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Braindead: La película más gore en la historia del cine

el  Sábado, 31 January 2009 01:00 Por 
Analisis en el decimoquinto aniversario (España) de una de las películas splatter más brillantes de todos los tiempos.

Corría el 2001 y Peter Jackson, ese cineasta hasta entonces desconocido para muchos, fue coronado de la noche a la mañana como uno de los reyes indiscutibles del cine de aventuras tras mostrar al mundo su versión épica de la obra de Tolkien: “El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo” (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, 2001). Desde entonces, Hollywood y los cinéfilos de a pie se han rendido a sus pies, pero es obvio que en su filmografía, aunque es reducida, se incluyen otras gemas cinematográficas que van de los clásicos blockbusters a transgresores films caseros de “mal gusto” y completamente absurdos donde destaca su obsesión por el humor grosero [como ejemplo está su “gross-out trilogy” que incluye “Braindead” (1992), “Bad Taste” (1987) y “Meet The Feebles” (1989)]. Sus últimos films le han otorgado su reputación de icónico director, pero ha sido una película en particular, “Braindead” (Tu Madre se ha Comido a mi Perro, 1994), la que le ha catalogado como el genio responsable de la mejor película gore de todos los tiempos (o al menos eso anunciaba la caratula del DVD) y una de las películas de culto más sobresalientes jamás rodada.

“Braindead”, también conocida como “Dead Alive”, está ambientada en la Nueva Zelanda de los años cincuenta y cuenta la historia de Lionel Cosgrove (Timothy Balme), un joven que vive sometido a las ordenes de su posesiva madre. Lionel se enamora de una chica llamada Paquita (Diana Peñalver) que trabaja en el colmado del barrio. Un día Lionel invita a Paquita al zoológico y la sobreprotectora madre les sigue a escondidas, pero accidentalmente es mordida en el brazo por un mono-rata de Sumatra y poco a poco ésta se convierte en un zombie. Aún así Lionel decide cuidar a su madre y a todos aquellos a los que ésta acaba infectado tras su falso funeral y los encierra en el sótano, pero días más tarde se organiza una fiesta en su casa y uno de los invitados abre la puerta y…dad la bienvenida a (probablemente) la escena más cómico-sangrienta de todos los tiempos!!

Desde su estreno en 1992 (30 de Junio de 1994 en España) “Braindead” tenía todas las papeletas para convertirse en una “midnight movie” de culto. Contaba con malas críticas- aunque se llevó algún que otro premio incluyendo a los mejores efectos especiales o el premio Saturno al mejor film de género de terror de la Academia Americana de películas de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror en el 1994 entre otros- era de temática opuesta al cine mainstream y lo más importante, contenía violencia gráfica extrema sin sentido.

A pesar de la intención de Jackson a que el film se estrenara en grandes salas de todo el mundo, acabó en los cines minoritarios, acarreando así una reducida, pero dedicada audiencia: los fanáticos del gore. Como ocurrió con otras películas de zombies, por ejemplo, “La Noche de Los Muertos Vivientes” (Night of the Living Dead, 1968) de George A. Romero, la película fue recortada como en Alemania (versión de 94 minutos) o Estados Unidos (versión de 85 minutos) e incluso prohibida en algunos paises como por ejemplo Finlandia por esas imágenes tan explícitas de mutilación corporal, pero "Braindead" aportaba algo novedoso al género. Como comentaba el crítico Mark Jancovich, las escenas en donde se veía como se jugaba con esa vulnerabilidad del cuerpo humano- esos chorros de sangre a diestro y siniestro, esos cuerpos torturados y desmembrados hasta la saciedad, esas jugosas vísceras volando por toda la casa- fueron vistas con una mezcla de temor y deleite. De hecho el DVD en Suecia se vendía con una bolsa vomitera suplementaria. Es precisamente esa incompetencia técnica, esa estética cutre y ese abuso del gore más honesto lo que hizo que el film se convirtiera en un clásico y creara un fenómeno cinéfilo sin igual protagonizado por los adeptos del cine de culto. A partir de ese momento muchos fans del film, además de apodar a Jackson como el Orson Welles del gore, se empezaron a obsesionar con la colección de merchandising, en el que se incluían desde los diferentes posters oficiales del film y su banda sonora original hasta camisetas, muñecos y fotografías o artículos firmados por el propio Jackson.

