cáliz o la Hostia Sagrada de cualquier ceremonia cristiana. El momento está impregnado de un tono de ritual lisérgico donde dos personajes se baten en duelo. La posesión ejercida por el gurú frente a la inquebrantable fuerza de voluntad de su víctima. Lo más fascinante es cómo está realizado. Sutilmente se van sucediendo fundidos del rostro de Mandy sobre el de Jeremiah, de tal forma que el plano parece hechizar no solamente al actante sino al narratario, haciendo desaparecer el elemento del montaje básico del plano/contraplano para configurar una especie de montaje interno dentro del mismo plano. La osadía formal es soberbiamente arrebatadora con el único fin de mostrar aquello que no se puede mostrar: escenificar la fusión de dos elementos disímiles negando al espectador su construcción.

                              Mandy 2

         

        Es un momento que nos recuerda a una película, y aquí se filtra el componente nostálgico sin duda alguna. Conan el bárbaro (Conan The Barbarian, John Milius, USA, 1982) se siente a lo largo de todo el metraje. Desde su comienzo, con esos planos de la fragua donde se está creando la espada atlante resonando en la fabricación del hacha del protagonista, hasta su final envuelto en llamas. Pero el objetivo no es el homenaje sino su posicionamiento como punto de partida sincretista del periplo de Red (Nicholas Cage) sediento de venganza.

                             Mandy 5

         

        El final de aquel film con el rostro de Thulsa Doom (James Earl Jones) intentando hipnotizar a Conan (Arnold Schwarznegger) es muy similar al de Jeremiah o el momento escalofriante en el que le quiere enseñar a un Red martirizado el significado del amor, colocando una bala en la recámara  de una pistola y ordenando a una de sus acólitas que se dispare sobre su sien, nos hace recordar a otro momento en el que Thulsa Doom enseña lo que es el poder a un Conan crucificado. Son resonancias internas que nos hablan de un cine de la postmodernidad sin ningún tipo de complejos. El relato se va nutriendo a medida que avanza, retroalimentándose de atmósferas y tonos que se van posicionando al margen de esa primigenia nostalgia para transformarla en una auténtica pesadilla. En Mandy se respira un ambiente malsano, la diégesis que acoge a sus criaturas es una finiquitada en bondad, y lo único que la puede habitar es la locura. Nos encontramos ante el colapso de una civilización, y solamente a través de las drogas y la religión uno puede sobrevivir. La sociedad naufraga entre ambas orillas y aunque parezca que pueda quedar abierta la puerta de una cierta esperanza al final, lo que permanece es la contundente redención: Red sube a su coche. Su contorno está definido por el color anaranjado de las llamas del templo al fondo del plano. El reflejo incandescente lo acompaña en el interior del vehículo mientras se produce el alumbramiento de una reminiscencia. No se sabe pero presumiblemente, esté recordando el primer encuentro con Mandy. Otra vez se vuelve a la frontalidad de las miradas pero está vez la unión es imposible, sólo queda el choque de focos azulados y naranjas dentro y fuera del pensamiento del héroe. Ella termina expulsando una lágrima y él, con el rostro encharcado de sangre, la dedica una sonrisa cartoonesca. Fin de la añoranza.

                            Mandy 1

         

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        Proyectom05@hotmail.com (José Amador Pérez Andujar) Cine Sun, 31 Mar 2019 19:42:47 +0200
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        El "otro" Jordan Peele perpetra una tramposa, aburrida, simple y previsible película.

        El otrora actor y guionista de comedias sin mayor propósito que el de entretener (que ya es mucho), Jordan Peele, sorprendió a propios y extraños en el 2017 con una fantástica pesadilla que denunciaba el racismo latente que palpita en las capas más inertes de la sociedad estadounidense. Hablamos, claro está, de la formidable Get Out; triunfo merecido que aunó loas de crítica y público por partes iguales y consiguió un inesperado pero justo premio al Mejor Guión Original en la ceremonia de los Oscar del año pasado.

        Get Out venía a confirmar a Peele como un cineasta con un dominio de la técnica sorprendente en una ópera prima, con una conjunción notable a la hora de medir los tempos narrativos, su acertada simbiosis entre metraje y B.S.O. y lo más complicado: creernos la imposible historia que vemos sobre la superficie del largometraje. Ayuda que dentro del género Fantástico admitimos practicamente cualquier posibilidad argumental, pero lo cierto es que gracias a las precisas pinceladas de tensión, la película se disfruta con una voracidad que solo al epílogo de la misma nos damos cuenta de la intrahistoria que el neoyorkino nos ha querido narrar.

