Nifff 2019
Scifiworld

Historias Asombrosas: Salvación

el  Sábado, 05 May 2012 02:00 Por 
Historias Asombrosas 2012 os ofrece un nuevo relato con el que disfrutar a la luz de la hoguera en el hogar del fantástico.

El mundo se volvió loco. Ya nadie se acordaba de quién o cómo empezó todo. Y tampoco importaba ya, pues la humanidad daba sus últimos coletazos, a un paso de la extinción. En el plazo de apenas unas horas, las principales ciudades del planeta fueron borradas del mapa. Cientos de millones de personas fallecieron en aquellas gigantescas explosiones nucleares. Por todo el planeta, el cielo se cubrió de una espesa capa de nubes radiactivas, aunque se convirtió en una preocupación secundaria, pues las diferentes naciones ya habían comenzado a masacrarse entre sí, buscando una incierta venganza en una nueva, y más cruenta que nunca, guerra mundial.

    En unos pocos días, la próspera civilización gestada en siglos de evolución y avances tecnológicos y científicos, se vio sumida en un estado de decadencia brutal, acercándose a pasos agigantados a su ocaso final.

    Entre tanta desolación, no fue raro que florecieran los autoproclamados profetas apocalípticos. Mientras millones morían cada día, los que aún se mantenían en pie se aferraban a la fe en la salvación, por cualquier medio, y fuera cual fuera la religión o incluso secta que la ofreciera. Entre todos los iluminados de nuevo y viejo cuño, uno destacó por méritos propios.

    Ni su propuesta era única pues, como todos los demás, prometía la salvación eterna, ni los medios a los que apelaba eran originales pues, al igual que él, no pocos hablaban de unos seres que acudirían a rescatar a unos pocos elegidos, desde alguna lejana galaxia, conocida o no. Este profeta definitivo, sin embargo, trajo consigo a uno de aquellos prometidos salvadores.

    Al poco de desatarse el caos mundial, las comunicaciones se fueron perdiendo paulatinamente hasta quedar cortadas definitiva e irremediablemente. El tráfico aéreo se hizo inviable excepto para la aviación militar que, en cualquier caso, perdía unidades a marchas forzadas. La televisión, todos los canales, dejó de emitir poco a poco, hasta que sólo se recibía ruido de fondo. Los millones de terabytes que albergaba Internet desaparecieron como si nunca hubiesen existido. Los suministros de electricidad, agua y demás bienes básicos fueron cortados sin previo aviso, y la ley del más fuerte comenzó a reinar por todo el planeta.

Sin embargo, un profeta predicaba la salvación. Un profeta capaz de presentarse en diferentes puntos del planeta. Un profeta que no venía solo. A su lado aparecía siempre un extraño ser de más de dos metros de altura, de largas extremidades y extremadamente delgado. Su cabeza, enorme, tan sólo estaba provista de dos gigantescos e impenetrables ojos oscuros, y no se atisbaba la presencia de boca, nariz, orejas ni pelo visible. Se presentaba aparentemente desnudo, sin ropa ni elementos artificiales, y su piel era de tono grisáceo, aunque con un leve reflejo metálico. Era la viva representación de lo que la humanidad en general tomaba por un extraterrestre. Una imagen, sin duda, influenciada por la imaginativa ciencia ficción de las últimas décadas presente en novelas, películas y series de televisión. Sin otra prueba que la palabra del profeta, pero inmersos en pleno apocalipsis mundial, los pobres desdichados que acudían a su presencia abrazaban esa fe salvadora sin preguntas ni discusiones, porque no tenían otra esperanza a la que aferrarse.

Quizás la única muestra de milagro real era la presencia del profeta y su amigo visitante, en el plazo de pocas horas, y día tras día, en diferentes y lejanas ubicaciones del planeta, donde predicaba con éxito una salvación definitiva por parte de una civilización extraterrestre. Una salvación que llegaría únicamente para unos pocos elegidos, que en ningún momento se cuestionaron el origen, y la realidad, de aquel extraño ser.

