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Nocte: Diseccionando a Pickman

el  Jueves, 11 September 2008 02:00 Por 
Óscar Bribián nos introduce en una de las obras menores del maestro de Providence.

“No necesitas pensar que estoy loco, Eliot”.


Con esta frase, Lovecraft, el genial maestro del terror, nos sumerge en uno de los relatos breves mejor valorados de su extensa obra: El modelo de Pickman. Menos famoso que Las Montañas de la locura o La llamada de Cthulhu, sin duda alguna el breve relato es un digno representante de su literatura. Quien sea aficionado a Lovecraft pero no haya leído esta pequeña joya, le recomiendo encarecidamente que lo haga cuanto antes, si es posible bajo la tenue luz de una lamparilla de mesa o bajo las trémulas velas, mientras la medianoche alcanza tras las ventanas.


Lovecraft demuestra en apenas unos folios sus magníficas dotes como narrador. Jugando con la manida idea de “sólo existe lo que vemos” presenta la narración que realiza un hombre a su amigo desvelándole los oscuros secretos que encierra un extraño artista al que conoció, y al que ya no desea volver a ver.
La obra recoge las bases que un siglo después cualquier maestro de un taller literario trata de inculcar a sus pupilos. Es un relato con un inicio sugerente, un desarrollo estremecedor e inquietante y un final portentoso, capaz de helar la sangre del lector y hacerle sentir ese escalofrío que tan difícilmente se produce al leer un relato de género aunque pase la medianoche.


Pero pasemos a realizar una breve disección de la obra, deteniéndonos en los puntos clave:


La primera frase, la que abre el presente artículo, pone de manifiesto ante el lector una posible futura conversación entre dos o más personajes, o quizás el inicio de una misiva. El personaje protagonista, que a la postre resultará el narrador, comienza mentando a la locura que aparenta sufrir en opinión de su amigo. Todo parece indicar, conociendo el estilo del escritor, que una vez más determinados sucesos podrán dañar la cordura de los personajes.


“Dios sabe que tengo numerosos motivos para estarlo, y creo que puedo considerarme afortunado al haber conservado la locura” El narrador, Thurber, afirma esto ante su amigo, lo que predispone de forma definitiva al lector ante una historia donde los tintes cósmicos de la literatura lovecraftiana van a desarrollarse como suele ser habitual.


“...ya que insististe en escribirme como un pariente agraviado cuando te enteraste de que había dejado de frecuentar el Art Club y me mantenía apartado de Pickman”. El narrador continúa con su alocución. Eliot, su amigo, se consolida como figura pasiva en el relato. En cambio aparece la nueva figura de Pickman. El nombre que aparece en el título. ¿Por qué se mantuvo apartado el narrador de Pickman?


“Pensé que comprenderías que no me aparté de Pickman por los mismos estúpidos motivos que impulsaron a hacerlo a hombres como el doctor Reid, o Joe Minot o Rosworth. El arte morboso no me impresiona, y cuando un hombre tiene el genio que tenía Pickman, considero un honor conocerle, al margen de la dirección que tome su obra. Boston no ha tenido nunca un pintor tan grande como Richard Upton Pickman. Lo dije al principio y continúo diciéndolo, y no retrocedí una pulgada cuando exhibió aquel –Vampiro alimentándose-. A raíz de aquello, como recordarás, Minot dejó de tratarle” En el presente párrafo Thurber desvela que Pickman es un pintor irreverente y misterioso. Poco a poco expone ante su amigo Eliot los secretos que oculta dicho pintor: “Ya sabes que Pickman procede de la antigua Salem, y que uno de sus antepasados fue colgado en 1692 por brujería.”


Hay quien dice que los párrafos en los que Thurber alaba el trabajo de Pickman y desdeña el menosprecio que algunos artistas sienten por el genial pintor, tienen mucho que ver con una opinión autobiográfica. Quizás Lovecraft, usando a Pickman como alter ego, se vale del narrador para burlarse de su propio gremio de escritores, el cual denosta en ocasiones el género que practica. Este ejemplo de alter ego también podría verse en textos como “La música de Erich Zann” y otros relatos.