        Un auténtico "sleeper" y una bendición para el género, sin duda.

        No conforme con todo esto, el bueno de Peele, apadrinado por su mentor Spike Lee decide seguir ahondando en su lucha contra las políticas actuales de su país, con evidente propósito de desinvernar a esa masa popular que subyace en las catacumbas culturales, escondidos de la luz del conocimento y semovientes cuales cucarachas decapitadas. Y su apuesta es de elevado riesgo por intentar hacerlo a través del "slasher", sub-género muy menor que en la inmensa mayoría ofrece unas producciones sonrojantes por la poca seriedad con la que los cineastas abordan las mismas.

        Us es un apoteósico adoquín de injustificable defensa. No por su indigesta historia (insistimos, en el Fantástico vale prácticamente todo) si no por la manera en la que está planteada y contada la película. Valoramos la postura anti-acomodaticia del guionista y director pero no podemos aceptar la pobreza en su ritmo narrativo y el uso de trucos de una simpleza que rozan el esperpento. La película, de excesivo metraje, tarda en despegar nuestra curiosidad ante lo que nos plantea Peele y cuando su caja de Pandora expulsa sus males por doquier, nuestras visitas al reloj de pulsera ya se han vuelto recurrentes.

        Podemos aceptar (y de facto lo hacemos) la sinopsis, pero no la burda manera en la que se concibe el largometraje. Situaciones mal desarrolladas, huídas típicas que acaban en el previsible susto potenciado por una subida estridente de su B.S.O. (pésimo el excesivo y cargante protagonismo que la música de Michael Abels tiene en el film) o unas interminables secuencias con el fallido propósito de aumentar el suspense (está bien que te guste Hitchcock, poseedor de una técnica única, pero muchas veces, menos es más y Peele hace todo lo contrario). Sirva como ejemplo, el apresurado rescate final de la protagonista, que baja en las escaleras mecánicas del interior de la atracción, quieta, sin avanzar, esperando pacientemente (pero con cara de angustia, eso si) llegar al piso inferior. Solo falta la típica música de ascensor para subrayar aún más el despropósito.

        Y por supuesto, como toda mala película, en su tramo final, el reflejo antagónico de la protagonista da una explicación del origen de la némesis merecida o no que estamos padeciendo. Dicha justificación Peele no es capaz de ofrecérnosla durante el visionado, por eso encarga a uno de sus caracteres que nos cuente a modo de resumen el por qué de las cosas. Da igual la sinopsis. Como estamos ante un Fantástico, al espectador lo podemos tomar por desmotivado en sus exigencias y soltar lo primero que se nos pase por la cabeza. Que si vienen unos alienígenas a suplantar nuestras identidades, que si las lechugas tienen un invencible plan para sojuzgar a la Humanidad, que si las Inteligencias Artificiales de nuestras consolas domésticas nos engañan con la mascota del vecino -confiese que también usted miraba al perro con lascivia- o que si hacemos réplicas de nosotros mismos (a saber para qué, oigan) y las dejamos abandonadas y ya aflorarán como morlocks paseando por los centros comerciales.

        Pero lo peor no es todo lo dicho con anterioridad. No. Peele juega a ser un tipo genial y deja para la conclusión un giro tan previsible que hace que los fiascos de las últimas películas de M. Night Shyamalan parezcan logros originales nunca antes vistos. Habría estado muy bien que el cineasta obviara las pistas torpes que nos da para concatenar la supuesta traca final. A poco que estemos atentos, descubrimos el conejo en la chistera y ni siquiera estamos en el último tercio de una interminable, burda y pretenciosa memez.

        Por supuesto que sacamos conclusiones políticas, sociales, de emponderamiento femenino (los adultos masculinos son unos mononeuronas), de límites vecinales entre naciones con sus barreras visibles y sus escapismos cara al Sur, a ese México que podría ofrecer a los protagonistas, asilo y refugio. E incluso lamentamos que no se profundice en los maquiavélicos planes de los ¿villanos? que tanto tiempo les ha llevado perpetrar.

        Una verdadera lástima este Us de Peele, que anhelábamos con un interés mayúsculo pero que se nos antoja oxidado, con una repetición industrial de fórmulas ya tan sobrepasadas en el Terror, tan ordinarias en su ejecución, tan planas en su plagístico epílogo que no podemos dar por bueno. El propio Peele confiesa que no dejará el género como instrumento para la denuncia de lo que está pasando en la actualidad en EE.UU. Nos parece bien, pero ahora está por ver cómo enfocará su carrera. Si  apuesta por la originalidad del Universo atisbado en su magnífica Get Out o si por el contrario se acomodará en cajas vacías envueltas en resplandeciente papel de regalo.

