Nifff 2019
Scifiworld

Historias Asombrosas: Desesperación

el  Lunes, 07 May 2012 02:00 Por 
Historias Asombrosas 2012 os ofrece un nuevo relato con el que disfrutar a la luz de la hoguera en el hogar del fantástico.

1.
Lorena presionó un botón cualquiera en el descensor. Había tantos lugares que le quedaban por descubrir, tantos lugares que ya no vería de la Academia de Exploración Intergaláctica que cualquier zona nueva le valía. Apareció en el subterráneo tres, Investigación Marina Interestelar, según le anunció la voz automática del descensor. Lorena salió del descensor y se encontró en lo que parecía un hangar oscuro. Se podía intuir una fuente de luz por los reflejos azulados del techo.
Lorena se dirigió hacia la fuente de luz que parecía estar tapada por unos elementos que quedaban en sombra. Tampoco tenía muchas opciones, en la dirección opuesta había una pared de hormigón sólido, esperaba que las cosas se pusiesen interesantes pronto. Quería ver las cosas de las que sólo había oído hablar.
El techo del hangar era de un material cuyos reflejos eran como los del aluminio. Pero o la luz era incierta, como la de una vela, eso o el techo se estaba moviendo, porque los reflejos del techo temblaban y variaban del azul verdoso al azul oscuro.  
Lorena avanzó, al acercarse vio que lo que quedaba en sombre era una batería de figuras humanoides. Instintivamente se ocultó. De todos los proyectos que conocía, la aproximación a los agujeros negros, la aerodinámica de anillos planetarios, las atmósferas abrasivas… ninguna utilizaba tecnología de humanoides. Al menos, eso es lo que sabía Lorena, alumna aplicada de la Academia de Exploración Intergaláctica. Aunque, a pesar de ello, la habían tirado del programa. Lorena extendió el dedo para tocar lo que parecían maniquíes. Al acercar el dedo la piel de los maniquíes ésta se retraía como huyendo al tacto.
De entre las sombras sonó la voz de un hombre:
-Ey. Estás aquí. También te han echado.
El hombre hablaba en frases enunciativas con una voz que parecía más un graznido que una voz. Le costaba pronunciar las palabras y las frases las decía en un tono tan monótono que era difícil identificar si se trataban de preguntas. Lorena pensó en la posibilidad de que fuese una voz producida por una máquina.
-    Sí  –respondió Lorena al aire. – Esta mañana.
Lorena había sido expulsada aquella mañana de la Academia de Exploración Intergaláctica donde estaba becada. Había sido la oportunidad de su vida, un billete de lotería, tanto para ella como para su familia. Su horizonte se habría visto reducido a la gasolinera donde sus padres proporcionaban distintos combustibles, hidrógeno, helio, nitrógeno, derivados del petróleo y gas natural, de no ser por la plaza en la Academia. Nunca pensó que la pudiesen tirar, sin embargo ahí estaba. No sabía qué había pasado y tampoco sabía cómo lo iba a asimilar ella, y no digamos sus padres.
-    Es por los recortes. – dijo la voz.
Explicó que la Academia de Exploración Intergaláctica había perdido dinero y había reducido las becas. También insinuó la posibilidad de que les hicieran pagar los años anteriores. Lorena ignoró esta opción porque no sabría qué hacer si fuera cierta. Siguió caminando, mirando por los recovecos. Ésa era la razón al fin y al cabo, de que estuviese allí, para descubrir lo que se iba a quedar sin ver ahora que la habían expulsado. Después de todos estos años de posponer el placer por un futuro prometedor, que se lo quitasen la dejaba fría. No tenía claro cuál sería su primer paso, pero quería aprovechar para ver las cosas que sólo podría conocer a través de documentales, novelas y documentos desclasificados.
Lorena llegó a la fuente de luz, eran unas lámparas que iluminaban el interior de una piscina. Paseó por alrededor de la piscina mientras la voz continuó con el relato.
-    Había un centro de investigación, la oficina de Omega 45117. Desapareció. Pufff, sin dejar rastro, como si nunca hubiese estado allí.
-    ¿Qué? Esto no tiene sentido.
En la piscina había algunos animales, probablemente los objetos de estudio del centro Marino Interestelar, lo que quiera que fuese eso. Había uno que parecía un traje de sevillanas, esto sí lo conocía Lorena, la forma de moverse era interesante para averiguar cómo moverse a través de atmósferas densas, como por ejemplo las de los anillos de gas y polvo en algunos planetas. También había unos animales que parecían arañas y otros que estaban en las esquinas, recibiendo nula luz que eran probablemente de entornos con limitada luz en la profundidad marina, también con alta presión.
Lo que era aún más siniestro de todo aquello era que la voz no tenía eco. Siendo el hangar tan inmenso su voz debería retumbar, sin embargo parecía que las paredes absorbían las ondas.
La voz era taciturna y murmuró algo.
-    Hay cosas que se pueden hacer, cosas peligrosas que quizás se van a intentar. Es extraño. Es mejor alejarse. Llegar a los confines. Son tonterías.
-    Ya, y ¿de qué va esto de Investigación Marina Interestelar? Qué cosa más extraña.
-    Las grandes profundidades se parecen, en el espacio y en el mar, frío, presión, atmósferas anómalas.
Se escuchaban unos ruidos en el otro extremo de la piscina, era un ruido metálico, como de manejo de maquinaria. Salía de un cuarto menor.  Al acercarse, Lorena notó que las paredes se encogían, parecían contraerse y más tarde expandirse.
Había nuevas voces y gritos. Lorena se ocultó. Eran dos jóvenes, quizás borrachos que jugaban con una nave. Localizaron a Lorena.
-    Eh tú, ¿qué haces ahí? – Lorena no respondió.
-    También te han echado.
Vaya, pensó Lorena, parece que hay otros que han pensado lo mismo que yo. Lorena salió.
-    Sí ¿y vosotros?
-    Mira, yo soy Wert y éste es R. Y la Academia nos ha partido la vida. – dijo Wert.
-    Y nos vamos a vengar. – añadió R.
-    Parece que esta nave necesita tres personas, vente.  – dijo Wert.
Lorena se dejó llevar.
-    A mí el sofá no me echará de menos y a éste los tugurios de mala muerte tampoco. – dijo Wert.
-    Disculpa, un cierto respeto, que yo tengo cierto prestigio en los ambientes punk.  – dijo teatralmente R.
Lorena pensó que a ella tampoco le echaría de menos nadie. Además aún no había pensado qué le iba a decir a sus padres ni cómo, ni qué plan tenía que diseñar.

