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¡Eureka! (Escala de Mohs 3)

el  Domingo, 09 March 2008 01:00 Por 
La siguiente entrega de la serie de reflexiones sobre la ciencia ficción hard, que se agrupan bajo el título genérico de escala de Mohs, versa sobre lo que tiene que aportar el lector para disfrutarla a fondo. Tal vez sea más de lo que suele exigirnos cualquier texto, pero espero poder argumentar que vale la pena el esfuerzo extra.

El éxito en la literatura depende de la conexión entre escritor y lector. Cada uno debe poner de su parte para alcanzar ese estado de profundo deleite que sólo las mejores historias pueden proporcionar. Dicha conexión no se produce por sí sola, sino que implica cierto esfuerzo por ambas partes, que debe estar enfocado en la misma dirección para ser efectivo; como una especie de contrato, un compromiso acerca de lo que el lector demanda y el escritor ofrece, que varía dependiendo del género que estemos tratando. Para aceptar cualquier ficción es imprescindible la suspensión de la incredulidad. Hasta qué punto estemos dispuestos a llegar determinará si disfrutaremos sólo de la novela más realista, o si podremos adentrarnos en el campo de la literatura fantástica. Por supuesto, no todo el esfuerzo recae en el receptor, sino que el autor debe haber tejido un universo propio tal que esa suspensión no exija el esfuerzo consciente del lector, sino que la coherencia interna baste por sí sola para mantener la ilusión ("Sobre los cuentos de hadas", J.R.R. Tolkien, 1939).

¿Qué precisa el hard? El editor David Hartwell propone en su introducción a la antología "The Ascent of Wonder: The Evolution of Hard SF" (1994), la idea de que la CF dura trata sobre la belleza de la verdad: la satisfacción que se obtiene cuando las piezas encajan, la misma que llevó a Arquímedes a pasearse en pelotas por Siracusa al grito de "Eureka" cuando encontró la solución al complejo problema que le había planteado el rey Hierón acerca de la comprobación de la pureza de la su nueva corona; y no puedo estar más de acuerdo. Sería algo parecido a la emoción que supone resolver un misterio, con la salvedad de que en este caso ni siquiera se conoce a priori el enigma, sino que construirlo forma parte de la diversión. El secreto del éxito reside en que será más bello cuanto más "verdadero".

No hay que olvidar que se trata de ficción, así que la verdad es siempre relativa, pero en el fondo estamos lidiando con otro aspecto de la suspensión de la incredulidad. Los requerimientos específicos de la CF dura tienen que ver, cómo no, con la ciencia: del lado del autor, que debe procurar en todo momento ceñirse a los conocimientos científicos, sin contravenir ningún principio y ajustando sus especulaciones, dentro de la capacidad de su imaginación, a desarrollos plausibles; pero también del lado del lector, que debe poseer una formación científica mínima que le permita participar en el descubrimiento y gritar entusiasmado "¡Eureka!" al llegar la revelación. El escritor se ve en la tesitura de tener que equilibrar los pasajes descriptivos (más literarios) con los expositivos (quizás más áridos, aunque depende de su arte el integrarlos y hacerlos atrayentes, contando con que esa vertiente didáctica también resulta gratificante). Ojala se instaurara una cultura científica que descargara de parte del trabajo de exponer las bases al autor. Al igual que no se puede disfrutar de las novelas históricas sin nociones de historia, es imposible disfrutar del hard sin nociones de ciencia.

Maldito sistema educativo que dificulta a tanta gente participar de esta "belleza de la verdad".

Podéis leer el texto de Hartwell en el siguiente enlace.

Firmado: Sergio Mars.

Y además...

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