        • Us
        • Jordan Peele
        • Lupita Nyong’o
        • Winston Duke
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          javieraldariz@hotmail.com (El Guerrero Mandingo) Críticas Tue, 26 Mar 2019 10:47:55 +0100
          Megalodón, o del gas ocultador http://www.scifiworld.es/cine/megalodon-o-del-gas-ocultador.html http://www.scifiworld.es/cine/megalodon-o-del-gas-ocultador.html Megalodón, o del gas ocultador

          El Megalodón ha estado oculto durante 3 mda por una barrera de sulfuro de hidrógeno (H2S) a 11000 metros

          El último “bluf” del pasado verano se cimienta en la supervivencia de una especie que vivió hace 2´6 mda; el Megalodón. Para que este escualo sobreviviera desde el Cenozoico hasta nuestro días se inventan un ecosistema aislado cual Julio Verne. Este entorno se ubica a 11000 metros de profundidad en las Fosas Marianas.

           

          Fosas Marianas

          Las fosas Marianas se ubican en el Pacífico y tienen una profundidad máxima de 11 km. A esa profundidad la presión y temperatura reinantes son de 1000 atm y 2ºC respectivamente. Estas condiciones tan extremas son en las que se encuentra la capa de ácido sulfhídrico y el tiburón.


          Sulfuro de hidrógeno en la naturaleza

          Este hidrácido es un gas en condiciones atmosféricas, por ello lo existente en el mercado está en forma gaseosa o de disolución acuosa. Posee un olor característico a huevos podridos, consecuente a su formación natural a partir de la putrefacción de materia orgánica. En concreto en la metabolización por parte de bacterias de las proteínas, estas ricas en azufre (S). Su presencia se da en: yacimientos petrolíferos y de gas, pantanos, lagos estancados y emisiones volcánicas.

          Gas más pesado que el aire tiende a acumularse en las zonas bajas, que junto a su toxicidad puede generar situaciones de peligro. Una muy conocida la ocurrida en el lago Nyos (Camerún).


          La actividad volcánica submarina también emite este gas, disolviéndose inmediatamente en el agua. Las fumarolas subacuáticas suelen ser un ecosistema bacteriano (y más) fijador de azufre gracias a él.

          Toxicidad

          Su solubilidad hace al H2S un fuerte irritante respiratorio al disolverse en las mucosas cuando se inhala. A nivel celular produce la inhibición de la citocromo C oxidasa con resultado de hipoxia celular y una posterior acidosis láctica.

          En disolución acuosa

          Como se ha señalado anteriormente el H2S es soluble en agua, pero muy poco (una solución saturada de H2S a temperatura y presión ordinarias, alcanza un máximo de 4 g/l). Pero cualquier gas tiene un cambio de solubilidad con la temperatura y presión; se incrementa con el aumento de presión y con el descenso de la temperatura. También al disolverse produce que las propiedades físicas de reflexión de la luz del agua cambien. Ambas propiedades, solubilidad y reflexión, serán decisivas en la viabilidad de la barrera fílmica.


          Barrera profunda

          Con las propiedades del H2S y las pecualiaridades ,ya concretadas podemos dedicarnos a la formación de la barrera.

          Las emanaciones de fumarolas activas submarinas eyectan el H2S que se disuelve en el agua. La termoclina (capa dentro de un cuerpo de agua o aire donde la temperatura cambia rápidamente con la profundidad) existente posee una temperatura (T2) donde la solubilidad del H2S es muy elevada; permitiendo acumularse en mayor cantidad. Las temperaturas de los dos medios separados (T1 y T3) se diferencian de la termoclina en un término que no permite tal acumulación de H2S.


          La temperatura en T3 tendría que ser cálida (gracias a la actividad volcánica) para acomodar un medio afín al Megalodón. Este vivió en una época donde las temperaturas marinas mundiales eran tropicales, su posterior enfriamiento produjo presumiblemente su extinción. T2 sería mucho más baja que T3, por el tema de la solubilidad gaseosa y T1 es la real de 2ºC. Concretaremos a T3=20ºC y T2=4ºC. La temperatura de 4ºC la fijamos ahí pues es la de mayor densidad del agua, permitiendo esto mayor retención de H2S.