2.
Al subir a la nave se repartieron las funciones, cada uno tendió a un lugar y una tarea. R lo tenía muy claro y se hizo con el timón de la nave. Estaba muy feliz, exultante al mando del vehículo, “Ahora me podéis llamar Comandante R” decía.
La nave arrancó suave y se respiraba un ambiente agradable. Lorena se fue hacia la sala de control y sensores, donde podía estar pendiente de valores de temperatura, presión y otras variables que también había revisado en la gasolinera familiar. Era algo que consideraba fácil, no sabía pilotar y tampoco tenía la visión de Wert para hacer planes.
La aventura había comenzado y Wert y Comandante R habían planeado una especie de viaje iniciático a la aventura.
“La generación beat iba de Nueva York a California y siempre he querido hacer algo así, esa sensación de aventura” decían. Ahora el tramo entre Nueva York  y California era una sucesión de suburbios y polígonos industriales, apenas tenía cosas únicas, pero también el camino era diferente, una vía rápida que tardaba apenas una hora en cruzar esa zona del continente.
“Así que esto va a ser un road trip”, pensó Lorena. Pronto pasaron a llamarse a sí mismos los Rockstars.
Ir en este plan era muy conveniente para visitar pequeños planetas por el camino. Cuando podían se desviaban.
Conforme pasaba el tiempo los roles quedaban más definidos. Comandante R manejaba el timón y decidía lo que quería hacer, los tramos que quería ver y otros detalles turísticos. Pero en realidad era Wert el que tenía el mando en la sombra, se tumba en una zona cómoda con una forma parecida a un sofá, donde se encuentra como en casa, según sus propias palabras.
Lorena estaba a gusto entre las pantallas y sensores, de vez en cuando miraba por la ventana y veía lluvias de meteoritos y extrañas estaciones de servicio. A veces le costaba localizar exactamente qué medía cada pantalla.
Algo divertido para matar las horas era salir al espacio exterior con unas cápsulas que estaban unidas a la nave a través de un tubo de oxígeno.

