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Historias Asombrosas: 2:06 operación nereida

el  Domingo, 29 April 2012 02:00 Por 
Historias Asombrosas 2012 os ofrece un nuevo relato con el que disfrutar a la luz de la hoguera en el hogar del fantástico.

Miro fijamente al reloj, demasiada sangre en mis manos…necesito un respiro. Estoy encerrado a propósito  en una especie de compartimento almacén alimenticio, de la que hasta hace escasas horas creía ser mi nave.
Mi nombre es Murray, y ¡no!, jodidamente no soy uno de los cazafantasmas, aquella obra de culto cinematográfico de siglos atrás, ¡ojalá!, ni siquiera soy algún  tipo de deportista escocés, aunque lleve encima materiales que recuerden a elementos  deportivos, use ase un trozo de  barra  de acero   con restos de cráneo   y una  bola  de nieve de cristal  pulverizada   regalo de mi sobrina.
Ahora mismo son mis armas para sobrevivir a lo que se me avecina, obviamente tampoco soy un reputado soldado interplanetario ni nada parecido, simplemente trabajo de mensajero en el Sistema Solar en la empresa Proteo Xpress, zona  Neptuno; llevando materiales a los diferentes Satélites,  para la creación  de bases aduaneras  propiedad del planeta U.S.A (antiguamente conocido por Planeta Tierra).
La última vez que pude acceder a la zona de mandos, la cuenta atrás del piloto automático  al aterrizaje a Nereida (mi destino) marcaba 2 semanas y 6 horas. De aquel momento y viendo el tamaño de mi barba, aún me deben de quedar  1 o 2 días  para mi llegada al Satélite.



Realmente no sé muy bien cómo ha podido pasar todo esto, aunque si estoy grabándome a mí mismo, se me ocurren  un par de opciones a bote pronto:
1º Que  estoy muy aburrido y   empiezo a perder la cabeza.
        2º Poniéndonos  dramáticos y algo macabros, que ya no existe nadie  en la nave, aparte de mí, por lo que he podido ver, que no quiera devorar cualquier hilo de vida.
Metido en semejante  berenjenal, solo me queda esperar y  dejar  testimonio de ello, en este espontaneo cuaderno de bitácoras.
Viendo a través de   la cristalera  del almacén a mi superior a bordo el pre-jubilado Hansen, con las orbitas de los ojos fuera de sí, con unas babas kilométricas  ensangrentadas  devorando lo que queda del  almacenero de la tripulación Spookie, me empiezo hacer una idea.  ¡No hay tiempo para aburrirse!
Abro la puerta con un golpe seco,  voy a por él, ¡¡¡Spookie noooooo!!! Grito, seguidamente cojo el trozo de barra como improvisado palo de golf y lanzo mi mejor swing ¡¡¡BADOOOONNNN!!! Destrozando por completo su hueso occipital, debo añadir qué para hacerlo con un putter, no ha estado nada mal. En ese momento… Hansen se desvanece.
 Antes de caer con 100 gramos menos de sesos, parece querer lanzarme  una ojeada, pero ¡nada!
 Son ojos llenos de rabia, pero vacios, no hay nada de humanidad en su mirada, es una bestia, un zombi, un no muerto, lo que queráis, algo con lo que no se puede mantener una conversación  bi-direccional  durante al menos  30  segundos y no me refiero a vuestra pareja después de 20 años de matrimonio.

¡Estoy jodido!, muy  jodido diría yo .En una situación así se  plantean un montón de ideas en la cabeza entremezcladas a 200 pulsaciones por minuto que no se pueden controlar.
        Pero  por fin he decidido hacer algo, el tener la puerta medio rota por abrirla de malas formas para sorprender  a Hansen   ayuda.
 Voy a salir de la zona “segura “del almacén,  necesito sobrevivir lo que queda de viaje y de paso si puedo encontrar alguna   respuesta al problema de esta plaga space-zombie, mejor.
       Lo primero es lo primero, buscar  lugares seguros. También debo controlar mi impulsividad, otro arrebato de valentía y acabare siendo pasto de la tripulación, el almacén era un lugar seguro y Spookie estaba más que sentenciado. Se acabo ir de héroe.
 ¡Ya está! ¿Una puerta con cerrojo? ¡Tengo que acceder a los servicios!,  haber si con un poco de suerte, no están ocupados por ningún compañero. (Ante todo  intimidad).
El camino, entre el almacén y los servicios de las mujeres, no es muy largo, en condiciones normales seria un trayecto de un par de minutos, dividido entre 2, si la usuaria tendría  verdaderas prisas en llegar a la cita.
Pero esto no son condiciones normales. Me lanzo al frio suelo de la nave con la barra entre los dientes, y sigilosamente me dispongo a reptar  hacia mi objetivo.
El terror que llevo dentro, transforma el oxigeno en una losa que me dificulta respirar, solo superada por la adrenalina del momento. El breve trayecto, se  hace eterno.