          Entonces tenemos la posibilidad plausible de crearse una barrera. Esta no sería merodeada por el Megalodón debido a su toxicidad e irritabilidad para sus branquias. También estaría oculto a los ojos de submarinos exploradores por el cambio de reflectancia al iluminarse por estar saturada de H2S. Pero quedan otras preguntas: ¿hay cantidad de alimento para este ser en ese lugar?, ¿viviría en la completa oscuridad de los más de 11km de profundidad?, ¿aguantaría tanta presión?

          • Megalodon
          • Jason Statham
          • Ciencia vs Ficción
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            cardescu@gmail.com (Cristian Cárdenas) Cine Thu, 21 Mar 2019 13:42:04 +0100
            Muestra SyFy 2019 http://www.scifiworld.es/eventos/muestra-syfy-2019.html http://www.scifiworld.es/eventos/muestra-syfy-2019.html Muestra SyFy 2019

            Crónica de Ignacio López Vacas

            Un año más la Muestra Syfy de Cine Fantástico llegó y se fue de la capital. Un nuevo y jugoso surtido de títulos invadió el céntrico Palacio de la Prensa del 7 al 10 de marzo. Si bien, muchos de los títulos que se proyectaron ya han pasado por reseñas de este medio, ya vistos en diferentes festivales del mundo, a saber, cintas como las recomendables Upgrade o Elizabeth Harvest en Sitges, las divertídisimas Puppet Master: The Littlest Reich y One Cut of the Dead en Fantaspoa o Diamantino en NIFFF.

            Aún así, la muestra ofreció otro buen número de títulos inéditos en Madrid, siendo algunos de ellos premieres en territorio español, por lo que repasaremos los más destacados.

            Feliz Día de tu Muerte 2: La película que presentaba el festival casi un mes antes del evento y varias semanas antes de su estreno era la secuela de aquella gran sorpresa en forma de slasher espacio-temporal Happy Death Day. La nueva entrega es un chicle interdimensional, pues da la sensación de un alargamiento extremo de la trama que en la primera parte servía como media naranja al terror, aquí prácticamente copa todo el protagonismo y reduce el bodycount casi al mínimo, convirtiéndose así en una comedia, lamentablemente, con muy poca gracia. De hecho, el mejor chiste del film es su título, Happy Death Day 2U, con eso queda todo dicho. Ni siquiera Jessica Rothe consigue salvar un guion que en esta ocasión tiene partes tan jodidamente ñoñas que dan grima.

            Escape Room: La esperada película de Adam Robitel (Insidious: The Last Key) que había estado presente en casi todas las listas de películas de terror más esperadas de 2019 cerraba la muestra. Esta cinta bien sería el perfecto ejemplo de lo que cada vez ocurre menos en cuanto al hype que tienes de una obra. Es justo lo que esperabas. Ni decepciona, ni asombra. Es, sin más, lo que imaginabas, o por lo menos, lo que yo imaginaba, una suerte de Saw Light, versión PG13, de libreto retorcido, personajes estereotipados e imaginativas trampas que las hacen difícilmente escurridizas para los protagonistas. Tal vez, lo más interesante de esta Escape Room sería encajarla en la nueva generación del ya famoso subgénero de “gente atrapada”. Tras la ya mentada Saw (toda la saga, se entiende) se produjo un mini boom de films que prácticamente imitaban este desarrollo, llegándonos así Steel Trap, House of 9 o Exam por citar solo tres ejemplos brevemente. Con la moda de los Escape Rooms en la vida real no tardaron en comenzar a llegarnos cintas que se centraban únicamente en el juego, véase 60 Minutos para morir o No Escape Room. Al igual que pasó con Slenderman y sus adaptaciones ha llegado finalmente un producto bastante más mainstream con una major detrás. Una película que entretiene y que da para franquicia, sobre todo porque si no nos estrenaran la segunda en unos años, esta se nos olvidaría.

            Prospect: Una de las propuestas más puramente scifis de la Muestra, resultó ser todo un descubrimiento. Pedro Pascal encabeza el reparto de una fusión entre ciencia ficción new age y western. Sí, en efecto, como leéis, y al contrario de lo que piensen muchos, el híbrido es un producto que rebosa imaginación y se destapa como una de las películas de temática estelar del año.

            Nación Salvaje: Esta sí es la película feminista del año y no Capitana Marvel. Una película gamberra y divertida donde sus protagonistas femeninas se alzan y encadenan una carnicería. El guion en algunos momentos peca de abstracto y tal vez habría necesitado un par de reescrituras antes de su filmación, pero todo el humor, la violencia y la técnica que desprende hacen de ella todo un disfrute, un placer culpable. Si bien Bella Thorne se usa como gancho, porque apenas sale, si que tenemos a una Suki Waterhouse de 10 y un resto del elenco más que destacable también. Nación y película salvaje.

