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Dead Rising: los zombies como divertimento interactivo

el  Sábado, 14 August 2010 02:00 Escrito por 
Los muertos vivientes están de moda. Cine y videojuegos se fijan en ellos y los convierten en las criaturas perfectas para quqe el ser humano exprese sus frustaciones y miedos. Son los protagonistas ideales para cualquier obra de terror y también lo son para títulos de humor negro como “Dead Rising”, un proyecto imprescindible para los amantes de la serie B.

El subgénero zombie ha conseguido, con mayor o menor fortuna, hacerse un hueco entre los títulos de terror que pueblan las colecciones de cualquier “jugón” que se precie. Como norma general, estos títulos responden a los cánones del “survival horror” o, lo que es lo mismo, los videojuegos de terror, donde el protagonista debe sobrevivir en un entorno hostil a la vez que resuelve una serie de misterios. Resident Evil, sobre todo con sus dos primeras entregas, sentó las bases de un género que ya había tenido grandes exponentes, como el inolvidable Alone in The Dark.

Con todo, no se había dado el caso (al menos, no de forma descarada) en el que pudiéramos disfrutar con una obra de ficción interactiva donde el humor negro se diera la mano con el “gore” más salvaje. Tuvo que ser Capcom, la responsable de la ya mencionada saga Resident Evil, la encargada de lanzarse a la piscina y atreverse con una historia que fuera, a la vez, un homenaje al cine de zombies, una apuesta por las consolas de nueva generación y una original propuesta donde fuera el usuario el encargado de decidir que acciones llevar a cabo.

Así, llegó al mercado Dead Rising en 2006, rodeado de una considerable expectación y, como no podía ser de otro modo, una tremenda polémica. El título fue censurado en Alemania, donde recibió numerosos varapalos por parte de distintas asociaciones, y tuvo problemas en otros muchos lugares donde los videojuegos para adultos no están bien vistos. A pesar de estos detalles, Dead Rising se hizo un hueco entre la crítica especializada, cosechando valoraciones notables y recibiendo un aplauso enorme por parte de la comunidad de usuarios, que vieron en la obra de Capcom (con producción de Keiji Inafune) una excelente demostración de lo que podían hacer las nuevas consolas (Xbox 360 en este caso).

BIENVENIDOS A WILLAMETTE

La trama de Dead Rising es tan sencilla como divertida: Frank West, un fotógrafo “freelance”, ha recibido la noticia que puede sacarlo de la miseria y darle la fama y el dinero que cree merecer. Algo está pasando en la ciudad de Willamette, Colorado, y hasta allí se desplazará nuestro egoísta personaje en helicóptero. Mientras sobrevuela la ciudad, descubre que la información que le habían facilitado era cierta y, visto lo visto, terrorífica. La pequeña urbe está repleta de zombies, sitiada por el ejército y meternos de lleno en la acción resulta inevitable. Tras ser testigos de momentos temibles, terminaremos aterrizando en el centro comercial Parkview, donde tendremos 72 horas para desentramar la verdad, hacer miles de fotos y, por supuesto, sobrevivir cueste lo que cueste.

Como podéis comprobar, la trama no resulta novedosa. De hecho, Dead Rising tuvo ciertos problemas legales ante la similitud de su historia y la vista en una de las obras fílmicas más importantes de George A. Romero, Zombie. En ambas tramas, los personajes protagonistas quedaban encerrados en un centro comercial donde debían luchar contra los muertos vivientes usando su ingenio y todo lo que encontrasen por la zona. Y, por supuesto, también está el “remake” de Zombie, Amanecer de los Muertos, que apareció sólo un par de años antes que el juego. Al final, tras diversos juicios y demás trámites legales, un juez desestimó la demanda de Romero contra Dead Rising, asegurando que su obra contenía un mensaje social que el juego no ofrecía.