3.
Pasaron por diversas zonas. Al arrancar habían pasado por varios planetas y habían podido parar en algunos planetas, a la manera de las grandes aventuras de carretera. Ahora la nave iba considerablemente más deprisa y se podían ver civilizaciones crearse y destruirse en apenas segundos, la contracción espaciotemporal indicaba que debíamos ir a una velocidad próxima a la de la luz. Lorena le preguntó a Comandante R sobre la razón de que fuesen tan deprisa. Suponía un cambio bastante radical con respecto al planteamiento inicial. Habían pasado de parar cada poco a volar. Algo debía marchar mal.
Comandante R respondió que había decidido aprovechar la velocidad, que era interesante ver hasta dónde podían llegar, explorar más allá, los confines de la galaxia.
Wert le replicó: -La galaxia ya está llena de Estaciones de Servicio. La Academia de Exploración Intergaláctica ya está en otras áreas, Comandante R.  No sé por qué no me haces caso y seguimos con el plan. Mola más ir despacio pero experimentando lo que vivimos, que pasar a toda mecha por las cosas y no enterarnos de nada. Vamos, si merece la pena haber salido de la Academia es para salir del ambiente que presiona tanto y poder aprender a nuestro ritmo, experimentar lo chulo y dejar de lado el estrés y el hacer las cosas arrebatadas y sin sentirlas.
Wert y su afilada lengua daban siempre en el punto exacto. Tras varios intercambios entre Wert y Comandante R, Comandante R finalmente admitió que la nave estaba yendo a su ritmo y él no estaba haciendo nada para ir tan deprisa. Sin embargo, dijo que podían aprovechar esto y no verlo como un hándicap sino como una oportunidad y dejarse llevar por la situación. Wert no pareció muy convencido. No se sabe si porque no se seguía su teoría  o por alguna otra razón, Wert empezó a estar más decaído y apenas se movía de su sofá.
Lorena también estaba preocupada, no acababa de ver una correlación entre las medidas de los sensores. Las pantallas mostraban señales aleatorias ahora, habían comenzado mostrando datos más o menos comprensibles pero en ese momento se habían perdido un poco las referencias. Lorena no sabía si era por algo que hubiese hecho mal ella, o alguno de sus compañeros, o si se habían metido en algún sitio potencialmente peligroso. A veces Lorena dudaba de si la máquina estaba diseñada para ser pilotada por seres humanos.

4.
De repente se escucharon gritos. No sabían cuándo habían empezado pero ya no los podían ignorar. Era Wert que parecía estar con dolor.
Los gritos comenzaban en apenas un susurro y aumentaban en intensidad poco a poco hasta llegar a un máximo, máximo insoportable que se sostenía durante unos instantes para luego disminuir de nuevo. Este patrón parecía repetirse periódicamente y hacía muy complicado pensar. Comandante R parecía embobado con las lluvias de meteoritos, el nacimiento y muerte de las civilizaciones y otras paradojas filosóficas. Parecía atontado, Lorena sentía rabia hacia él. Por tonto, por no saber qué hacer. Por estar ignorando los gritos y el dolor inexplicable de Wert.
-    No sé qué me pasa. Lorenaaa, no sé qué me pasa. Lorenaaa.
-    Vale, no te preocupes. Voy a ver si puedo cambiar las variables y rectificar algo, a ver qué pasa.    
Lorena dijo esto más para tranquilizarle que por convicción real. En cualquier caso, se fue hacia la sala de control y sensores.
Las pantallas seguían mostrando unas funciones indescifrables. Ahora parecían un poco más ordenadas. Como si la aleatoriedad se hubiese estabilizado en una inestable estabilidad. Como si hubiese pasado ya la etapa transitoria. Esto era bueno, eso pensaba Lorena, pero no sabía cómo interpretarlo. Ni cómo cambiarlo. Si pudiera seguir la filosofía de Comandante R y aprovechar lo que no se puede modificar… pero ella no era así. Lorena necesitaba cosas un poco más realistas. Y mientras tanto la cadencia de los gritos de Wert continuaba.
Lorena tocó las pantallas y varió algunos parámetros. Eran simplemente parámetros de la pantalla, no estaba afectando nada con representación real. El interior de la nave seguía a la temperatura, presión y nivel gravitacional constante. Y en el exterior las cosas seguían como seguían. Eran los parámetros internos los que debían estar afectando a Wert.
Miró a las pantallas, seguían una función aproximadamente senoidal. Lorena saltó de alegría. No sabía qué quería decir pero era genial haber descubierto esto. Luego se dio cuenta de otra cosa. Los gritos máximos coincidían casi exactamente con los máximos de las senoidales de las pantallas. Lorena ya no estaba tan contenta. Parecía encerrar algo turbio esto. Una sincronía exacta entre los valores de las variables y los procesos vitales de Wert era algo que la superaba. Lorena fue a avisar a Comandante R de que parase cuando viese la próxima estación de servicio.

