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Batman Begins: La revolución discreta

el  Viernes, 26 September 2008 02:00 Por 
Análisis de esta obra maestra del cine post-moderno, "Batman Begins", película que recupera el verdadero valor de las historias y que supone la génesis definitiva de uno de los personajes de ficción más influyentes del noveno y séptimo arte.

—Si consigues ser algo más que un hombre, si te entregas a un ideal y nadie puede detenerte te conviertes en algo muy diferente.

—¿En qué?

—En una leyenda, Sr. Wayne.

 Coraje, sólo con esta palabra se puede definir el esfuerzo que Christopher Nolan en primer lugar y todo su reparto y equipo artístico y técnico guiados por su impulso, afrontaron para plasmar en la gran pantalla la encarnación definitiva del cruzado de Gotham.

 “Batman Begins” ha sido una película revolucionaria. Lo ha sido de manera silente, sin llamar tanto la atención como otras obras mucho más llamativas en su superficie pero frágiles en sus cimientos, productos olvidables porque sus logros se amparan en el prodigio de la técnica y la técnica, como el hombre, nunca se detiene. Sigue avanzando.

 Christopher Nolan, muy al contrario, construyó su obra más ambiciosa desde la historia. Todos los logros técnicos de su criatura están supeditados a un objetivo tremendamente ambicioso, pero nítido. Nolan tiene claro lo que busca. Y lo que busca es definir, de una vez y para siempre, una cosmogonía perdurable del justiciero más oscuro y humano que ha parido el noveno arte: Batman.

 El aspecto fundamental de “Batman Begins”, curiosamente, no es la épica sino la exploración psicológica de su personaje, la penetración en ese imposible que es Bruce Wayne, un hombre que tiene que convivir con tres versiones de sí mismo: la auténtica, el niño vulnerable que perdió a sus padres tras una noche de ópera, la máscara, el play-boy que vive por todo lo alto de escándalo en escándalo y el monstruo, su alter-ego oscuro, una gárgola viviente que quiere valerse de la herramienta más poderosa contra la mente humana: el miedo.

 Miedo es la palabra más repetida a lo largo del metraje de la película. Miedo de Bruce a los vampiros tras caer, accidentalmente, en la caverna que se oculta en las entrañas del jardín de la mansión paterna, miedo del Wayne adulto ante la recurrente presencia  de la muerte en sus pesadillas, miedo de los criminales a su imagen infernal y miedo de quienes lo aman, temerosos de que se pierda en el interior del engendro que ha creado.

 Siguiendo la peculiar gramática que sustenta todo el cine de Nolan, la primera hora de metraje es un vertiginoso carrusel que articula, mediante un montaje no lineal en lo temporal, la génesis del personaje. Wayne despierta de una pesadilla infantil atrapado en una cárcel china. Durante los últimos años, su incógnito le ha permitido aprender de la psicología criminal convirtiéndose en un criminal. Pero ha llegado a un punto muerto. Su asunción de una vida delictiva lo ha transformado en un proscrito, perdido en la fronteriza región gris que separa el bien del mal.

 En el arranque de este artículo se reproduce un diálogo fundamental del film que sucede justo cuando Wayne se encuentra en este punto muerto. Ducard, un excepcional Liam Neeson, alecciona a su futuro pupilo, haciéndole vislumbrar la posibilidad de la lucha contra la injusticia que siempre ha perseguido pero que se ha visto incapaz de alcanzar en solitario. Bruce comprende que “ser algo más que un hombre” es el único camino factible de cara a transformar sus deseos de venganza en justicia. Primero debe derrotarse a sí mismo enfrentándose a sus miedos y, completada la renovación de su espíritu, podrá ya transformarse en el símbolo que ansía, la encarnación del miedo para dominar a “aquellos que se aprovechan de los que temen”.

 Pero es precisamente su mentor el primer escollo que Bruce debe vencer para transformarse en Batman. Bruce comprende que la  senda elegida por “La liga de las Sombras” es sólo una venganza contra los débiles y mezquinos maquillada de justicia. Nadie puede dudar que un brazo ejecutor siega el mal de raíz, pero Bruce cree que esta justicia sin piedad es también otra expresión del mal. La lucha es necesaria como fin y no como medio. El valor de defender lo que es justo no es lograr transformar por completo la sociedad, sino que el mero hecho de asumir esta responsabilidad es en sí una victoria.

 Así que, extrayendo ya las conclusiones del análisis, podemos colegir que la verdadera revolución de “Batman Begins” es una revolución de enfoque, la verdad definitiva con respecto al verdadero valor que puede tomar cualquier ficción. Nolan entendió que, independientemente de las máscaras, lo que prima en esencia es el drama humano, sin que los dónde los cómo fijen la dimensión moral de la obra.

En su extraordinaria secuencia final, la duda planea sobre Wayne y su futuro. Tras abandonar a su muerte al hombre que lo forjó como leyenda, Batman ha adquirido la madurez necesaria para afrontar su condición de estandarte, de ejemplo para la sociedad. Pero, como bien anticipa el desenlace del film, un breve, pero extraordinario, tête á tête entre el justiciero y el teniente Gordon, ¿qué ocurririría si los criminales subieran las apuestas y equiparasen su radicalidad  a la del cruzado? Una sonrisa maníaca pintada con cicatrices.

El caos aguarda...

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