Cuando al fin me dispongo hacer la curva hacia los urinarios,  y empiezo a divisar el pasillo que da a la aclamada  puerta,  oigo  fuertes pisadas al otro lado del largo corredor, seguidas de voces ininteligibles entremezcladas, de las que aparece un grito agonizante.
¡¡¡NO QUEDA NADIE VIVO, ES EL FINNNN!!!
¡Mierda! Es la voz de Grendel, el contable de la nave, siempre pensé  que en una situación así, sería el  primero en caer, debido a su “estilizada” figura, y también a  sus 210 Kg. de peso.
Pero Grendel no está solo, tapada  por su “huesudo” contorno y pegando mordiscos, se encuentra la chica de la función, la guapa “Jenny” McFly, mecánica y ex-atractivo ser humano. Y lo mejor de todo, como acostumbraba a pasarme con ella, ¡todavía no se ha fijado en mí!
Aprovecho el momento culinario de Jenny, para deslizarme hasta una de los baños en los que logro encerrarme, el habitáculo no es tan cómodo como el almacén, pero parece seguro a pocas horas de llegar a mi objetivo: Nereida, y huir de la contaminada nave.
Tras unas horas, donde la tranquilidad solo se ha visto salpicada literalmente, por los  restos cerebrales del contable, suena la sirena de la salvación. ¡La sirena de aterrizaje!
Mi reacción es inmediata, salgo de manera apresurada  abriendo la maltrecha puerta del baño, primero esquivo a mi “por fin”  acalorada  Dulcinea, para posteriormente saltar por encima del “zombificado”, sin extremidades Grendel.



Corro y corro por los pasillos, cruzando el almacén a velocidad  absurda, escucho haciendo caso omiso los gemidos de mis compañeros de trabajo, pero ¡por fin!, diviso la puerta de embarque, nada ni nadie me podrá parar,  ¡estoy a un paso de la salvación!
Introduzco el código mágico, mi billete a la realidad, a finalizar la pesadilla,  a ser ¿por qué no? un héroe reconocido por tal traumática experiencia. Pero…
¡¡¡No puede ser!!!  Me froto los ojos, tiene que ser un mal sueño. A pocos metros de la nave, se amontonan centenares de personas, con el mismo problema que mi tripulación…el de  comerte entero sin preguntar.
Nereida está infectada, plagada por una horda de estos seres.
Me arrodillo y reflexiono a toda prisa.   Debo  hacer algo,  y lo tengo que hacer para ayer,  haga lo que haga, sé que voy a tener que  hacer cosas que harían vomitar al maldito Clint Eastwood.
¿Qué coño haríais, en un mundo así?  ¡¡Diosss!!, ¡Qué demonios hago!  Se supone qué: ¿debería ir en  busca de más  gente  “no engullidora de humanos” para ayudarnos en el  día a día, de este cruel apocalipsis?
¿O mejor tendría que encontrar, a mi Eva particular en el jardín del Edén Zombi, para repoblar el planeta? , o por lo menos hallar  un remedio científico,  para  que todo vuelva a la normalidad  pre-amigos de Romero.




 Siendo probablemente,  uno de los pocos o incluso el único superviviente   de esta “infección, “zombificación”, ”alienación” o lo que sea , ¿no me convertiría  eso ya en una especie de elegido de dios, para salvar el mundo y reconducir a la humanidad a otra oportunidad?  
¡Pues no! Si pensáis eso, estáis bastante equivocados.
 Soy Murray Grimes, y mis dudas ya  no van ni por un momento por ahí. En el cielo  o Dios se ha vuelto loco o su becario se ha equivocado de solicitud erigiéndome  Mesías, si piensa que  puedo  solucionar  todo  este “marrón”, yo solo.
 ¡¡¡ EEHHHH Spookie, muérdeme un poquito y vamos arrasar esto!!!

Por: Xabier Sobrino

 

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