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Un buen lugar para escapar

el  Jueves, 24 July 2008 02:00 Por 
Una pequeña historia ficticia de desesperación y locura...
Recuerda, lo importante es mantener la calma. Si lo logras, dominarás la situación. Piensa, vamos, piensa cabeza de chorlito. Tienes que salir de ésta y tienes poco tiempo. Respira hondo. Un paso. Cuidado o lo pondrás todo perdido. ¿Cómo era aquello? Ah, sí: Cierra los ojos, respira profundamente y piensa que estás lejos, quizá en una playa desierta, escuchando las olas hasta la orilla apaciblemente. Eso es, ahora mejor. Otro paso. Cuidado, cuidado. Mierda, alguien está golpeando la puerta. No importa, no prestes atención.

Concéntrate en no hacer ruido mientras piensas el modo de escapar antes que llegue la policía y vea el estropicio que has organizado. Dios mío, ¿quién quitará esas manchas de sangre de la pared? Uf, has dejado todo perdido, hasta las cortinas tienen la huella de la discusión. Porque ha sido eso, ¿no? Una discusión. Una tonta discusión que ha acabado con un terrible accidente. Porque tú no querías que tropezara con ese cuchillo, ¿verdad? ¿verdad que no querías? ¿verdad que ha sido un accidente? La primera, la segunda y la tercera vez. Han sido sólo un momento de locura transitoria, unos segundos de desconexión de la mente que te han hecho avanzar hacia él sin pensar en qué llevabas en las manos. Todo podría ocultarse, en realidad. Podrías recogerlo todo, limpiar a fondo la habitación, quemar sábanas, cortinas, ropa y todo lo que tenga salpicaduras, y deshacerte del cuerpo. Pero los vecinos… has hecho demasiado ruido. No, ha sido él, ha gritado, ha dado puñetazos contra las paredes, ha llamado la atención de los vecinos. Luego silencio, y luego esos golpes en la puerta. No les prestes atención. Está claro que se han asustado.

Seguramente habrán llamado a la policía. Si no hay nadie patrullando por el barrio, tardarán unos diez minutos en llegar. Diez minutos para planear una huída. No te da tiempo a más. Ocho minutos, quizá, porque ya has perdido tiempo. Analiza la situación, a ver, estás en un piso, en un octavo; está claro que no hay puerta de atrás y descender por la fachada sería demasiado peligroso. Quizá no haya nadie fuera y puedas salir por la puerta, como si nada hubiese pasado. Asómate por la mirilla. Mierda, están ahí. El que daba golpes en la puerta se ha quedado ahí. Habla con alguien. Aún tienes el cuchillo en la mano… pero no, son dos, es difícil, y pronto habrá más, seguro, como una plaga. Eso es lo que son, una plaga. Llevas las manos llenas de sangre, imbécil, ¿querías salir a la calle así sin que nadie se asustase, pasando desapercibida? Hay que buscar otra forma.

Justo arriba está la terraza. Podrías sacar el cuerpo por la ventana y tratar de cogerte a la barandilla de arriba. Si consigues subir a pulso, quizá puedas esconderte hasta que se vayan todos, pase la tormenta, y puedas escapar por la puerta, como si nada. Inténtalo. Desde la ventana de la galería será mejor. Así no te verá nadie desde la calle. Mierda, desde aquí está demasiado lejos. Podrías caer al vacío. Piensa, vamos, se te acaba el tiempo. ¿Quién te mandaría ponerte hoy la camisa blanca que él mismo te regaló? La has manchado y a él le has matado. Se han acabado los recuerdos tangibles de él. Bueno, aún no.

Su cuerpo aún está ahí, rodeado por un charco casi negro de sangre, como un dibujo macabro de un agujero en el suelo, a punto de devorarle. Si eso pasara, tendría un problema menos. Sólo tendrías que lavarte las manos y cambiarte de ropa rápidamente. Cuando llegase la policía bastaría con decir que no has escuchado nada y que todo está en orden allí. Mierda, vuelve a la realidad que te queda poco tiempo, y están golpeando otra vez la puerta. Ahora se escucha un alboroto en el rellano de la puerta. La policía acaba de llegar. Fantástico.

Se han agotado las posibilidades. No hay salida. O sí. El final siempre es una salida, y la cárcel no debe ser muy agradable. Acaban de romper la puerta. Decídete. Lo importante es mantener la calma, recuerda. Eso es, se piensa mejor si se respira mejor. Tranquila. No tanto, se acercan por el pasillo. Son varios. Espera. Merecerá la pena ver sus caras cuando lleguen al escenario.

Aquí están. Quién me iba a decir que moriría sonriendo por la satisfacción que da el miedo reflejado en sus caras, un miedo que acabas de fabricar tú, y que los mantiene parados un segundo, mirándole, en el suelo, sin vida, con los ojos velados. Una cruel atracción de feria. Ni siquiera se han fijado en que sigo aquí. Ya basta. Hazlo o se acabará tu oportunidad. El infierno o la cárcel. Al fin y al cabo, ya decía la canción que la ventana es un buen lugar para escapar. Deseadme buen viaje.

Y además...

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