Las similitudes con el mundo del cine no terminan ahí. Y es que Dead Rising es todo un homenaje a las películas de terror de serie B, algo que podemos comprobar en los primeros minutos de juego. Que Romero es su principal referente no podemos dudarlo pero, si tenemos en cuenta su vertiente cómica o de humor negro, no podemos dejar de mencionar otra maravilla que sería el acompañamiento ideal para una tarde de vísceras y risas: Zombies Party. Aunque el título español de la película deje mucho que desear, lo cierto es que ambas producciones comparten el gusto por el humor inteligente y, sobre todo, momentos sangrientos donde el espectador se queda boquiabierto.

Personajes casposos, secundarios a montones, zombies clásicos, miles de objetos interactivos y mucha salsa de tomate fueron los ingredientes especiales que hicieron de Dead Rising un juego a destacar y que, con el paso del tiempo, se ha ganado la etiqueta de culto. Una etiqueta que, dicho sea de paso, era digna de escribirse en mayúsculas hace sólo unos meses, pues era imposible encontrar el juego en España, ya que estaba descatalogado. Aprovechando el tirón de la inminente segunda entrega, el título ha sido reeditado, aunque los que conseguimos hacernos con una copia hace un par de años nos sentimos mucho más orgullosos.

PSICÓPATAS Y SUPERVIVIENTES

Por supuesto, no solo de zombies vive Dead Rising. Como toda obra que cuenta con estos seres entre su reparto, al final nos damos cuenta que los verdaderos animales salvajes somos nosotros, los seres humanos. Nuestro protagonista, Frank West, no es precisamente un modelo de bondad a seguir, aunque en el transcurso de la historia irá cambiando, haciéndose más respetable (nunca sin pasarse) y hasta amado. Para hacer más interesante la trama —o eso suponemos—, Capcom incluyó la figura del “psicópata”, una suerte de jefe final que nos dejará, en la mayoría de los casos, sorprendidos ante la demencia que puede asaltar a una persona en momentos de crisis.

Cada cierto tiempo nos cruzaremos con alguno de estos personajes, que nos harán la vida imposible hasta que terminemos con ellos (esto es un videojuego, no desvelamos nada si decimos que los malos mueren y los buenos viven). Esta especie de batalla vendrá siempre precedida por vídeos cinemáticos que expulsarán mala baba por cada uno de sus fotogramas. Tendremos de todo: desde un carnicero loco que vende chuletas de zombie a precio de saldo, pasando por un payaso asesino armado con dos motosierras o un veterano de Vietnam que nos tomará por vietcongs en el peor momento posible. A lo largo de la trama disfrutaremos y temeremos su aparición, consiguiendo con su sola presencia que la aventura gane muchos puntos y continúen los homenajes al cine de terror más “grindhouse”.

Lógicamente, además de personajes desquiciados por la situación que los rodea encontraremos a una serie de supervivientes, la guinda a un pastel que ya era de por si apetecible. Como sucede en todas las producciones de terror con montones de zombies, seremos testigos de ataques y estará en nuestro poder intervenir para salvar a los pobres inocentes que están bajo el asedio de los muertos vivientes. En total, encontrábamos a más de 50 supervivientes a lo largo de las diferentes horas de juego. Algunos eran más valientes, otros más atrevidos y, en la mayoría de los casos, unos cobardes de tomo y lomo a los que nos costará mucho salvar la vida.

Aunque la inclusión de estos personajes digitales resultaba de lo más interesante para la jugabilidad de la historia (teníamos que ayudarlos hasta dejarlos, sanos y salvos, en la sala de mantenimiento), lo cierto es que en más de una ocasión nos sacaban de nuestras casillas por culpa de su limitada inteligencia artificial. No eran pocas las veces en las que se mataban entre si, o se quedaban atascados en cualquier esquina. Conseguir salvarlos a todos era una misión harto complicada aunque, al final, el resultado era mucho más satisfactorio y terminábamos sintiendo cierto alivio al saber que habíamos hecho bien nuestro trabajo.