            Dragged Across Concrete: Si todavía había alguien que tras Bone Tomahawk y Brawl in Cell Block 99 no trataba a S. Craig Zahler como un genio, esta es su última oportunidad de redención. Además, si había algo que podía mejorar una cinta del director eso era Mel Gibson en un protagónico. Parece que mis súplicas fueron escuchadas. Resumiendo, Craig Zahler lo ha vuelto a hacer, una película sucia, de atmósfera, con una crudeza que no veíamos desde los setenta. Tal vez el mejor policíaco-buddy movie en años y sin duda la mejor producción de la muestra con diferencia. Y aún a Zahler le sobra tiempo para marcarse el guion de Puppet Master: The Littlest Reich. Jugón.

            Dililí en París: Las matinales de fin de semana jugaban un importante papel también. Una oportunidad para los más pequeños de ir aclimatándose. Junto al clásico La Familia Addams, se pudo ver también esta cinta de animación que, aunque de infantil tiene poco, ya que es de esas producciones que esconden mensajes pseudopolíticos en sus entrañas, se puede disfrutar a modo de aventura detectivesca en la Francia de la Belle Epoque.

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              ignacio@artisticfilms.es (Ignacio López Vacas) Eventos Wed, 20 Mar 2019 17:15:46 +0100
              Alita: Ángel de combate http://www.scifiworld.es/reviews/alita-angel-de-combate.html http://www.scifiworld.es/reviews/alita-angel-de-combate.html Alita: Ángel de combate

              Un frenesí cyberpunk

              La lista de reproches al cine de James Cameron puede ser más o menos extensa, pero entre ellos no debe figurar en ningún caso el de la falta de honestidad. El realizador de Titanic y Terminator ha dejado siempre claro – bien a través de sus cintas o por medio de sus siempre polémicas disertaciones – que su concepción del séptimo arte contiene mucho de espectáculo y poco de arte y ensayo. No resultaría justo, pues, exigirle al autor de libretos tan poco metafísicos como el de Avatar, que hiciese ahora un derroche de trascendencia con Alita, pero tampoco es menester. Cameron ha demostrado, película tras película, que las historias que narra son un mero vehículo con el que hacer gala de su portentosa inventiva visual.

               

              Se desconoce la razón última que ha llevado a Cameron a no tomar las riendas del proyecto, pero la elección de Robert Rodríguez para ejercer de su álter ego es casi simbólica, de mero ejecutante. Bien es cierto que ambos realizadores comparten una visión próxima de la industria y una tendencia al exceso estilístico, pero Robert Rodríguez sí ha demostrado con películas como Sin City un claro interés por equiparar en importancia narración e imagen, norma que ha abandonado para acometer este proyecto con evidente etiqueta de encargo. El argumento, con un catálogo amplio de personajes arquetipos y situaciones manidas, sirve como excusa para que el cineasta mexicano orqueste un espectáculo postapocalíptico de gran envergadura al más puro estilo Cameron.

               

              Puede reprobársele a Alita la inclusión de subtramas superfluas (el romance adolescente o las tediosas batallas de motorball) y la poca valentía a la hora de explorar el siempre interesante conflico entre hombre y máquina, pero eso iría en contra de la propia naturaleza del manga que adapta. Por tanto, la maniobra del tándem Cameron-Rodríguez es la correcta, al lograr que la brillantez técnica revista los huecos de una historia que funciona en los momentos de distensión aunque no termine hallando un sentir trágico. Poco importa, puesto que ante la avalancha de persecuciones y tiroteos dosificados al milímetro, uno no puede más que rendirse ante un desenfreno que no descarrila, aunque traquetee. El imaginario de Ciudad de Hierro es diameltralmente opuesto a la tierra distópica de Blade Runner, pero lo es motu proprio. Aproximarse al universo de Alita supone, en consecuencia, aceptar sus reglas de juego y esta es una experiencia sensorial de inequívoco trayecto.

               

              Lo mejor: el soberbio diseño de producción.

              Lo peor: un plantel de actores de primera línea desaprovechado en favor del artificio visual.

               

              PUNTUACIÓN: ★★★ (sobre 5)

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              Lorenzochedas@gmail.com (Lorenzo Chedas) Críticas Wed, 13 Mar 2019 22:35:30 +0100
              Captain Marvel http://www.scifiworld.es/reviews/captain-marvel.html http://www.scifiworld.es/reviews/captain-marvel.html Captain Marvel

              Encefalograma plano.