5.
- No puedo rectificar el rumbo. – dijo Comandante R.
- ¿Qué? – dijo Lorena.
- Creo que no puedo hacer nada.
- ¿Qué has hecho todo este tiempo con el t món?
- No lo sé, intentar hacer cosas. Pero la nave no responde. Al principio sí, cuando arrancamos tenía margen para maniobrar pero ahora la nave hace lo que quiere.
- ¿Vamos a la deriva? – dijo Lorena, preocupada, poniéndose en el peor de los casos.
- No exactamente. Mira, hay una estrella allí, creo que ése es nuestro destino, bueno, el destino de la nave.
-¿Qué explicación le das?
- Bueno, puede que a la nave no le quede combustible o batería. Veamos. ¿Recuerdas cuando estábamos jugando con la nave? Había dos paneles solares enormes en la superficie, me acuerdo porque pensé que parecían ojos. Lo más seguro es que la nave esté funcionando por inercia y sólo cuando se recargue a través de los paneles solares nos dejará encender los motores para cambiar la trayectoria.
La hipótesis de Comandante R no era mala, pero era imposible de comprobar. Tenían pocas alternativas, por lo tanto iban a seguir con el mismo espíritu y confiar en que esto fuese lo que pasaba en realidad.
Comandante R continuó su explicación: - Mira, no creas que no he estado haciendo nada durante este tiempo. ¿Ves aquella estrella de allí? Creo que la nave sabe que de allí viene la mayor parte de la luz que puede conseguir. Una vez nos acerquemos lo suficiente a esa estrella la nave habrá conseguido el suficiente combustible para conseguir lo que queramos.
Los gritos de Wert continuaban oscilando y Lorena volvió a la sala de control y sensores.

6.
Durante un tiempo incierto permanecieron así, con la esperanza de algo que esperaban fuera cierto.
Lorena desesperaba, pero pronto hubo novedades no demasiado halagüeñas.
Las pantallas de todos los sensores se volvieron negras y los gritos de Wert cesaron. Corrieron a ver a Wert, que yacía inerte, como una estatua capturada en un momento determinado.