Lo más destacable que aportaban estos supervivientes eran sus pequeñas historias, que nunca se explicaban en detalle pero que servían para enriquecer una trama sencilla. Así, teníamos desde los típicos hermanos paletos, pasando por las chicas guapas, los ancianos jubilados, la pareja enamoradísima y, por supuesto, algún que otro turista. Algunos de ellos, incluso, comenzaban a amotinarse una vez a salvo, exigiéndonos utensilios para la supervivencia, comida o una buena botella de vino. Que el Apocalipsis zombie comience en tu localidad no significa que no puedas tener algunos lujos.

UNA DE CARNE CON TOMATE

Llegados a este punto, habrá quién se pregunte si Dead Rising cumple con los requisitos mínimos en cuanto a niveles de hemoglobina y casquería variada se exigen en este tipo de historias. Baste decir que, para algunos medios especializados, Dead Rising pasó a ser el juego más “gore” de la historia del sector interactivo, algo que puede sonar a exagerado pero que no anda nada desencaminado. Y es que la obra de Capcom —recordemos, es sólo para público adulto—, nos permitía hacer cualquier cosa con los muertos vivientes.

Todos (literalmente hablando) los objetos del escenarios eran interactivos, por lo que podíamos coger sillas, cortacésped, botellas, guitarras, patinetes, motos, coches y hasta CD’s para utilizarlos como armas y dar rienda suelta a nuestra imaginación. También podíamos encontrar varias armas de fuego, pero su eficacia resultaba menos satisfactoria que la otorgada por una engrasada motosierra o la siempre atractiva katana. Todo esto, en conjunto, originaba unas situaciones hilarantes y cómicas, bañadas con mucha sangre, que hacían de la obra algo más divertido, premeditadamente estudiado y muy “japonés”, un adjetivo que puede resultar complicado de entender pero que los más “jugones” del lugar pillarán sin problema.

Como venimos diciendo durante todo el reportaje, Dead Rising aúna perfectamente comedia negra con la casquería más fina, y eso es algo que queda reflejado con maestría en la posibilidad de vestir al amigo Frank West como nos plazca. Las diferentes tiendas de ropa que pueblan el centro comercial donde se desarrolla la acción están repletas de modelitos y no dejaremos descansar nuestra vena “Pasarela de Milán” en ningún momento. Y, por si lo estáis pensando; si, podremos vestir a Frank con ropa de niño y de mujer, lo que termina creando una situación tan bizarra como divertida, con nuestro protagonista armado con una escopeta, traje de noche de lentejuelas, zapatos de tacón y un montón de sangre adornando el atrevido atuendo. Así es Dead Rising, incapaz de tomarse en serio ni de respetar a su propio protagonista.

AMANECER DE LOS MUERTOS

Dead Rising no es una obra perfecta. No es el mejor videojuego que existe actualmente y muchos títulos lo superan, sin problema, en apartado técnico, jugabilidad y demás aspectos importantes. Pero su fresco planteamiento y la enorme libertad de acción que ofrece, así como una dificultad bien planteada, son elementos que hacen de él un referente dentro del sector, toda una obra de culto interactiva que puede que no volvamos a ver, aún cuando su segunda parte está a punto de llegar al mercado.

A pesar del horroroso sistema para guardar partida; las múltiples referencias cinéfilas, el humor negro que impregna toda la aventura y, por supuesto, ese aroma a serie B que respiran cada uno de sus píxeles, convierten a Dead Rising en el título ideal para los amantes del cine de terror y, en especial, del subgénero de los zombies. La historia resulta tan inverosímil como pretendidamente “cutre” y los personajes que nos iremos cruzando durante las más de seis horas de juego nos harán ver que la producción de Capcom tiene algo especial, algo que nos atrapará y nos hará ver en Dead Rising el delirio que Romero y Edgar Wright hubieran creado de haberse dedicado a esto del fenómeno interactivo.

Si tenéis la oportunidad, poneros el chubasquero y coged todo lo que tengáis a mano. Dead Rising y sus zombies os harán disfrutar como pocos juegos lo han hecho antes.

Escrito por Antonio López (JuegosDB)

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