              En 1967 Stan Lee y Gene Colan crearon el primer caracter de lo que hoy conocemos como Capitana Marvel. Originalmente era un alienígena al servicio del Imperio Kree, que cansado de las tiranías y desmanes de su expansionismo militar, decide poner su inteligencia al servicio de causas más nobles en el planeta Tierra. Este primigenio Captain Mar-Vell, no le hizo mucha gracia a DC Comics que veía un excesivo parecido a su más legendario héroe, el Hombre de Acero, el kryptoniano más famoso en todo el Universo conocido. Al margen de las disputas legales, a lo largo de estos años, el personaje ha mutado tanto de especie como de género, entrando y saliendo en las diferentes líneas argumentales de otras franquicias de Marvel, con mayor o menor fortuna en sus meandros narrativos, pero siempre enriqueciendo a uno de los protagonistas más atractivos de la propia compañía.
               
              En estos últimos diez años, la propuesta cinematográfica que Marvel-Disney ha planificado con cuidado esmero ha transcurrido la mayor de las ocasiones en brillantes triunfos para todos los seguidores de las aventuras surgidas del excepcional talento de Lee y de sus colaboradores; auténticos héroes para el fandom más nerd y paladines del sacrosanto asilo de la cultura más popular posible, aquella que transcurre en la inverosimilitud y la fantasía imposible. Marvel nunca fue mucho de dar explicaciones sesudas o plausibles; si te pica una araña radiactiva te transmite superpoderes y listo, sin muchos más silogismos. Y lo cierto es que vale perfectamente para lo que los estadounidenses entienden como entretenimiento puro sin más remordimientos que el de pasar unos momentos de ocio que cada uno valora según su escala de afectos y emociones. 
               
              Como contrapartida, Lee siempre tuvo un especial cuidado en revestir a sus personajes de una carga dramática heredada de pasados familiares por lo general, si no traumáticos, no fáciles de llevar en sus recuerdos. Esa "humanización" acercaba al fan a la realidad diaria de sus problemas vitales en su cotidianía (delirante o no), pero comprensible para adoptar a esas leyendas de papel (revividas en la gran pantalla) como vecinos deseados en el edificio doméstico. El caso es que funcionó, funciona y seguirá funcionando para todos aquellos niños de entre 9 y 99 años que se identifican con los problemas de la adolescencia, de los desamores iniciáticos, de los inadaptados a la sociedad "bienpensante"o de los abandonados en pesebres galácticos, por ejemplo. Para todos y cada uno de ellos; para nosotros en definitiva.
               
              Y hete aquí que con semejante vivero literario para poder adaptar las casi infinitas posibilidades que cualquier guionista desearía afrontar al menos una vez en su vida, la pareja artística formada por Anna Boden y Ryan Fleck, junto a Geneva Robertson-Dworet, deciden que mejor que todo eso, es preferible ralizar una amalgama desordenada como versión desinfectada de cualquier enjundia emocional que los censores de turno puedan valorar como restrictiva en su acceso a las salas de proyección. Y lo cierto es que lo acepto como propuesta válida. Me parece correcto que intenten llegar al mayor número de espectadores que gustosamente dejen sus dineros en la taquilla correspondiente, pero ¿eso implica también el barrer cualquier atisbo de elaborar unos personajes con una profundidad motivacional o de obviar una  necesaria coherencia en las secuencias y en la credibilidad de las mismas?.
               
              No es una mala película, por que sus poco más de dos horas se ven sin esfuerzo, con un tempo ágil y ese es el primer mandamiento del Cine: El de entretener. Si a posteriori lo visto transciende nuestras emociones, podemos hablar ya de cuotas cualitativas mayores, incluso en filmes que "sólo son" de aventuras, con supuestamente vácuos y livianos objetivos argumentales para el gran público, como mucha crítica especializada en su torticera ignorancia tiene a mal clasificar este y otros géneros próximos al Fantástico. Craso error, como padecieron en su momento los responsables de títulos incomprendidos como la memorable John Carter (2012) de Andrew Stanton, la descarnada historia de expiación final que James Mangold firmó para su oscura Logan (2017) o esa jovial erupción incontenida gozada en Guardians of the Galaxy (2014) del represaliado James Gunn.
               