7.
Lorena se quedó al lado de Wert. En parte para honrar a su amigo y en parte para intentar procesar esta información.
La cara de Wert estaba inmóvil pero su cuerpo aún no había perdido la temperatura.
Lorena se fue a la sala de control y sensores. No esperaba descubrir nada pero necesitaba ocupar su mente con algo que no fuese la muerte de su amigo.
Las pantallas seguían en negro. Lorena se sentía abatida y se recostó sobre las máquinas. El calor le resultó reconfortante. Calor, en las máquinas. Lorena se incorporó y extendió las palmas sobre los paneles de control. Se notaba un movimiento, como de discos girando. Puede que no estuviese todo perdido, si las máquinas seguían funcionando podría encontrar la forma de que volviesen a ser funcionales o quizás lo seguían siendo. Tal vez habría una forma de revivir a Wert también. Pero había algo que no encajaba. Echando un vistazo al cableado, como había hecho anteriores veces, pero no había ningún fallo. Esta vez a pesar del movimiento y funcionamiento de todo, la temperatura había descendido. Se mantenía caliente pero no excesivamente, y los cables se estaban volviendo blandos. A Lorena no le gustaba un pelo lo que estaba pasando y fue a avisar al Comandante R. No con la esperanza de que él supiese hacer nada, pues había demostrado ser un poco bobo, sino para ver si podían girar y llegar a algún sitio donde pudieran encontrar soluciones.
- Oye, creo que es mejor que vayamos a alguna estación de servicio. No quiero asustarte pero Wert está inmóvil.
- Ya me parecía que no se oían ya los gritos de Wert.
- No pareces tomártelo muy en serio. De verdad tenemos que volver. La luz acumulada te debería permitir girar y dirigirnos a pedir ayuda.
- Es que he descubierto algo.- Comandante R habló sin pausa, sin ruborizarse, parcialmente sin escuchar a Lorena. – Concéntrate en esa estrella, es nuestro destino.
Lorena estaba pensando que Comandante R sonaba como un creyente de alguna extraña fe, quería creer en lo que fuese.
Lorena miró hacia la estrella que señalaba Comandante R. A ella también le gustaría creer. Sería tan fácil confiar que la máquina supiese qué hacer, olvidar que estaba funcionando anómalamente, olvidar que vagaban en el espacio con un rumbo que no podían rectificar.
La estrella destino era difícil de mirar por su brillantez. Las ventanas no tenían protección contra la radiación de soles y estrellas. Era más fácil ver el efecto de la estrella sobre las luces y sombras que proyectaba sobre los alrededores. Extrañamente a un lado de la estrella destino no había nada, era como si hubiesen teñido de negro lo que debía haber habido ahí.
De repente la oscuridad se comió a la estrella destino y ésta desapareció.
El tiempo se paró, Comandante R y Lorena estaban paralizados. Algo se había engullido su destino, la única razón para guardar alguna esperanza.
La mano de Comandante R se desplazó tímidamente hacia el timón. Tampoco ahora respondió. Una sombra de desesperación les inundó.
El shock de verse sin opciones les impidió darse cuenta de que el timón ya no era rígido, se había convertido en una protuberancia rugosa y algo blanda.
Lorena fue a ver a Wert. Quizás si descubrían qué le pasaba podrían arreglar también la nave. Descifrar el extraño vínculo que parecía haber entre ese cuerpo que había pasado tanto tiempo tumbado sobre el sofá, en contacto con la nave.
Pero Wert apenas estaba ahí. Su piel, su espalda, sus brazos estaban hundidos en la nave. Apenas se distinguía dónde acababa Wert y dónde empezaba la superficie de la nave. Era como mirar hacia el mar y no distinguir donde el horizonte lo separa del cielo.
Lorena gritó y Comandante R fue hacia ella.
Lorena se lanzó sobre el cuerpo de Wert para tratar de separarlo de la superficie metálica. Pero el metal ya no era metal, sino una superficie mucho más blanda como de elastómero. En algunos puntos, donde antes había máquinas se habían puesto al rojo vivo. Lorena pensó que debía ser por el calor, pero al acercarse no estaban calientes. Se abombaba la superficie que ahí tenía tono anaranjado y rosa y era como una burbuja. Lorena posó su mano sobre una de estas burbujas, que ya no eran de metal y la burbuja explotó. La burbuja soltó un gas como si estuviese respirando.
Wert fue absorbido por la nave delante de sus narices.
No pudieron hacer nada.