    Y así, cuando aquel buen puñado de fieles, repartido por todo el mundo, miraba al cielo esperando a que llegara la salvación prometida, ésta llegó.

    Cientos de fabulosas y desconocidas naves descendieron en diferentes puntos del planeta, donde se apiñaban los desesperados supervivientes del holocausto definitivo de la Tierra. Aparecieron unos haces de luz cegadora y, cual ángeles, los elegidos, quienes creyeron en el profeta, vieron cumplida la promesa y fueron elevados por dichos haces hasta las ansiadas naves. En pocos minutos, los elegidos fueron rescatados.

    Una vez fuera de la atracción de la Tierra, aquellas naves se integraron a su vez en otra aún mayor, de un tamaño no menor a la mitad del volumen de la Luna. Poco después, las decenas de afortunados rescatados fueron transportados a una amplia estancia con gravedad artificial. El profeta, erigido en su líder indiscutible, les instó a esperar en silencio. Al poco, por uno de los múltiples pasillos que accedían a aquella enorme sala, acudió el extraño ser, su salvador, elevado ya a esas alturas a la categoría de un dios, y se llevó consigo al profeta, quizás para decidir el destino de aquellos seres humanos.

    El ser gris guió al profeta por un largo pasillo. A cada lado del mismo, amplias puertas transparentes mostraban el interior. El profeta se asomó a la primera y contempló su contenido: unos extraños seres reptilianos y cuadrúpedos se apiñaban en una sala poco acogedora. Al ver al profeta, uno de aquellos seres se abalanzó hacia la puerta, que no pudo traspasar gracias a un campo de fuerza. El ser emitió un grito bañado en desesperación, y comenzó a emitir unos extraños sonidos. El profeta, que comprendió enseguida que aquel ser estaba hablando en un lenguaje ininteligible, se echó hacia atrás, aterrorizado, y miró al ser grisáceo, su salvador y al que consideraba su amigo, preguntándole con la mirada qué significaba todo aquello. El ser, con un gesto de su largo brazo, le instó a continuar su camino. El profeta se asomó a cada puerta, y en cada una de ellas se encontró con escenarios similares: extraños y desconocidos seres, sin duda diferentes razas alienígenas, apiñados como ganado, encerrados en salas de las que no podían huir, desesperados y atemorizados. El profeta lo comprendió todo entonces.

    ⎯ソEs eso lo que nos espera? –−. ソVivir encerrados, como simples objetos de coleccionista?

    Enfadado, se abalanzó sobre el ser, que lo repelió apenas sin inmutarse, lanzándolo a varios metros de distancia. El profeta se incorporó, dolorido y llorando de rabia. Había condenado a casi un millar de humanos, él incluido, a un encierro de por vida. Su salvación había sido un fraude total.

    ⎯Al menos −se dijo−, quiz疽 en la Tierra quede alg佖 superviviente. Quiz疽 cuando acabe todo el horror y la destrucci, la humanidad se reponga y vuelva a florecer.

    El ser grisáceo entornó su cabeza, mirando al profeta con curiosidad. Éste creyó percibir una sonrisa maliciosa en su rostro sin boca. Entonces, aquel ser señaló un punto a la espalda del profeta, que se giró intrigado. Al final del pasillo podía verse, a modo de ventana, el exterior de la nave. En el espacio infinito flotaba la Tierra, que apenas podía seguir llamándose el planeta azul. El profeta se giró nuevamente para observar al ser que le había engañado, pero éste, con un nuevo gesto, le invitó a mirar por la ventana, y entonces vio cómo la Tierra estallaba en una enorme, vistosa y silenciosa explosión.

Por: Igor Rodtem

Y además...

37.jpg

Últimas reviews

Listas y Tops

C/ Celso Emilio Ferreiro, 2 - 4°D
36600 Vilagarcía de Arousa
Pontevedra (España)

Redacción: 653.378.415

[email protected]

SFW Internacional

Copyright © 2005 - 2019 Scifiworld Entertainment - Desarrollo web: Ático I Creativos

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios. Para conocer el uso que hacemos de las cookies, consulta nuestra Política de cookies..