En la época en la que que la película se estrenó, el canibalismo o la decapitación no parecía ser tan chocante como cuando otros films gore se estrenaron como es el caso de “Holocausto Cannibal” (Cannibal Holocaust, 1980), “Maniac” (1980) o “Nightmare” (1981), pero Jackson sabe como sacar partido y decide mostrarnos, además de esa obsesión por lo absurdo, que lo cómicamente grotesco se puede mezclar con imágenes que la sociedad considera, o al menos debería considerar, tabú.

Al principio del film están esos míticos gags donde Lionel intenta curar a su madre en plena transformación zombie y lo único que consigue es un verdadero espectáculo de carne podrida supurando entre burbujas de pus y sangre que derivan en la escena más repulsiva del film. En ella el desgajamiento de una de las orejas de la madre que acaba en un plato de pudding y siendo engullida con plena satisfacción por ella misma, se convierte en el protagonista de una velada formal con unos personajes ajenos al secreto de los Cosgrove.

Más adelante Jackson prefiere regalarnos escenas con temática tabú como por ejemplo la relación sexual perversa entre la enfermera que cuida a la madre y el cura que oficia su entierro ahora también convertidos en muertos vivientes. Por cierto, magnífico el personaje del Padre MacGruder, que nos absorbe en esa escena en la que, antes de ser infectado, orgulloso comenta eso de “apártate muchacho, esto requiere intervención divina” y que reparte leña de parte del de arriba cuando intenta quitar de en medio a unos pocos zombies dándonos una clase magistral de kung-fu.

Fruto de la relación entre el clérigo y la enfermera nace un niño zombie y para Jackson ésta es otra oportunidad de sacar su lado más gamberro y nos deleita con otra escena políticamente incorrecta donde Lionel lleva al bebé mutante de paseo por el parque y cuando éste sale del carrito y empieza a corretear por el césped, le atrapa y se ensaña a golpes con él para horror de los otros padres presentes, aunque para regocijo del borracho del pueblo.

Pero sin duda, como decíamos antes, es la escena final, considerada la escena más sangrienta de todos los tiempos gracias a que Jackson optó por utilizar nada más y nada menos que 300 litros de sangre artificial, la que clasifica Braindead como el mejor “slapstick” (comedia que centra el humor en la violencia física, el destripamiento excesivo y que muestra el dolor corporal sin consecuencias reales) de la década de los noventa y como no, la que se lleva la palma. En ella se ve al protagonista, máquina cortacésped en mano, pulverizando a los zombies hasta el punto que solo quedan sangrientos trozos de carne esparcidos por doquier, pero no sin antes mostrarnos otras maravillas del slapstick como unos pocos intestinos animados persiguiendo a Lionel eructando y ventoseando por toda la casa e incluso una cabeza de zombie petando en una licuadora.

La fiesta carnicera deriva en la escena más simbólica del film en la que en un estilo freudiano se muestra el regreso de la madre de Lionel reconvertida en una especie de monstruo gigante hecho con muy mala leche y que literalmente asimila al protagonista en su vientre, mientras grita “Nadie te querrá jamás como tu madre”. Ese momento de represión matriarcal se ve truncado cuando Lionel consigue escapar reventando el cuerpo materno dejando así otro espectacular baño de sangre a su paso. El momento matricida, ya usado por Jackson en su película “Criaturas Celestiales” (Heveanly Creatures, 1994), marca el fin de la represión del protagonista y su renacimiento, pero esta vez sin la “soga” umbilical materna.

Muchos estarán de acuerdo en que todas y cada una de las escenas de zombies de "Braindead" pasarán a la posteridad precisamente por su crudeza y su cómica honestidad visual, pero es la última parte del film la que permanece grabada en nuestras retinas y, entre una sensación de mareo, horror y deleite, se nos dibuja esa sonrisa tonta mientras pensamos: ‘es una escena bastante béstia, pero qué grande es Jackson probando los limites del cuerpo humano de esa manera tan cómica. Sólo alguien como él, que disfruta de la magia del cine en todos los sentidos, puede hacer que miles de sensaciones recorran nuestro cuerpo con cada una de esas extremas imágenes de degradación corporal. Solo él lo consigue con esa imperfección visual maestra. Sin duda los fans tenían razón, Peter Jackson es el Orson Welles del Gore y “Braindead” es la película splatter más sobresaliente y desternillante de los últimos 20 años’.

 

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