8.
El cuerpo de Wert había quedado completamente absorbido por la superficie de la nave. Apenas se intuía lo que hasta hace unos minutos había sido uno de los Rockstars. Había pústulas a lo largo del interior de la nave por las que salía gas. Lo único que se podía reconocer de Wert era su boca, en una mueca transformada ahora en una de esas pústulas. O quizás era sólo su imaginación, tratando de humanizar la superficie casi volcánica en la que se encontraban, con magma de sangre roja y escupiendo gas.
Lorena miró al Comandante R, por primera vez recordando a su acompañante.
“¿Qué hacemos?” le preguntó sin palabras. Su mirada le devolvió la misma pregunta. Como única respuesta la boca de Comandante R se abrió y comenzó a emitir gritos. Gritos que podrían haber sido de terror, pero en los que se reconocía una oscilación senoidal. El pánico le mandó punzadas de dolor al cráneo de Lorena. O quizás era el primer síntoma del mismo virus que había atacado a Wert y parecía haber infectado también a Comandante R. Quizás ya estaba infectada.
Lorena saltó hacia la compuerta de salida, con los ojos inyectados de sangre, cegada por la amenaza. Había que escapar de este infierno.
Comandante R la agarró: - ¿Qué haces? No ves que somos parte del plan.
Comandante R parecía muy convencido de su teoría. Dijo: - No merece la pena que salgas. Hay un plan, ya lo he averiguado. Al menos quédate para que podamos comprobarlo juntos. Mi mente ya está afectada y no puedo reflexionar de forma adecuada.
Comandante R tenía una teoría que le contó a intervalos, entre los gritos oscilantes del virus. Pensaba que se trataba de un virus simétrico lo que les afectaba. Un virus que afectaba tanto a las máquinas metálicas como a los cuerpos vivos en su interior.  
-    ¿Cómo puede ser? – dijo Lorena.
-    ¿En qué se parecen las máquinas a nosotros?
-    Compartimos algunos elementos. A nivel molecular.
Y entonces hizo la conexión. Recordó el Centro de Investigación Marina Interestelar.
Comandante R continuó la historia pero Lorena ya agarraba la palanca con fuerza. “Éste es nuestro objetivo. Lo que siempre hemos querido. Sabían que nos íbamos a subir a esta nave. Lo sabían. La transmutación de las moléculas.”
Cuanto más hablaba más se convencía Lorena de que debía salir de allí. Su cuerpo golpeó la compuerta en espasmos que no estaba segura de estar produciendo voluntariamente.
Conforme subía la escalerilla las palabras retumbaban en sus oídos. “No hay nada que hacer, hay que dejarse ir. Hay un plan superior a ti, a mí, a nosotros. Necesitaban tres cuerpos, tres cuerpos vivos para activar el mecanismo. Saldrás fuera y quedarás vagando por el espacio. Habrás sacrificado a Wert en vano. Nos sacrificarás para nada. Pero podemos ser algo, aumentar la sabiduría. Sucumbir por un bien mayor.”
Lorena se giró en un último intento por ver a su amigo, sin saber muy bien para qué. Los pies de Comandante R ya se habían fundido con la nave. Sus piernas aparecían como el tronco de un árbol saliendo de la tierra.
Lorena agarró uno de los tubos de oxígeno. La zona de salida estaba a oscuras, alejada de los estallidos de la sala central. Acopló las variables con las suyas y salió. El tubo no estaba tan frío como habitualmente, sólo cabía esperar que no hubiese ningún problema, que el suministro de oxígeno no se hubiese visto afectado, y el aumento de temperatura sea una anomalía intranscendente. No quedaba otra. Saltó al vacío.
Quedó flotando en incertidumbre hasta que un latigazo del tubo le indicó cuál era su posición. Quizás sí había un problema con el suministro.
Lorena agarró el tubo y entonces lo vio. La nave aparecía en todo su esplendor. Pero la nave ya no era una nave. Era un monstruo. Un ser marino de los que había visto en la piscina del el Centro de Investigación Marina Interestelar. Los paneles metálicos habían dado paso a una piel escamada en tonos azules que relejaban la poca luz que llegaba de las estrellas. Los dos paneles solares eran ahora dos ojos ciegos, la cuadrícula similar a ojos de mosca. Quedó embobada siguiendo los movimientos del animal. Lorena trataba de entender. Aquel animal no era otro que el monstruo del laboratorio, un ente que puede vivir en fosas marinas y puede aguantar grandes presiones. ¿Cómo lo habían hecho? Lorena se dio cuenta de que una pregunta más importante era ¿para qué enviarían un animal marino al hiperespacio? Y encontró la respuesta, les habían mandado directos a un agujero negro, con grandes presiones, como experimento. Entonces Lorena se preguntó porqué estando tan cerca no notaba una presión destructora. Quizás la cápsula iba a ser lo suficientemente resistente después de todo.
Se agarró al tubo para desconectar la cápsula de la nave infectada y tratar de escapar de la atracción del agujero negro. Pero no era un tubo. Se había convertido en un tentáculo cubierto de mucosa y la cápsula era el sensor del animal.
Lorena se acerca a la zona de influencia del agujero negro, está en su trayectoria.
La piel del animal ha dejado de reflejar luz y ya no  se ve nada. El vacío absoluto, la ausencia. La nave es ahora transparente y a través de ella Lorena ve al Comandante R hundiéndose en el animal como si estuviese preso de arenas movedizas, está con los brazos extendidos y sonriendo. Inmolándose.
Lorena mira al agujero negro, al vórtice que altera el espaciotiempo. Lorena lucha, no se resigna. Sabe que morirá aplastada como todo lo que entra en la trayectoria del agujero negro. Sólo tiene una oportunidad, intentar que coger una corriente en el torbellino que forma el agujero negro que la expulse fuera de su trayectoria.
En un último intento se estiró y consiguió desasirse de la nave central. La lucha de masas entre los lados del agujero negro producía un efecto que expulsaba ciertos elementos. Se colocó en esa zona.

La última información sobre la posición de la cápsula de Lorena y de la nave llegó desde las proximidades de la extinta Omega 45117.

Por: Carla Marín Bosch

Y además...

01.jpg

Últimas reviews

Listas y Tops

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

SFW Internacional

Copyright © 2005 - 2019 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..