Después, Thurber recuerda algunas de las conversaciones que mantuvo con Pickman antes de visitar la casa donde el excepcional pintor buscaba su inspiración y creaba todas sus obras. Pickman le explicó los motivos por los que habitaba en una vieja casa bicentenaria en lo alto de un paraje inhóspito, alejado de la ciudad:


“La Back Bay no es Boston..., no es todavía nada, porque no ha tenido tiempo de almacenar recuerdos y atraer espíritus locales. Si hay fantasmas aquí, son los fantasmas domesticados de una marisma y de una cueva poco profunda; y yo necesito fantasmas humanos: los fantasmas de seres lo bastante organizados como para haberse asomado al infierno y conocido el significado de lo que veían.”


Thurber va más allá en su narración. Después de evocar la personalidad del sombrío pintor, describe a su amigo Eliot la primera y única ocasión en que visitó aquella vieja casa, invitado por su morador, donde descansaban todos los cuadros de Pickman. Describe magníficamente la lobreguez del edificio, pero es cuando Thurber y el pintor descienden al sótano cuando sucede el momento de mayor tensión narrativa: “La demencia y la monstruosidad se reflejaban en las figuras que aparecían en primer término, ya que en el arte morboso de Pickman predominaba un demoníaco retratismo”


Lovecraft dispone una serie de tétricas descripciones con morboso detalle sobre los cuadros que va presenciando Thurber durante la visita. A través de ellas el narrador del relato expone sus impresiones transmitiendo al lector la sensación de miedo y angustia que padece: “Pero no creas que lo que me impresionó hasta la náusea fue el tema de aquellos cuadros. No soy un niño de tres años, y he visto cuadros parecidos en más de una ocasión. ¡Fueron los rostros, Eliot, aquellos malditos rostros, que precían sobresalir de la tela con un aliento de vida! ¡Incluso ahora juraría que estaban vivos!”... “Lo que veíamos no era la simple interpretación de un artista, sino el propio infierno, reproducido con inflexible objetividad” ... “Sin embargo, lo que infundía un pánico atroz no era el rostro canino con sus puntiagudas orejas, sus ojos inyectados en sangre... Era la técnica, Eliot: la maldita, la impía, la desnaturalizada técnica. Hasta entonces no había visto plasmado en una tela un aliento vital tan positivamente real.”
Así, el narrador consigue transmitir el misterio e inquietud necesarios en todo buen relato de terror. El final es portentoso, muy original aún hoy, casi cien años después de que se escribiera. Después de la genial narración de Thurber, el último párrafo causará verdaderos escalofríos. Pero no lo estudiaremos aquí, por no desvelarlo ante los lectores que deseen disfrutar del texto.


Podríamos decir que la mayoría de las películas de terror extraen directa o indirectamente ideas y sensaciones de la obra de Lovecraft. Esto se debe a que el autor maneja un horror primigenio que da pie a una imaginación desbordante y con muchas posibilidades para el género cinematográfico. Concretamente, el relato que hemos diseccionado ha dado lugar a películas como The Descent, de Neil Marshall, y a muchos otros textos literarios también. Lovecraft juega con el misterio de lo oculto e inexplorado, intuyendo poderes a menudo sobrenaturales. Es un terror que ahoga y seduce, que transmite al lector la necesidad de darse la vuelta de cuando en cuando escrutando la oscuridad. Y este relato, El modelo de Pickman, es un brillante ejemplo.


Les recomiendo que lo lean. Pasen unos momentos de angustia al leerlo, y disfruten de él, si pueden.


Bibliografía:  El modelo de Pickman. H.P.Lovecraft - Obras escogidas. Ediciones Acervo, 1966.


Óscar Bribián

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