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Algo pasa con Jordi

el  Miércoles, 02 July 2008 02:00 Escrito por 
Sergio Macías nos demuestra en esta Historia Asombrosa lo que puede dar de si lo que a simple vista puede parecer una conversación normal de unos padres sobres sus hijos

—¿Cariño? —dijo la mujer.

—¿Sí, querida? —dijo su marido sin levantar la vista del periódico que sostenía en las manos.

—Tenemos que hablar de Jordi —dijo ella con tono preocupado.

—¿Qué es lo que ha hecho ahora ese pequeño rufián? Apenas sí acabo de volver del viaje de negocios y solo Dios sabe con lo que me encuentro ahora.

—Pues hacer, lo que se dice hacer, no ha hecho nada, el pobre… Más bien se lo han hecho a él…

—¿A qué te refieres?

—Cariño… Jordi es un hombre lobo.

—¿Pero qué dices, mujer? ¿Cómo es eso posible? —contestó el marido apartando por primera vez la vista del periódico.

—¿Recuerdas hará cosa de un mes el niño rumano que tuvimos pasando aquí las vacaciones de verano?

—¿El pequeño Andrei? Sí, lo recuerdo. Un chico muy majo.

—¿Y recuerdas como mordió a Jordi en la muñeca mientras se peleaban por la última croqueta el día que fuimos al campo?

—Pues sí. Pero en defensa de Andrei debo decir que es que a ti te salen unas croquetas muy buenas.

—La verdad es que sí —dijo la madre con gran orgullo en su voz—. El secreto está en las… pero bueno, a lo que voy —dijo ella retomando el hilo—. Hace dos noches me encuentro a nuestro hijo aullando a la luna, con unas uñas que parecían espolones, unos colmillos que casi llegaban hasta el suelo y pelo por todas partes.

El marido se limitó a observar a su mujer con gesto anonadado. Ella continuó:

—Y ayer, que hubo luna llena, fue aún peor. No solo parecía un lobezno, sino que se me meó en el sofá, me arañó todos los muebles y se zampó crudo el solomillo que te tenía preparado para esta noche.

—Mi, mi… mi solomillo —dijo el marido casi con lágrimas en los ojos, y luego recuperando la compostura—. Bueno, ¿y estamos seguros de que ha sido Andrei? Igual es algún virus que ha cogido o una fase de esas de la adolescencia que está atravesando.

—Ojalá. Hablé con la madre de Andrei y, tras disculparse por el comportamiento de su hijo, me confirmó que sí, que Andrei es hombre lobo por parte de padre.

—Pues vaya… —dijo el padre dubitativo—. Aunque estoy pensando… ¿no sería más bien niño lobo? ¿O quizás adolescente lobo? No sé, llamar hombre lobo a un chico de apenas catorce años me parece un poco excesivo…

—Cariño, tenemos dos opciones: podemos decidir qué hacemos con Jordi o podemos seguir discutiendo cuestiones de semántica. ¿A ti qué te parece? —dijo ella con tono enfadado.

—Tienes razón, tienes razón —dijo él conciliador—. ¿Qué es lo que sugieres?
—Pues mira. He estado hablando con Toñi, la amiga de la hermana de Susana, y me ha recomendado una escuela que existe en Transilvania, la escuela del profesor Vlad para jóvenes talentos. Es un internado donde educan a chicos con necesidades… digamos “especiales”, con la finalidad de que aprendan a dominar y controlen sus… “habilidades”. Y hablando de habilidades, ¿te acuerdas de Tamara?

—¿La amiga de nuestra hija? ¿Aquella que era tan golfa?

—Esa misma.

—Pues claro que me acuerdo. Hace tiempo que no la veo, ¿qué es de ella?

—Pues está estudiando allí. Resulta que al final lo que pasaba era que la chiquilla era un súcubo y, claro, ella no tenía ni idea, y así andaba de calenturienta la pobre, dejando seco a todo incauto que se le cruzara en el camino.

—Vaya, quién lo hubiera imaginado... —dijo el padre con tono comprensivo—. ¿Así que un internado, dices? Pero tiene que salir por un pastón…

—No te creas. He estado mirando el folleto que me dejó Toñi y tiene unos precios muy asequibles y uno de los mejores sistemas educativos de Europa. Y, además, nuestro hijo podrá venir a visitarnos por navidades y durante las vacaciones de verano.

—¿Y Jordi cómo lo ve? ¿Has hablado ya con él? —preguntó el marido ligeramente preocupado.

—¿Estás de broma? —dijo la esposa sonriendo—. Cuando se enteró de que iba a pasar todo el curso escolar con vampiros, momias y demonios se puso a saltar como loco de emoción. Ha ido a contárselo a todos sus amigos. Dice que va a ser la envidia del barrio.

—Pues está decidido, entonces. Después de todo, si la vida te da limones… —dijo el padre.

—No pareces muy convencido —dijo la esposa.

—¡Oh, no! No es nada, es solo que… no sé, estoy pensando que quizá me hubiera gustado más si hubieran convertido al niño en vampiro. No sé, tienen como más glamour y están mejor vistos, ¿no crees?

—Bueno —dijo la mujer—, si te sirve de consuelo, siempre nos queda la niña. Será plan de dejarla quedarse por las noches hasta más tarde a ver si hay suerte.

—Podemos soñar… —dijo el marido volviendo a su periódico.

—Sí… —contestó soñadora la esposa, para acto seguido levantarse e ir a preparar la cena.

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