              Me esperaba mucho más de Captain Marvel. Más si cabe por la notable campaña que alimentó nuestros deseos de presenciar algo rozando lo histórico para este tipo de producciones. Algo como nunca antes visto y que daría por excelso, el viaje que emprendimos hace ya una decena de años como el remache final en una epopeya que finaliza el 26 de abril. Carol Danvers no acabará con Thanos, quizás, pero de su importancia en la suerte final del villano genocida se nos antoja imprescindible. Y es en la ausencia de una épica a la hora de presentarnos a nuestra heroína en donde vemos el mayor coitus interruptus anímico. La película no consigue emocionarnos. El tan anhelado "partido del Siglo", acaba con un insulso cero a cero, sin ninguna ocasión de gol.
               
              Y tampoco ayuda la forzada e inexistente química entre Fury y Danvers. Desde la primera secuencia se advierte que sí o sí, convergerán como colegas de causa, tengan o no afinidades comunes y forzando piruetas en los registros de sus caracteres: Ella, ruda y dura (¿por qué no?, ¿o es que acaso es exclusividad de los egos masculinos?. Me convence y por tanto lo compro.) y Fury exacerbado en su infantilismo a la hora de confraternizar con las mascotas como contrapunto ridículo para que no haya duda de quién es el Alfa en esta pareja imposible. Por que algo manifiestamente mejorable y que va de la mano con lo anteriormente señalado es el pobre aprovechamiento de las calidades interpretativas, no ya de los protagonistas, si no de la impronta siempre notoria de Annette Bening, que deambula (su personaje) con un lastimero nihilismo, el paso casi imperceptible de unos de los mejores malvados descritos en el cine por Marvel, como es el Ronan El Acusador de Lee Pace o el fiasco en su registro que un cada vez más devaludado Jude Law hace del antagonista de Danvers, Yon-Rogg.
               
              Nada que objetar a todo el despliegue técnico y artístico que una pléyade de profesionales veteranos en estas producciones presumen y con razón en sus calidades (todo lo que no rozase la excelencia no sería aceptable) y por supuesto que nos entusiasma los créditos iniciales como merecido homenaje a Stan Lee y no tanto la sonrisa cómplice de Vers al propio Lee mientras está leyendo el Mallrats de Kevin Smith. Sí, es un guiño que gana con facilidad al fan, pero ¿qué tiene que ver con la película, de qué se conocen Vers y Stan?. Nunca me gustaron esos trucos baratos para cautivar al personal. 
               
              Insisto, no es una mala película; gustará mucho a los más jóvenes y a los que no esperan una cuidada y elaborada historia pero va muy en la línea de películas en donde no te puedes parar a pensar por qué ocurre esto y lo otro y no algo con una coherencia más deseada para un largometraje que hubiera querido que al menos conjugase emoción y espectáculo como el Spider-Man 2 (2004) de Sam Raimi, el Avengers: Infinity War del año pasado o las dos primeras entregas de los X-Men de Bryan Singer. Salí del cine con sensaciones similares a lo visto en Aquaman (2018)o Mortal Engines (2018). No rasques sobre su aúrea superficie, no vaya a ser que descubras pirita y ya que no empatizamos con ninguno de los caracteres, no cuestiones lo visto, aunque prometieran algo completamente diferente.  
               
              Stan Lee se merecía un esfuerzo mayor a la hora de presentarnos a la Capitana Marvel. Simpleza carente de contenido digno de recordar en nuestro particular Olimpo de Heroínas y aunque la excusa sentimental en el epílogo que la amazona Diana da como justificante, chirría en exceso, siempre nos quedará la magnífica Wonder Woman (2017) de Patty Jenkins.
               
              Captain Marvel, lo que pudo haber sido y no fue. 
               
              • Captain Marvel
              • Anna Boden
              • Ryan Fleck
              • Brie Larson
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                javieraldariz@hotmail.com (El Guerrero Mandingo) Críticas Sun, 10 Mar 2019 15:27:49 +0100
                El día de la marmota del terror español http://www.scifiworld.es/cine/el-dia-de-la-marmota-del-terror-espanol.html http://www.scifiworld.es/cine/el-dia-de-la-marmota-del-terror-espanol.html El día de la marmota del terror español

                El Goya de Honor a Chicho Ibáñez Serrador induce a la reflexión sobre el estado actual del horror nacional

                En la última edición de los Premios Goya se rindió homenaje a Chicho Ibáñez Serrador, maestro del terror patrio. En dicha conmemoración participaron algunos de los realizadores que, en los últimos años, nos han brindado varias de las piezas clave del género: Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró, Paco Plaza o Juan Antonio Bayona. Todos ellos manifestaron su admiración hacia el autor de ¿Quién puede matar a un niño? y La Residencia, destacando la influencia que sendas obras han ejercido en sus respectivas filmografías.

