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Tras él

el  Sábado, 09 February 2008 01:00 Escrito por 
La segunda de las Historias Asombrosas de febrero viene de la mano de Santyago Moro y nos propone un peculiar persecución a través del tiempo y el espacio en busca de un ente sobradamente conocido...
-¿Has logrado que el prisionero hablase?

Cualquiera que hubiera visto a Sebastián dirigirse a Krench, su segundo de a bordo, habría imaginado que se trataba únicamente de una exótica mascota que le hacía compañía durante los largos viajes en la nave en la que se encontraban.

Sin embargo, a pesar de su aspecto, muy similar al de un lobo terrestre, Krench pertenecía a una de las razas más inteligentes de las que formaban la Alianza de Mundos.

La idea de ese hipotético observador se habría venido abajo al fijarse en el brillo inteligente de sus ojos, y si le hubiera quedado alguna duda, se habría rendido a la evidencia al escucharle hablar en perfecto idioma estándar:

-Es prisionera, Sebastián; los sexos están perfectamente diferenciados en su especie.

-Prisionera, estupendo –dijo con voz cansada y procurando dejar claro que no pretendía entrar en una de aquellas discusiones sin sentido que tanto le gustaban a su compañero-. ¿Has obtenido alguna información?

-Ha costado algo más de lo habitual, pero sabes que nadie se me resiste.

-No sé si quiero saber qué medios has utilizado –bastante incómodo estaba con el hecho de haber interceptado una nave desarmada como para tener que escuchar el relato de Krench, demasiado contundente a la hora de realizar interrogatorios-. En fin, dime, ¿qué le has hecho?

-Sé que tu forma de pensar rechaza la violencia –respondió el extraño ser-, pero no eres mejor que yo; me contrataste para hacer todo aquello que tu estúpida moral te impide llevar a cabo. ¿Quién es mejor? ¿Tú o yo? ¿El que ejecuta la orden o aquél de quien partió?

-No pretendas iniciar una de tus famosas polémicas…

-De acuerdo. Lo malo de la improvisación es que no reparé en la incapacidad de sentir dolor de su raza hasta que le hube amputado tres de sus cuatro miembros superiores –Sebastián no podía sorprenderse ni escandalizarse de los métodos de Krench después de una década teniéndole entre su tripulación-. Finalmente, opté por no seguir tanteando y recabé información de la computadora: la respuesta estaba en el agua…

Una pausa melodramática. Su superior no osó mostrar la impaciencia que le atenazaba; no habría logrado sino hacer que el maldito Krench se anduviese aún más por las ramas.

-El agua les produce pánico –continuó sin ocultar la decepción que le producía no observar a su compañero presa de la ansiedad-. Para su organismo es como si a nosotros nos rociasen de ácido.

-Así que le amenazaste con eso, ¿no?

-No, le sumergí en un contenedor lleno de agua.

-¡Mierda, Krench! –gritó- ¿No podías haber sido más sutil?

-Antes de morir, habló sin parar –prosiguió, ajeno al reproche de su jefe.

-¿Y bien? –preguntó Sebastián, mostrando por primera vez la impaciencia que sentía.

-Hemos fracasado de nuevo… Sucedió como siempre: cuando estamos a punto de llegar al último sistema que ha visitado, ya se ha dejado apresar.

Sebastián sintió deseos de golpear la consola que tenía ante sí; de agredir a su brutal compañero de viaje; de dirigir su nave contra la estrella del planeta hacia el que se dirigían y acabar con todo…

-Algún día lo lograrás y podrás comunicarte con él -le consoló Krench- ¿Seguro que es tan importante?

-Conoce secretos increíbles. Sé que unas horas junto a él me proporcionarían un saber inconcebible.

-Jamás comprenderé su proceder. Elige un sistema de forma aparentemente aleatoria, adopta la morfología de la raza predominante, se mezcla entre ellos y un día decide operar abiertamente, así durante aproximadamente tres ciclos, tras los que siempre termina por granjearse la enemistad de la clase dirigente.

-… Y cuando llegamos nosotros –se lamentó Sebastián-, ya es demasiado tarde y ha sido ajusticiado.

-Realmente, sus conocimientos son muy elevados: tanto para metamorfosearse y adoptar la estructura orgánica de cualquier especie como para evitar que los métodos mediante los que es siempre condenado a muerte terminen completamente con su vida. Debe de tratarse de algún tipo de raza basada en la energía; aunque se destruya el cuerpo que controla, no muere.

-Es más que eso, Krench. Algún día lo lograré y llegaré al sistema en el que se encuentre antes de que le capturen. ¡Tengo tantas preguntas que hacerle!...

-Eso si no te arruinas antes…

-¡Bah! Sabes que mi padre posee el monopolio de transporte en tres sectores. Puede que no le guste el rumbo que le di a mi vida, pero lo respeta y seguirá financiándome.

-Mientras me pagues a mí –la expresión de Krench era el equivalente a un humano encogiéndose de hombros-. Lo cierto es que resulta extraño estar persiguiendo a alguien que aparece cada cierto tiempo en un nuevo sistema, tiene una tormentosa vida pública y termina siempre por morir ajusticiado. En tu mundo también ocurrió, ¿no?

Antes de contestar, en un súbito ataque de ira, Sebastián se arrancó el alzacuellos y lo arrojó contra el panel más próximo.

-En la Tierra sucedió hace más de tres mil años
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