                Por desgracia, el análisis pormenorizado de ese momento de celebración contiene un reverso amargo: el último lustro ha sido devastador para el horror marca España, acostumbrado ya a encadenar etapas de esplendor con caídas en desgracia.

                La primera gran crisis tuvo lugar a finales de la década de los ochenta, cuando los miedos sociales se globalizaron y las propuestas de creadores como Amando de Ossorio, Paul Naschy o Jess Franco, tan eminentemente propias, quedaron desfasadas. Además, las producciones en el campo del terror a nivel mundial comenzaron a alejarse de los parámetros de la serie B y evidenciaron la bochornosa escasez de medios con la que llevábamos acometiendo nuestros proyectos desde los setenta.

                Del atolladero nos sacaría Alejandro Amenábar con la brillante Tesis, que abrió la veda a una serie de producciones - más o menos afortunadas - enmarcadas en el subgénero del slasher. Así, cintas como Tuno Negro, El arte de morir o Más de mil cámaras velan por tu seguridad vendieron su alma al diablo al plagiar el modelo norteamericano impuesto por Scream con el fin de obtener buenos dividendos en taquilla. Sin embargo, el modelo pronto comenzó a mostrar signos de agotamiento y, para más inri, Amenábar se despedía del género con Los otros. Era necesario un cambio de rumbo.

                Con la intención de establecer un canon netamente patrio y de solidez, se creó, a las puertas del presente milenio, la Fantastic Factory. Esta filial de Filmax se marcó como objetivo prioritario la producción de películas de terror de bajo presupuesto dentro de nuestras fronteras por parte de realizadores foráneos. La propuesta no cuajó, si bien sirvió de cantera para figuras tan importantes como Jaume Balagueró y Paco Plaza. El hecho de que los dos únicos directores españoles dentro de la Fantastic Factory fuesen los que aportasen las mejores películas de la casa no fue casualidad. La conclusión era clara: la creación de un lenguaje propio para el horror ibérico seguía pendiente y no podía ser tarea de viejas glorias extranjeras de la serie B.

                Tras el fin de la Fantastic Factory, Balagueró y Plaza continuaron trabajando bajo el mecenazgo de Filmax. Uniendo sus fuerzas gestaron Rec, un film enmarcado dentro del found footage y que aprovechaba el miedo a las pandemias virales imperante por aquel entonces. El gran acierto fue, ahora sí, conseguir darle a una producción de este tipo una pátina genuinamente cañí. En esa misma época, Guillermo del Toro aportaba su granito de arena con El laberinto del fauno y Juan Antonio Bayona debutaba obteniendo un gran éxito con El orfanato. Nuestro fantastique parecía ponerse por fin en órbita.

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                Por desgracia, la historia es cíclica y el terror español ha incurrido de nuevo en el mismo error. En los últimos años, las propuestas estrenadas han plagiado más que nunca los estándares del horror hollywoodiense. El rechazo del público hacia cintas tan carentes de personalidad como La hermandad, Los últimos días o Intruders fue contundente y, en gran parte, merecido. La confirmación del regreso a épocas oscuras vino de la mano del estrepitoso fracaso sufrido por REC 4: Apocalipsis, triste y doloroso cierre para una saga que había servido para revitalizar el género.

                A día de hoy, nuestro fantaterror parece echado a su suerte. A esta situación no ayuda el hecho de que sea visto por muchos directores como un estadio previo que deben superar para dar el salto a otros géneros considerados más serios. En consecuencia, existe una carencia de referentes y valores seguros que provoca que las productoras no quieran invertir en producciones de corte fantástico materializadas por debutantes.

                En 2017 Jaume Balagueró y Paco Plaza estrenaron sus últimos proyectos. El primero fracasó con la impersonal Musa, demasiado preocupada en la forma y poco en el fondo. Sin embargo, Paco Plaza obtuvo un gran éxito con Verónica, corroborando que es posible provocar terror exhibiendo exorcismos al compás de Héroes del Silencio . Analizar y comprender esta dicotomía es necesario, ya que el cine de terror español conseguirá ser mejor cuanto más aspire a ser él mismo. Solo así será capaz de salir de este perpetuo día de la marmota. Merece la pena intentarlo.

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                Lorenzochedas@gmail.com (Lorenzo Chedas) Cine Wed, 27 Feb 2019 13:12:28 +0100